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UNA TEMPORADA PARA SILBAR

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UNA TEMPORADA PARA SILBAR

Ivan Doig

Libros del asteroide

Escribir una novela requiere buscar una historia que le dé vida, en este caso la de un viudo con tres hijos que encuentra esposa de una forma más o menos convencional. Pero ese esqueleto sólo se sostiene cubierto de matices muchísimo más importantes: ante nosotros surgen los paisajes de Nevada, los muchachos de la escuela rural, un maestro por accidente, el cometa Halley, el boxeo, el latín, el amor y el sexo, la madurez. Y de repente nos convertimos en un adulto con responsabilidades a veces terribles, como la del protagonista, que debe cerrar las escuelas unitarias de las que su memoria es homenaje.

Tras el reposo de esta lectura se quedan latiendo en la memoria el alumno terrible con un padre terrorífico que le tiene atemorizado; los jinetes inversos o de cómo la cultura puede disfrazar el fruto del ingenio y hacer ganar al débil; la liviandad al tratar la orfandad de los tres niños y la delicadeza del viudo que pide permiso a la esposa muerta para volver a empezar; la niña que recorre kilómetros sola y en la oscuridad para acudir a la escuela; las cenas de domingo en casa de la pariente viejísima que incomoda a todos; las nevadas…

El hilo conductor de todo esto es un muchacho reflexivo y genial, convertido finalmente en inspector de educación, que crece en esa temporada lo necesario para irse a estudiar lejos de la casa paterna, lo que nos remite a una novela de crecimiento tradicional. Es necesario leerla para poder distinguir entre la tradición y la tipicidad.

Y por último, por cursi que resulte, tengo que decirlo: docentes del mundo, leedlo, reconfortaos y volved a creer en lo que hacéis.

Lorena

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LA NIÑA GORDA Y OTROS RELATOS INQUIETANTES

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La niña gorda y otros relatos inquietantes

Marie Luise Kaschnitz

Hoja de Lata

 

Debo de ser la mayor ignorante que pisa letras, puesto que no había oído hablar de esta autora que, sin duda, debería haber conocido antes. Se trata de una escritora alemana, nacida junto con el siglo XX, de la que Hoja de Lata publica ahora una selección de doce cuentos, a cual más desasosegante. Todos ellos parecen ser realistas, parten de situaciones bastante razonables y no especialmente llamativas, pero sutilmente, casi agazapado, aparece el extrañamiento, la acción inesperada, la cara oculta de la luna de todos los días. Lo que era corriente, familiar, sencillo y reconocible, adopta el tinte de lo dramático y lo inevitable. De lo terrible. A los de tradición eminentemente hispana nos remite -sí, lo digo sin miedo- a Cortázar, al mejor Cortázar: a lo mágico como explicación de lo cotidiano, que lo convierte en incontrolable y nos deja como víctimas de nuestra propia vida.

Esta autora domina la palabra y consigue mover nuestro pensamiento al ritmo que le conviene: paseamos con una mujer por el bosque y amamos u odiamos a su amante al mismo ritmo enloquecido que ella lo hace; sentimos la indefensión de la vejez y la confianza en menos de diez páginas; redescubrimos al padre y con ello destruimos una vida completa en cuestión de tres imágenes; sentimos el vacío del niño fracasado y los ecos en nuestra vida adulta de esa sensación con una niña gorda que se hunde en el hielo… Son algunos ejemplos de la extrema sensibilidad que contagia esta escritora brillante.

Lorena

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CARTAS DE UNA PIONERA

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Cartas de una pionera

Elinore Pruitt Stewart

Hoja de lata

Yo tuve una abuela, como casi todo el mundo, que era digna de un premio nobel por la tortilla de patata y de dos por los frisuelos. Como la abuela de casi todo el mundo, ya digo. Se quedó viuda con cuarenta y cinco años y dos hijas, y las sacó adelante a base de trabajo y esfuerzo. Como casi todas las madres. Fue a la escuela por las tardes un año, pero sabía leer y escribir como un muchacho de primero de secundaria, y mejoró mucho en su vejez, porque era forofa del Hola y del Pronto. Se murió hace ya diecisiete años, cuando yo tenía casi veinte. Se murió de cáncer, en su cama, conmigo al lado. Me consta que fue una mujer de rompe y rasga, que se apagó al final porque la enfermedad la atacó por muchos frentes, pero que no era fácil de abatir porque había soportado todos los vientos, incluidos los de la hambrienta posguerra, mucho más fieros y dolorosos, aunque no tan traicioneros.

Además, mi abuela era de pueblo, “de pueblo, pueblo”, no como yo que estoy algo pulida. Mi güelita se crió en una casa sin baño, salía con seis años a llindar les vaques de madrugada, vivió el cortejo en la antojana de su casa, sabía trenzar maíz y cebolla, correr con madreñes, ayudar a parir a mujeres y bestias, iguar calcaños, poner inyecciones, practicar abortos, facer boroña en medio del monte, cortar patrones y coser cualquier cosa menos pantalones. Y se sabía las historias de todo el pueblo, porque todos la habían necesitado en algún momento. Y a ella no quedaba otra que contarle la verdad.

Pero si me preguntas a mí, era una mujer que se moría de risa recordando su vida porque siempre se saltaba las partes amargas. Pelando patatas para cuarenta con sus hijas o sus amigas podía estar desmoronada riendo a carcajadas, y la recuerdo asándonos castañas en un borrón, preparando el tractor para subir al monte a ganar un concurso de paella, dejándonos salir con ella en plena nevada a dar de comer a los perros, y a continuación metiéndonos a sus tres nietas en el bañal de la cocina para calentarnos los pies con el agua que salía del calentador de gas butano, organizando meriendas con las vecinas más viejas, yendo a visitar a los enfermos con el bote de melocotón en almíbar, la caja de pastas Reglero y un kilo de azúcar, …

He disfrutado Cartas de una pionera no solo porque Elinore Pruitt tenga un estilo desenfadado, auténtico y fresco, unas divertidas anécdotas que contar y un optimismo y energía vital envidiables. A medida que avanzaba en la lectura comprendía mejor un refrán que, al tratar con la gente, me repetía mi abuela como un mantra: “el mejor hermano, el vecino más cercano”, que es el producto de luchar contra una tierra hostil y saber que solo conseguirás algo en armonía con los que te rodean. Empecé a confundir Wyoming con Limanes, y me recordé de pequeña bautizando a las ovejas como los pioneros americanos bautizaban a sus animales, con cariño y picardía. Elinore trufa sus aventuras con las historias personales de muchos de sus vecinos, algunas de las cuales son profundamente tristes o dramáticas. Mi abuela hubiera podido escribir una nueva biblia y a veces, sobre todo si los interesados fallecían, te dejaba cuatro datos para que hilases el cuento, pero la verdad es que era una tumba. Yo creo que sabía demasiadas cosas y lo que mejor sabía era ser discreta.

Pero si algo queda de todo esto es la constancia de que si decides afrontar tu vida como una aventura, ganarás; que nada hay más fuerte que la determinación de ser feliz ocurra lo que ocurra a tu alrededor y que por igual puedes ser reina en la cuadra que mendiga en una corte, todo lo llevas dentro. Planta cara, disfruta del viaje y olvida todo lo que no te convenga. Mi güelita decía que sólo había que llorar la salud, que todo lo demás seguía su camino y que había mucho que segar para pararse en tonterías.

Esta pionera es un modelo vital: independiente, fuerte, feliz, generosa, compasiva, auténtica… No sé de cuál de las dos mujeres de las que trata esta reseña estoy hablando ya.

Gracias, Lara, por la recomendación. Vengo con el estómago lleno de recordar.

Lorena

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UN PARAÍSO INALCANZABLE

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Un paraíso inalcanzable

John Mortimer

Libros del asteroide

 

La historia gira en torno a un testamento misterioso: un clérigo comunista que cede todos sus bienes (que en principio no son pocos) a un ministro conservador, con el que no guarda ninguna relación de parentesco, dejando de lado a sus propios hijos, un médico y un escritor ahora guionista en Hollywood. Vamos conociendo la historia de muchos de sus conciudadanos buscando la explicación de tan extraño testamento, y nos adentramos en las diferentes formas de ver la vida que una misma educación puede lograr: en la perspectiva de los ricos y los pobres, de los que quieren medrar por encima de todas las cosas y de los que buscan la felicidad personal sin saber dónde puede estar.

El trabajo en cuanto al dibujo de personajes y caracteres es ingente, y el ambiente político y social está perfectamente conseguido. Es un libro interesante, realista, a veces cruel, y por supuesto intrigante. Además, es especialmente destacable su ritmo. A media lectura pensé en lo inteligente del autor que va cerrando las diferentes partes del libro con hechos inesperados que nos dejan con la boca abierta. Fue ahí cuando decidí interesarme por él y todo casó perfectamente: fue guionista de series de televisión y tiene perfectamente controlado el toque con el que dejar al lector/espectador a la espera ansiosa del siguiente capítulo.

Y en el pecado va la penitencia, pero al revés. Al final, el problema (que no es lo más interesante del libro, pero sí la idea que sostiene la lectura) está resuelto de forma fraudulenta; hace trampas al vulnerar lo que ha demostrado por activa y por pasiva respecto al fallecido y faltando a la pertinencia de la narración. Pero hasta las últimas páginas, la lectura es maravillosa. Viene a ser un Perdidos de la literatura social.

 

Lorena