1

SIETE PLANTAS

siete_plantas-e1520274243920

Siete plantas

Dino Buzzati

Ilustraciones de Juan Berrio

Nórdica Libros

Entré en la clase de 2º de Bachillerato un jueves a última hora. Posé el maletín sobre la mesa, cogí una tiza y escribí en la pizarra:

“La literatura en los colegios debería ser un paréntesis dentro de la actividad diaria, una hora de sosiego en la que el alumno escucha, piensa en sus cosas o se duerme mientras el maestro lee en voz alta libros que no tienen por qué seguir el disparatado orden del canon escolar.” (Daniel Pennac)

Lo había pensado bien. El día anterior había devorado el libro Siete plantas, de Dino Buzzati y me había impresionado muchísimo. Supongo que porque soy una gran hipocondríaca… La historia de Giuseppe Corte, un hombre que ingresa en un sanatorio aquejado de una dolencia sin importancia y que poco a poco, y sobre todo por una serie de malentendidos, va descendiendo de planta desde la séptima hasta la primera, en la que se encuentran los enfermos terminales, me había desasosegado terriblemente.

Sabía que quería compartirlo con mis alumnos.

Calculé el tiempo de lectura: casi cincuenta minutos, justo una hora de clase.

Tenía que prepararme bien. Por una parte, la voz ¿Era capaz de leer en voz alta durante casi una hora sin que fallara? Sí, creía que sí. Había otro asunto importante. ¿Sería capaz de leer sin importarme lo que mis alumnos estuvieran haciendo, sin exigir que me prestaran atención? Era una de las condiciones de la actividad, pero no estaba muy segura de poder aguantarlo…

El caso es que me senté en la silla, sobre la tarima, y dije que eso es lo que íbamos a hacer: yo iba a leer y ellos podían hacer lo que quisieran. En completo silencio, eso sí. No se lo podían creer, aunque algún valiente dijo: “pues espera un minuto que saquemos cosas de la mochila, que mañana hay examen de Física y Química”.

Empecé a leer: “Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica…”

Cuando el protagonista había bajado una o dos plantas, no lo recuerdo, eché una mirada al aula: tres o cuatro estaban, efectivamente, estudiando. Ester, claro, dibujaba; la mayoría simulaban escucharme, pero se notaba a la legua que no: Diego se había recostado sobre la mesa, tapando la cabeza con los brazos; sólo Alicia y Claudia, desde la primera fila, me miraban atentamente.

Continué: “El único, aunque pobre, consuelo de Giuseppe Corte, una vez que se encontró en la planta quinta, fue saber que según juicio unánime de médicos, enfermeras y pacientes, era en aquella sección el menos grave de todos…”

Los minutos pasaban. Yo los miraba de reojo y veía de vez en cuando que una cabeza se levantaba o que alguien fruncía el ceño. En la tercera planta, me interrumpió un momento un pequeño ronquido. Todos miramos hacia Diego, que se había quedado dormido, y alguno hizo un gesto de “ya verás ahora la que se va a armar…”  Pero yo seguí.

“A mí me han mandado que lo lleve a la primera, mire aquí…”

Quedaban sólo tres páginas y unos cinco minutos. Alguno empezaba a recoger sus cosas pero me habían hecho caso: ni un sólo ruido.

Leí el último párrafo muy despacio, intentando que sintieran la angustia del protagonista, que vivieran lo que yo había vivido el día anterior: “Volvió la cabeza al otro lado y vio que las persianas mecánicas, obedeciendo a algún misterioso mando, bajaban lentamente, cerrando el paso de la luz”.

Cerré el libro. Los miré durante unos segundos y en ese momento sonó el timbre. Fin de la clase. Ni una palabra. Despertamos a Diego que se asustó un poco al ver que estaba en el aula y todos fueron saliendo.

Alicia y Claudia lo hicieron las últimas, con la cara casi desencajada. Al llegar a la puerta, Claudia se volvió y me dijo: “Pero profe, no hay derecho a esto. ¿Cómo voy a comer yo ahora?¿Cómo estudio yo ahora por la tarde? ¿Cómo sigo yo a partir de ahora con mi vida normal?”

Yo me encogí de hombros y sonreí. No contesté.

Simplemente pensé: “Ha merecido la pena”.

Emma Cabal.

 

 

0

EL MONO DEL ASESINO

“Muchos creen que el Jefe es ahora mi dueño. Pero el Jefe no es de esos que quieren poseer a otros. Él y yo somos compañeros. Amigos.”

EL MONO DEL ASESINO

El mono del asesino

Jakob Wegelius

Sushi Books

¿Cuánto hace que no te das el lujo de leer una novela de aventuras? Una novela de aventuras de esas que leías cuando soñabas con viajar al otro lado del mundo, descubrir misterios, conocer culturas, comer cosas exóticas…

Bien, pues esa es la sensación que necesito transmitir tras leer El mono del asesino. Siento la necesidad de recomendarla, de animar a jóvenes y adultos a leerla, a entusiasmarse con Sally Jones y sus amigos. Recorrer  Lisboa, olisquear el aire del Tajo y la mar en las calles de la Alfama,  probar pasteles de nata de la pastelería Graça y escuchar cantar fados a Ana a la luz de la luna… El mono del asesino es una novela de aventuras al puro estilo clásico, de las que echamos de menos cuando cumplimos años y de esas que sabemos que nuestros chicos deben leer. Es una novela sin edad, solamente para aquel que quiere disfrutar de un montón de páginas bien escritas, amenas.

Pero empecemos por el principio. El mono del asesino es una novela para valientes, pues tiene nada menos que 620 páginas. Es un libro en pasta dura, cuidado con esmero por la editorial gallega Sushi Books y acompañado de unas ilustraciones en blanco y negro, que recuerdan antiguos grabados. El propio autor, Jakob Wegelius, las ha realizado con mimo, así como los mapas  en color que reflejan con detalle las rutas que Sally Jones hace de Lisboa a la India y vuelta, a bordo de distintos navíos.

En realidad, no es la primera vez que Sally Jones sale a la escena literaria. Con anterioridad se publicó un álbum ilustrado que contaba sus comienzos en este mundo de hombres. En La leyenda de Sally Jones, editado también por Sushi Books, el lector puede conocer los primeros años de vida de nuestra protagonista hasta que se encuentra con el capitán Henry Koskhela, otro de los personajes emblemáticos de la historia que nos ocupa. Koskhela se convertirá en su Jefe y mejor amigo o, más bien, su familia. No es necesario haber leído La leyenda de Sally Jones para atreverse con El mono del asesino, pero no está de más saber que está ahí y que pueden llegar otras aventuras.

Y ¿qué tiene de peculiar nuestra Sally? Pues que es ,nada más y nada menos, una mona. Sally Jones es un simio grande y bueno, que viste una funda de trabajo y una gorra. Es una gorila que entiende perfectamente a los humanos, que sabe leer y escribir, juega al ajedrez y hace magia con cualquier herramienta, pues es una gran mecánica.  De buena que es nuestra Sally, echo de menos que saque a relucir su fuerza, su agilidad, su agresividad, especialmente cuando algunos de esos que se hacen llamar hombres la maltratan… Pero es que es más humana que los humanos. Lo único que a Sally Jones  le falta es hablar.

Puede que, llegados a este punto, algún posible lector diga: Uy, una mona como protagonista… No sé si… Y yo  digo que sí, un rotundo sí. El mono del asesino es verosímil, se gana tu confianza lectora con un ritmo lento donde priman las peripecias de los personajes, pero también lo que sienten, cómo se relacionan. Es una novela llena de intriga, sin grandes aspavientos ni acciones trepidantes, en la que el misterio y la descripción se llevan la palma. Lisboa, los viajes en barco o la India de los maharajás son el marco para hablar de relaciones de amistad, de maltratos,  de cuestiones políticas y del mundo de la música, la cárcel o el mar..

Sally Jones nos cuenta su vida en primera persona.  Comienza  su historia escribiendo en su Underwood rehabilitada gracias a sus milagrosas manos. Sally viaja con Henry Koskela en su barco a Lisboa y allí reciben un misterioso encargo que les llevará a viajar por el Tajo. A partir de ahí, nada sale como ellos esperaban y Sally ve cómo su Jefe, su mejor amigo, es acusado de un crimen que ella sabe que no ha cometido. Ante esa injusticia humana, que como tantas otras ella no puede entender, Sally Jones decide devolverle a ese hombre bueno, su libertad. Gracias a distintos amigos que va haciendo en su aventura, que le demuestran que puede confiar en la humanidad a pesar de todo, se lanzará a un viaje en el que conocerá otros mundos y culturas.

Ganadora de varios premios como el del Consejo Nórdico de Literatura Infantil y Juvenil de 2015 fuera de España y recientemente el Premi Llibreter de 2018, El mono del asesino merece nuestra atención a la hora de elegir una buena lectura. En mi caso la hemos compartido. La hemos leído a cuatro ojos, con una docena de años por un lado y unos cuantos más por el otro, y el veredicto ha sido unánime: es un libro muy, muy recomendable. Y la edad para atreverse a vivir aventuras, tenemos claro que es lo de menos.

0

PROYECTO ABUELITA

proyectoabuelita_p

Proyecto abuelita

Anne Fine

Traducción de Xesús Fraga

Nórdica Libros

Cuando hago alguna actividad sobre refranes con mi alumnado me doy cuenta de que apenas recuerdan unos pocos y otros los han ido sustituyendo por frases nuevas más propias de series melodramáticas juveniles que de esa sabiduría popular. Hay uno que siempre mencionan en sustitución de “no es oro todo lo que reluce”, o “las apariencias engañan” y es “no juzgues un libro por su portada”, aplicándolo, no a los libros precisamente, sino a las personas. Es entonces cuando les digo que, en el caso de los libros, la portada vaya si importa. Y tanto. Para bien o para mal.

Cuando vi la ilustración de la portada de Proyecto Abuelita, me fijé en el dulce título y leí el no menos amable resumen de la contraportada, me hice una idea completamente errónea de esta novela.

                Proyecto Abuelita es una apuesta valiente y bien desarrollada que sin remilgos nos enfrenta a una realidad tan actual y dura como la de las personas mayores dependientes, en una sociedad que no tiene ni tiempo ni espacio para ellas.

La editorial Nórdica recupera este libro de la autora Anne Fine, editado por primera vez en 1983, a través de su colección Nórdica infantil, a partir de una traducción del escritor y periodista gallego Xesús Fraga y con una bonita ilustración de portada, obra de Iban Barrenetxea. Ilustración a la que conviene volver entre capítulo y capítulo para apreciar el significado de sus detalles, de esa abuelita oronda y aparentemente feliz que nos mira. Dan juego también las guardas en las que contemplamos una habitación vacía, que parece no significar nada.

El libro se organiza en bloques divididos a su vez en capítulos de una extensión más o menos similar. Unos y otros aparecen precedidos por un breve título que nos pone en antecedentes de lo que vamos a leer. Desde el bloque titulado “Estúpida y glotona” hasta el último, “Despierta, ya”, la acción avanza inteligentemente, tan bien dosificada y distribuida que, al llegar al meridiano de la historia tenemos que recomponer nuestra visión inicial y pararnos a pensar que ni los malos son tan malos ni los buenos lo son tanto.

El título hacer referencia al “arma” que utilizarán Iván, Sophie, Tanya y Nicholas, nietos de la anciana Adelaide o Sra. Harrys, para evitar que sus padres, Natasha y Henry , la internen en una residencia de ancianos. De este modo quedan organizados los dos bandos enfrentados durante todo el hilo argumental: padres e hijos, y en medio la abuelita.

Iván y Sophie, los hermanos mayores, con una madurez incipiente, planean presionar a sus padres aprovechando un proyecto escolar de la signatura de Ciencias Sociales en forma de informe de denuncia sobre el abandono de los ancianos, y nada mejor para ello que tomar a su propia familia como modelo. Para ello necesitan la colaboración activa de sus hermanos pequeños, que esencialmente será teatral: lloros, pesadillas en mitad de la noche, angustia… atormentados por la idea de la marcha de la abuela. Y así se inicia el primer “Proyecto abuelita” que recogerá todas las situaciones conflictivas que sus padres viven por el esfuerzo que les supone atender a la anciana, especialmente a Natasha, su madre de origen ruso, que no puede ver ni en pintura a su suegra.

Pero, ¿por qué la redacción de un simple trabajo escolar puede tener tanta importancia? Pues porque Henry, el cabeza de familia, es el mediocre Jefe de Estudios del colegio de sus hijos. Ese proyecto, pues, pasará de mano en mano entre el claustro de profesores y lo dejará en evidencia.

Hay una fecha clave que servirá de desencadenante del plan: la cena que Natasha y Henry ofrecen en su casa al director del colegio y a otros colegas y amigos. Una cita anual que ilusiona e importa mucha al matrimonio. Pero como los personajes de esta novela son interesantemente complejos, Sophie flaquea, se compadece de sus padres e intenta convencer a su hermano, más revolucionario, de hacer las cosas de otra manera. Ya es tarde y todo se precipita.

En el ecuador del argumento, todo da un giro muy interesante: el contraataque. Los niños han sido descubiertos y pagarán por ello con una dura lección pero muy realista, ya que tendrán que convertirse en los cuidadores de esa abuelita a la que tanto quieren. Y llegados  a este punto hay que regresar nuevamente al refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Los sentimientos empiezan a ser contradictorios. Solamente Iván, como un héroe resignado, mantendrá la idea del proyecto aunque esta vez más nostálgico, ya que procurará recuperar los recuerdos de la vida de su abuelita, ese personaje continuamente latente que hace tambalear la vida de esta familia.

La anciana señora Harrys, en su mundo de luces y sombras seniles, habla poquito, pero a veces con tal fondo de verdad que sentencia las situaciones magistralmente  desarrolladas con ágiles diálogos en cada capítulo. Como cuando ella misma les espeta a todos en la cena del colegio, con infantil franqueza e ingenuidad:

-El día que tuve a Henry en mis brazos por primera vez mi propia madre me dijo: “Adelaide, ahora ya ha nacido. Y pronto comprobarás que mientras son niños harán que te duelan los brazos, pero cuando sean mayores harán que te duela el corazón”.

Anne Fine escribió esta obra con 36 años, ahora tiene más de 70. Me pregunto qué pensará de esta novela con la perspectiva que le ha dado el tiempo. Hay que poner en antecedentes a nuestros jóvenes lectores y lectoras sobre lo que van a encontrar en esta bonita narración que necesita cierta madurez y sensibilidad para abordarla. O quizás la sensibilidad también irá surgiendo a lo largo de su lectura.

El caso es que Proyecto Abuelita nos pone frente a nuestras propias contradicciones, nos acorrala con dilemas difíciles de solucionar, al menos rápidamente. Qué interesante sería poner en práctica los proyectos de Iván sobre su abuela. Un buen trabajo de campo en cualquier familia con personas ancianas dependientes quizás nos abriría los ojos a la problemática real que sufren. O si se quiere algo menos crudo, qué bonito sería recoger literariamente la narración de los recuerdos de  nuestros mayores, de los que aprenderíamos muchas cosas, pero una primordial: el respeto y cariño que les debemos, porque ellos fueron generosos con nosotros.

Alberto Lorenzo Villanueva.