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ARLEQUÍN

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Arlequín
Un poema de Federico García Lorca ilustrado por André da Loba:
Proyecto del equipo TresBrujas. Barbara Fiore Editora.

Conversación inventada  entre dos  familias:
Familia 1:sus hijos van a comenzar su escolarización.
Familia 2 :tienen a sus hijos escolarizados en  Ed Infantil y en los  primeros cursos de primaria.

– ¿Qué hacen en la escuela?
– Aprender jugando, dicen que todos los días aprenden jugando , también les leen y van a exposiciones,  al teatro, pasean alrededor de su escuela …

–  ¿Y así aprenden a leer?
– Sí, sí  no solo  aprenden a leer  , les gusta leer,  les gusta leernos sus libros, escenificarlos, dormirse leyéndolos o mejor escuchando como se los leemos, leerlos acompañados y leerlos  a solas , a gritos , susurrando y en silencio.

–  ¿ Y qué tipos de libros leen?
– Libros que emocionan, solo con imágenes sin texto , con imágenes y textos que nunca podrían ir separados , libros buenos, buenos  libros con buenas historias, con historias que nunca les  dejan , ni nos dejan ,indiferentes. En algunas ocasiones es casi mágico, libros con los que juegan, se divierten , actúan, experimentan, investigan , con los que son cómplices y de los que no se separan , ni para dormir.

– ¿Sí?, dime alguno
– Arlequín es uno de esos libros, es un libro juego, un libro puzzle, un libro poema, un libro teatro, una fiesta de libro.

– ¿Lo tenéis en casa?
– Aún no, pero lo tendremos sin duda

–  ¿Y entonces  cómo lo conoces?
– Porque  nuestras hijas e hijos vienen  emocionados de la escuela  con una pequeña maleta que dice contener “Un libro muy especial” ( en una ocasión era Arlequín), y cuando llega , una pista de circo se instala  rápidamente en el salón , un público emocionado (nosotros) tararea música de circo para que comience la función.  y ante nosotros se despliega  una escenificación poética visual y sonora. Poco a poco aparece Arlequín, cuatro versos ,16 palabras lo acompañan en su presentación:

Teta roja del sol, su brazo derecho nos saluda.  Teta azul de la luna, sus brazos extendidos parecen dispuestos a llegar a ti y abrazarte. Torso mitad coral, un pájaro lunar aparece en el escenario, vuela por Arlequín y nuestra mirada le acompaña. Mitad plata y penumbra y ya está ante nosotros en cuerpo entero Arlequín mostrando todo su color; colores definidos, vivos, alegres, que bailan al ritmo que hagamos bailar a Arlequín.

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Toca volver a tararear para cerrar adecuadamente el libro , sí , si adecuadamente , porque no es un libro al uso en eso tampoco. Cerrar el libro es todo un ejercicio de malabarismo, de equilibrio, teniendo en cuenta que esta escenificación casi siempre se hace encima de una silla , en una pequeña escalera, vamos ¡por todo lo alto!

Ver cómo abren el libro, escuchar cómo recitan el texto  y cómo cuidadosamente y en el orden correcto pliegan cada una de sus partes, es un espectáculo.  Arlequín se despide y aplaudimos encantados y no estamos fingiendo, lo hemos disfrutad. Por si fuera poco luego podemos en familia seguir deleitándonos con los detalles de cada una de sus seis tapas duras cuadradas  llenas de color, de detalles, de múltiples historias. Siempre encontraremos algo nuevo que observar,  nuevas relacionas  visuales con el texto  poético que una y otra vez recitaremos con emoción. Podremos sentar  a Arlequín  a nuestro lado, investigar sobre su vida, saludar con su brazo rojo, saludar con su brazo azul , jugar a convertirlo en un cubo, hacer una cueva, un túnel…

 

¿ Y si preguntas a las niñas y niños que lo leen , qué dicen?
Pues dicen cosas como estas:

 Me gusta Arlequín porque:
– tiene sorpresas y colores
– es muy colorido
– ¡se abre!
– tiene cosas bonitas
– es flexible
– tiene secretos
– se parece a Pinocho y es muy divertido
– tiene muchos dibujos
– se abre y tiene muchos colores
-tiene muchas sorpresas
– mola mucho
-porque sí

Arlequín es un libro poema, un poema hecho libro, es juego de color, de formas, de construcción.  ¡Es un espectáculo!

Arlequín no es un libro. Es mucho más que un libro.

 

Mirta

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MI QUERIDA BABEL

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Mi querida Babel

Juan Pablo Silvestre

Ilustraciones de Ana Juan.

La mano cornutta, 2014

El libro al que voy a hacer referencia es Mi querida Babel, una de esas obras que llegan a nuestro Bosque de Lecturas con invitación para un trabajo conjunto. Quizá por el formato, por las imágenes o por el mantra que aparecía dentro en una presentación tan cuidada, me llamó la atención.

Tras nuestro hermanamiento con el pueblo Saharaui, vi la posibilidad de usarlo como estructura para un proyecto de trabajo que, de una forma transversal, se desarrolla este año en mi centro de referencia: una escuela pequeña perteneciente a un colegio rural agrupado en Castrillón –illas. Las imágenes son de mi grupo clase, localizado en Pillarno, pero se trata de un proyecto dado a conocer al resto del profesorado, principalmente de Infantil.

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BABEL, que por definición es un lugar de confusión y desorden especialmente provocados por varias personas que hablan a la vez, nos ha ayudado sin embargo a encontrar un marco de trabajo colaborativo con las familias, tanto para desarrollar el material como para hacer la grabación final de un video, titulado Manojos, que resume la importancia de liberar la mirada.

La reseña que a continuación exponemos ha sido elaborada por la madre de una alumna. Al principio, cuando la recibí, traté de elaborar algo en conjunto. Pero ella lo expresa tan bien que no me atrevo a corregir nada, por lo que presento íntegramente su texto. Por mi parte anexo las fotos de los participantes y de los espacios en los que se ha desarrollado la actividad, así como un video realizado por Constantino Menéndez González, que para mi resumen la intención de este proyecto:

MANOJOS: Sueña siguiendo este enlace https://www.youtube.com/watch?v=N6DtHzTVWHc&feature=youtu.be

“Somos mujeres de diferentes culturas, con diferentes nombres, los que nos han dado nuestras familias, amigos y amigas: los nombres que recorren nuestra historia. Tenemos diferentes miradas o maneras de no mirar, todas con un objetivo claro: ser, pertenecer, impregnarnos de nuestra cultura para echar raíces… o no, quien sabe. Podemos elegir ser madres , o elegir no serlo; solteras, casadas, jóvenes o mayores… ¡Seguro, bonitas!

Esta es una historia narrada con una ilustración extraordinaria y una música excepcional, cargada de eso que tanto nos llena: las emociones.

Nos intenta explicar que da igual dónde estés, cómo te vistas, cómo te llames o de dónde vengas. Lo importante eres tú, cada una de nosotras que, diferentes a nuestras compañeras y compañeros, sabemos respetarnos, compartir y participar.

Al hilo de este “ libro” y aprovechando las ilustraciones hemos creado un material para trabajar la socio-diversidad en la mujer. Nos servirá para plantear las mil una opciones y mezclas posibles en torno a los rasgos de la cara. Este Material está compuesto por cuadrados de cartulina que asemejan los diferentes colores de las diferentes razas y por otro lado las ilustraciones originales, calcadas en vinilos y recortadas para poder jugar con ellas y componer otras nuevas…

El juego y la creación es el elemento principal de nuestro proyecto, ya que pensamos que a través de él y de la experimentación que proporciona, se hace mas accesible el concepto: trabajar la diferencia para llegar a la “igualdad” o respeto. Es un material para trabajar la coeducación en el amplio sentido de la palabra, como puede ser el famoso juguete “Potato“, que podemos hacer hombre o mujer o ni siquiera plantearnos “sexsuarlo”.

Estas ilustraciones de rostros de mujer andróginas, nada estereotipadas ni cosificadas, pero sí bonitas, es ideal para trabajar la diversidad sociocultural sin enmarcarla en contenidos culturales que de una u otra manera esclavizan a la mujer, la cosifican.”

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MONKY

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MONKY
Dieter Shubert
Ekaré, 2016

Monky es una emotiva historia, creada e ilustrada por Dieter Schubert. Se trata de un álbum sin palabras, pero con ilustraciones que permiten múltiples interpretaciones para los pequeños.
Empiezo la presentación del cuento en el aula de 5 años, como de costumbre en la zona de la asamblea. Conversamos sobre la ilustración de la cubierta, los colores de las guardas, los significados de la portada,… Al pasar página, muestran sorpresa al no ver letras para leer, pero no quieren silencio, me piden que les “lea” Monky.
Inicio la lectura y les voy contando la historia de un pequeño mono de peluche muy apreciado por su dueño, quien una tarde de lluvia lo pierde sin querer en un bosque…. un peluche que vive mil aventuras y desventuras… los niños siguen cada momento, participan, interpretan lo que ven, cada experiencia que vive el protagonista les preocupa. De repente, la historia da un giro inesperado, se alegran, se van quedando más tranquilos cuando de nuevo el peluche recibe protección y cariño. Pero aún queda una gran sorpresa final que, al ser vista, les llena de emoción y satisfacción, algunos de ellos llegan a exclamar: ¡Lo sabía!
Al día siguiente, a primera hora de la mañana, volví a coger el cuento y les propuse volverlo a leer de nuevo. Resultó un continuo juego de sorpresas, de claves que resolver y de pistas por descubrir, juego en la que ellos eran los principales lectores protagonistas.

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La lectura con sólo imágenes permite que los niños participen activamente en la construcción de la historia mientras observan y describen las ilustraciones, perciben su colorido, incluso preguntan: ¿cómo están hechos los dibujos?
También se dan cuenta de que las ilustraciones siguen un orden, que tienen un ritmo narrativo. De esta forma se consigue que todos y cada uno de los niños se envuelvan en la trama del cuento.
Volvimos a leerlo de nuevo al día siguiente. Les propuse la posibilidad de poner texto al cuento, a lo que me respondieron con un rotundo NO. Me explicaron que a ellos les gustaba así como era. Ante esta negativa les pregunté si tenían mascotas de peluche, a lo que me respondieron afirmativamente. La gran mayoría querían contarme quién era, cómo era, qué hacían con ella… les noté entusiasmados. Así que les propuse que cada uno trajese su muñeco a clase. Nos acompañaron durante todo el día y así pude observar cómo interaccionaban con ellos: les explicaban lo que hacíamos en cada momento, les hablaban durante los trabajitos,les preguntaban dónde querían jugar, les hacían bailar con las demás mascotas, … se sentían felices junto a ellas. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de hacer entre todos un libro de nuestras mascotas. Pareció gustarles, así que les hice fotos durante toda la mañana.


Al otro día pusimos en marcha el proyecto del libro. Pensamos en poner el nombre de la mascota, un dibujo y la foto de cada niño y niña. Una vez terminado, lo paginamos, elaboramos las cubiertas y la portada entre todos. Las dos últimas hojas fue una propuesta de los alumnos en el último momento: quisieron rehacer un dibujo de sus peluches, recortarlas y ponerlas todas juntas en la última página, como una sorpresa. Esto nos hizo enlazar nuestro libro con el de Monky.
Días después encuaderné el libro y se lo fueron llevando a su casa para enseñarlo- Ahora está en la biblioteca de aula y es uno de los libros que más éxito tiene.

Mirian

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UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

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UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

Autora: Isabel Pin

Editorial: Lóguez

A casi todos los niños y niñas les gusta jugar al escondite y cuando son más pequeñitos el típico juego de cucú-tras suele dejar escapar sonrisas y hasta carcajadas. A casi todos los niños les gustan los animales y los zoos, donde pueden contemplar animales majestuosos que no suelen ver habitualmente.

Este cuento combina a la perfección estos dos elementos: escondite y animales. Por sus páginas llenas de solapas discurre una historia divertida que convierte la lectura en un juego y que engancha a los peques:

Ana va de visita al zoo con su papá. Empieza a llover y los animales tienen que buscar refugio. Las diferentes casas adoptan sus formas, con lo que se incorpora al libro la adivinanza visual de resolver por la forma -más que evidente- qué animal encierra cada una.

Es un libro de tapas duras que facilita su manejo, ideal para manos menudas. Las ilustraciones son minimalistas pero muy bellas, de colores tenues y cálidos que dominan sobre el texto.

Una divertida propuesta para los cursos de Ed. Infantil, que permite una lectura compartida en la que los pequeños pueden participar de manera activa.

Otros libros de la autora:

El pequeño agujero

Editorial Lóguez

Cuando todos regresaron más pronto a casa

Editorial Lóguez

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Pomelo no es un elefante como la mayoría de los elefantes. Podríamos colocarlo en el grupo de elefantes extraños -que los hay-: elefantes que vuelan, elefantes de colores, elefantas de color rosa… Precisamente ese es su color: es un elefante rosa; además es pequeño, pequeño, muy pequeño. Tan pequeño que vive  bajo su flor de diente de león y tiene una trompa muy, muy larga, que le trae algún que otro problema pero  también le permite hacer cosas divertidas.

Textos cortos unidos a ilustraciones sencillas que describen con todo detalle cada una de las situaciones -algunas de ellas sorprendentes-, facilitan la lectura colectiva y que se sientan atraídos por el personaje y sus amigos. Pomelo es feliz y nos hace felices leyendo sus historias aunque a veces también tiene miedo; vamos que podría ser cualquier compañera o compañero de  clase y eso es lo que decidimos hacer, ¡hacerlo nacer para que viva con nosotros! Pero ¿cómo?

Aquí empieza el debate: “¡Dibujado!”; “No, una foto”; “Mmmm, para eso tenemos el libro”;  “No: queremos jugar con él”.

Con un corcho pintado de rosa, dos chinchetas  y una cinta para la trompa, podemos hacer un Pomelo. La trompa tendría que ser muy larga, así que con ayuda de nuestro “Señor Metro” estuvimos medimos y decidimos que sería suficiente con una trompa de medio metro. Nos pusimos manos a la obra.

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Ahora cada niña y cada niño de la clase tiene su Pomelo. Son Pomelos a la medida: a la medida de nuestra pequeña mano; a la medida para meterlo en una caja de cartón o dentro de la bandeja de las pinturas; a la medida para hacer equilibrio con él; a la medida para medir cosas con su trompa (una mamá nos dijo que casi todos nosotros medíamos lo mismo que la trompa  de Pomelo cuando nacimos); a la medida para leer su nombre porque tiene las letras que mejor conocemos hasta ahora; a la medida para hacer volar su trompa al viento; a la medida de… todo lo que se nos pueda ocurrir. Nuestros Pomelos de corcho no viven debajo de un diente de león, pero sí felices en nuestras cajas de cartón.

Mirta

Pomelo es feliz. Ramona Badescu; il. Benjamin Chaud.  Kókinos, 2005.

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Poetas invisibles

El libro negro de los colores es un libro negro en el que sólo destaca el texto en caracteres blancos. Eso es lo que vemos. Pero al tocarlo nos damos cuenta de que hay mucho más. Porque el texto aparece también en Braille y, en la página siguiente, las ilustraciones en relieve nos muestran un mundo plagado de colores que percibimos a través de nuestros dedos.

Y es que el narrador, Tomás, es un niño ciego que no puede ver los colores. Estos son para él miles de sabores, olores, sonidos y emociones. Y así se lo cuenta a su amigo y a cualquier lector que se acerque al libro.

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La obra, que nos brinda en España Libros del Zorro Rojo, es maravillosa, una auténtica joya que ha ganado numerosos premios como el New Horizons en la Feria del Libro de Bolonia.

Yo conocía el libro desde hacía tiempo, pero nunca lo había enseñado en clase.

Lo hice el otro día, con muy pocas expectativas, francamente.
Decidí llevarlo a mi grupo de 1º de ESO, porque es el menos numeroso (once alumnos) para que así pudieran verlo más a gusto y tocarlo todos, aunque estaba convencida de que no iba a sacar ningún pensamiento interesante de aquellas cabezas, preocupadas siempre de cualquier cosa que no fuera escucharme a mí. Me equivoqué.

Miraron el libro, lo manosearon, gritaron… Les propuse ayudar a Tomás en su descripción de los colores, añadiendo alguno que no apareciera allí.

La mitad de ellos adoptaron una postura muy intelectual, chupando el boli y poniendo cara de estar muy concentrados. La otra mitad, se levantaba y gritaba preguntas y comentarios (“¿Cómo se llama ése que toca lo que vimos en música?”, “Jo, no se me ocurre ningún otro color…”, “¿El verde está?”).
No quise ir leyendo lo que escribían.

Después de un tiempo razonable, dije “Hale, ya, a ver qué habéis escrito”, y me agarré a la silla dispuesta a oír naderías. Y lo que oí fueron cosas como estas:

–          El naranja es ácido como la fruta y el cielo al atardecer.

–          El violeta es divertido como una voltereta.

–          El rosa es dulce como el algodón de azúcar.

–          El granate suena como el chachachachán de Beethoven.

–          El gris es como la niebla, desperdigado por el cielo, perdido, sin saber adónde ir.

Definitivamente, la Poesía es omnipresente y vive en cualquier parte. En un pequeño instituto, en 1º de ESO, se esconden, camuflados y de incógnito, once poetas.

Emma C.

El libro negro de los colores. Menena Cottin y Rosana Faria. Editorial Libros del Zorro Rojo, 2010.Image

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Dime con quién lees…

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Esta vez me toca escribir mucho en lugar de mis habituales reseñitas rácanas, sépanlo todos por adelantado. Y es que antes de entrar en el lío es necesario conocer cuatro cuestiones:

1. Se me ocurrió llevar Pablo pájaro al aula de secundaria: los chavales no entendían, me lo devolvían y me preguntaban si era un sueño o qué, y no se interesaban más.

2. Yo me limitaba a ver colores muy sólidos, unos ojos enormes azul cielo y rizos, muchos rizos, pero nada más. Cada vez tenía más claro que había que sentarse a escribir una crítica cortante y rotunda, que son las que me molan, y dejarme de historias.

3. Atención: decidida la cuestión del hachazo terrible y homicida, en facebook encuentro imágenes de las tres brujas felicitándose de la llegada de Pablo Pájaro a las librerías, e incluso de su autor, Alé Mercado, leyendo a los niños. No pude evitarlo, pensé: “Pobres, tragan cualquier cosa.” Pero claro, a ver con qué cara me presentaba yo a contarles que cómo se les ocurre potenciar este libro tan sinsustancia.

4. Ayer 15 de abril, día en que mi hijo cumplía dieciséis meses, nos acercamos a la biblioteca para que la bruja Beatriz Sanjuan le leyera cuentos. Aprovecho para ir suavizando el golpe y le comento que, sintiéndolo mucho, no me queda más remedio que ponerle un insuficiente al libro y que vuelva en setiembre. Y entonces Beatriz me pregunta si lo he probado con mi baby. Ni se me había ocurrido: es demasiado largo para él. Obviamente, no sé yo lo que va a entender.

Y dale. Notazas que saqué en historia de la crítica literaria y sigo sin interiorizar el goce sin comprensión que ofrece el arte. Amigos: a las diez de la noche la reseña era otra. Lo que voy a escribir es, más o menos, lo que mi niño me contó de Pablo Pájaro.

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“Mamá, qué libro más precioso tienes esta noche. ¿Tú le has visto los colores? Con la edad que tengo, nada más enfocar la primera página, le planto un beso directamente a Pablo, que cree que es un pájaro, y al que distingo perfectamente dormido en el árbol, porque él es blanco entre tanto naranja. Y cuando tú finges despertarte porque Pablo se despierta, me identifico con lo que pasa cada mañana para ir a la escuela. Qué gracia tiene eso de estirar las alas, y moverlas frenéticamente… No sé si me haces más gracia tú o el dibujo. Y hasta aquí mi concentración. Voy a llevarle el libro a papá porque esto no debería perdérselo.

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Cuando los colores vuelven a cambiar, al azul que es de interiores, me vuelve a despertar la concentración. Qué curioso el bicho ese grande que persigue a Pablo… Aunque antes de terminar ya me centro en otras cuestiones, vuelvo a escuchar cuando aparece la mamá, porque vuelve a cambiar el color y porque esa señora que pone en su sitio al gato y salva a Pablo in extremis es una mamá fijo. Y entonces Pablo se convierte en un gato. Clarísimo. Vuelvo a llevarle el libro a papá porque esto se lo ha perdido.  Y ahora ponme a la teta, que tengo que dormirme pero no pienso soltar el libro.”

Yo creo de verdad que él sabía que tenía la intención de ponerlo tibio y que no iba a consentirlo. Y es que no tiene que pagar el libro mi desconocimiento de la literatura para niños muy pequeños. Me doy cuenta de que asocio la literatura para ellos con historias muy simples, sin el grado de abstracción de éste, con dibujos muy delimitados y colores chillones, sin la calidez de los que acompañan a Pablo Pájaro. Pensaba que sabía que los niños podían apreciar la belleza desde el principio. Y probablemente lo sabía, pero no me lo creía hasta que mi hijo me ha dejado claro que a él, personalmente, Pablo Pájaro le ha encantado.

Lorena V.

Pablo Pájaro. Alé Mercado.  Colección Isla Flotante.  Editorial Thule.