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AL SUR DE LA ALAMEDA. Del libro a la vida.

Comienza el curso. Nuestro Bosque de Lecturas vuelve a reunirse para compartir la pasión por los libros y la magia de su presencia en las aulas.

Queremos abrir septiembre con un doble post: reseña de Al sur de la Alameda, escrita por Ana Monte, y experiencia “muy en vivo y en directo”, narrada por Emma Cabal tras la visita de Lola Larra y la Editorial Ekaré al IES Alfonso II de Oviedo.

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AL SUR DE LA ALAMEDA

Diario de una toma

Lola Larra

Vicente Reinamontes

 

Ekaré Sur, 2014

 

Es esta una novela juvenil con formato de novela ilustrada que nos invita a participar, como lectores de un diario escrito por el joven Nicolás, en las vivencias de los estudiantes de secundaria que toman su centro escolar, en mayo de 2006 en Santiago de Chile, durante la revuelta estudiantil que se conoció como la revolución pingüina. Pero no es esta la única voz narrativa que aparece en la novela, escrita por Lola Larra e ilustrada por Vicente Reinamontes, ya que las imágenes constituyen un nivel paralelo de lectura a través de otro personaje que aporta un elemento de suspense al relato y que se va intuyendo a medida que este transcurre. Además, ese personaje conforma el nexo de unión entre el presente y el pasado de una larga tradición de compromiso político que se asume de forma natural y sin estridencias como demuestra al final de su diario Nicolás cuando escribe: “no puedo evitarlo, las asambleas me siguen aburriendo muchísimo.”

Considero que esta historia tiene suficientes elementos como para enganchar a los jóvenes y no tan jóvenes en su lectura, sobre todo porque está escrita e ilustrada de forma honesta, y porque despliega esos interrogantes que van surgiendo durante la trayectoria vital, especialmente en la adolescencia, y que tienen que ver con los bandos, los intereses, los posicionamientos, los desafíos, las lealtades, las traiciones, cuestiones que no nos abandonan durante toda nuestra existencia.

Además, no faltan otros elementos como el amor, la amistad o la necesidad de mantener un criterio propio, cuestiones básicas en cualquier adolescencia que se precie.

En conclusión, me parece un acierto esta novela, por su contenido vital y honesto y por su propuesta formal que engancha hasta el final.

 

Ana M.

 

 

lola firma Alfonso II

VIVIR AL SUR DE LA ALAMEDA

A veces uno consigue transmitir emociones casi sin proponérselo. Y otras veces, cuando algo se ha vivido intensamente, resulta que las palabras se vuelven esquivas y frías.

Por eso llevo más de dos meses intentando contar la experiencia que vivimos en mi instituto con Al Sur de la Alameda, con Lola Larra y con mis chicos de 2º de ESO; y por eso he terminado rindiéndome. Me limitaré a explicar lo que hicimos, y dejaré que algunas fotografías y la imaginación del lector pongan el sentimiento que falta.

 

Cuando Lara Meana nos presentó el libro en una reunión del Bosque y comentó que la autora podría acudir a algún centro, me apunté enseguida a leerlo y a plantearme trabajar con él. Son tan pocas las oportunidades de organizar encuentros entre alumnos y escritores…

Devoré el libro en un fin de semana y no sólo me encantó, sino que me pareció que abría muchas posibilidades de comentar y hablar de cosas en clase sobre las que muchas veces, por desgracia, parece que no encontramos nunca el momento. Sólo había un problema: me parecía que era un libro adecuado para chicos con una cierta madurez, quizá de 4º de ESO o de Bachillerato, y yo este año no imparto esos niveles.

Aún así, llevé un día el libro a clase de 2ºB, uno de esos grupos que algunos profesores tenemos la suerte de encontrarnos de vez en cuando en nuestro camino; de los que estudian pero no son competitivos, de los que se entusiasman, de los que se emocionan y lloran y se ríen, de los que te comen con los ojos cuando hablas, de los que te hacen recordar lo mucho que te gusta tu profesión.

Pero venga, que me voy por las ramas; les enseñé el libro y les comenté que, si lo leíamos, podíamos organizar un encuentro con Lola. Se lo puse muy crudo… Les dije: “El libro es para chicos más mayores, tendríamos que leerlo todos, preparar una exposición o algo para recomendarlo, preparar el acto para todo el instituto y tenemos muy poco tiempo”. Dijeron “¡A por ello!”.

Y empezamos a trabajar. Primero leyeron, claro, y lo comentamos en clase. Las opiniones fueron muy favorables y la mayoría de ellos había conseguido identificarse con algún personaje.

Ya en grupos, comenzó una batalla contra reloj para hacer carteles que pudiéramos colocar en el pasillo, frente al Salón de Actos, en el que esperábamos recibir a Lola Larra. Carteles sobre ella misma y Vicente Reinamontes, sobre el argumento de “Al Sur de la Alameda” y los personajes, sobre la Revolución Pingüina y otras revueltas estudiantiles en Chile, sobre jóvenes que luchan en el mundo defendiendo diferentes causas relacionadas con la educación, sobre opiniones y reseñas publicadas en prensa y sobre sus propias opiniones.

Los resultados son sólo una pequeña prueba de la ilusión que pusieron:

pancarta sur alameda

Quedaban dos días. Y entonces me dijeron: “Profe, la presentamos nosotros ¿no?”. Ni me lo había planteado, pero pensé: “Pues claro”. Ellos eran los que habían leído el libro, los que lo habían trabajado y, en realidad, era por ellos por quien Lola venía al instituto. Qué menos que fueran ellos los que la presentaran al resto de grupos…

Decidieron quiénes saldrían al escenario y lo prepararon todo.

Y llegó el día señalado. Desde un rato antes de que el Salón de Actos del instituto se abriera, ya estaban en la puerta todos mis chicos, muertos de nervios y de emoción. En cuanto vieron a Lola y a Pablo Larraguíbel ni se lo pensaron: los rodearon, los besaron, empezaron a comentarles sus impresiones sobre el libro…Yo, un poco apartada, los miraba, entre sorprendida y contagiada por tanto cariño como transmitían.

La charla, ya dentro del Salón, resultó genial, cercana, interesante, reflexiva a ratos. Lola la planteó como un coloquio con lectores y mis chicos comentaron, preguntaron, respondieron.

encuentro alfonso II

Y al terminar, firma de libros que duró tres cuartos de hora. Todos habían acudido con sus ejemplares.

Algunos de m is chicos se acordarán siempre de ese día, otros, lo olvidarán (la memoria de los jóvenes es tan frágil…); Lola y Pablo vivirán (ojalá) experiencias parecidas en otros muchos lugares y quizá también olviden.

Yo sé que lo recordaré. Siempre. Lo guardaré en ese cajón en el que voy metiendo las cosas que realmente merecen la pena.

Emma Cabal

prensa Al sur de la A