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PROYECTO ABUELITA

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Proyecto abuelita

Anne Fine

Traducción de Xesús Fraga

Nórdica Libros

Cuando hago alguna actividad sobre refranes con mi alumnado me doy cuenta de que apenas recuerdan unos pocos y otros los han ido sustituyendo por frases nuevas más propias de series melodramáticas juveniles que de esa sabiduría popular. Hay uno que siempre mencionan en sustitución de “no es oro todo lo que reluce”, o “las apariencias engañan” y es “no juzgues un libro por su portada”, aplicándolo, no a los libros precisamente, sino a las personas. Es entonces cuando les digo que, en el caso de los libros, la portada vaya si importa. Y tanto. Para bien o para mal.

Cuando vi la ilustración de la portada de Proyecto Abuelita, me fijé en el dulce título y leí el no menos amable resumen de la contraportada, me hice una idea completamente errónea de esta novela.

                Proyecto Abuelita es una apuesta valiente y bien desarrollada que sin remilgos nos enfrenta a una realidad tan actual y dura como la de las personas mayores dependientes, en una sociedad que no tiene ni tiempo ni espacio para ellas.

La editorial Nórdica recupera este libro de la autora Anne Fine, editado por primera vez en 1983, a través de su colección Nórdica infantil, a partir de una traducción del escritor y periodista gallego Xesús Fraga y con una bonita ilustración de portada, obra de Iban Barrenetxea. Ilustración a la que conviene volver entre capítulo y capítulo para apreciar el significado de sus detalles, de esa abuelita oronda y aparentemente feliz que nos mira. Dan juego también las guardas en las que contemplamos una habitación vacía, que parece no significar nada.

El libro se organiza en bloques divididos a su vez en capítulos de una extensión más o menos similar. Unos y otros aparecen precedidos por un breve título que nos pone en antecedentes de lo que vamos a leer. Desde el bloque titulado “Estúpida y glotona” hasta el último, “Despierta, ya”, la acción avanza inteligentemente, tan bien dosificada y distribuida que, al llegar al meridiano de la historia tenemos que recomponer nuestra visión inicial y pararnos a pensar que ni los malos son tan malos ni los buenos lo son tanto.

El título hacer referencia al “arma” que utilizarán Iván, Sophie, Tanya y Nicholas, nietos de la anciana Adelaide o Sra. Harrys, para evitar que sus padres, Natasha y Henry , la internen en una residencia de ancianos. De este modo quedan organizados los dos bandos enfrentados durante todo el hilo argumental: padres e hijos, y en medio la abuelita.

Iván y Sophie, los hermanos mayores, con una madurez incipiente, planean presionar a sus padres aprovechando un proyecto escolar de la signatura de Ciencias Sociales en forma de informe de denuncia sobre el abandono de los ancianos, y nada mejor para ello que tomar a su propia familia como modelo. Para ello necesitan la colaboración activa de sus hermanos pequeños, que esencialmente será teatral: lloros, pesadillas en mitad de la noche, angustia… atormentados por la idea de la marcha de la abuela. Y así se inicia el primer “Proyecto abuelita” que recogerá todas las situaciones conflictivas que sus padres viven por el esfuerzo que les supone atender a la anciana, especialmente a Natasha, su madre de origen ruso, que no puede ver ni en pintura a su suegra.

Pero, ¿por qué la redacción de un simple trabajo escolar puede tener tanta importancia? Pues porque Henry, el cabeza de familia, es el mediocre Jefe de Estudios del colegio de sus hijos. Ese proyecto, pues, pasará de mano en mano entre el claustro de profesores y lo dejará en evidencia.

Hay una fecha clave que servirá de desencadenante del plan: la cena que Natasha y Henry ofrecen en su casa al director del colegio y a otros colegas y amigos. Una cita anual que ilusiona e importa mucha al matrimonio. Pero como los personajes de esta novela son interesantemente complejos, Sophie flaquea, se compadece de sus padres e intenta convencer a su hermano, más revolucionario, de hacer las cosas de otra manera. Ya es tarde y todo se precipita.

En el ecuador del argumento, todo da un giro muy interesante: el contraataque. Los niños han sido descubiertos y pagarán por ello con una dura lección pero muy realista, ya que tendrán que convertirse en los cuidadores de esa abuelita a la que tanto quieren. Y llegados  a este punto hay que regresar nuevamente al refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Los sentimientos empiezan a ser contradictorios. Solamente Iván, como un héroe resignado, mantendrá la idea del proyecto aunque esta vez más nostálgico, ya que procurará recuperar los recuerdos de la vida de su abuelita, ese personaje continuamente latente que hace tambalear la vida de esta familia.

La anciana señora Harrys, en su mundo de luces y sombras seniles, habla poquito, pero a veces con tal fondo de verdad que sentencia las situaciones magistralmente  desarrolladas con ágiles diálogos en cada capítulo. Como cuando ella misma les espeta a todos en la cena del colegio, con infantil franqueza e ingenuidad:

-El día que tuve a Henry en mis brazos por primera vez mi propia madre me dijo: “Adelaide, ahora ya ha nacido. Y pronto comprobarás que mientras son niños harán que te duelan los brazos, pero cuando sean mayores harán que te duela el corazón”.

Anne Fine escribió esta obra con 36 años, ahora tiene más de 70. Me pregunto qué pensará de esta novela con la perspectiva que le ha dado el tiempo. Hay que poner en antecedentes a nuestros jóvenes lectores y lectoras sobre lo que van a encontrar en esta bonita narración que necesita cierta madurez y sensibilidad para abordarla. O quizás la sensibilidad también irá surgiendo a lo largo de su lectura.

El caso es que Proyecto Abuelita nos pone frente a nuestras propias contradicciones, nos acorrala con dilemas difíciles de solucionar, al menos rápidamente. Qué interesante sería poner en práctica los proyectos de Iván sobre su abuela. Un buen trabajo de campo en cualquier familia con personas ancianas dependientes quizás nos abriría los ojos a la problemática real que sufren. O si se quiere algo menos crudo, qué bonito sería recoger literariamente la narración de los recuerdos de  nuestros mayores, de los que aprenderíamos muchas cosas, pero una primordial: el respeto y cariño que les debemos, porque ellos fueron generosos con nosotros.

Alberto Lorenzo Villanueva.

 

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NO HAY NADA QUE LEER

Código de Circulación 1

El código de circulación.

Mario Ramos.

Traducción de Rafael Ros

Corimbo. Barcelona, 2010.

Son las 19:55 y sólo me quedan 5 minutos antes de cerrar la librería y dar paso al fin de semana. Puedo decir que hasta el momento ha sido una tarde tranquila, casi aburrida, sin clientes cuyas preguntas hayan supuesto grandes retos literarios. Hasta el momento.

Suena el “clank” de la puerta al abrirse. Mis emociones se debaten. Por un lado, el cómodo tedio no quiere intrusos, así que me invita a pensar que quizá sólo es el viento, que hoy sopla fuerte fuera. Seguro que es quien viene a importunar. Por otro lado, la chispa intelectual se despierta, deseando que sea alguien que traiga esa duda que despierte los sentidos y ponga a prueba los reflejos.

Una chica de unos treinta y tantos se acerca al mostrador, con su pelo víctima del viento y cara de última hora.

– Buenas tardes. ¿Todavía me atiendes si te pido un libro?

(Punto para la chispa intelectual).

-Por supuesto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mira, tengo un niño de 6 años que está empezando a leer. Quería algo para que se fuese arrancando.

(En realidad lleva arrancándose desde que nació).

Aunque no es una petición infrecuente, esta vez decido dar una vuelta de tuerca más a la respuesta. Al fin y al cabo, un reto intelectual no se debería salvar por la vía fácil.

-A ver qué te parece éste.

Sin mediar palabra acerca del libro, le tiendo “El Código de Circulación”, de Mario Ramos, abierto por la primera página como invitación ineludible.

Su primera expresión es de satisfacción. Parece que va a resolver la papeleta más rápido de lo que esperaba. Pero a medida que pasa las páginas se va borrando su sonrisa y su cara de alivio, en favor de un ceño fruncido que traduce su incredulidad.

Sin siquiera terminar de pasar sus cuarenta páginas, denuncia:

-¡Pero si no tiene letra! – como si algún duendecillo fuera el responsable de haber robado el texto sin que yo lo supiera-. ¿Y cómo se supone que va a iniciarse en la lectura si no tiene nada que leer?

-Vale, reconozco que te lo mostré con la intención de llamar tu atención con respecto a esto. Pero en realidad, ¿no es cierto que, igual que leemos las señales en la carretera y con ello desciframos un mensaje, podemos leer las imágenes de este álbum ilustrado descubriendo así su historia?

-Bueno, visto de esa manera…

-No sólo eso. La mecánica de la lectura es algo sobrevalorado. Hoy día hay mucha presión para romper a leer. Nos debería importar la lectura interiorizada. En palabras de Graciela Montes1 “leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos realidad”.

-¿Y no resultará pobre este libro por tener sólo imágenes?

-Al contrario. Las ilustraciones en acuarela, tinta y lápices de Mario Ramos son ricas en matices y dejan ver tantas historias como quieras imaginar. Eso sí, requiere que quienes lo lean intervengan activamente. De lo contrario, se quedaría cojo.

-¿Y qué ves mejor, que se lo cuente yo o que lo lea él sólo?

-Voy a contarte lo que ocurrió cuando se lo leí a mi hijo. Tiene 5 años y, como el tuyo, lleva 5 años iniciándose en la lectura. La primera vez que lo abrimos, no sabía cómo empezar a contárselo. Así que, sin pensárselo dos veces, empezó él. La sensación fue extraña, pues por primera vez caí en la cuenta de que, frente a un álbum ilustrado sin palabras como éste, estábamos en igualdad de condiciones. Es más, su imaginación y su falta de cohibición adulta le daban ventaja. Su lógica visual era suficiente para ir descifrando la historia central, en la que Caperucita va atravesando el bosque camino de la casa de su abuela, cruzándose con personajes de la talla de Los tres osos, Pulgarcito o el mismísimo lobo feroz (no tan feroz aquí, como es habitual en la obra de Mario Ramos, donde los villanos suelen presentarse como bastante ridículos). Todos ellos en un contexto ajeno a sus obras de origen. También muchas otras historias se vislumbran en los márgenes del camino. Además, de forma muy original, cada uno de ellos viene precedido y presentado por una señal de tráfico con su silueta, invitando a adivinar escenas en ocasiones contrarias a las que nos expondrán en la doble página siguiente.

-¿Así que fue él quien te lo contó a ti?

-Así es. O más bien, así empezó. Y disfruté mucho de esa sensación. Pronto él me exigió que fuera yo quien inventase historias disparatadas, divertidas. Sin duda lo que más le gustaba era descubrir una nueva versión con cada relectura. Además, el hecho de conocer a muchos de los personajes que aparecen, provenientes de las fábulas de La Fontaine y de cuentos clásicos, dio una perspectiva más familiar a este álbum. A su vez, la obra se infiltró en esos mismos cuentos clásicos, con comentarios de vuelta al Código de Circulación desde las historias que protagonizan los personajes del libro. Así me sorprendí a mí misma interpretando a los tres cerditos como adolescentes traviesos; dando la vuelta al cazador que escapa de su presa; con Pulgarcito animando a Caperucita al uso del casco (un tanto que se anota la educación vial, pues enseguida mi hijo criticaba la falta de protección en todos los personajes que van sobre ruedas), o la mamá de Caperucita ofreciendo a voces el pañuelo a su hija por ese constipado que tiene…

-¿Y cómo dices que se llama el autor? ¿O debería decir ilustrador?

-Mario Ramos. Belga de nacimiento, de madre belga y padre portugués. Muy conocido y valorado especialmente en Francia y Bélgica (tiene su propio día nacional en estos países, el 7 de noviembre). Me alegra que lo plantees como ilustrador. Aunque el dibujo fue una constante en su vida, tanto a nivel profesional como personal y emocional, él siempre se consideró un narrador. Le gustaba tratar temas serios, de gran peso, de forma que llegaran a los niños. Para ello, utilizó personajes animales que distanciasen al lector infantil de temas opresivos sin perder la esencia de los mismos. Como hilo conductor y filosofía de vida, aportaba el humor que, tamizado sobre toda su obra, le dio ese estilo personal que es tan reconocible en su trabajo. Malvados ridiculizados y vencidos con la imaginación o la igualdad entre poderosos y los que no lo son tanto, son distintivos de Mario Ramos. Quizá este afán por contar provenga de sus dificultades para comunicarse en la infancia. Algunos libros le ayudaron a superarlas y a través de sus álbumes ilustrados quiso brindar la misma herramienta a otros niños.

Para Mario Ramos un libro sólo existe cuando el lector lo lee. Te invito a que leas este libro a tu hijo. Con tu hijo. O que dejes que tu hijo te lo lea a ti.

-Sin duda me has convencido. Y no sólo voy a llevar este álbum ilustrado sin texto, sino que además voy a empezar a valorar mucho más lo que no está literalmente escrito. También cada ilustración. Y aún más: lo que ni siquiera se muestra.

-Me alegro mucho. Lo envuelvo para regalo, ¿verdad?

-Sí, por favor

-¿Qué nombre pongo?

El nombre ahoga mi respuesta. Lo envuelvo con un cariño especial. Es lo menos que puedo hacer en homenaje a este gran autor que nos dejó antes de tiempo tras haberse demostrado como una persona esencialmente tierna, honrada y capaz de recurrir al humor como la cortesía de la desesperación.

De la misma manera que esta reseña verá la luz gracias a Bosque de Lecturas, me gustaría agradecer a las personas que forman parte de este magnífico proyecto su pasión, dedicación personal y cariño . Gracias por invitarme a este magnífico viaje, el viaje de la lectura.

Laura F.

Citas:  Montes, Graciela (1999). La frontera indómita. México: Fondo de Cultura Económica.

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PROYECTO ABSURDO

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Página del libro Tras, tras, cucutrás. Texto de Juan Clemente e ilustraciones de Aitana Carrasco. Editado por Kalandraka.

OBJETIVO: reírse, troncharse, desternillarse…

TEXTOS UTILIZADOS: Al menos una docena, que figuran al final de esta entrada

Hace poco tuve la suerte de verme inmersa en un debate sobre la lectura y su carácter lúdico. La discusión planteaba si era adecuado o no insistir ante el alumnado sobre la lectura como forma de divertirse, ya que es una tarea que también requiere un gran esfuerzo, especialmente en las primeras etapas de adquisición. Había quien opinaba que plantearla como algo divertido podía ser tomado por el alumnado como una manera de menospreciar ese esfuerzo. Hubo muchas opiniones y muy variadas.

A pesar de los argumentos planteados yo sigo pensando que sí, que es primordial mostrarles que la lectura es divertida, por costosa que pueda resultar a veces. Incluso hacerles ver cómo eso puede ser un aliciente más. El esfuerzo mental también es necesario para los puzzles, los sudokus, trabalenguas, acertijos o sopas de letras, y precisamente esa es la faceta que hace de este tipo de juegos un entretenimiento. La lectura, además de ser una tarea compleja, nos ofrece un espacio para la relajación, para el humor o para perdernos en momentos sosegados con nuestro pensamiento.

No todas las lecturas son iguales ni todos los momentos lectores son los mismos, pero creo que es primordial que aprendan a disfrutar de cada uno de ellos, porque si entienden que en la lectura pueden encontrar placer, querrán superar esas trabas que la dificultad del código les plantea.

Por eso en este proyecto absurdo hemos utilizado textos variados, en verso y en prosa, sencillos o muy complicados, para encontrar distintas maneras, siempre divertidas, de utilizar la lectura y la escritura en el aula. Nos basamos en la literatura inglesa del Nonsense, pero también buscamos la risa en la poesía española, tan rica en calambures, trabalenguas, anagramas y animaladas.

Todo comenzó buscando sinónimos del verbo reír en diccionarios online, ampliando así nuestro léxico con expresiones no siempre políticamente correctas, pero sí muy jugosas.

partirse el culo

Después pasamos a leer lo ya conocido, “ Tras, tras, cucutrás”,  para mejorar la velocidad lectora y la articulación. También nos inspiramos en él para escribir poemas basados en palabras compuestas, trabajar la rima y los anagramas.

 

Astronauta

Compraventa

Tajalápiz

Sombrero

Sobremesa

Bocadillo

Catalejo

Cuentos

Pasamanos

Trabalenguas

Guardabarros

Vaqueros

Teléfono

Tocadiscos

Paraguas

Dinero

Hernán 4º

 

Ya conocíamos A lo bestia pero lo utilizamos de nuevo para leer la última parte, Tres pies al gato, en la que se mezclan animales y objetos. Ampliamos ese juego con Animalario universal del Profesor Revillod, así como con otras imágenes que encontramos en internet para hacer nuestra propia colección de animales y definiciones, porque definir es categorizar y clasificar, meter en saquitos y expresarlo lingüísticamente, y con animales tan variopintos las definiciones se convirtieron en prosa poética o en el absurdo más divertido:

Roagui: es una animal terrestre de bellas plumas blancas y con un pico que parece un garfio. Hernán 4º

Cartipa: es un animal tranquilo y juguetón. Al atardecer salta por los árboles. Pablo 5º

Cenño: es un animal que vive en las casas. Se alimenta de muebles muy caros y cuando la gente ve que se los come dice : “No te comas eso, que me costó muy caro y no llego a fin de mes”. Pablo 5º

A pesar de que nos costó dejar atrás el Animalario universal del Profesor Revillod (que no se fue muy lejos para poder disfrutarlo en pequeños ratos libres) seguimos avanzando con cuentos cortos en prosa y en verso. Con “Cuando en Milán llovieron sombreros” de Rodari nos reímos mucho y aprovechamos para decorar el mural con una lluvia de gorros y sombreros variados, aprendiendo palabras nuevas como chistera o bombín. También leímos “El perro que no sabía ladrar” y escribimos finales con los que jugamos a adivinar quién había escrito cada uno de ellos. ¡No resultó nada fácil!

De las versiones de Roald Dahl de Caperucita y la Cenicienta sacamos mucho vocabulario nuevo y nos hicieron reír u horrorizarnos, así como hablar de temas personales que desde la clave del humor nos daba menos miedo abordar.

También utilizamos poesía tradicional española para hacer carreras de trabalenguas y aprovechamos para hacer nuestras propias creaciones absurdas basándonos en la cabra ética. Salieron seres tan variopintos como el Fantasma Perludo o la Fiesta Camesta:

En la cabra hay una fiesta

canesta

pelipenesta

casopelanesta

casabra

cusubresacabra

Tiene las patas

camisitesas

cacacositesas

pelatasecosasitesas

peparalas

pupasenaralas

           Hernán 4º

Aunque no tuvimos tiempo a profundizar en ellos leímos fragmentos de “Manual de calcetines salvajes” y “Chamario” y disfrutamos y alucinamos con las locuras macabras de Gorey.

Usamos “Los cretinos” y “Charlie y la fábrica de chocolate” para introducir a los personajes grotescos y llegamos a casi coger cariños a los señores Cretinos.

Después leímos “Disparates” de Gustavo Roldán y algunos limericks ingleses, que nos costaron un poquito más. Y esto nos llevó a la actividad estrella, la más divertida. Con unos monigotes crearon sus propios personajes absurdos y tras buscar la rima a lo que querían decir escribieron disparates tan divertidos como estos:

Érase una vez una mujer

que se ponía siempre vestidos

se pasaba sin respirar una hora

porque quería llevarlos ceñidos

           Carlota 6º

Érase una vez un hombre

que escuchaba por los ojos

veía por las orejas

tenía un bigote rojo

             Nel 6º

Érase una vez un hombre

con una boca de culo

los vecinos le decían

tírate pedos en el cubo

Nel 6º

 

Érase una vez un ser

que no se sabía si era chico o chica

porque llevaba ojos de hombre

y las cejas muy bonitas

             Andrea 6º

Quizás con este proyecto no hayamos aprendido nada políticamente correcto, pero si hemos comprobado que la lectura, incluso la más difícil, puede ser divertida y merece la pena.

limerick

TEXTOS UTILIZADOS:

ANIMALARIO UNIVERSAL DEL PROFESOR REVILLOD

Ilustraciones de Javier Sáez Castán

Comentarios de Miguel Murugarren

Editorial: Fondo de Cultura Económica

 

LOS PEQUEÑOS MACABROS

Edward Gorey

Editorial: Zorro Rojo

 

CUENTOS PARA JUGAR

  • El perro que no sabía ladrar
  • Cuando en Milán llovieron sombreros

Autor: Gianni Rodari

Ilustrador: Gianni Peg

Editorial: Alfaguara

 

CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS

  • Caperucita Roja
  • Cenicienta

Autor: Roald Dahl

Ilustrador: Quentin Blake

Editorial: Alfaguara

 

LOS CRETINOS

Autor: Roald Dahl

Ilustrador: Quentin Blake

Editorial: Alfaguara

 

DISPARATES

Texto e ilustraciones: Gustavo Roldán

Editorial: La Galera

 

NONSENSE

Texto e ilustraciones: Edward Lear

Editorial: Pepitas de calabaza

 

POESIA ESPAÑOLA PARA NIÑOS

  • En el campo hay una cabra
  • Doña Díraga, Dáraga
  • Madre, notabre, sipilitabre

Recopilación de Ana Pelegrín

Editorial Taurus

 

CHAMARIO

Autor: Eduardo Polo

Ilustrador: Arnal Ballester

Editorial: Ekaré

 

A LO BESTIA

  • Tres pies al gato

Autora: Mar Benegas

Ilustrador: Guridi

Editorial: Republica Kukuludru

 

TRAS, TRAS, CUCUTRÁS

Autor: Juan Clemente

Ilustrador:Aitana Carrasco

Editorial: Faktoría K de libros

 

MANUAL DE CALCETINES SALVAJES

Texto e ilustraciones: Pablo Prestifilippo

Editorial: Faktoría K de libros