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NO HAY NADA QUE LEER

Código de Circulación 1

El código de circulación.

Mario Ramos.

Traducción de Rafael Ros

Corimbo. Barcelona, 2010.

Son las 19:55 y sólo me quedan 5 minutos antes de cerrar la librería y dar paso al fin de semana. Puedo decir que hasta el momento ha sido una tarde tranquila, casi aburrida, sin clientes cuyas preguntas hayan supuesto grandes retos literarios. Hasta el momento.

Suena el “clank” de la puerta al abrirse. Mis emociones se debaten. Por un lado, el cómodo tedio no quiere intrusos, así que me invita a pensar que quizá sólo es el viento, que hoy sopla fuerte fuera. Seguro que es quien viene a importunar. Por otro lado, la chispa intelectual se despierta, deseando que sea alguien que traiga esa duda que despierte los sentidos y ponga a prueba los reflejos.

Una chica de unos treinta y tantos se acerca al mostrador, con su pelo víctima del viento y cara de última hora.

– Buenas tardes. ¿Todavía me atiendes si te pido un libro?

(Punto para la chispa intelectual).

-Por supuesto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mira, tengo un niño de 6 años que está empezando a leer. Quería algo para que se fuese arrancando.

(En realidad lleva arrancándose desde que nació).

Aunque no es una petición infrecuente, esta vez decido dar una vuelta de tuerca más a la respuesta. Al fin y al cabo, un reto intelectual no se debería salvar por la vía fácil.

-A ver qué te parece éste.

Sin mediar palabra acerca del libro, le tiendo “El Código de Circulación”, de Mario Ramos, abierto por la primera página como invitación ineludible.

Su primera expresión es de satisfacción. Parece que va a resolver la papeleta más rápido de lo que esperaba. Pero a medida que pasa las páginas se va borrando su sonrisa y su cara de alivio, en favor de un ceño fruncido que traduce su incredulidad.

Sin siquiera terminar de pasar sus cuarenta páginas, denuncia:

-¡Pero si no tiene letra! – como si algún duendecillo fuera el responsable de haber robado el texto sin que yo lo supiera-. ¿Y cómo se supone que va a iniciarse en la lectura si no tiene nada que leer?

-Vale, reconozco que te lo mostré con la intención de llamar tu atención con respecto a esto. Pero en realidad, ¿no es cierto que, igual que leemos las señales en la carretera y con ello desciframos un mensaje, podemos leer las imágenes de este álbum ilustrado descubriendo así su historia?

-Bueno, visto de esa manera…

-No sólo eso. La mecánica de la lectura es algo sobrevalorado. Hoy día hay mucha presión para romper a leer. Nos debería importar la lectura interiorizada. En palabras de Graciela Montes1 “leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos realidad”.

-¿Y no resultará pobre este libro por tener sólo imágenes?

-Al contrario. Las ilustraciones en acuarela, tinta y lápices de Mario Ramos son ricas en matices y dejan ver tantas historias como quieras imaginar. Eso sí, requiere que quienes lo lean intervengan activamente. De lo contrario, se quedaría cojo.

-¿Y qué ves mejor, que se lo cuente yo o que lo lea él sólo?

-Voy a contarte lo que ocurrió cuando se lo leí a mi hijo. Tiene 5 años y, como el tuyo, lleva 5 años iniciándose en la lectura. La primera vez que lo abrimos, no sabía cómo empezar a contárselo. Así que, sin pensárselo dos veces, empezó él. La sensación fue extraña, pues por primera vez caí en la cuenta de que, frente a un álbum ilustrado sin palabras como éste, estábamos en igualdad de condiciones. Es más, su imaginación y su falta de cohibición adulta le daban ventaja. Su lógica visual era suficiente para ir descifrando la historia central, en la que Caperucita va atravesando el bosque camino de la casa de su abuela, cruzándose con personajes de la talla de Los tres osos, Pulgarcito o el mismísimo lobo feroz (no tan feroz aquí, como es habitual en la obra de Mario Ramos, donde los villanos suelen presentarse como bastante ridículos). Todos ellos en un contexto ajeno a sus obras de origen. También muchas otras historias se vislumbran en los márgenes del camino. Además, de forma muy original, cada uno de ellos viene precedido y presentado por una señal de tráfico con su silueta, invitando a adivinar escenas en ocasiones contrarias a las que nos expondrán en la doble página siguiente.

-¿Así que fue él quien te lo contó a ti?

-Así es. O más bien, así empezó. Y disfruté mucho de esa sensación. Pronto él me exigió que fuera yo quien inventase historias disparatadas, divertidas. Sin duda lo que más le gustaba era descubrir una nueva versión con cada relectura. Además, el hecho de conocer a muchos de los personajes que aparecen, provenientes de las fábulas de La Fontaine y de cuentos clásicos, dio una perspectiva más familiar a este álbum. A su vez, la obra se infiltró en esos mismos cuentos clásicos, con comentarios de vuelta al Código de Circulación desde las historias que protagonizan los personajes del libro. Así me sorprendí a mí misma interpretando a los tres cerditos como adolescentes traviesos; dando la vuelta al cazador que escapa de su presa; con Pulgarcito animando a Caperucita al uso del casco (un tanto que se anota la educación vial, pues enseguida mi hijo criticaba la falta de protección en todos los personajes que van sobre ruedas), o la mamá de Caperucita ofreciendo a voces el pañuelo a su hija por ese constipado que tiene…

-¿Y cómo dices que se llama el autor? ¿O debería decir ilustrador?

-Mario Ramos. Belga de nacimiento, de madre belga y padre portugués. Muy conocido y valorado especialmente en Francia y Bélgica (tiene su propio día nacional en estos países, el 7 de noviembre). Me alegra que lo plantees como ilustrador. Aunque el dibujo fue una constante en su vida, tanto a nivel profesional como personal y emocional, él siempre se consideró un narrador. Le gustaba tratar temas serios, de gran peso, de forma que llegaran a los niños. Para ello, utilizó personajes animales que distanciasen al lector infantil de temas opresivos sin perder la esencia de los mismos. Como hilo conductor y filosofía de vida, aportaba el humor que, tamizado sobre toda su obra, le dio ese estilo personal que es tan reconocible en su trabajo. Malvados ridiculizados y vencidos con la imaginación o la igualdad entre poderosos y los que no lo son tanto, son distintivos de Mario Ramos. Quizá este afán por contar provenga de sus dificultades para comunicarse en la infancia. Algunos libros le ayudaron a superarlas y a través de sus álbumes ilustrados quiso brindar la misma herramienta a otros niños.

Para Mario Ramos un libro sólo existe cuando el lector lo lee. Te invito a que leas este libro a tu hijo. Con tu hijo. O que dejes que tu hijo te lo lea a ti.

-Sin duda me has convencido. Y no sólo voy a llevar este álbum ilustrado sin texto, sino que además voy a empezar a valorar mucho más lo que no está literalmente escrito. También cada ilustración. Y aún más: lo que ni siquiera se muestra.

-Me alegro mucho. Lo envuelvo para regalo, ¿verdad?

-Sí, por favor

-¿Qué nombre pongo?

El nombre ahoga mi respuesta. Lo envuelvo con un cariño especial. Es lo menos que puedo hacer en homenaje a este gran autor que nos dejó antes de tiempo tras haberse demostrado como una persona esencialmente tierna, honrada y capaz de recurrir al humor como la cortesía de la desesperación.

De la misma manera que esta reseña verá la luz gracias a Bosque de Lecturas, me gustaría agradecer a las personas que forman parte de este magnífico proyecto su pasión, dedicación personal y cariño . Gracias por invitarme a este magnífico viaje, el viaje de la lectura.

Laura F.

Citas:  Montes, Graciela (1999). La frontera indómita. México: Fondo de Cultura Económica.

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ESTO NO ES UNA RESEÑA SOBRE ZOOM

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ZOOM

ISTVAN BANYAI

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 2012

Nº de páginas: 62.

No, no pretendo hacer una reseña; primero, porque creo que no sabría, y segundo, porque el libro ya está reseñado por dos compañeras de nuestro anterior Grupo de Trabajo:

http://selecciondelecturas.blogspot.com.es/2009/02/zoom.html?spref=bl

Lo que sí quiero es contar un par de anécdotas y hacer una reflexión sobre la “utilidad” de los libros y sobre mi propio concepto de “lo que hay que hacer” con ellos en el aula. Por fortuna, voy cambiando y aprendiendo (que una nunca es mayor para eso) y ahora, por fin he abierto definitivamente los ojos. Creo.

Me encantan los álbumes ilustrados y me encanta llevarlos a clase; proponer, a partir de ellos, actividades de escritura o incluso de plástica; hacer exposiciones de murales y carteles, organizar concursos… no sé, cosas grandes, que se vean.

Zoom es un libro que me ha gustado siempre mucho, pero con el que siempre tuve la sensación de que no era “aprovechable”. Al menos a mí no se me ocurrían ideas para “trabajarlo”. Por eso siempre lo usé de “comodín”, para esos minutos incómodos cuando terminas de explicar un tema y aún no ha tocado el timbre… para alguna guardia, para algún alumno de los de inmersión lingüística que no conoce nuestro idioma.

Este año lo llevé a mi clase de 1º de ESO. Me senté en la mesa y todos se pusieron a mi alrededor, unos en el suelo, otros en sillas, otros de pie. Fui pasando las páginas y sonriendo con sus comentarios, sus caras de expectación. Siempre cuando uno enseña este libro hay algún avispado que va anunciando “es una revista”, “es un anuncio publicitario en un autobús”, “es un sello de correos”; y siempre los demás le gritan “¡calla!” y continúan mirando y sorprendiéndose a pesar del aviso.

A llegar a final, los miré a todos. Sin dejarles decir nada, propuse: “Ahora vamos a verlo al revés” y empezando por una minúscula partícula en un Universo negro, llegamos hasta la rojísima cresta del gallo.

Timbre. Fin de la clase. Mientras recogía, escuchaba lo que hablaban: “Qué pasada”, “qué chulo”, “a mí me gustaba el indio viendo la tele en el desierto”, “pues yo voy a decirle a mi madre que lo busque, que quiero verlo más veces”.

Se me acercó una niña, María, y me dijo: “Profe, a mí me gustó mucho más la segunda vez” “¿Por qué?” “Porque cuando lo vimos desde la primera página hasta la última, al terminar, me sentí mal, pequeñita, sentí que no era nada en un mundo tan enorme; pero al volver a verlo de la otra forma, me dije: jo, pues yo también puedo ser grande, a lo mejor soy importante”

Me fui un poco emocionada, lo reconozco, y así entré con mis alumnos de 2º de Bachillerato.

Como llevaba Zoom en el bolso, y como siempre empiezo con ellos las clases leyéndoles un cuento, un poema, o recomendando alguna lectura, lo saqué e hice con “los mayores” exactamente lo mismo que con los “pequeñajos”. Las caras de asombro fueron las mismas, los comentarios muy parecidos, un chico me lo pidió para mirarlo en casa con más calma, varios copiaron la referencia del autor y la editorial.

Me llamó la atención otro alumno, el delegado, que después de tomar nota en un papel lo guardó cuidadosamente en un portafolios en el que había ya varias páginas y una portada maravillosamente artística. Le pedí: “¿Me lo enseñas?”. Me dijo: “Claro, Emma, es que voy guardando todas estas cosas de los primeros minutos de clase”. Y allí estaban todas las fotocopias de los cuentos, de los poemas, las referencias de los libros, alguna fotografía de alguno de ellos. Unas veinte páginas.

En la portada ponía: “Para disfrutar”.

(Emma Cabal)

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LOS ÁRBOLES SE HAN IDO

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Los árboles se han ido (Antología poética, 1921-1936)

Federico García Lorca

Ilustraciones de MO Gutiérrez Serna

Selección de Juan Marqués

Editorial: Nórdica Libros

Septiembre 2016

 

Este libro, en sí mismo una delicia para los amantes de la poesía, de Lorca y de la ilustración, se nos presenta como una “antología mínima” que a través de tan sólo 20 poemas (no son 20 poemas de amor y una canción desesperada, aunque en una de sus canciones, “Cortaron tres árboles”, esté inspirado el título del libro), unos más conocidos y otros menos, consiga mostrar los distintos poetas que habitan en Lorca desde 1921 hasta 1936. Para el editor de la misma están el surrealista, el infantil, el que produce ternura, el que provoca un escalofrío, el amoroso, el político, el sencillo, el desconcertante, el folclorista, el revolucionario, el feliz, el asustado, el hermético, el luminoso, el lacónico, el torrencial, el festivo, el trágico, el celebrativo y el que tiembla. Pero lo más interesante es que para cada lector pueden estar estos “Lorcas” u otros. ¡Quién sabe!

A priori y desde el punto de vista textual, el libro aparenta estar dirigido a lectores noveles de Lorca, que no conozcan mucho su obra, pero atendiendo más de cerca a los textos que componen la selección, también podría disfrutarlo y mucho un lector más experimentado, por la especificidad de algunos de sus textos pero sobre todo por el diálogo tan especial que se produce entre el texto y la imagen.

El libro está ilustrado por Mo Gutiérrez Serna, utilizando distintas técnicas y texturas, y una paleta de cromatismos muy variados -no sé si tantos como 20- para capturar en otro lenguaje la emoción que cada poema le produce a la artista. Hay en el libro un total de 26 ilustraciones, una por poema salvo en cuatro de los textos, “Romance de la luna, luna”, “Reyerta”, “Romance sonámbulo” y “Oda a Walt Whitman”, cada uno con dos imágenes y el último con tres.

Hasta aquí la información descriptiva básica que hace atractivo este nuevo libro de Nórdica: la poesía de Lorca, su verdad siempre y su innovación, las magníficas y sugerentes láminas de Mo Gutiérrez Serna, y el diálogo que se establece entre los dos lenguajes. Pero en él caben muchas otras posibilidades que se pueden explorar cuando pretendemos introducir a un grupo de adolescentes de 4º de Secundaria en este diálogo. Es difícil en general que lean y más aún que lean poesía, y sobre todo son reacios a los textos de compleja comprensión y en los que la interpretación supone un reto, pero cuando se les guía en el proceso y lo consiguen, lo disfrutan. Tienen miedos, por tanto, y son reacios, pero con los materiales adecuados estas experiencias son éxito garantizado. Y eso es lo que yo he visto en este libro: una “antología mínima” de posibilidades máximas.

  1. Leo y me emociono:

Comenzamos con los textos y su lectura en el aula en grupo grande. A mis alumnos les gusta especialmente que yo les lea los textos, y más los poemas (dicen que los entienden mejor). Yo prefiero que tengan siempre una primera experiencia lectora plena y autónoma, en su propia voz o en silencio, pero es verdad que la lectura en voz alta tiene esos y otros beneficios. Así que tendremos que sacrificarnos (bendito sacrificio!) y leerles los poemas. Los leeré en el mismo orden que vienen en la Antología, pero sin mostrar el contenido del libro.

Antes escribiremos en el encerado una frase, una cita textual de Lorca: “la poesía o tiene emoción o no tiene emoción, y esto es todo”, y les pediremos que expliquen qué significado tiene para ellos. Después daremos las instrucciones: escuchar cada poema y anotar en una tabla que se les ha facilitado la emoción que ese texto les ha suscitado. Pueden usar una palabra, varios sintagmas o una oración, lo que necesiten para acercarse lo más posible a su emoción particular. Y así haremos con los veinte poemas si disponemos de un tiempo dilatado, de dos horas al menos, para no congestionar al personal. Después hacemos una puesta en común por grupos pequeños para que todos compartan las emociones que les despertó cada uno de los poemas.

  1. Descubro los 20 “Lorcas”:

En una segunda sesión, trabajamos en grupos pequeños y les damos un juego de los poemas seleccionados en la antología (papel o digital) y los 20 descriptores con los que el editor de la Antología se refiere a las distintas voces contenidas en Los árboles se han ido. Insistimos que son en definitiva las emociones que le despiertan al editor y que se trata ahora de intentar relacionar cada una con uno de los poemas. Cuando acaben los grupos, se hará una puesta en común en gran grupo para la que se advierte que no hay solucionario y se comenta la comparación entre las emociones de los miembros del grupo y la del editor.

  1. Diálogo entre distintos lenguajes:

En esta sesión la clase se inicia en gran grupo con el visionado del booktrailer que la editorial NórdicaLibros ha hecho para Los árboles se han ido. Intentaremos ser cuidadosos y quitarle el sonido primero y ponerlo en el segundo 14, para evitar la relación con el libro. Los protagonistas ahora serán las ilustraciones de MO Gutiérrez en silencio. Al finalizar les podemos preguntar qué creen que son esos dibujos.

Después volveremos a poner el booktrailer, de nuevo en el segundo 14, pero esta vez con sonido. Os advierto que lo que suena es “Doce Canciones de García Lorca” de Paco de Lucía. El universo lorquiano que subyace en las ilustraciones quizá ahora vaya apareciendo. Lo comprobamos de nuevo con una pregunta.

De nuevo por grupos, y con un ordenador en cada uno, les invitamos a que relacionen cada lámina con uno de los 20 poemas. Para ello les recordamos que en cada ilustración la artista intentó plasmar con su arte plástico la emoción que como a ellos le produjo la lectura de cada poema.

Después de que tengan hecha la filiación, les pediremos que intenten describir con palabras propias, o titular utilizando un verso del poema de Lorca, cada dibujo de MO Gutiérrez Serna.

Y como cierre de la actividad les mostraremos el libro.

  1. Manos a la obra:

La última parte sería ya más libre, ofreciendo distintas posibilidades, para que escojan una de ellas: una más creativa plástica, otra más creativa poética y una más de investigación. La primera se trataría de elegir un poema de los 20 y crear una ilustración que trabaje también desde la emoción que despierta el poema. La segunda, partiendo de una lámina de Mo Gutiérrez, escribir un texto, preferiblemente un poema, que recoja esa emoción. Y en la tercera, se les invita a explorar el diálogo con otros lenguajes artísticos, como pudiera ser el cine (se les puede decir que uno de los poemas, “Paisaje sin canción”, le gustaba especialmente a Luis Buñuel y que lo utilizó en una de sus películas: “Mi último suspiro”), o con los propios dibujos de Lorca (que busquen la obra pictórica de Lorca y descubran si el poeta granadino tiene dibujos para alguno de esos 20 poemas o si ellos encuentran alguno que les pudiera servir para recoger esas emociones).

Rosana Llanos López

 

Enlace al booktrailer:

https://www.youtube.com/watch?v=oA59hGc9UN8

 

 

 

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EL ABRIGO DE PUPA

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El abrigo de Pupa

Elena Ferrándiz

Thule, 2012

 

“Cada mañana se colocaba el abrigo de los miedos, el que tenía desde pequeña y que había ido creciendo a la vez que ella. Y salía a la calle envuelta en miedos”.

Hablar de los propios miedos es un acto de valentía. Porque supone confesarse débil y frágil, reconocerse vulnerable ante otros que tal vez se aprovechen o se rían; o, quien sabe, quizá comprendan. Hacerlo en un aula de 1º de Secundaria puede ser terriblemente peligroso o maravillosamente emotivo.

Hoy toca álbum ilustrado, El abrigo de Pupa, esa niña que teme al futuro y a que se repita el pasado, a la soledad y a la gente, a que todo cambie y a que todo siga igual, a no avanzar y a dar un paso. Esa niña que un día se desprende de su abrigo de miedos y vuela.

Los alumnos escuchan pensativos esa lista de miedos y se recrean en cada una de las imágenes, de una enorme carga expresiva y repletas de simbolismo. En cada página, sólo Pupa y su miedo, con un texto mínimo. Las guardas iniciales, rojas; las finales, verdes. Y, en la contracubierta, una cita de Lao Tse: “Aquello que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa”.

Y ahora vamos a hablar de nuestros miedos, pero de los de verdad, de los que a veces nos obsesionan o nos bloquean, de los que llevamos a menudo con nosotros, de los que aparecen cuando menos te lo esperas. No valen el miedo a la guerra, o a la muerte, o a la vejez, si no los hemos sentido nunca en nuestras tripas. No valen el miedo a las serpientes, o a los leones, si jamás los hemos visto. Valen los miedos cuyo origen podamos explicar, o aquellos que de los podamos describir las reacciones que nos provocan.

Empieza hablando la profesora. No es un miedo lo que va a confesar, sino una fobia. Les explica la diferencia entre los dos conceptos y les cuenta que ella tiene fobia a las agujas. Cuando va a sacarse sangre, tienen que tumbarla en una camilla. Inmediatamente, empiezan a salir lágrimas de sus ojos; no son hipidos escandalosos, sólo lágrimas que caen y que no puede reprimir. Las venas se esconden, y las enfermeras golpean suavemente el brazo durante varios minutos hasta que se dan cuenta de que es imposible, que sólo pueden pinchar en la muñeca. Y entonces es cuando la sangre decide no salir o lo hace tan lentamente que se coagula antes de llenar el frasco y hay que repetir la operación.

Tras un silencio, sigue uno de los chicos: Yo tengo miedo a los perros, porque cuando era pequeño, me mordió uno en la pierna (se baja los pantalones y enseña la cicatriz) y ahora, cuando oigo un ladrido, se me acelera el corazón.

Yo tengo miedo a la oscuridad, porque siempre pienso que va a venir alguien a llevarme, y me pongo muy nervioso si no dejo encendida la luz del pasillo cuando me acuesto.

Yo tengo miedo a que nadie me quiera, porque cuando cumplí diez años, nadie se acordó, ni me felicitó, ni tuve tarta ni regalos. Pasé el día solo. Llora. Sus compañeros le abrazan y proponen hacerle este año una gran fiesta.

Yo tengo miedo a mi padre. Pero no quiero contar más, profe, por favor. De acuerdo, cuéntaselo a quien quieras y cuando estés dispuesto.

Yo tengo miedo a que mis padres quieran casarme cuando cumpla los 16, porque yo quiero seguir estudiando y ser veterinaria.

Yo tengo mucho miedo a que mi abuela se muera, porque está muy enferma. Voy a verla siempre que puedo, pero tengo miedo a que se muera estando yo allí. Y también tengo miedo a que se muera y yo no esté.

 

Suena el timbre.

 

Bueno, chicos, tenemos que irnos. Pero tranquilos. Hemos hablado de nuestros miedos, y se han quedado aquí, ya no van con nosotros.

Pero profe, si se quedan aquí, volverán a estar mañana cuando volvamos.

Pues dejamos las ventanas abiertas, para que se esfumen ¿os parece?.

La profesora recoge con calma, mientras los alumnos salen, como siempre, atropelladamente. Abre las ventanas de par y en par y, después de abandonar el aula, cierra la puerta con llave.

 

Mañana, morfología.

 

Emma Cabal.

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ANTES, CUANDO VENECIA NO EXISTÍA

Antes, cuando Venecia no existía.

Victoria Pérez Escrivá

Thule. Narrativa ilustrada

“Antes, en los canales de Venecia no había agua sino vino. La gente fingía que se caía a los canales para dar un trago. Salía más barato que en los bares.”

¿Cuándo nos habíamos imaginado una Venecia así? ¿O seca? ¿O con sus aguas limpias y transparentes? Pues ahí comienza todo: en la imaginación. ¿Nos habíamos imaginado alguna vez un cuento que no se puede contar porque, a pesar de ser tan verdadero, nadie lo iba a creer? ¿Y a un hombre tan alto, tan alto…que vivía en las nubes? ¿Y a una nube tan densa que envolvía toda una familia? ¿Y a un cangrejo existencialista? ¿Y a un grito perdido y huérfano? Y cientos de posibilidades más que encierra esta caja de sorpresas, un conjunto de 69 relatos cortos de los que el primero pone título a todo el libro: Antes, cuando Venecia no existía.

No sé si ha sido una casualidad que ese cuento sea el que presida todo los demás, pero lo que leemos en él, con humor, lo encontraremos de alguna manera en el resto: el cambio del punto de vista, el juego con la historia, el planteamiento de otras interpretaciones…Y de este modo en los 68 restantes aparecerán lugares posibles que se convierten en imposibles, donde lo que parece al derecho se convierte en “al revés”, animales casi humanos, pero que no dejan de ser animales, personas menos humanas que los animales, objetos posibles que se transforman en imposibles y que se vuelven a transformar… Un caleidoscopio de historias que nos sorprende por su original propuesta.

Lo relatos se presentan agrupados alrededor de un motivo común: “El principio”, “Nosotros”, “Animales”, “Cosas escondidas”, “Los animales y nosotros”, “¿Embrujos o encantamientos?” y entre todos ellos corretean, como hilo conductor, un elefante y un ratón que se han conocido al principio del libro y que, reflexionando sobre sus diferencias y semejanzas, llegan también juntos al final. (¿Será este el relato número 70?)

Las ilustraciones de la propia autora encabezan el inicio de cada historia y alegran con sus colores página tras página. Pero si algo llama la atención en la mayoría de los cuentos es el añadido que la autora aporta tras el final de los mismos. Textos que aparecen destacados en letra más pequeña y que nos provocan miles de sensaciones: a veces de alivio, porque nos han ayudado a comprender mejor lo que hemos leído, a veces de desasosiego pues nos conducen a plantearnos, en cascada, multitud de posibilidades más. A veces nos saldrá una “semisonrisa”, otras nos dejará sin palabras, o con una interrogación sobre nuestra cabeza… Queda a gusto del lector la decisión de qué hacer con ellos: meditar, indagar, compartir, reescribir, reinventar. Pero en ningún caso nos dejarán indiferentes.

Así me ocurrió con el cuento “Una mentira”. Una mentira que fue creciendo tanto que desalojó a toda una familia de su casa. Victoria Pérez plantea al final de esta brevísima historia hasta 12 posibilidades: la mentira que olía y sabía muy bien…la verdad que hubo que tragarla cruda…la mentira de medidas perfectas que enamoró a un hombre… Y tantas más… tan bonitas, tan reales, tan apetecibles para explorar…que, aprovechando un cuento del Conde Lucanor que estaba leyendo en 3º de ESO, titulado “El árbol de la verdad y de la mentira”, hicimos un animado coloquio comparando ambos textos.

A la hora siguiente fueron los cuentos de “La gente de la luna” y “Una torre humana” los que me dieron juego. En esta ocasión, con 1º de ESO, donde aproveché ambas historias para hacer unos microrrelatos a partir del humor de frases cotidianas que tienen su doble sentido. Sandra de 1º B lo aprovechó muy bien y, con permiso de la autora, le salió este microcuento:

“Aquel chico era una torre humana, tan alto, tan alto, que tenía pájaros en la cabeza y los profesores le decían que siempre estaba en la luna”

Y es que cuando abrimos este librito, abrimos una puerta que esconde sorpresa tras sorpresa.

 

Alberto

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ARLEQUÍN

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Arlequín
Un poema de Federico García Lorca ilustrado por André da Loba:
Proyecto del equipo TresBrujas. Barbara Fiore Editora.

Conversación inventada  entre dos  familias:
Familia 1:sus hijos van a comenzar su escolarización.
Familia 2 :tienen a sus hijos escolarizados en  Ed Infantil y en los  primeros cursos de primaria.

– ¿Qué hacen en la escuela?
– Aprender jugando, dicen que todos los días aprenden jugando , también les leen y van a exposiciones,  al teatro, pasean alrededor de su escuela …

–  ¿Y así aprenden a leer?
– Sí, sí  no solo  aprenden a leer  , les gusta leer,  les gusta leernos sus libros, escenificarlos, dormirse leyéndolos o mejor escuchando como se los leemos, leerlos acompañados y leerlos  a solas , a gritos , susurrando y en silencio.

–  ¿ Y qué tipos de libros leen?
– Libros que emocionan, solo con imágenes sin texto , con imágenes y textos que nunca podrían ir separados , libros buenos, buenos  libros con buenas historias, con historias que nunca les  dejan , ni nos dejan ,indiferentes. En algunas ocasiones es casi mágico, libros con los que juegan, se divierten , actúan, experimentan, investigan , con los que son cómplices y de los que no se separan , ni para dormir.

– ¿Sí?, dime alguno
– Arlequín es uno de esos libros, es un libro juego, un libro puzzle, un libro poema, un libro teatro, una fiesta de libro.

– ¿Lo tenéis en casa?
– Aún no, pero lo tendremos sin duda

–  ¿Y entonces  cómo lo conoces?
– Porque  nuestras hijas e hijos vienen  emocionados de la escuela  con una pequeña maleta que dice contener “Un libro muy especial” ( en una ocasión era Arlequín), y cuando llega , una pista de circo se instala  rápidamente en el salón , un público emocionado (nosotros) tararea música de circo para que comience la función.  y ante nosotros se despliega  una escenificación poética visual y sonora. Poco a poco aparece Arlequín, cuatro versos ,16 palabras lo acompañan en su presentación:

Teta roja del sol, su brazo derecho nos saluda.  Teta azul de la luna, sus brazos extendidos parecen dispuestos a llegar a ti y abrazarte. Torso mitad coral, un pájaro lunar aparece en el escenario, vuela por Arlequín y nuestra mirada le acompaña. Mitad plata y penumbra y ya está ante nosotros en cuerpo entero Arlequín mostrando todo su color; colores definidos, vivos, alegres, que bailan al ritmo que hagamos bailar a Arlequín.

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Toca volver a tararear para cerrar adecuadamente el libro , sí , si adecuadamente , porque no es un libro al uso en eso tampoco. Cerrar el libro es todo un ejercicio de malabarismo, de equilibrio, teniendo en cuenta que esta escenificación casi siempre se hace encima de una silla , en una pequeña escalera, vamos ¡por todo lo alto!

Ver cómo abren el libro, escuchar cómo recitan el texto  y cómo cuidadosamente y en el orden correcto pliegan cada una de sus partes, es un espectáculo.  Arlequín se despide y aplaudimos encantados y no estamos fingiendo, lo hemos disfrutad. Por si fuera poco luego podemos en familia seguir deleitándonos con los detalles de cada una de sus seis tapas duras cuadradas  llenas de color, de detalles, de múltiples historias. Siempre encontraremos algo nuevo que observar,  nuevas relacionas  visuales con el texto  poético que una y otra vez recitaremos con emoción. Podremos sentar  a Arlequín  a nuestro lado, investigar sobre su vida, saludar con su brazo rojo, saludar con su brazo azul , jugar a convertirlo en un cubo, hacer una cueva, un túnel…

 

¿ Y si preguntas a las niñas y niños que lo leen , qué dicen?
Pues dicen cosas como estas:

 Me gusta Arlequín porque:
– tiene sorpresas y colores
– es muy colorido
– ¡se abre!
– tiene cosas bonitas
– es flexible
– tiene secretos
– se parece a Pinocho y es muy divertido
– tiene muchos dibujos
– se abre y tiene muchos colores
-tiene muchas sorpresas
– mola mucho
-porque sí

Arlequín es un libro poema, un poema hecho libro, es juego de color, de formas, de construcción.  ¡Es un espectáculo!

Arlequín no es un libro. Es mucho más que un libro.

 

Mirta

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EL CUADRO DESAPARECIDO

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El cuadro desaparecido

Kestutis Kasparavicious

editorial THULE

1º de la ESO suele ser un curso puente en cuanto a lecturas se refiere. Hay niños en el aula que aún necesitan leer libros infantiles; otros, en cambio, ya han dado el paso hacia lecturas más complejas. No siempre hacen caso de recomendaciones, todavía menos si son de sus profesores o padres. Las lecturas obligatorias, sólo por el calificativo que las adorna, se les hacen bola. Son audiovisuales, se alimentan de imágenes, pero los álbumes ilustrados les parecen de pequeños y les da cosilla acercarse a ellos: ya están en el instituto.

Las series televisivas actuales son parte del día a día, y lo policíaco, el misterio, la resolución de casos están de moda (sólo hay que echarle una ojeada a la programación diaria o darle un vistazo a las listas de libros más vendidos) . Y si algo les gusta a los adolescentes es estar a la última.

Así que, de repente, llega a mis manos este libro: El cuadro desaparecido. Aprovechando una de nuestras sesiones de lectura en el aula, se lo enseño. “Uff, profe, es de animales”, “¿un libro de pequeños?”. Alguno se anima con la portada. “Mira, debe de ser el hueco que dejó el cuadro desaparecido”. Y poco a poco, a trompicones, leemos el caso de este cuadro que alguien se ha llevado ante los ojos de todo un elenco de personajes. Nos detenemos en unas imágenes que cuidan el detalle y recrean un ambiente exquisito; y en unas descripciones realistas de personajes mitad animales, mitad humanos, que pertenecen a distintas clases sociales y tienen en común el gusto por el arte, en concreto por la pintura.

No todo lo que se dice en el libro se entiende. Quizá sea el grupo, o la edad, o la falta de lecturas de este tipo, pero desconocen vocabulario (“ïnsigne dama, flamante cabriolé, perorata…”), les choca la forma de hablar de los personajes… Pero les gustan los misterios, así que, echándole teatro al momento, desaparece el cuadro y se lanzan a nombrar sospechosos, intentando deducir por las conductas de los personajes su culpabilidad. Hay para todos los gustos.

Y yo, tirando del hilo de todos los ingredientes mencionados, decido proponerles un trabajo conjunto y resolver entre todos un caso. Como, aunque se resistan, aún son niños, les invito a utilizar sus artes plásticas para recrear el misterio. E incluso, quedarnos con la mejor coartada y los personajes mejor caracterizados.

Divididos en grupos propongo en primer lugar documentarse sobre la campiña inglesa para intentar recrear el ambiente de nuestro libro. Casi todos tienen acceso a libros de Ágatha Christie y tirando de padres, tíos, familiares varios, leen misterios. Hacemos un glosario de vocablos utilizados en el libro, que no suelen emplear en su vida. Repartimos personajes de distintas clases sociales y formación, para que puedan convertirse en protagonistas de nuestra historia.

Aprovechando, además, la ayuda de la profesora de Educación Plástica buscamos cuadros que tengan una historia detrás para decidir cuál será el nuestro.

Y ahí andamos, creando un misterio. No sabemos todavía quién será nuestro ladrón, si acabará habiendo asesinato, si será el mayordomo o el cónsul el culpable, o si las coartadas de los marqueses serán convincentes; pero sí sabemos que estamos aprendiendo mucho de la historia, y que podemos utilizar contenidos que solemos emplear de forma mecánica y aburrida, como la descripción o la consulta del diccionario, de una manera más práctica y divertida.

FLOR