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OLIVIA Y LAS PRINCESAS

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Olivia y las princesas

Ian Falconer

Fondo de Cultura Económica, 2012

Olivia es una cerdita que protagoniza una serie de álbumes escritos e ilustrados por Ian Falconer. Es imposible no enamorarse de Olivia desde que la conoces, tengas la edad que tengas. Aunque se supone que sus historias van dirigidas al público infantil, son los papás, los abuelos o quien sea que le toque leer el cuento quienes más lo disfrutan …o al menos lo disfrutan a partes iguales. Esto pasa muchas veces y es el ingrediente perfecto para la lectura compartida.

Olivia no es una cerdita como las demás: es una niña con cuerpo de cerdita. Olivia es contestona, intensa, apasionada, divertida. Olivia tiene opiniones variadas y las expresa sin problema; no se cansa, le encanta saltarse las normas, disfruta con el baile, con la música, con el arte; es estrafalaria, extravagante, es… absolutamente adorable.

En esta ocasión Olivia no quiere ser princesa porque ser princesa no es divertido. Ser una princesa rosa es lo más aburrido del mundo y desde luego no va con su carácter rebelde e inconformista. Con este argumento, asistimos a un alegato casi, casi feminista en que Olivia reivindica que las niñas pueden aspirar en la vida a ser muchas cosas, a cada cual más interesante. Olivia es valiente y no deja que ningún obstáculo se le ponga por delante.

El texto, escaso pero conciso, es divertido, lleno de ironía y sarcasmo, magistralmente acompañado de unas ilustraciones sin demasiado colorido, como es habitual en todos los libros de Olivia, pero cargadas de simbolismo y que dan mucha viveza y emoción a las situaciones.

Ana N.

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EL ORO DE LA LIEBRE

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EL ORO DE LA LIEBRE

Martin Baltscheit y Christine Schwarz 

Ilustraciones de Martin Baltscheit 

Editorial  Lóguez , 2015

La liebre de la cubierta, que en su primer día de vida ya tuvo miedo del segundo, se convirtió en víctima de sí misma a pesar de su enorme arcón lleno de oro. Construyó su propia cárcel de soledad, cuyos barrotes se reflejan en sus enormes ojos asustados. La muerte, cómo no, la encontró sola. Y varios meses tardaron en encontrarla los demás animales del bosque.

Para que siga el cuento, el testamento de la liebre dispone que todo su oro sea para el miedoso más grande del bosque. Y hete aquí que, por iniciativa de la lechuza, comienza la gran competición para descubrir quién merece el tesoro. Para saber por qué el elegido es el lobo -de todos los animales del bosque precisamente el peligroso gran lobo, con esa tradición popular que en principio lo desacredita totalmente- hay que leer el decantado e irónico texto de este álbum y detenerse en la intensidad de sus imágenes y en las miradas de los animales que nos interpelan.

Al final, parece que el lobo, como la liebre, cae prisionero de su propia trampa y se adoba en su propio miedo, así que, ¿no sería mejor trepar a los árboles, jugar, saltar, correr, compartir y disfrutar? Este primer nivel de lectura será intuido rápidamente por la gente menuda. Pero hay más niveles de lectura: ¿tendrá algo que ver este sinsentido de sistema capitalista en el que vivimos? ¿Acaparar riquezas sirve de algo cuando llega la muerte? ¿Cómo detener a la mayoría de la población que clama por un reparto justo de la riqueza si no es inoculando miedo?

Ana M.

 

 

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CUANDO NACE UN MONSTRUO

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Cuando nace un monstruo

Sean Taylor y Nick Sharratt

Editorial Juventud, 2006

Ella siempre se sintió un monstruo pequeño. O quiso que un monstruo viviera debajo de su cama. Que los peludos tomaran vida. Eso fue mucho antes de la película Monstruos S.A. y Ted (una horripilante comedia sobre un oso de peluche rijoso que un día, fruto de un milagro navideño, se convirtió en el humano osezno mejor amigo de un sinsustancia adulto Peter Pan).

A partir de que sus sueños se hubieran hecho realidad, sus posibilidades hubieran sido otras. Otra vida, otras amistades (acaso lanudas), otro tamaño de cama donde el insomnio tiende a aterrizar. Entonces, en aquella época, cuando intuye que empezó todo, le hubiera encantado leer este álbum. Pasa a explicar el porqué.

La peripecia se antoja sencilla, nace un monstruo, crece un monstruo y se reproduce un monstruo. La vida de un monstruo y su relación con los niños. La vida, o sea la elección o sea los caminos que se toman y los que se dejan. Cómo decidir y cómo abandonar los miedos. El miedo en los niños (gran tema desde que los cuentos son cuentos, es decir, desde el origen del lenguaje), según la ciencia, se explica a partir de su ensayo adaptativo en pro de la especie: un precio a pagar, uno más, por ser humano, por la supervivencia, por dejar monstruitos, digo niñas y niños, en este mundo. Como adulta, a ella le sigue dando miedo elegir, tomar decisiones, responsabilizarse de su vida: como a los niños, como a las niñas, como a este monstruo. Es un relato de crecimiento, con un mensaje positivo, un ensayo que de forma agradablemente sencilla nos instruye en habilidades emocionales, en atender a lo que se siente cuando uno emprende un camino, aventura, experiencia, amistad. Con el monstruo, que en la segunda página ya es el niño, o la niña, o el adulto que lee (otro acierto: atrapa al receptor y se mimetiza con él), aprendemos a escuchar nuestros pensamientos, las consecuencias, derivar el miedo al absurdo y darnos cuenta de que nunca pasa nada: nuestra relación con las cartas que nos toca jugar y ya está. Uno, niño, niña, adulto, sale triunfador del cuento. Porque siempre hay otra vía, porque al elegir, ganas, y lo que pierdes ya no importa, no merece la energía, el tiempo, el desgaste, la ansiedad. Es un cuento para apandadores, aventureros, osados… miedosos, como ella.

Más aciertos. Más hechizos. Su estructura circular pero en zig-zag. Cada vez que el monstruo escoge, el monstruo avanza. Vence y vuelve a elegir. En definitiva, el monstruo vive las conductas que el niño teme y sale triunfador. Es la técnica del llamado “modelado”: vividos a través de otro aprendemos a superar los miedos. Somos más felices. Como nuestro monstruo.

La tipografía irregular, a varios tamaños, distintas fuentes, minúsculas y mayúsculas, es otro de los éxitos. El dibujo vibra en colores intensos, vivos, no existen grises y cuando aparecen son abandonados, al igual que el negro. Es impactante, influye su riqueza cromática y sus formas en un estado emocional positivo. Todo se destiñe de fucsia. O de verde rabioso. De vida. Es un canto a la confianza. A partir de aquí, el texto se relaciona magníficamente con la imagen, van a la par hacia la cumbre de la confianza.

Ella podría leer este cuento. Si lo leyera podrían sucederle dos cosas: o ser más feliz o ser más feliz. En ambos casos no debería abandonar este mundo sin llevarse a la cama a este maestro monstruo.

Fue Dickens quien hizo de la tesis “El amor siempre es más fuerte que el odio” una obra magna; Cuando nace un monstruo se hace a la luz y el rayo alimenta la semilla de la autoestima. ¿Posible perfil del lector? De tres a treinta y tres, pasando por trece. Con libros así, el fango del miedo de la vida adulta se pasaría sobre raquetas. O con botas de lluvia. ¿Ambas cosas, pues?

Natalia

 

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EL CUADRO DESAPARECIDO

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El cuadro desaparecido

Kestutis Kasparavicious

editorial THULE

1º de la ESO suele ser un curso puente en cuanto a lecturas se refiere. Hay niños en el aula que aún necesitan leer libros infantiles; otros, en cambio, ya han dado el paso hacia lecturas más complejas. No siempre hacen caso de recomendaciones, todavía menos si son de sus profesores o padres. Las lecturas obligatorias, sólo por el calificativo que las adorna, se les hacen bola. Son audiovisuales, se alimentan de imágenes, pero los álbumes ilustrados les parecen de pequeños y les da cosilla acercarse a ellos: ya están en el instituto.

Las series televisivas actuales son parte del día a día, y lo policíaco, el misterio, la resolución de casos están de moda (sólo hay que echarle una ojeada a la programación diaria o darle un vistazo a las listas de libros más vendidos) . Y si algo les gusta a los adolescentes es estar a la última.

Así que, de repente, llega a mis manos este libro: El cuadro desaparecido. Aprovechando una de nuestras sesiones de lectura en el aula, se lo enseño. “Uff, profe, es de animales”, “¿un libro de pequeños?”. Alguno se anima con la portada. “Mira, debe de ser el hueco que dejó el cuadro desaparecido”. Y poco a poco, a trompicones, leemos el caso de este cuadro que alguien se ha llevado ante los ojos de todo un elenco de personajes. Nos detenemos en unas imágenes que cuidan el detalle y recrean un ambiente exquisito; y en unas descripciones realistas de personajes mitad animales, mitad humanos, que pertenecen a distintas clases sociales y tienen en común el gusto por el arte, en concreto por la pintura.

No todo lo que se dice en el libro se entiende. Quizá sea el grupo, o la edad, o la falta de lecturas de este tipo, pero desconocen vocabulario (“ïnsigne dama, flamante cabriolé, perorata…”), les choca la forma de hablar de los personajes… Pero les gustan los misterios, así que, echándole teatro al momento, desaparece el cuadro y se lanzan a nombrar sospechosos, intentando deducir por las conductas de los personajes su culpabilidad. Hay para todos los gustos.

Y yo, tirando del hilo de todos los ingredientes mencionados, decido proponerles un trabajo conjunto y resolver entre todos un caso. Como, aunque se resistan, aún son niños, les invito a utilizar sus artes plásticas para recrear el misterio. E incluso, quedarnos con la mejor coartada y los personajes mejor caracterizados.

Divididos en grupos propongo en primer lugar documentarse sobre la campiña inglesa para intentar recrear el ambiente de nuestro libro. Casi todos tienen acceso a libros de Ágatha Christie y tirando de padres, tíos, familiares varios, leen misterios. Hacemos un glosario de vocablos utilizados en el libro, que no suelen emplear en su vida. Repartimos personajes de distintas clases sociales y formación, para que puedan convertirse en protagonistas de nuestra historia.

Aprovechando, además, la ayuda de la profesora de Educación Plástica buscamos cuadros que tengan una historia detrás para decidir cuál será el nuestro.

Y ahí andamos, creando un misterio. No sabemos todavía quién será nuestro ladrón, si acabará habiendo asesinato, si será el mayordomo o el cónsul el culpable, o si las coartadas de los marqueses serán convincentes; pero sí sabemos que estamos aprendiendo mucho de la historia, y que podemos utilizar contenidos que solemos emplear de forma mecánica y aburrida, como la descripción o la consulta del diccionario, de una manera más práctica y divertida.

FLOR

 

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UNA TEMPORADA PARA SILBAR

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UNA TEMPORADA PARA SILBAR

Ivan Doig

Libros del asteroide

Escribir una novela requiere buscar una historia que le dé vida, en este caso la de un viudo con tres hijos que encuentra esposa de una forma más o menos convencional. Pero ese esqueleto sólo se sostiene cubierto de matices muchísimo más importantes: ante nosotros surgen los paisajes de Nevada, los muchachos de la escuela rural, un maestro por accidente, el cometa Halley, el boxeo, el latín, el amor y el sexo, la madurez. Y de repente nos convertimos en un adulto con responsabilidades a veces terribles, como la del protagonista, que debe cerrar las escuelas unitarias de las que su memoria es homenaje.

Tras el reposo de esta lectura se quedan latiendo en la memoria el alumno terrible con un padre terrorífico que le tiene atemorizado; los jinetes inversos o de cómo la cultura puede disfrazar el fruto del ingenio y hacer ganar al débil; la liviandad al tratar la orfandad de los tres niños y la delicadeza del viudo que pide permiso a la esposa muerta para volver a empezar; la niña que recorre kilómetros sola y en la oscuridad para acudir a la escuela; las cenas de domingo en casa de la pariente viejísima que incomoda a todos; las nevadas…

El hilo conductor de todo esto es un muchacho reflexivo y genial, convertido finalmente en inspector de educación, que crece en esa temporada lo necesario para irse a estudiar lejos de la casa paterna, lo que nos remite a una novela de crecimiento tradicional. Es necesario leerla para poder distinguir entre la tradición y la tipicidad.

Y por último, por cursi que resulte, tengo que decirlo: docentes del mundo, leedlo, reconfortaos y volved a creer en lo que hacéis.

Lorena

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LA NIÑA GORDA Y OTROS RELATOS INQUIETANTES

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La niña gorda y otros relatos inquietantes

Marie Luise Kaschnitz

Hoja de Lata

 

Debo de ser la mayor ignorante que pisa letras, puesto que no había oído hablar de esta autora que, sin duda, debería haber conocido antes. Se trata de una escritora alemana, nacida junto con el siglo XX, de la que Hoja de Lata publica ahora una selección de doce cuentos, a cual más desasosegante. Todos ellos parecen ser realistas, parten de situaciones bastante razonables y no especialmente llamativas, pero sutilmente, casi agazapado, aparece el extrañamiento, la acción inesperada, la cara oculta de la luna de todos los días. Lo que era corriente, familiar, sencillo y reconocible, adopta el tinte de lo dramático y lo inevitable. De lo terrible. A los de tradición eminentemente hispana nos remite -sí, lo digo sin miedo- a Cortázar, al mejor Cortázar: a lo mágico como explicación de lo cotidiano, que lo convierte en incontrolable y nos deja como víctimas de nuestra propia vida.

Esta autora domina la palabra y consigue mover nuestro pensamiento al ritmo que le conviene: paseamos con una mujer por el bosque y amamos u odiamos a su amante al mismo ritmo enloquecido que ella lo hace; sentimos la indefensión de la vejez y la confianza en menos de diez páginas; redescubrimos al padre y con ello destruimos una vida completa en cuestión de tres imágenes; sentimos el vacío del niño fracasado y los ecos en nuestra vida adulta de esa sensación con una niña gorda que se hunde en el hielo… Son algunos ejemplos de la extrema sensibilidad que contagia esta escritora brillante.

Lorena

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SR. MININO

 

9786077352983

SR.MININO

Autor e ilustrador: David Wiesner
Editorial: Océano
Paginas: 30 Pág.
Formato: 28,8 x 23,7 cm. Cartoné.

 

¿Pero se puede saber qué hace una profesora de Secundaria con un álbum ilustrado que aparece recomendado en reseñas y librerías para lectores de cinco años?

Pues muy sencillo: lo primero, confirmar que los libros, como el amor, no tienen edad. Y también, conseguir que un chico de doce años que llegó hace unos meses de Senegal, que habla y entiende bastante bien el castellano pero que apenas lo lee ni lo escribe, no sólo participe en la misma actividad que el resto de los alumnos de la clase, sino que además tenga los quince minutos de gloria a los que todos tenemos derecho y reciba los aplausos de sus compañeros.

¿Cómo? No lo sé muy bien, pero fue estupendo.

Durante el primer trimestre de este curso quise dedicar las lecturas de 1º de ESO al género de la ciencia ficción. Leímos varios libros, algunos relatos (Bradbury y Asimov, sobre todo), vimos las películas de ET y El Planeta de los Simios y preparamos luego una exposición de murales y carteles para recomendar nuestras experiencias lectoras a todo el instituto.

“¿Algún álbum ilustrado para que este chico pueda hacer también algo, para que pueda integrarse?” Beatriz inmediatamente dijo: “¡SR Minino!” y cogió este estupendo libro de una estantería y me lo dio.

A Sr. Minino no le interesan en absoluto los juguetes para gatos. Se pasea indiferente ante todos ellos, hasta que descubre uno que sí llama su atención; pero lo que no imagina es que se trata de una minúscula nave espacial, tripulada por diminutos extraterrestres. Tras los golpes recibidos por los juegos del felino, los hombrecillos verdes deberán salir en busca de materiales para repararla. Lo conseguirán, bajo un armario y con la ayuda de varias hormigas y una mariquita.

La ilustración combina páginas completas con otras divididas en viñetas. El álbum apenas tiene texto; o sí lo tiene, pero en un lenguaje simbólico que sólo las mentes despiertas son capaces de entender. Hay que saber mirar y saber leer para traducir a nuestra lengua el idioma extraterrestre y animal que utiliza el libro.

 

Mi chico de Senegal supo hacerlo de maravilla. Llegó a escribir tres páginas absolutamente ininteligibles en “algo” que no sé muy bien si calificar de castellano. No importa: ¡¡tres páginas!! Pero lo mejor fue cuando le propuse: “Ahora léeles tú el libro a tus compañeros”. Entonces se transformó. Ahí sí, hablar sí le gusta y lo hace bien: “¿Qué es eso? ¡Oh, no! ¡Son los ojos de una bestia! Capitán, tenemos un problema. ¡Corred, corred! ¡Socorro, que nos pisa!!! ¡Ayuda! No, nos pillarás, bestia. ¡Mira, hay otros seres vivos! ¿Hablas mi idioma?…” y así hasta el final: “Adios, adios, os recordaremos siempre…”

Una auténtica representación teatral, con un delicioso remate: “Y todos felices menos el Sr Minino. Pobre gatín.”