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LA CASA DE TOMASA o cómo explicar la finalidad estética de la literatura

La casa de Tomasa
Texto de Phyllis Root; ilustraciones de Delphine Durand
Editorial Edelvivesla casa de tomasa

Todos los años te llegan a 1º ESO y les explicas que lo de la finalidad estética tiene que ver con la belleza, con que una obra artística te atrapa, te envuelve y te lleva a su mundo. Todos los cursos repito que no hay nada que entender, que se trata de sentir, de entrar en el juego…

La casa de Tomasa es la solución. Con un texto rimado y repetitivo, con un estribillo reconocible, a través de personajes hechos con un solo trazo, y de la acumulación de la acción, es el deleite de los niños de Educación Infantil. Pero no sería lo que es sin la casa, que es la pista de un circo en el que la ilustradora demuestra todo el poder de la historia. Mientras la lectura nos envuelve en una monotonía tranquila, en la casa de al lado pasan cosas que solo descubrimos si vamos abriendo puertas y ventanas: robos, regalos, enamoramientos,…
Tal es el lío que Tomasa estalla, en mayúsculas y negrita, y grita: “¿Pero qué es esto?” Y la casa también explota, crece en un desplegable que permite por fin ver su interior con todo lujo de detalles, y ya no limitándonos a cotillear a través de las ventanas. Tras ese clímax, la calma: Tomasa renace de sus cenizas y vuelve a su idea original, y entonces un pop-up tranquilo muestra el resultado de su trabajo.
Es sorprendente: un libro para niños lleva dos líneas paralelas, la seguridad de lo repetitivo, lo incierto de unos personajes que actúan libremente; llega a un momento de violencia, explota y se encauza. Y hasta los de secundaria hacen “¡Ooooh!” cuando la casa se despliega. Precioso. Si no logra la “finalidad estética” esa, a mí que me lo expliquen.

Lorena