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UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

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UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

Autora: Isabel Pin

Editorial: Lóguez

A casi todos los niños y niñas les gusta jugar al escondite y cuando son más pequeñitos el típico juego de cucú-tras suele dejar escapar sonrisas y hasta carcajadas. A casi todos los niños les gustan los animales y los zoos, donde pueden contemplar animales majestuosos que no suelen ver habitualmente.

Este cuento combina a la perfección estos dos elementos: escondite y animales. Por sus páginas llenas de solapas discurre una historia divertida que convierte la lectura en un juego y que engancha a los peques:

Ana va de visita al zoo con su papá. Empieza a llover y los animales tienen que buscar refugio. Las diferentes casas adoptan sus formas, con lo que se incorpora al libro la adivinanza visual de resolver por la forma -más que evidente- qué animal encierra cada una.

Es un libro de tapas duras que facilita su manejo, ideal para manos menudas. Las ilustraciones son minimalistas pero muy bellas, de colores tenues y cálidos que dominan sobre el texto.

Una divertida propuesta para los cursos de Ed. Infantil, que permite una lectura compartida en la que los pequeños pueden participar de manera activa.

Otros libros de la autora:

El pequeño agujero

Editorial Lóguez

Cuando todos regresaron más pronto a casa

Editorial Lóguez

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SOPA DE CALABAZA

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Sopa de calabaza.

Helen Cooper.

Editorial Juventud

 

Un gato, una ardilla y un pato viven en una cabaña blanca en un huerto de calabazas. Todas las noches hacen sopa de calabaza; para su elaboración cada uno tiene asignada una tarea. Reina la paz en la cabaña.

Pero un día, uno de ellos decide que quiere cambiar la norma establecida. ¡Él hará la tarea de otro! Éste, claro, se opone.   Surge entonces la necesidad de reajustar las conductas por el desequilibrio producido. Esto salvará la situación, pero no existe la certeza de que tenga validez en el futuro.

El relato tiene entrañables y delicadas ilustraciones, predominando diferentes tonalidades de verdes y naranjas.

La autora juega con las imágenes: alejándolas y secuenciándolas si quiere expresar movimiento -el mismo que imprime al texto con frases cortas para agilizar la lectura- y acercándolas a modo de zoom, a veces a doble página,   si quiere que observemos los sentimientos que nos transmiten los personajes, con textos más amplios cuando el lector tiene que hacer una pausa para observar y una lectura más reposada. En ambas abundan los detalles, lo que le da ese aire cálido y delicado.

“Sopa de calabaza” puede aplicarse al mundo real. A nuestro puesto en la sociedad.  ¿Estamos desempeñando la tarea que mejor hacemos y nos hace felices? Deberíamos saberlo. Sería interesante.

El Centro de Infantil en el que se aplicó esta actividad tiene un huerto ecológico, por esto la lectura del cuento “Sopa de calabaza” tiene un especial significado para ellos.

Una vez leído el cuento acompañado de la música de LuaR Na LUbRe, se prepara la sopa de letras. Para su elaboración debemos verter en la olla letras sueltas y paquetes de letras (para facilitar el trabajo, ya que las aulas son de 4años) que contengan las palabras SOPA, CALABAZA, ARDILLA, PATO, GATO. Después de remover bien, cuando ya esté hecha, repartimos los paquetes en platos, uno para cada equipo, para que construyan la palabra y la coloquen en la “sopa de letras”. Todos los niños removieron la sopa y la “probaron” para dar su opinión y saber si está en su punto.

Se repartieron semillas de calabaza para plantar en su huerto y está previsto preparar buñuelos de calabaza cuando se cosechen .

Marisa

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CHISPAS Y CASCABELES

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Autora: Ann Rand

Ilustrador: Paul Rand

Barbara Fiore Editora, 2006

 

¿Hay algún niño o niña al que no le gusten los helados? Yo creo que a la mayoría se nos hace la boca agua pensando en un buen helado, un caluroso día de verano.

Ann y Paul Rand dedican este libro “para todos los niños a los que les gustan los helados”.

No habla de helados el libro, pero sí de palabras; palabras frescas y dulces como los helados, palabras largas, cortas, alegres, sonoras… es “un libro sobre las palabras “.

 

Algunas palabras

son claras y alegres

y hasta luminosas,

como chascarrillo y castañuelas

y chispas y cascabeles.

 

¿Qué son las palabras? Así empieza el libro. Uniendo texto e ilustración, está lleno de ritmo, resonancia, musicalidad… de melodioso juego gráfico. El texto corto -rimado la mayoría de las veces- aparece en una de las páginas, derecha o izquierda indistintamente. Colores planos, dibujos sencillos, diferentes tipografías, letras personificadas, divertidos collages, ¡incluso una pera convertida en conejo con unas pocas y acertadas líneas! Todo ello hace que las ilustraciones acompañen al texto envolviéndolo, despertándolo, alegrándolo. Con palabras podemos escribir, hablar, pensar; con este libro podemos disfrutar.

Ann Rand escribió cinco libros infantiles y su marido, Paul Rand, que fue uno de los diseñadores gráficos más influyentes y revolucionarios del s XX , ilustró cuatro de ellos. En este álbum, autora e ilustrador se proponen que la aventura de explorar las palabras se convierta en una experiencia mágica y os puedo asegurar que lo consiguen.

¡Palabra!

Mirta

 

Aside
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Pomelo no es un elefante como la mayoría de los elefantes. Podríamos colocarlo en el grupo de elefantes extraños -que los hay-: elefantes que vuelan, elefantes de colores, elefantas de color rosa… Precisamente ese es su color: es un elefante rosa; además es pequeño, pequeño, muy pequeño. Tan pequeño que vive  bajo su flor de diente de león y tiene una trompa muy, muy larga, que le trae algún que otro problema pero  también le permite hacer cosas divertidas.

Textos cortos unidos a ilustraciones sencillas que describen con todo detalle cada una de las situaciones -algunas de ellas sorprendentes-, facilitan la lectura colectiva y que se sientan atraídos por el personaje y sus amigos. Pomelo es feliz y nos hace felices leyendo sus historias aunque a veces también tiene miedo; vamos que podría ser cualquier compañera o compañero de  clase y eso es lo que decidimos hacer, ¡hacerlo nacer para que viva con nosotros! Pero ¿cómo?

Aquí empieza el debate: “¡Dibujado!”; “No, una foto”; “Mmmm, para eso tenemos el libro”;  “No: queremos jugar con él”.

Con un corcho pintado de rosa, dos chinchetas  y una cinta para la trompa, podemos hacer un Pomelo. La trompa tendría que ser muy larga, así que con ayuda de nuestro “Señor Metro” estuvimos medimos y decidimos que sería suficiente con una trompa de medio metro. Nos pusimos manos a la obra.

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Ahora cada niña y cada niño de la clase tiene su Pomelo. Son Pomelos a la medida: a la medida de nuestra pequeña mano; a la medida para meterlo en una caja de cartón o dentro de la bandeja de las pinturas; a la medida para hacer equilibrio con él; a la medida para medir cosas con su trompa (una mamá nos dijo que casi todos nosotros medíamos lo mismo que la trompa  de Pomelo cuando nacimos); a la medida para leer su nombre porque tiene las letras que mejor conocemos hasta ahora; a la medida para hacer volar su trompa al viento; a la medida de… todo lo que se nos pueda ocurrir. Nuestros Pomelos de corcho no viven debajo de un diente de león, pero sí felices en nuestras cajas de cartón.

Mirta

Pomelo es feliz. Ramona Badescu; il. Benjamin Chaud.  Kókinos, 2005.

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Una historia transgresora (y culinaria)

Siguiendo la estructura habitual de los cuentos, Tomi Ungerer es capaz de trastocar las funciones tradicionales de sus personajes para dotar de originalidad esta historia colorista, humana, vital. Así, una niña llamada Zeralda, que nunca había oído hablar de esos seres glotones, habitualmente hambrientos y malhumorados que llevan toda la vida comiéndose a los niños y niñas de los cuentos, se convierte en la heroína de esta historia gracias a sus habilidades culinarias.

Su padre envía a la niña a vender al mercado y, cuando el ogro intenta secuestrarla, da un traspié que le causa graves heridas, de manera que el malvado se convierte en víctima y la víctima en salvadora. El ogro, ni corto ni perezoso, le propone compartir sus riquezas si cocina para él. La niña acepta y, a partir de ese momento, el castillo del ogro se convierte en lugar de gozo para todos los ogros de la región quienes, tan ricamente alimentados por Zeralda, olvidan fácilmente su tendencia natural recogida en los cuentos tradicionales y se dedican al inmenso placer de comer y beber en compañía.

Sin título

No queremos desvelar el final feliz de esta historia transgresora, pero sí compartir nuestra sonrisa al terminar de leerla. ¡Qué aproveche!

Ana M.

El ogro de Zeralda. Tomi Ungerer.  Ekaré, 2013

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El placer de dejarse engañar por la literatura

Les coses que-y presten a Fran/ Las cosas que le gustan a Fran no es un libro al uso para el mundo infantil, si se puede hacer esta afirmación de algún libro. Y no lo es, no porque trate un tema que normalmente no tratan los libros dirigidos a este público, la homosexualidad, si no por la forma en que lo hace. Se trata de una historia de amor deliciosamente contada, en la que la autora nos engaña conscientemente a lo largo de todo el relato para que nuestra mente- la de los adultos seguramente y no la de los niños- se deje llevar por lo que consideramos normal, desvelando sólo  al final que Fran es Francisca y no Francisco.

La forma de contarlo a través de la voz de la hija de las protagonistas es, sin duda, un acierto; no solo por la naturalidad y satisfacción con que lo enfoca, sino porque imprime más normalidad a la historia. La mente infantil no juzga, es inocente, no tiene prejuicios ni estereotipos. Somos nosotros, los adultos, los que poco a poco se los vamos creando en éste y en multitud de temas más y en el caso de este relato la autora, a través de sus letras, no adoctrina ni busca moralejas: simplemente cuenta y eso se agradece.

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Les coses que-y presten a Fran. Berta Piñán; il. Lucia Bande.  Editorial Trabe (edición en asturiano)

Las cosas que le gustan a Fran. Berta Piñán; il. Antonia Santolaya.  Editorial Hotel Papel.

 

Ana Nafría

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Dime con quién lees…

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Esta vez me toca escribir mucho en lugar de mis habituales reseñitas rácanas, sépanlo todos por adelantado. Y es que antes de entrar en el lío es necesario conocer cuatro cuestiones:

1. Se me ocurrió llevar Pablo pájaro al aula de secundaria: los chavales no entendían, me lo devolvían y me preguntaban si era un sueño o qué, y no se interesaban más.

2. Yo me limitaba a ver colores muy sólidos, unos ojos enormes azul cielo y rizos, muchos rizos, pero nada más. Cada vez tenía más claro que había que sentarse a escribir una crítica cortante y rotunda, que son las que me molan, y dejarme de historias.

3. Atención: decidida la cuestión del hachazo terrible y homicida, en facebook encuentro imágenes de las tres brujas felicitándose de la llegada de Pablo Pájaro a las librerías, e incluso de su autor, Alé Mercado, leyendo a los niños. No pude evitarlo, pensé: “Pobres, tragan cualquier cosa.” Pero claro, a ver con qué cara me presentaba yo a contarles que cómo se les ocurre potenciar este libro tan sinsustancia.

4. Ayer 15 de abril, día en que mi hijo cumplía dieciséis meses, nos acercamos a la biblioteca para que la bruja Beatriz Sanjuan le leyera cuentos. Aprovecho para ir suavizando el golpe y le comento que, sintiéndolo mucho, no me queda más remedio que ponerle un insuficiente al libro y que vuelva en setiembre. Y entonces Beatriz me pregunta si lo he probado con mi baby. Ni se me había ocurrido: es demasiado largo para él. Obviamente, no sé yo lo que va a entender.

Y dale. Notazas que saqué en historia de la crítica literaria y sigo sin interiorizar el goce sin comprensión que ofrece el arte. Amigos: a las diez de la noche la reseña era otra. Lo que voy a escribir es, más o menos, lo que mi niño me contó de Pablo Pájaro.

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“Mamá, qué libro más precioso tienes esta noche. ¿Tú le has visto los colores? Con la edad que tengo, nada más enfocar la primera página, le planto un beso directamente a Pablo, que cree que es un pájaro, y al que distingo perfectamente dormido en el árbol, porque él es blanco entre tanto naranja. Y cuando tú finges despertarte porque Pablo se despierta, me identifico con lo que pasa cada mañana para ir a la escuela. Qué gracia tiene eso de estirar las alas, y moverlas frenéticamente… No sé si me haces más gracia tú o el dibujo. Y hasta aquí mi concentración. Voy a llevarle el libro a papá porque esto no debería perdérselo.

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Cuando los colores vuelven a cambiar, al azul que es de interiores, me vuelve a despertar la concentración. Qué curioso el bicho ese grande que persigue a Pablo… Aunque antes de terminar ya me centro en otras cuestiones, vuelvo a escuchar cuando aparece la mamá, porque vuelve a cambiar el color y porque esa señora que pone en su sitio al gato y salva a Pablo in extremis es una mamá fijo. Y entonces Pablo se convierte en un gato. Clarísimo. Vuelvo a llevarle el libro a papá porque esto se lo ha perdido.  Y ahora ponme a la teta, que tengo que dormirme pero no pienso soltar el libro.”

Yo creo de verdad que él sabía que tenía la intención de ponerlo tibio y que no iba a consentirlo. Y es que no tiene que pagar el libro mi desconocimiento de la literatura para niños muy pequeños. Me doy cuenta de que asocio la literatura para ellos con historias muy simples, sin el grado de abstracción de éste, con dibujos muy delimitados y colores chillones, sin la calidez de los que acompañan a Pablo Pájaro. Pensaba que sabía que los niños podían apreciar la belleza desde el principio. Y probablemente lo sabía, pero no me lo creía hasta que mi hijo me ha dejado claro que a él, personalmente, Pablo Pájaro le ha encantado.

Lorena V.

Pablo Pájaro. Alé Mercado.  Colección Isla Flotante.  Editorial Thule.