0

TOLSTOI “LO PETA”

7b4a95316ed5b7876d0deb8e78ad6d0c

La muerte de Iván Ilich

Lev Tolstoi

Ilustraciones de Agustín Comotto

Nórdica libros

Tolstoi lo peta. Esta es la frase con que mi hijo Pablo, 16 años y estudiante de 1º de Bachillerato, resumió ‘La muerte de Iván Ilich’. Lector ávido, ha tenido que realizar una reseña sobre esta obra para su clase de literatura (después de leerla tengo que decir que es mucho mejor que la mía). Y coincido con él. Tolstoi lo peta.

Perteneciente a la antigua nobleza rusa, Tolstoi pasará durante su vida por diferentes crisis personales, que no sé de que manera concreta pudieron afectarle pero sí estoy segura de que enriquecieron enormemente sus libros. Éste es una clara muestra de ello.

Novela realista, describe de forma genial el estilo de vida de la burguesía de la Rusia decimonónica, sujeta a multitud de convencionalismos.

Iván Ilich es un funcionario de justicia, burgués medio, en la madrecita Rusia del siglo XIX. Casado, con hijos, su existencia gira fundamentalmente en torno a mantener el nivel de vida que considera inherente a su posición y por felicidad entiende conseguir pequeñas victorias sobre sus compañeros de trabajo, ganar en sus partidas de whist, decorar la nueva casa con un lujo que impresione a los invitados y mantener una relación de conveniencia y sin amor con su mujer evitando enfrentamientos en lo posible.

Así transcurre su vida hasta que aparece la enfermedad. Una enfermedad consecuencia de su propia hipocresía y que le hará enfrentarse a la verdad de la muerte, al tiempo perdido y al dolor de haber vivido una vida equivocada.

Tolstoi dibuja de forma magistral a sus personajes (tanto a nivel físico como psicológico y moral) y plantea problemas universales en los que todos podemos reconocernos.

Términos y expresiones como “decoro” o ‘comme il faut’ (como es debido), que abundan en la primera parte del libro, se van transformando paulatinamente en palabras ‘enormes’ como ‘verdad’, ‘miedo’ y ’muerte’ al final de la obra.

El autor ya resume de forma precisa esta transición en el capítulo II: ‘La vida de Iván Ilich no podía haber sido más sencilla, más corriente ni más terrible’ y ya casi al final del libro ‘como si hubiese estado bajando todo el tiempo montañas figurándose que estaba subiendo’.

En unas pocas páginas y con la mano de los genios, Tolstoi nos enfrenta a la esencia de la vida, a la verdad de nuestra existencia y al error de no preguntarnos acerca de lo que buscamos en realidad.

Creo que es una obra muy recomendable para nuestros alumnos de 4º de ESO y Bachillerato. Se lee fácilmente y el contexto, los valores y dilemas morales que plantea son extrapolables a cualquier época y lugar. Asimismo, las ilustraciones de Agustín Comotto en la edición de Nordica libros acompañan y completan el texto de forma genial. Deberían leerla y que Tolstoi lo siga petando.

 

Advertisements
1

ESTO NO ES UNA RESEÑA SOBRE ZOOM

9789681649036

ZOOM

ISTVAN BANYAI

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 2012

Nº de páginas: 62.

No, no pretendo hacer una reseña; primero, porque creo que no sabría, y segundo, porque el libro ya está reseñado por dos compañeras de nuestro anterior Grupo de Trabajo:

http://selecciondelecturas.blogspot.com.es/2009/02/zoom.html?spref=bl

Lo que sí quiero es contar un par de anécdotas y hacer una reflexión sobre la “utilidad” de los libros y sobre mi propio concepto de “lo que hay que hacer” con ellos en el aula. Por fortuna, voy cambiando y aprendiendo (que una nunca es mayor para eso) y ahora, por fin he abierto definitivamente los ojos. Creo.

Me encantan los álbumes ilustrados y me encanta llevarlos a clase; proponer, a partir de ellos, actividades de escritura o incluso de plástica; hacer exposiciones de murales y carteles, organizar concursos… no sé, cosas grandes, que se vean.

Zoom es un libro que me ha gustado siempre mucho, pero con el que siempre tuve la sensación de que no era “aprovechable”. Al menos a mí no se me ocurrían ideas para “trabajarlo”. Por eso siempre lo usé de “comodín”, para esos minutos incómodos cuando terminas de explicar un tema y aún no ha tocado el timbre… para alguna guardia, para algún alumno de los de inmersión lingüística que no conoce nuestro idioma.

Este año lo llevé a mi clase de 1º de ESO. Me senté en la mesa y todos se pusieron a mi alrededor, unos en el suelo, otros en sillas, otros de pie. Fui pasando las páginas y sonriendo con sus comentarios, sus caras de expectación. Siempre cuando uno enseña este libro hay algún avispado que va anunciando “es una revista”, “es un anuncio publicitario en un autobús”, “es un sello de correos”; y siempre los demás le gritan “¡calla!” y continúan mirando y sorprendiéndose a pesar del aviso.

A llegar a final, los miré a todos. Sin dejarles decir nada, propuse: “Ahora vamos a verlo al revés” y empezando por una minúscula partícula en un Universo negro, llegamos hasta la rojísima cresta del gallo.

Timbre. Fin de la clase. Mientras recogía, escuchaba lo que hablaban: “Qué pasada”, “qué chulo”, “a mí me gustaba el indio viendo la tele en el desierto”, “pues yo voy a decirle a mi madre que lo busque, que quiero verlo más veces”.

Se me acercó una niña, María, y me dijo: “Profe, a mí me gustó mucho más la segunda vez” “¿Por qué?” “Porque cuando lo vimos desde la primera página hasta la última, al terminar, me sentí mal, pequeñita, sentí que no era nada en un mundo tan enorme; pero al volver a verlo de la otra forma, me dije: jo, pues yo también puedo ser grande, a lo mejor soy importante”

Me fui un poco emocionada, lo reconozco, y así entré con mis alumnos de 2º de Bachillerato.

Como llevaba Zoom en el bolso, y como siempre empiezo con ellos las clases leyéndoles un cuento, un poema, o recomendando alguna lectura, lo saqué e hice con “los mayores” exactamente lo mismo que con los “pequeñajos”. Las caras de asombro fueron las mismas, los comentarios muy parecidos, un chico me lo pidió para mirarlo en casa con más calma, varios copiaron la referencia del autor y la editorial.

Me llamó la atención otro alumno, el delegado, que después de tomar nota en un papel lo guardó cuidadosamente en un portafolios en el que había ya varias páginas y una portada maravillosamente artística. Le pedí: “¿Me lo enseñas?”. Me dijo: “Claro, Emma, es que voy guardando todas estas cosas de los primeros minutos de clase”. Y allí estaban todas las fotocopias de los cuentos, de los poemas, las referencias de los libros, alguna fotografía de alguno de ellos. Unas veinte páginas.

En la portada ponía: “Para disfrutar”.

(Emma Cabal)