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LA ESTRELLA DE LOS SIMIOS

978841681738

La estrella de los simios

Frida Nilsson

Barcelona: Thule Ediciones, 2018

Gorila se fija en Jonna el día que acude al orfanato para adoptar a una criatura de las que allí viven. Y, sin dudarlo, firma los papeles que Gerb le presenta para poder llevarse a la niña con ella. Pero, ¿qué piensa Jonna al respecto?

La vida de la niña cambia de manera radical. Del orfanato a una chatarrería; de las estrictas normas bajo el mando de Gerb a la ausencia de ellas junto a Gorila: ni higiene ni horarios.

Jonna acaba cogiéndole gusto a su nueva situación, aunque, en realidad, a lo que se está acostumbrando es al cariño de Gorila y a su compañía.

Frida Nilsson (Suecia, 1979), nos presenta en La estrella de los simios, una madre fuera de lo común en el personaje de Gorila, cuyos toques de rebeldía ante los convencionalismos recuerdan a la Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren (Suecia, 1907-2002).

Tanto las escenas de humor como los momentos dramáticos sirven para pensar en los distintos tipos de familias que se pueden formar, en las relaciones entre madres e hijas, en los prejuicios y presiones sociales, en lo mucho que sufren aquellos que son rechazados por ser diferentes, en las rebeldías, pero sobre todo, en el triunfo del amor desinteresado de una madre hacia una hija, y en definitiva, de un ser hacia otro.

M.D.P.L.

 

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MEJILLONES PARA CENAR

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Mejillones para cenar

Birgit Vanderbeke

La Galera, 2009

Novela corta de ágil lectura de la autora alemana Birgit Vanderbeke, considerada una de las mejores escritoras alemanas de la actualidad. Recibió el premio Ingeborg Bachmann, el más prestigioso de su país en su momento por este novela.

Recomendable para leer en una sesión de clase en un aula de bachillerato, especialmente si se ha visto ya la caída del muro de Berlín (1.989) y sus consecuencias o, quizás, al revés, para comenzar con esta lectura breve antes de tratar el tema en la asignatura de Historia. De cualquier forma, una interesante novela corta para leer de manera compartida y reflexionar sobre ella; una oportunidad para que el alumnado madure o, cuando menos, se posicione ante situaciones de este calibre si es que nunca se han visto en semejante tesitura. Nos referimos a la que afecta a su narradora, una joven que, a través de un monólogo interior a la manera de Virginia Wolf, disecciona su vida y la de su familia (y casi la de una época de su país) a través del relato de lo que sucedió la noche en que su padre llegaba tarde a cenar. Esta circunstancia es el detonante de una historia que va creciendo en dureza a medida que avanzamos en su lectura: el maltrato en la familia, el machismo y el fascismo son mucho más universales y cotidianos de lo que nos gustaría.

Ana M.

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YO, MING

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Yo, Ming

 Clotilde Bernos

Nathalie  Novi

Kókinos, 2006

“Podría haber nacido Reina de Inglaterra, tener hermosos sombreros y viajar en carroza tirada por dieciocho caballos. Saludaría a las gentes con un leve gesto de mano y sonreiría al ver los angelitos medio dormidos adornando la tarta de manzana que me servirían con el té”.

 

Esta es la forma en la que comienza  Yo, Ming. Alguien, una voz, nos está contando lo que pudo haber sido y no fue: nacer como Reina de Inglaterra. Este ejercicio de fabulación se repetirá en seis ocasiones más, es decir, desfilarán un total de siete personajes variopintos: un cocodrilo, un emir, una bruja…. Y detrás, una voz que sigue fantaseando sobre quién pudo haber sido pero que no nos permite conocer la auténtica identidad asociada a ella. El planteamiento logra generar una gran expectación en el lector, ya que somos conscientes en todo momento de que la verdadera historia no ha empezado, que estamos en un original aledaño. Tras un resumen recordatorio en el que vuelven a  desfilar los personajes enumerados por el último de ellos, por fin, se produce el momento esperado: “Pero heme aquí, soy Ming. Y nadie más”. Pura concisión y pura fuerza envueltas en una de las láminas más logradas de Nathalie Novi. Un paisaje oriental a doble página con una capacidad evocadora indiscutible. Ya conocemos quién es la voz del inicio. De forma sencilla nos irá contando dónde vive, a qué se dedica y cómo pasa su día a día. Otro gran acierto de la historia vuelve a estar relacionado con la concisión, con una concisión poética: “Así es nuestra vida. Cada día. Tan solo cambia el color de los arrozales y el aroma de las cajas de té”.  Y cuando parece que ya está todo contado y resuelto, que la finalidad era conocer a Ming y su vida, de nuevo, otro golpe de efecto  se cuela cuando no te lo esperabas y Ming se sincera totalmente con nosotros permitiéndonos conocer cómo enfoca él la vida. No solo lo que hace y cómo vive, sino cómo entiende la vida. Y así en la penúltima página muestra cuán afortunado se siente a través  de  la emoción que causa en los personajes del inicio. Para finalizar, comparte con nosotros la verdadera fuente de su felicidad.

Yo, Ming llegó a mí a partir de una confesión de Javier Sobrino, quien nos comentó a los quince asistentes de un encuentro que aquel era el álbum ilustrado que le habría gustado escribir. Teniendo en cuenta quién manifestaba tal deseo, logró que nos muriéramos de ganas por conocerlo. Nos lo leyó en un instante de los que desearías congelar por tiempo indefinido y entendimos a la perfección el motivo de su admiración. Eso sí, nos confesó que logró que Novi le ilustrase un álbum suyo.

Es, sin duda, la otra gran apuesta de la editorial: contar con alguien como Nathalie Novi, quien logra un trabajo muy expresivo y colorista a base de témperas  y acuarelas. A lo largo de toda la historia y cuando arribamos a China, nos sumerge en diversos rojos, rosas y naranjas que lo tiñen de esa estética oriental tan característica, creando unas láminas delicadas y vitalistas.

Yo, Ming es un álbum que invita a imaginar cómo podría haber sido tu vida, a reflexionar  sobre el azar del mundo y, posiblemente, te recuerda que la felicidad no hay que buscarla necesariamente en las coronas, ni en las bicicletas de oro… Al menos eso es lo que tiene muy claro Ming.

Tanto me gustó la historia que quise compartirla con mis alumnos y la llevé a tres niveles, calando principalmente en 2º ESO A. Estas son algunas opiniones sobre Yo, Ming y acerca de si les habría gustado ser otra persona distinta:

“Creo que es absurdo desear haber sido otra persona. Teniendo la posibilidad de ser como tú quieras y el tiempo que pierdes deseando ser otra persona, podrías invertirlo en buscar tu potencial y en mejorarte a ti mismo”. Ana V.

“Ming disfruta de ser él, valora lo que tiene, saca lo mejor de ello con cosas simples como su nieta y es muy feliz.

“No me habría gustado ser alguien distinto, no creo que sea una buena idea pasarme la vida intentando ser algo que no soy cuando nunca voy a poder cambiarlo. En vez de intentar ser otra persona, intento cambiar algunas cosas para ser más feliz”. Salma P.

“No me habría gustado ser alguien diferente porque me gusta como soy y creo que con esfuerzo puedes ser lo que quieras.

Creo que es un buen libro y hace que reflexiones bastante, ya que todos podemos nacer siendo cualquier cosa pero tenemos que ser felices como somos”. Helen R.

“Ming está contento porque él es como es, tiene una familia y trabajo, es lo que todo el mundo quiere tener.

No me habría gustado ser alguien diferente, me gusta quien soy. Tengo familia y puedo estudiar para sacar una carrera y mis padres tienen trabajo, así que no me gustaría ser otra persona”. Llara M.

Olga Orviz

 

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PROYECTO ABUELITA

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Proyecto abuelita

Anne Fine

Traducción de Xesús Fraga

Nórdica Libros

Cuando hago alguna actividad sobre refranes con mi alumnado me doy cuenta de que apenas recuerdan unos pocos y otros los han ido sustituyendo por frases nuevas más propias de series melodramáticas juveniles que de esa sabiduría popular. Hay uno que siempre mencionan en sustitución de “no es oro todo lo que reluce”, o “las apariencias engañan” y es “no juzgues un libro por su portada”, aplicándolo, no a los libros precisamente, sino a las personas. Es entonces cuando les digo que, en el caso de los libros, la portada vaya si importa. Y tanto. Para bien o para mal.

Cuando vi la ilustración de la portada de Proyecto Abuelita, me fijé en el dulce título y leí el no menos amable resumen de la contraportada, me hice una idea completamente errónea de esta novela.

                Proyecto Abuelita es una apuesta valiente y bien desarrollada que sin remilgos nos enfrenta a una realidad tan actual y dura como la de las personas mayores dependientes, en una sociedad que no tiene ni tiempo ni espacio para ellas.

La editorial Nórdica recupera este libro de la autora Anne Fine, editado por primera vez en 1983, a través de su colección Nórdica infantil, a partir de una traducción del escritor y periodista gallego Xesús Fraga y con una bonita ilustración de portada, obra de Iban Barrenetxea. Ilustración a la que conviene volver entre capítulo y capítulo para apreciar el significado de sus detalles, de esa abuelita oronda y aparentemente feliz que nos mira. Dan juego también las guardas en las que contemplamos una habitación vacía, que parece no significar nada.

El libro se organiza en bloques divididos a su vez en capítulos de una extensión más o menos similar. Unos y otros aparecen precedidos por un breve título que nos pone en antecedentes de lo que vamos a leer. Desde el bloque titulado “Estúpida y glotona” hasta el último, “Despierta, ya”, la acción avanza inteligentemente, tan bien dosificada y distribuida que, al llegar al meridiano de la historia tenemos que recomponer nuestra visión inicial y pararnos a pensar que ni los malos son tan malos ni los buenos lo son tanto.

El título hacer referencia al “arma” que utilizarán Iván, Sophie, Tanya y Nicholas, nietos de la anciana Adelaide o Sra. Harrys, para evitar que sus padres, Natasha y Henry , la internen en una residencia de ancianos. De este modo quedan organizados los dos bandos enfrentados durante todo el hilo argumental: padres e hijos, y en medio la abuelita.

Iván y Sophie, los hermanos mayores, con una madurez incipiente, planean presionar a sus padres aprovechando un proyecto escolar de la signatura de Ciencias Sociales en forma de informe de denuncia sobre el abandono de los ancianos, y nada mejor para ello que tomar a su propia familia como modelo. Para ello necesitan la colaboración activa de sus hermanos pequeños, que esencialmente será teatral: lloros, pesadillas en mitad de la noche, angustia… atormentados por la idea de la marcha de la abuela. Y así se inicia el primer “Proyecto abuelita” que recogerá todas las situaciones conflictivas que sus padres viven por el esfuerzo que les supone atender a la anciana, especialmente a Natasha, su madre de origen ruso, que no puede ver ni en pintura a su suegra.

Pero, ¿por qué la redacción de un simple trabajo escolar puede tener tanta importancia? Pues porque Henry, el cabeza de familia, es el mediocre Jefe de Estudios del colegio de sus hijos. Ese proyecto, pues, pasará de mano en mano entre el claustro de profesores y lo dejará en evidencia.

Hay una fecha clave que servirá de desencadenante del plan: la cena que Natasha y Henry ofrecen en su casa al director del colegio y a otros colegas y amigos. Una cita anual que ilusiona e importa mucha al matrimonio. Pero como los personajes de esta novela son interesantemente complejos, Sophie flaquea, se compadece de sus padres e intenta convencer a su hermano, más revolucionario, de hacer las cosas de otra manera. Ya es tarde y todo se precipita.

En el ecuador del argumento, todo da un giro muy interesante: el contraataque. Los niños han sido descubiertos y pagarán por ello con una dura lección pero muy realista, ya que tendrán que convertirse en los cuidadores de esa abuelita a la que tanto quieren. Y llegados  a este punto hay que regresar nuevamente al refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Los sentimientos empiezan a ser contradictorios. Solamente Iván, como un héroe resignado, mantendrá la idea del proyecto aunque esta vez más nostálgico, ya que procurará recuperar los recuerdos de la vida de su abuelita, ese personaje continuamente latente que hace tambalear la vida de esta familia.

La anciana señora Harrys, en su mundo de luces y sombras seniles, habla poquito, pero a veces con tal fondo de verdad que sentencia las situaciones magistralmente  desarrolladas con ágiles diálogos en cada capítulo. Como cuando ella misma les espeta a todos en la cena del colegio, con infantil franqueza e ingenuidad:

-El día que tuve a Henry en mis brazos por primera vez mi propia madre me dijo: “Adelaide, ahora ya ha nacido. Y pronto comprobarás que mientras son niños harán que te duelan los brazos, pero cuando sean mayores harán que te duela el corazón”.

Anne Fine escribió esta obra con 36 años, ahora tiene más de 70. Me pregunto qué pensará de esta novela con la perspectiva que le ha dado el tiempo. Hay que poner en antecedentes a nuestros jóvenes lectores y lectoras sobre lo que van a encontrar en esta bonita narración que necesita cierta madurez y sensibilidad para abordarla. O quizás la sensibilidad también irá surgiendo a lo largo de su lectura.

El caso es que Proyecto Abuelita nos pone frente a nuestras propias contradicciones, nos acorrala con dilemas difíciles de solucionar, al menos rápidamente. Qué interesante sería poner en práctica los proyectos de Iván sobre su abuela. Un buen trabajo de campo en cualquier familia con personas ancianas dependientes quizás nos abriría los ojos a la problemática real que sufren. O si se quiere algo menos crudo, qué bonito sería recoger literariamente la narración de los recuerdos de  nuestros mayores, de los que aprenderíamos muchas cosas, pero una primordial: el respeto y cariño que les debemos, porque ellos fueron generosos con nosotros.

Alberto Lorenzo Villanueva.