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DISCURSO DEL OSO

9788496509801

Discurso del oso

Julio Cortázar

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Libros del Zorro Rojo

 

Cortázar adoraba las brújulas, las Magas, vagar por la ciudad. Quizá también tener otra alma, de color rojo (vida, intensidad, movimiento, latido). Ser un espíritu misterioso que de noche pululase por el interior de nuestros edificios limpiandolos de obstáculos.

Quién dijo que los humanos no somos como las construcciones que habitamos, llenas de caños, conductos, ruidos, humedades. Llámense poros, soledades, miedos. Quién dijo que las personas como las casas, de noche, en la vulnerabilidad, no somos eso: simplemente entidades solas, tiernas, ávidas, llenas de canalizos sucios, masas con toxicidades que el cuerpo elimina a través de llámese sueño, llámese pesadillas.

Quizá de noche, como en el cuento, un oso rojo que saca la nariz por una de las grietas de nuestra casa, viéndonos tan despojados, tan atascados, no solo se dedique a limpiar el interior de nuestros pisos, sino también la fontanería de nuestra alma. ¿Otro alter de Cortázar?

La noche y la soledad. El miedo. Es más fácil imaginar que un gran oso rojo, surgido de la vida, lamerá nuestras heridas, las ausencias, la falta del otro, que enfrentarnos a cierto vacío. Paisajes urbanos, rostros cansados, camas anchas.

Dice de nosotros: esos “seres tan torpes y grandes […] tan solos”.

Cuesta tan poco, según abrimos este cuento, sentirnos arropados, cubiertos, embriagados, por la idea de que un alma buena, esa que tras “lamer nuestra nariz se va, vagamente segura de haber hecho bien”, pueda habitar los caminos por donde tansitan nuestro miedos.

Cada niño debería tener un oso rojo, antes lo llamarían un ángel bueno (las referencias cambian pero no la esencia: es tan horrible para un niño el miedo nocturno que dormirse con la esperanza de un bonachón guardián oso rojo que mora el cemento y que acude a calmar ansiedades, caray, bien merece la creencia de su existencia).

Donde digo verdad digo imaginación: los niños, afortunadamente aún no tiener poder para establecer ciertas fronteras, aunque sean semánticas (¿verdad o ficción?).

Los paisajes abundan en colores, la alegría inunda una a una las hojas del álbum, extensa como la fe: con ella moveríamos montañas. Ese ser alegre, insisto, contento, positivo, enriquecedor, cálido, alentador, en noches verdes, con lunas amarillas (viva la rebeldía en el canon del cromatismo real), sobre los tejados, entre los tubos, es un alma satisfecha en la cisterna de agua, en las pequeñas rutinas, en la simplicidad de lo pequeño.

Es un álbum que no admite límite de edad; es un cuento en contra del aislamiento, el miedo, la soledad a la que nos conducen esas ciudades que cercenan, esa vida del gruñido, la falta de tiempo, la agenda que aprieta. Quizá comprar este cuento, leérnoslo como un regalo (público adulto), compartirlo como un tesoro, por ejemplo leyéndolo de noche a los niños que como niños temen la oscuridad (infantil, primaria), nos concederán la calma y la dicha de ese gran oso rojo.

La sonrisa, su modo de moverse resbalándo, como si fuera más pez que oso voluminoso, la lírica que emerge del texo (sencillez y frescura), la accesibilidad del mensaje, el soplo de alegría. Solo desprende valores positivos y una atmósfera sedante. Que las propias guardas del libro sean rojas, como el oso, lo hace más grande: avisa al inicio, recuerda su valor al final.

Tamaño, color, texto, diseño. Soy afortunada, he vuelto a encontrar otro álbum luminoso.

Si te lo cuento, me lo cuento.

Si comparto, no estoy solo.

Creamos en los actos pequeños, en la bondad del oso rojo.

Al niño de diez años le pregunto ¿Por qué te gustó este cuento? Porque me lo dice el corazón.

Al de siete, porque todos los niños querrán tener ese oso rojo. Este oso rojo.

También yo quiero. Bienvenido, bien hallado, “vagamente seguro de haberlo hecho bien”. Ciertamente, Cortázar además de Maga fue oso rojo.

Natalia C. Vallverdú, abril 2013

 

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LOS ÁRBOLES SE HAN IDO

978841683002

Los árboles se han ido (Antología poética, 1921-1936)

Federico García Lorca

Ilustraciones de MO Gutiérrez Serna

Selección de Juan Marqués

Editorial: Nórdica Libros

Septiembre 2016

 

Este libro, en sí mismo una delicia para los amantes de la poesía, de Lorca y de la ilustración, se nos presenta como una “antología mínima” que a través de tan sólo 20 poemas (no son 20 poemas de amor y una canción desesperada, aunque en una de sus canciones, “Cortaron tres árboles”, esté inspirado el título del libro), unos más conocidos y otros menos, consiga mostrar los distintos poetas que habitan en Lorca desde 1921 hasta 1936. Para el editor de la misma están el surrealista, el infantil, el que produce ternura, el que provoca un escalofrío, el amoroso, el político, el sencillo, el desconcertante, el folclorista, el revolucionario, el feliz, el asustado, el hermético, el luminoso, el lacónico, el torrencial, el festivo, el trágico, el celebrativo y el que tiembla. Pero lo más interesante es que para cada lector pueden estar estos “Lorcas” u otros. ¡Quién sabe!

A priori y desde el punto de vista textual, el libro aparenta estar dirigido a lectores noveles de Lorca, que no conozcan mucho su obra, pero atendiendo más de cerca a los textos que componen la selección, también podría disfrutarlo y mucho un lector más experimentado, por la especificidad de algunos de sus textos pero sobre todo por el diálogo tan especial que se produce entre el texto y la imagen.

El libro está ilustrado por Mo Gutiérrez Serna, utilizando distintas técnicas y texturas, y una paleta de cromatismos muy variados -no sé si tantos como 20- para capturar en otro lenguaje la emoción que cada poema le produce a la artista. Hay en el libro un total de 26 ilustraciones, una por poema salvo en cuatro de los textos, “Romance de la luna, luna”, “Reyerta”, “Romance sonámbulo” y “Oda a Walt Whitman”, cada uno con dos imágenes y el último con tres.

Hasta aquí la información descriptiva básica que hace atractivo este nuevo libro de Nórdica: la poesía de Lorca, su verdad siempre y su innovación, las magníficas y sugerentes láminas de Mo Gutiérrez Serna, y el diálogo que se establece entre los dos lenguajes. Pero en él caben muchas otras posibilidades que se pueden explorar cuando pretendemos introducir a un grupo de adolescentes de 4º de Secundaria en este diálogo. Es difícil en general que lean y más aún que lean poesía, y sobre todo son reacios a los textos de compleja comprensión y en los que la interpretación supone un reto, pero cuando se les guía en el proceso y lo consiguen, lo disfrutan. Tienen miedos, por tanto, y son reacios, pero con los materiales adecuados estas experiencias son éxito garantizado. Y eso es lo que yo he visto en este libro: una “antología mínima” de posibilidades máximas.

  1. Leo y me emociono:

Comenzamos con los textos y su lectura en el aula en grupo grande. A mis alumnos les gusta especialmente que yo les lea los textos, y más los poemas (dicen que los entienden mejor). Yo prefiero que tengan siempre una primera experiencia lectora plena y autónoma, en su propia voz o en silencio, pero es verdad que la lectura en voz alta tiene esos y otros beneficios. Así que tendremos que sacrificarnos (bendito sacrificio!) y leerles los poemas. Los leeré en el mismo orden que vienen en la Antología, pero sin mostrar el contenido del libro.

Antes escribiremos en el encerado una frase, una cita textual de Lorca: “la poesía o tiene emoción o no tiene emoción, y esto es todo”, y les pediremos que expliquen qué significado tiene para ellos. Después daremos las instrucciones: escuchar cada poema y anotar en una tabla que se les ha facilitado la emoción que ese texto les ha suscitado. Pueden usar una palabra, varios sintagmas o una oración, lo que necesiten para acercarse lo más posible a su emoción particular. Y así haremos con los veinte poemas si disponemos de un tiempo dilatado, de dos horas al menos, para no congestionar al personal. Después hacemos una puesta en común por grupos pequeños para que todos compartan las emociones que les despertó cada uno de los poemas.

  1. Descubro los 20 “Lorcas”:

En una segunda sesión, trabajamos en grupos pequeños y les damos un juego de los poemas seleccionados en la antología (papel o digital) y los 20 descriptores con los que el editor de la Antología se refiere a las distintas voces contenidas en Los árboles se han ido. Insistimos que son en definitiva las emociones que le despiertan al editor y que se trata ahora de intentar relacionar cada una con uno de los poemas. Cuando acaben los grupos, se hará una puesta en común en gran grupo para la que se advierte que no hay solucionario y se comenta la comparación entre las emociones de los miembros del grupo y la del editor.

  1. Diálogo entre distintos lenguajes:

En esta sesión la clase se inicia en gran grupo con el visionado del booktrailer que la editorial NórdicaLibros ha hecho para Los árboles se han ido. Intentaremos ser cuidadosos y quitarle el sonido primero y ponerlo en el segundo 14, para evitar la relación con el libro. Los protagonistas ahora serán las ilustraciones de MO Gutiérrez en silencio. Al finalizar les podemos preguntar qué creen que son esos dibujos.

Después volveremos a poner el booktrailer, de nuevo en el segundo 14, pero esta vez con sonido. Os advierto que lo que suena es “Doce Canciones de García Lorca” de Paco de Lucía. El universo lorquiano que subyace en las ilustraciones quizá ahora vaya apareciendo. Lo comprobamos de nuevo con una pregunta.

De nuevo por grupos, y con un ordenador en cada uno, les invitamos a que relacionen cada lámina con uno de los 20 poemas. Para ello les recordamos que en cada ilustración la artista intentó plasmar con su arte plástico la emoción que como a ellos le produjo la lectura de cada poema.

Después de que tengan hecha la filiación, les pediremos que intenten describir con palabras propias, o titular utilizando un verso del poema de Lorca, cada dibujo de MO Gutiérrez Serna.

Y como cierre de la actividad les mostraremos el libro.

  1. Manos a la obra:

La última parte sería ya más libre, ofreciendo distintas posibilidades, para que escojan una de ellas: una más creativa plástica, otra más creativa poética y una más de investigación. La primera se trataría de elegir un poema de los 20 y crear una ilustración que trabaje también desde la emoción que despierta el poema. La segunda, partiendo de una lámina de Mo Gutiérrez, escribir un texto, preferiblemente un poema, que recoja esa emoción. Y en la tercera, se les invita a explorar el diálogo con otros lenguajes artísticos, como pudiera ser el cine (se les puede decir que uno de los poemas, “Paisaje sin canción”, le gustaba especialmente a Luis Buñuel y que lo utilizó en una de sus películas: “Mi último suspiro”), o con los propios dibujos de Lorca (que busquen la obra pictórica de Lorca y descubran si el poeta granadino tiene dibujos para alguno de esos 20 poemas o si ellos encuentran alguno que les pudiera servir para recoger esas emociones).

Rosana Llanos López

 

Enlace al booktrailer:

https://www.youtube.com/watch?v=oA59hGc9UN8