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EL SOL, LA LUNA Y EL AGUA

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EL SOL , LA LUNA y EL AGUA.

Un cuento de Nigeria. Versión de Laura Herrera

Ilustraciones de Ángeles Vargas

Ediciones Ekaré-2015

Si tuviese que decir temas estrella que emocionan, interesan y aparecen constantemente en la clases donde conviven niñas y niños de Infantil, diría: los animales. Sus animales y los animales salvajes, en los que nunca incluyen a la lagartija porque “no hace nada”, pero sí siempre al lobo. El lobo les da miedo y aúlla a la luna.

Los  temas sobre animales se llevarían todas las medallas. Los dinosaurios serían oro. Plata para “los bichos”, ese grupo de animales diversos, todos pequeños, pero que siempre que aparecen en el recreo es un hallazgo digno de titular de periódico. Y la medalla de bronce… bueno, esa, no menos importante, se la llevarían las plantas: “ coger flores para mamá” , cortar hierba y amontonarla, plantar semillas, verlas germinar y crecer, cavar, limpiar malas hierbas y otras que no lo son tanto…

Resumiendo, animales y plantas son temas que motivan. Ahora bien, tenemos que tener en cuenta una cosa: el sol y el agua son necesarios para  la vida. Sin el sol y sin el agua no podríamos vivir ni las personas, ni los animales, ni las plantas. Y si hablamos de jugar, el sol y el agua son… ¿cómo diría yo? ¡imprescindibles!. Jugar con el agua, con la luz, con las sombras; regar, chapotear, experimentar, es siempre divertido. Vaya, que sol, luna y agua también son temas estrellas en nuestras clases.

Siempre pienso y defiendo que todo está en los cuentos: animales, plantas, sol,  lunas y lobos, agua… todos  “temas estrella”. Pienso y defiendo que todo está en los cuentos, pero no quiero decir con ello, de verdad que no,  “este cuento me sirve para trabajar este tema o este otro”… No, lo que quiero decir  es que mirar, leer, vivir en clase los cuentos, los buenos cuentos, es vital. Con este álbum, que aún no he empezado a reseñar, eso se percibe a primera vista, antes incluso de abrirlo y de saber la historia que guardan sus páginas.

También ayuda que en su título aparecen tres temas estrella -¿os acordáis?-: sol, luna, agua. Solo mirar la cubierta te atrapa, sientes el calor por el color y  presientes la atracción que van a generar la historia y sus personajes.

Esta leyenda Nigeriana nos habla de la época en la que el Sol, la Luna y el Agua vivían juntos en la Tierra. En doce ilustraciones a doble página, El Sol , la Luna y el Agua aparecen personificados y caracterizados por el color y la vestimenta, y nos cuentan su historia. El Sol, rojo y naranja; la luna, gris azulada; verde agua, el agua. La vestimenta de los personajes es africana, con colores y dibujos geométricos. Rojo y naranja llenan las páginas de todo el álbum transmitiendo la sensación de calor del clima africano. Y con esos mismos colores le dan un protagonismo especial al Sol y a su poder, pero la Luna vigila todo  su quehacer y lo supervisa.

Sol, Luna Y Agua son amigos, muy amigos, pero no siempre lo tienen fácil para reunirse y charlar, sobre todo el Agua. ¡Ocupa tanto espacio! y ¡viven tantos animales con ella…! El problema crece y crece hasta que no hay más solución  que saltar hacia lo alto.

Una retahíla nos acompaña en esta ascensión. Y como la poesía y las buenas narraciones tienen música en su interior, nos propusimos ponerle voz, melodía y percusión a la leyenda. El sonido africano nos llamaba y la recomendación final del libro nos  animó aún más. Dice así: “El sol, La Luna y el Agua es un cuento muy popular del folclore nigeriano y ha sido traducido y publicado en muchas lenguas. Esta versión incluye unos versos a los que se les puede poner música, porque dicen los cuentacuentos de Nigeria que una historia siempre queda mejor si se le suman los cantos, ritmos y bailes.

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En nuestro Sillón Rojo leímos la historia, varias veces, tanto maestras como  peques. La leyenda ya era nuestra. ¿Qué podríamos usar para hacer la percusión? Unos tubos de cartón duro. ¿Y el sonido del agua? Compramos dos tipos de palos de lluvia. Botellas de plástico rellenas de pequeñas pinturas rojas, naranjas y amarillas para el sol y azules para la luna, nos servirían para la percusión del gran salto. Repartimos tareas, creamos vestuario. En realidad, como artistas de verdad, reutilizamos un vestuario que ya teníamos. Buscamos música  africana para el baile y una melodía para la retahíla. En equipo -de otra forma no hubiese sido posible- construimos una banda sonora para la leyenda nigeriana. Contamos la leyenda, la cantamos, y en el escenario de un teatro así se nos vio, escuchó, aplaudió… y este cuento se acabó.

MIRTA MORÁN

En esta dirección de internet está la grabación completa de la representación de todos los colegios que intervinieron en el curso de formación  CBS (Crea la banda sonora de tu vida) del CPR de Gijón, en el que participamos con El Sol, La Luna y el Agua.

https://www.youtube.com/watch?v=MTX8y5HBhbo ( en el minuto 13:00, nuestra actuación en La Laboral, en el concierto “Crea la banda sonora de tu vida”)

 

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PAX

Pax

Pax

Sara Pennypacker y Jon Klassen (ilustrador)

Nube de Tinta 2016

Pax es el nombre de un zorro rojo que fue descubierto cuando era un cachorro de días al borde del desfallecimiento. Lo descubrió Peter, un niño huérfano de madre, que inmediatamente se volcó con él. Entre ambos se forjó una amistad inquebrantable. Donde estaba Pax estaba Peter y donde estaba Peter estaba Pax. Ambos se compensaron esas pérdidas afectivas, esas ausencias y quizás por eso, se querían aún más. Un día, su padre comunica a Peter que debe partir a la guerra y el niño deberá irse a vivir con su abuelo, lo que implica deshacerse del zorro. Llega el momento y, pese al dolor, Peter abandona a Pax en el bosque, engañándolo al tirarle un muñeco y haciendo que lo vaya a buscar. Cuando Pax regresa con el soldadito en la boca, su amigo ya no está y él ni se imagina lo que en realidad ha sucedido. Solo siente que tiene que esperarlo, esperar a que vuelva a buscarlo.

Por su parte el niño, como no puede ser de otra forma, lleva muy mal la nueva situación y solo piensa en volver a por Pax. A partir de aquí empieza realmente el relato. Cada uno inicia una vida en la que crecerán y vivirán de forma independiente. El relato transcurre con acierto en cuanto al ritmo y la alternancia de estas dos vidas que se desarrollan de forma paralela pero sin cruzarse. El desenlace, para algunos me consta que un tanto decepcionante, sirve para subrayar lo que se nos ha mostrado al inicio: el hombre traiciona, el animal, no. De ahí, las posibles consecuencias. Particularmente hay algo del final que tampoco me ha encajado, pero tiene más que ver con la biología y los sentidos, en concreto con el olfato, que con la trama.

La novela se subtitula Una historia de paz y amistad; sin embargo la guerra se muestra más bien como una proyección del poder devastador de la especie humana. No hace falta una guerra en sí misma: a día de hoy vemos que se desforestan miles de hectáreas de bosque, se emplean productos químicos, pesticidas, se esquilman masivamente los recursos naturales…. No hace falta ninguna guerra para que se nos considere una especie dañina y peligrosa.

Según lo que he interpretado, la parte más relevante de la novela es la de la amistad y la del descubrimiento de uno mismo, del crecimiento, del instinto. Si vamos más allá, incluso alcanzaremos a vislumbrar que por mucho que queramos y cuidemos a un animal considerado “salvaje”, le estaremos privando de lo que solo la naturaleza le puede ofrecer….

Lo que más me llamó la atención en mi lectura fue el enfoque que la autora adopta para tratar el personaje del zorro rojo. Salvo en pasajes determinados e inevitables, si se pretende el adecuado seguimiento de la trama, el zorro se muestra como el animal que es: sus sensaciones, movimientos, reacciones, miedos, placeres, son totalmente creíbles. Al final del libro, la autora explica que estuvo asesorada por un biólogo experto en zorros rojos. Sin duda, al margen del propio talento de Sara, ha sido todo un acierto contar con tal ayuda, ya que logra que Pax sea un zorro real y no un zorro plenamente humanizado.

Por todo ello recomiendo la novela, en primer lugar para aquellos que hayan vivido una historia de verdadero cariño con un animal. Seguro que les llenará de sensaciones conocidas. De forma extensiva la encuentro adecuada para aquellas personas interesadas en los personajes que evolucionan, crecen y resultan verosímiles. Una obra que invita a la reflexión y que deja un poso suave que se va esponjando con el paso de los días.

Olga Orviz

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EL ORO DE LA LIEBRE

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EL ORO DE LA LIEBRE

Martin Baltscheit y Christine Schwarz 

Ilustraciones de Martin Baltscheit 

Editorial  Lóguez , 2015

La liebre de la cubierta, que en su primer día de vida ya tuvo miedo del segundo, se convirtió en víctima de sí misma a pesar de su enorme arcón lleno de oro. Construyó su propia cárcel de soledad, cuyos barrotes se reflejan en sus enormes ojos asustados. La muerte, cómo no, la encontró sola. Y varios meses tardaron en encontrarla los demás animales del bosque.

Para que siga el cuento, el testamento de la liebre dispone que todo su oro sea para el miedoso más grande del bosque. Y hete aquí que, por iniciativa de la lechuza, comienza la gran competición para descubrir quién merece el tesoro. Para saber por qué el elegido es el lobo -de todos los animales del bosque precisamente el peligroso gran lobo, con esa tradición popular que en principio lo desacredita totalmente- hay que leer el decantado e irónico texto de este álbum y detenerse en la intensidad de sus imágenes y en las miradas de los animales que nos interpelan.

Al final, parece que el lobo, como la liebre, cae prisionero de su propia trampa y se adoba en su propio miedo, así que, ¿no sería mejor trepar a los árboles, jugar, saltar, correr, compartir y disfrutar? Este primer nivel de lectura será intuido rápidamente por la gente menuda. Pero hay más niveles de lectura: ¿tendrá algo que ver este sinsentido de sistema capitalista en el que vivimos? ¿Acaparar riquezas sirve de algo cuando llega la muerte? ¿Cómo detener a la mayoría de la población que clama por un reparto justo de la riqueza si no es inoculando miedo?

Ana M.