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NO COMAS RENACUAJOS

Babel

No comas renacuajos

Francisco Montaña Ibáñez

Colección Frontera

Babel Libros (Bogotá) 2012

Confieso mi ingenuidad. Y que me empeño en interpretar las cosas sin fijarme en lo literal. El título del libro no simboliza nada: cuando se tiene hambre, cualquier cosa es comestible. Confieso también que lo que acabo de escribir constituye en sí mismo un “spoiler” de la historia de esta novela honesta, que retrata una realidad que no nos queda tan lejos: el abandono y la pobreza infantil, aunque en este caso sea en Colombia, donde cinco hermanos viven a merced de la realidad tras la muerte de la madre y el consiguiente abandono paterno.

Francisco Montaña mezcla un estilo muy ágil con una estructura compleja en dos planos: por un lado, el plano del pasado nos cuenta las desventuras y peripecias de los hermanos, mientras el plano del presente nos presenta a una chica que vive en un centro de menores fascinada por otro habitante de la casa, el Inmortal. Al final, los dos planos convergen y toda la historia te estalla enfrente, como la realidad.

No es una lectura fácil: no sólo porque requiere lectores avezados para seguirla, sino porque no se sale indemne de ella. A mi, los dos me parecen buenos motivos para recomendarla.

Ana M.

 

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POR LO QUE TAMBIÉN HAY DE MÍ EN…

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La mujer que tengo más a mano 

Emma Cabal

(Canalla Ediciones, 2015)

El primer libro de Emma Cabal (y seguro que no el último, aunque se cure en salud dedicándoselo también a sus hijos), La mujer que tengo más a mano, es un poemario que se siente sincero, tanto en sus temas y emociones, como en sus pretensiones estéticas. Poco importa que sus poemas sean verdaderamente autobiográficos o que jueguen con el viejo artificio de la construcción de un yo poético próximo o aparente. Lo que importa es, desde luego, el efecto global que produce este conjunto de poemas, la sensación de verdad que genera; no importa de quién o para quién, pero real. Conocía poco a Emma Cabal antes de leer este libro y ahora siento que la conozco; si entonces me parecía una mujer auténtica, ahora tengo claro que lo es (incluso aunque el yo poético de sus poemas no sea ella).

Su estilo, en idéntica correspondencia, es sencillo y directo. Prioriza la expresividad, de ahí que por momentos se asome a las frases y tonos del ya superado, pero siempre presente, realismo sucio. Es su poesía inherentemente sensual, en el sentido de que está conectada siempre con la emoción, con los sentidos, tierna en ocasiones y las más de las veces canalla, como la editorial que publica el poemario.

Los poemas de La mujer que tengo más a mano cuentan, describen, trasladan pensamientos y piensan; hacen sonreír, ruborizan o mueven directamente a carcajada, sin pretenderlo, seguramente, esa es su especial naturaleza. La poesía de Emma Cabal es ante todo su poesía, de ella y para ella. En medio se sitúa a veces ese lector, o más bien lectora, con la que dialoga, a la que trata de cómplice y con la que parece sentirse especialmente cómoda. Es una poesía sin género, obviamente, como la buena literatura, que no tiene manual de instrucciones ni guía de requisitos para un lector modelo. Pero sus poemas rezuman experiencias de una persona que además es mujer, y una mujer ya con recorrido vital, en las que los lectores, y especialmente las lectoras, se reflejan, se completan, se incomodan, se cuestionan.

No es poesía de la experiencia aunque la mayoría de sus textos conectan con la cotidianidad, porque a la escritora le interesa de ésta no el detalle, que también aparece, no la costumbre, que también se aborrece o alaba, sino el sentimiento, la emoción, el aprendizaje o la ocurrencia que se esconde tras esos encuentros o tropiezos con esa su realidad que puede ser la de otros.

La mujer que tengo más a mano es un poemario de poesía genuina, de voz propia, escrita por una persona sin prejuicios hacia otros y también sin ellos hacia sí misma, y por una poeta sin prejuicios estéticos, que no sigue reglas ni capillas literarias porque para tanta vida y emoción no existe escuela posible, a no ser la de uno mismo. Se notan no obstante muchas lecturas poéticas, variadas, pero integradas desde el gusto de una lectora que también parece dejarse llevar por la emoción, sin la pretensión de rendir cultos ni la necesidad de pagar réditos.

Emma Cabal construye un conjunto poético que encuentra su epicentro en una poesía desacralizada; sus poemas cantan o gimen a la vida más que a las musas o deleites del Parnaso. Es una poesía joven de una mujer madura, con mucha vida, con muchos cara a cara superados, que ha perdido el miedo, que no el respeto, a las grandes palabras y sus referentes: a la vida y a la poesía.

Rosana Llanos López