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EL MAR Y LA SERPIENTE

 

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El mar y la serpiente.  Paula Bombara. Editorial Milenio

“Se les miente mucho a los niños. Se les oculta y no se les escucha. Aún con las mejores intenciones, cuando un adulto oculta una verdad, siembra en el niño una interrogación. La pregunta va creciendo a modo de enredadera por el cuerpo”.

 

 

Son palabras de Paula Bombara, tomadas de una de las entradas de su blog  Desde mi cristal, al que he tenido que asomarme sí o sí tras la lectura de este libro.
¿Qué decir de él? Empezaré por lo más sencillo: ocupa poco espacio, es barato, y apenas son cien páginas de letra generosa y mucho diálogo. Estos argumentos ya son de por sí valiosos a la hora de vender un libro a los adolescentes, niños y muchos adultos. Sólo con esto, El mar y la serpiente ya resulta atractivo.
Además tiene una portada encantadora. Porque no nos engañemos: compramos, como comemos, con la vista; y la imagen en blanco y negro – sólo destacan en color las palabras que forman el título- de una niña pequeña leyendo un libro, nos atrae.
Es Paula, la autora. Ella misma dice en su blog, que en ese momento que capta la imagen tendría unos cinco años y que está en camisón. Nos cuenta que en aquella época se despertaba de muy mal humor y lo primero que hacía era leer un rato. Su mamá le colocaba una taza de leche en la biblioteca y allí la dejaba hasta que se le pasara la “mufa”, que en Argentina significa “mal humor o mala disposición de ánimo”.
En esta fotografía, Paula lleva el pelo muy cortito, como su madre se lo cortó, a lo chico, en un intento de cambiar su imagen cuando huían de un peligro muy real pero del que ella no sabía nada. Y la biblioteca en la que está, sentada en una silla más grande que ella, Paula tenía acceso a todos los libros infantiles que habían sido prohibidos durante el periodo de la dictadura argentina del 76.

Se les miente mucho a los niños. O se les oculta la información o no se les escucha. Y la información es poder y sólo lo que se nombra existe. Ahí está parte de esta novela autobiográfica, que yo creo que es imprescindible.
Paula tiene tres años recién estrenados cuando su papá un día, sin más, no vuelve a casa. Su mamá, sus abuelos, todos los adultos que la rodean le ocultan, o creen que lo hacen, la verdad. Pero ella, niña pero no tonta, intuye que hay algo más. Y les sigue el juego.

“Mamá tiene los ojos con agua. Pero no llora.
Mentira.
Llora. Pero para adentro.
Los abuelos también lloran para adentro. Y cuando les cae agua de los ojos se van al baño. Cuando me miran, se ríen de mentira. Yo también sé reírme de mentira. Cuando me río, la abuela se calma. Abraza a mamá. Mamá se calma. Me río más.”

Así comienza la huida de Paula y su madre por distintas zonas de Argentina, hasta asentarse en Buenos Aires. Su papá ha desaparecido por oponerse a un régimen dictatorial, por querer cambiar las cosas para su hija. Y su mamá y ella están en el punto de mira, llegando incluso a ser secuestradas ambas un par de años después.
El mar y la serpiente tiene tres partes, tres puntos de vista que se corresponden con las distintas formas que tiene de ver las cosas su protagonista, según va creciendo. La vida, como las lecturas, cambian según vayan cambiando los contextos y así se ve en esta novela. Está la visión de la niña chica; está la perspectiva de una adolescente de 12 años que interroga a su madre sobre un pasado del que recuerda poco y sufre porque cree que a su padre no le importaba lo suficiente; y está la joven que asume su realidad, que la enfrenta y la convierte en palabras, porque sólo lo que se nombra, existe. Y los desaparecidos existen.

Si algo me ha gustado sobre manera, es la parte de Paula niña. Me parece muy difícil ponerle voz a un niño pequeño. No me suelen resultar creíbles los niños en las narraciones. Su modo de pensar, de actuar, de preguntar, acaban muchas veces por estar viciados de los usos de los adultos. Olvidamos con demasiada facilidad cómo era eso de ser niño. Más su voz.
Pero Paula niña habla. Con frases cortas, con preguntas claras, con sentimientos concretos. Le duele la panza cuando siente tristeza, se aferra a lo que conoce y le asustan los cambios, confía en su mamá y la cuida y la engaña con risas, cuando los ojos de esta se llenan de agua. En su mundo “Papá se perdió pero va a volver. Porque los grandes saben los caminos”.

Es una novela sencilla pero no por ello menos intensa. Relata sin dramatismo y demagogias. Es sana. Y gusta.

Flor

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EL CUADRO DESAPARECIDO

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El cuadro desaparecido

Kestutis Kasparavicious

editorial THULE

1º de la ESO suele ser un curso puente en cuanto a lecturas se refiere. Hay niños en el aula que aún necesitan leer libros infantiles; otros, en cambio, ya han dado el paso hacia lecturas más complejas. No siempre hacen caso de recomendaciones, todavía menos si son de sus profesores o padres. Las lecturas obligatorias, sólo por el calificativo que las adorna, se les hacen bola. Son audiovisuales, se alimentan de imágenes, pero los álbumes ilustrados les parecen de pequeños y les da cosilla acercarse a ellos: ya están en el instituto.

Las series televisivas actuales son parte del día a día, y lo policíaco, el misterio, la resolución de casos están de moda (sólo hay que echarle una ojeada a la programación diaria o darle un vistazo a las listas de libros más vendidos) . Y si algo les gusta a los adolescentes es estar a la última.

Así que, de repente, llega a mis manos este libro: El cuadro desaparecido. Aprovechando una de nuestras sesiones de lectura en el aula, se lo enseño. “Uff, profe, es de animales”, “¿un libro de pequeños?”. Alguno se anima con la portada. “Mira, debe de ser el hueco que dejó el cuadro desaparecido”. Y poco a poco, a trompicones, leemos el caso de este cuadro que alguien se ha llevado ante los ojos de todo un elenco de personajes. Nos detenemos en unas imágenes que cuidan el detalle y recrean un ambiente exquisito; y en unas descripciones realistas de personajes mitad animales, mitad humanos, que pertenecen a distintas clases sociales y tienen en común el gusto por el arte, en concreto por la pintura.

No todo lo que se dice en el libro se entiende. Quizá sea el grupo, o la edad, o la falta de lecturas de este tipo, pero desconocen vocabulario (“ïnsigne dama, flamante cabriolé, perorata…”), les choca la forma de hablar de los personajes… Pero les gustan los misterios, así que, echándole teatro al momento, desaparece el cuadro y se lanzan a nombrar sospechosos, intentando deducir por las conductas de los personajes su culpabilidad. Hay para todos los gustos.

Y yo, tirando del hilo de todos los ingredientes mencionados, decido proponerles un trabajo conjunto y resolver entre todos un caso. Como, aunque se resistan, aún son niños, les invito a utilizar sus artes plásticas para recrear el misterio. E incluso, quedarnos con la mejor coartada y los personajes mejor caracterizados.

Divididos en grupos propongo en primer lugar documentarse sobre la campiña inglesa para intentar recrear el ambiente de nuestro libro. Casi todos tienen acceso a libros de Ágatha Christie y tirando de padres, tíos, familiares varios, leen misterios. Hacemos un glosario de vocablos utilizados en el libro, que no suelen emplear en su vida. Repartimos personajes de distintas clases sociales y formación, para que puedan convertirse en protagonistas de nuestra historia.

Aprovechando, además, la ayuda de la profesora de Educación Plástica buscamos cuadros que tengan una historia detrás para decidir cuál será el nuestro.

Y ahí andamos, creando un misterio. No sabemos todavía quién será nuestro ladrón, si acabará habiendo asesinato, si será el mayordomo o el cónsul el culpable, o si las coartadas de los marqueses serán convincentes; pero sí sabemos que estamos aprendiendo mucho de la historia, y que podemos utilizar contenidos que solemos emplear de forma mecánica y aburrida, como la descripción o la consulta del diccionario, de una manera más práctica y divertida.

FLOR