Los Pájaros I

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Dios está en los detalles, rezaban los capolavori. Prueba de ello son Les oiseaux, traducido literalmente del francés, esto es: Los pájaros. Pocas palabras, imágenes sugerentes, colores de una paleta vivaz. En líneas sencillas, rectas, luminosas,  se abren los colores intensos como si la caja de acuarelas estuviese encendida y fuera presa de la incandescencia. De nuevo, una historia donde abundan los esfuerzos por lo íntimo y los gestos dibujados. Dos personajes principales, un hombre y un pájaro, muchos secundarios, el torbellino de aves que saben volar.

El cielo.

Cuando tengamos tiempo para la mirada lenta, necesidad del aire en los pulmones, algo así como “charcos de tristeza, olas de felicidad” (verso que se le metió a Lenon y que brotó en forma de una canción plena y tibia, Across the universe, celebrada por un planeta entero en su aniversario), entonces sentémonos, a poder ser, en zona calentita, mullida y propongámonos la lectura de un instante dichoso. Eso es Los pájaros.

Después, volveremos sobre él: un álbum de regreso. Como el sol, del color del sol, amarillo, como un gran árbol de limones, un día eterno de playa, un arenal donde hundir los desnudos pies. Rojos vivos, pájaros azules, rosas, de todos los tonos fuertes… menos uno. “El” pájaro. Ese que necesita el impulso, la fuerza, el empuje. Y la niña que lee, en ese momento, se vuelve ave.

No sabe volar. Le cuesta volar. Es una cuestión de tiempo y paciencia. No todos tenemos el mismo ritmo, ni la misma inteligencia, ni el mismo color de ojos.  Sin embargo, todos llegamos, si creemos. Si en un momento determinado, en que las alas pesan, alguien cree en nosotros, se detiene, nos espera. Aviva el espacio del encuentro.  De pequeña, me encantaba una secuencia de Barrio Sésamo, esa en la que Paco Pico jugaba con un raudal de pelotas de tenis y era incapaz de lanzarlas bien. Una voz en off le decía, “Inténtalo Paco Pico, inténtalo”. Muchas veces he representado esa frase expresiva y esas imágenes cuando las cosas no salían, rectifico, no salían a la primera. Eran de largo recorrido, de esfuerzo, de cocina lenta. Al final, por supuesto, ocurrieron como cuenta el texto “Aquí… o allá”.

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El álbum sonríe, la furgoneta roja toma vida y sonríe, el portador de pájaros sonríe. Las imágenes de las piruetas del hombre compartiendo (pan, sonrisas, confidencias…) con el pájaro negro y enseñándole a volar son como fotogramas de cine mudo: ternura, imaginación, belleza. Luz sobre papel. Insistentemente el campo semántico de la luminosidad. Sin duda, Los pájaros es un libro luminoso.

Y es que a veces sobran las palabras, especialmente cuando la secreta escritura de los valores discurre entre imágenes. Este es el caso. Todo un acierto que la imagen domine sobre el texto. Para niños de cinco a doce años, escribe este narrador, tercera persona, alguien que mira, del lado del lector y dibuja la luz este ilustrador.  Lectura en valores, calidad gráfica y calidad editorial. Sobre el texto pende una linterna; la que enfoca hacia la maduración, la dificultad asumible, los retos.  Destaca la importancia de la empatía. La solidaridad. La suma de uno más uno que supera al valor del dos.

Lo inmenso de hacer el bien cada día, en las pequeñas cosas, en los seres que nos rodean. Sembrar luz para recibirla, una acción… “y (puede) cambiar el mundo”. Este álbum invita a ello. Pasen y vean. Volverán.

Natalia C.V.

LOS PÁJAROS.  Texto, Germano Zullo. Ilustración, Albertine.  Libros del Zorro Rojo, 2012

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