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ERIK VOGLER Y LOS CRÍMENES DEL REY BLANCO

Erik Vogler

Erik Vogler y los crímenes del  rey blanco

Beatriz  Osés. Iban  Barrenetxea (ilustrador)

Edebé, ,  2014

Si alguien me preguntase “¿de qué trata este libro?” es cierto que necesitaría un par de segundos antes de contestar, porque la respuesta no es tan sencilla como pueda parecer.

Como suele ser habitual, justo al inicio se nos presenta al protagonista, Erik, un adolescente de 15 años poco común: es ordenado, tiene aficiones sofisticadas, le encanta el control y los espacios pulcros, es aficionado a las marcas de ropa y complementos caros (con acertadas e imaginativas resonancias italianas, francesas e inglesas). Y además sabemos que no tiene amigos y que vive con su padre, Frank (no figura apenas). Muy pronto aparecerá su abuela paterna, Berta, antítesis de su nieto.  Aunque coinciden en el gusto por la cultura, su abuela es dejada en cuanto a su imagen personal (su pelo alborotado casi es un personaje más) y tan poco amiga de la limpieza como su nieto de las pelusas bajo la cama.

Lo cotidiano predomina en los primeros capítulos hasta que, de pronto, nos asomamos a lo paranormal al mismo tiempo que lo hace Erik. Todo cambia pese a que los escenarios son realistas. La  trama transcurre en Alemania entre Bremen, en donde viven Erik y su padre, y Grasberg, localidad de la abuela. Allí conocerá al otro vértice de este triángulo, Albert Zimmer, vecino de su abuela del que no se fía ni un pelo y mucho menos después de fijarse en los afilados colmillos que tanto lo desconciertan y que tantas satisfacciones darán a los lectores.

Erik se verá inmerso en un misterio y unos crímenes aún sin resolver. Si de algo está seguro es de que el mundo paranormal le pide ayuda para llegar a la verdad. Y otra cosa que nos quedará muy clara es que Erik nunca llegará a ser un héroe al uso pero sí resulta un chico muy concienzudo al que no le gusta dejar las cosas a medias.

Los principales aciertos del libro, tal como lo percibo, son entre otros: la propia estructura, veintisiete capítulos de dos páginas o tres de media que ofrecen a  jóvenes lectores la sensación de avanzar, de leer mucho; el vocabulario que emplea es lo suficientemente asumible por parte de lectores aún noveles y, por otro lado, ofrece usos más escogidos que, sin darse cuenta, los puede ir familiarizando o preparando para otro tipo de lecturas; otro aspecto destacable es el tempo, la feliz idea de la autora de dosificar las sorpresas mientras nos encaminamos a un desenlace que va de un andante a un molto vivace  y que ocupa los últimos diez capítulos, aproximadamente. Esta es la verdadera arma secreta del libro, ese final a prueba de timbres de aula, de mochilas sin cerrar, de cambios de clase. Ese final que los deja sentados en las sillas y evapora el resto del mundo. Un final tan apoteósico que cuando entró el conserje a dar un recado y se abrió la puerta, más de uno y de dos botaron en el asiento. Y, además, la abuela, que en la parte del desenlace les encanta y los tranquiliza en la misma medida en que, al principio, les rompía los esquemas porque no cocinaba bien ni le gustaba limpiar.

Quizá sea esa la razón del especial cariño que manifiesto hacia el libro, el haber podido disfrutar junto a los alumnos del placer de la lectura sin grandes pretensiones: leer y vivir momentos especiales, compartir el poder del libro pese a todo. Por eso lo recomendaría para lectores que pueden ir desde 6º de Primaria, 1º de la ESO, principalmente y también 2º, según los propios gustos. En nuestro centro lo tenemos de lectura obligatoria en 1º de ESO porque aún no hemos encontrado el caso de alguien a quien no le guste. Es muy cómodo para trabajar en la lectura de aula y luego ofrece muchas más posibilidades, ya que disponemos de otros cinco volúmenes publicados, sirviendo de estímulo para la lectura voluntaria. De entre ellos destacaría los volúmenes 4, 5 y 6. La trama se va entretejiendo y cabos sueltos de otras aventuras cobran pleno sentido en el último libro, además de contemplar los efectos de un Erik enamorado en el volumen 4. Por otra parte, se percibe cómo la autora ha ido creciendo junto a sus personajes y cada vez va a más, hay más guiños, se forja un pasado compartido, incluso por medio del humor, tan presente a lo largo de las historias.

Para finalizar, quería referirme a la experiencia que vivimos en el centro en marzo de 2017, cuando Beatriz Osés nos visitó en compañía de su marido Pedro (colabora durante la charla poniendo música en directo con un teclado y un banjo) y su hija Noelia, puro desparpajo e inteligencia con cinco años. Beatriz, que además es profesora de Lengua en Secundaria, sabe lo que hace, sabe a quién tiene delante y ofrece un encuentro muy planificado aunque permite también lo espontáneo a través de las preguntas de los estudiantes. A simple vista no se muestra especialmente sonriente, lo que no impide que el encuentro transcurra con buen clima y sobre todo, no impide que decenas de estudiantes le soliciten la firma del ejemplar que pacientemente les dedica. El efecto es inmediato. Durante las guardias de los recreos, desfilan los ejemplares de Erik como las tapas en una feria del pulpo. Erik está consolidado y el caso es que cuando les preguntamos si les resulta simpático, ninguno lo admite, ahora bien, que nadie le toque ni un pelo engominado.

Olga Orviz

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RESEÑAS INTERRUMPIDAS

Foto Reseña Laura F

Willy el tímido

Anthony Browne

Traducción de Carmen Esteva

Fondo de Cultura Económica

Colección Los especiales a la orilla del viento, México 1991

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Camina dos pasos por detrás. Llegamos tarde. ¡Date prisa! Una farola se le acerca peligrosamente. ¡PUM! Un choque fingido. Me apresuro a preguntarle:

-¿No has visto la farola? -Se ríe dejando caer los brazos.

-¡Ay, perdón!… como Willy. -Vuelve a reírse. Yo también.

Este regreso a Willy el tímido confirma el calado de este álbum en Mateo, mi hijo de 4 años.

Será por la fuerza estética de sus ilustraciones, quizá el punto más fuerte de Anthony Browne, tan necesarias para una comprensión completa del texto: imágenes cargadas de contrastes de color, luz y formato, con detalles sutiles solo perceptibles en las sucesivas relecturas. Por ejemplo, su cambio de la corbata por la pajarita en su nuevo yo.

Será por lo fácil que resulta identificarse con un personaje principal tan humanizado, presentado ya en la portada del libro, que nos lleva a nuestras zonas más vulnerables, y todo ello sin palabras que lo describan físicamente, aportando toda la información a través de su ilustración tan precisa y expresiva. Willy, con su dilema, es el eje principal de este libro, con un elenco escaso de personajes muy polarizados, buenos y malos.

Será por un argumento explícito, más en lo ilustrado que en lo escrito, que presenta a un chimpancé tímido  y vulnerable en un mundo de gorilas, hasta que a sus manos llega algo que promete ser la solución para convertirse en quien desearía ser. Sólo su final lleva un mensaje implícito, aunque fácil de descifrar. No tan evidentes resultan las parodias que encontramos acerca de la masculinidad, el culto al cuerpo y la figura del héroe, así como guiños constantes a la tira cómica, tan del agrado de Browne.

O será quizá la conexión afectiva que se establece entre Mateo y Willy, experimentando como propios los estados de ánimo del chimpancé, situándolo en una incomodidad que le lleva a interrumpir la lectura e incluso rechazarla:

– Mamá, Willy me agobia. Sobre todo sus músculos.

9788417059347

Irene la valiente

William Steig

Traducción de Jorge de Cascante

Blackie Books, 2018

De nuevo otro rechazo. Esta vez es la escena en la que el viento arranca de las manos la caja en la que Irene, la valiente, lleva el vestido a la duquesa. No es hasta varios días después que el propio Mateo decide llegar al final de la historia.

William Steig nos narra la historia de una niña que en un acto de coraje decide atravesar una tormenta de viento y nieve para llegar al palacio en el que la duquesa espera el vestido confeccionado por su madre. Ésta enferma tras terminarlo e Irene, otorgando valor al trabajo de su madre, entrará en una pugna con el viento que se resolverá en un final feliz, propio de los libros de Steig, pues como él mismo afirma, “las historias para niños deben tener un final optimista”. Recrea muy vívidamente tres ambientes: el calor del hogar en todas sus dimensiones; la crudeza del camino, lleno de adversidades; y la reconfortante opulencia del palacio. Y en estos ambientes se desarrollan las personalidades de las figuras principales: una madre cariñosa, una Irene tenaz en su empeño de enfrentarse a los elementos por unos valores morales que nos hacen querer parecernos a ella y una duquesa magnánima, capaz de recompensar el esfuerzo de madre e hija.

Los escenarios son descritos gráficamente con ilustraciones sencillas pero poderosas, con predominio de colores cálidos en casa y palacio, y fríos y oscuros en el duro camino. Sólo Irene porta vivos colores en consonancia con su demostrada vitalidad.

Para Mateo el momento en el que aparece de nuevo el vestido sobre un árbol fue el más reconfortante, rebajando la ansiedad de un camino que también para él ha sido difícil recorrer.

9788417059224

 

Tristán encoge

Florence Parry Heide

Ilustraciones de Edward Gorey

Traducción de Manuel Broncano

Blackie Books, Barcelona, 2017

Pero sin duda el mayor rechazo lo creó Tristán encoge. Plenamente identificado con su protagonista, fue incapaz de escucharlo más allá de la segunda página. Sólo una invitación a descubrir si finalmente Tristán volvería a su estatura original fue capaz de hacer que la lectura llegase a su final, escuchando desde una cierta distancia, más de dos semanas después de empezarlo por primera vez.

Tristán es un personaje que nos habla desde un punto de vista infantil. Aunque narrado en tercera persona, la abundancia de diálogo pone de manifiesto el mundo de los adultos a ojos de un niño que se siente cada vez más y más pequeño. Esto hace muy fácil que quien recibe la historia se identifique con la perspectiva de los “bajitos”. Una atmósfera angustiosa, en gran parte a causa de las ilustraciones de Edward Gorey, sobrias, monocromáticas y con un formato que se mantiene idéntico a lo largo de todo el libro. Llenas de detalles que recrean un ambiente pasado para una historia que, pese a contar con ya casi medio siglo, sigue siendo plenamente vigente hoy día.

Invita a la reflexión con un estilo narrativo muy basado en el diálogo, en el que los personajes se definen a sí mismos por lo que expresan, y con un narrador en tercera persona más bien neutral. Destaca la actitud de Tristán ante la indiferencia o desaprobación de los adultos, que asume con naturalidad y resiliencia sin por ello dejar de lado sus actividades o su natural curiosidad infantil por cosas sencillas, como las cajas de cereales, que paradójicamente, será lo que acabe revirtiendo su progresivo encogimiento y dotándolo después de la capacidad para hacerlo o deshacerlo a voluntad

– “Bueno, tampoco quiero crecer demasiado”, pensó-.

Termina con una escena que tanto se puede calificar de pesimista como todo lo contrario, al ser los adultos los receptores de la crítica y Tristán quien encarna la esperanza, incluso por medio del color.

Tres historias interrumpidas en el mismo mes. Probablemente en relación con un momento vital propicio para identificarse con sus protagonistas, todas ellas poderosas en sus mensajes y recreaciones de una realidad incómoda.

Willy el tímido fue el libro que más cartas de lectores le proporcionó a Anthony Browne, sin estar siquiera entre sus favoritos.

Irene, la valiente fue reconocido como Libro mejor ilustrado del año por The New York Times.

Tristán encoge, aparecido en 1971 y traducido al castellano en 1982 por la editorial Alfaguara, está considerado como uno de los más memorables relatos escritos por Florence Parry Heide.

Mateo está considerado el mejor lector infantil de su casa. Lo ha demostrado comprendiendo perfectamente el alcance de las historias presentadas, con gran riqueza de matices, y respondiendo ante ello de forma acorde a su personalidad y circunstancias.

Laura F. (Especialmente agradecida a Lara Meana por sus sugerencias en la elaboración de esta reseña)

 

 

 

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YO VOY CONMIGO

Yo voy conmigo

Yo voy conmigo

Raquel Díaz Reguera

Colección Trampantojo – Editorial Thule

Como todos los miércoles a primera hora, en el Centro de Atención a la Integración de AFESA, me siento y abro un libro.

Llevamos pocas sesiones, pero la audiencia ya está acostumbrada a ese primer momento. Son aproximadamente una docena. Todos están ahí por tener algo en común: un problema de salud mental. Alguien pregunta por dónde voy a salir hoy: si traigo un montón para que escojan, si vamos a leer un libro sin texto, si voy a volver a la carga con algo oscuro que “revuelva” cosas.

Pero hoy trabajamos con un álbum de Raquel Díaz Reguera que nos ha dibujado una protagonista que nos impacta nada más verla. La ilustración está llena de detalles, es viva y desenfadada. Esa niña no nos deja saber su nombre, tenemos que ponerle uno:¿Sonia? ¿Evarista? ¿Golondrina? ¿Sindulfa?

Lo que sí sabemos es que le gusta Martín. Y solo eso ya nos hace sonreír. Ella quiere que Martín la mire, y lo busca. Y así deja que los demás le aconsejen que vaya cambiando cosas.

En cada imagen buscamos diferencias y vamos esperando que Martín, por fin, nos mire.

Es difícil no pararnos a reflexionar sobre los pájaros que tiene en la cabeza. En esta habitación se juntan muchos pájaros, de muchos tamaños y colores (“Y alguno, nena, despeluchao”). Nos paramos a verlos volar y valoramos qué pasa cuando vamos quedándonos sin ellos.

Tenemos la suerte de que justo hoy, Carlos, que es tan puntual, llega tarde. Así que, solo para que no se pierda nada, leemos el libro de nuevo. Volvemos a viajar por la historia de esa niña que, además de amor por Martín, tiene alas.

¿Tenemos alas nosotros? ¿Las alas son libertad, son nuestra frescura, son nuestra alma? ¿Podemos volar sin alas, con alas rotas? ¿Todas las alas tienen plumas?

No sabemos cómo se llama, pero la pequeña protagonista nos da una lección. Nos habla de los cambios, de sus consecuencias. Nos hace preguntarnos hasta qué punto deberíamos cambiar por los demás.

Surge la referencia de un cuento de Jorge Bucay, “Solo por amor” (del libro Cuentos para pensar, 2012), que también leemos. Las dos historias se parecen en algo y también se diferencian en mucho, y perdemos un ratito en hablar de esas diferencias.

Y al final, todos juntos, valoramos todo aquello que tenemos y no podemos cambiar.

De la misma manera que no sabemos de qué color tenemos los ojos sin mirarnos en un espejo, acudimos a la mirada de los demás para que nos ayuden a buscar esas cosas que no debemos perder, nuestros ingredientes secretos: la alegría de uno, los silencios de otro, el estilo de una, la sonrisa de otra, la experiencia del más veterano, y el “TODO” rotundo del más seguro. Hay cosas que sabemos que no deben tocarse, por mucho que nos guste Martín.

Y sí, nos vamos reconfortados, con una sonrisa. Porque es muy importante que, de la mano de un buen libro, alguien nos recuerde que debemos pararnos  y decirnos  a nosotros mismos, de vez en cuando:  “Yo voy conmigo”.

Eva

 

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YO, MING

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Yo, Ming

 Clotilde Bernos

Nathalie  Novi

Kókinos, 2006

“Podría haber nacido Reina de Inglaterra, tener hermosos sombreros y viajar en carroza tirada por dieciocho caballos. Saludaría a las gentes con un leve gesto de mano y sonreiría al ver los angelitos medio dormidos adornando la tarta de manzana que me servirían con el té”.

 

Esta es la forma en la que comienza  Yo, Ming. Alguien, una voz, nos está contando lo que pudo haber sido y no fue: nacer como Reina de Inglaterra. Este ejercicio de fabulación se repetirá en seis ocasiones más, es decir, desfilarán un total de siete personajes variopintos: un cocodrilo, un emir, una bruja…. Y detrás, una voz que sigue fantaseando sobre quién pudo haber sido pero que no nos permite conocer la auténtica identidad asociada a ella. El planteamiento logra generar una gran expectación en el lector, ya que somos conscientes en todo momento de que la verdadera historia no ha empezado, que estamos en un original aledaño. Tras un resumen recordatorio en el que vuelven a  desfilar los personajes enumerados por el último de ellos, por fin, se produce el momento esperado: “Pero heme aquí, soy Ming. Y nadie más”. Pura concisión y pura fuerza envueltas en una de las láminas más logradas de Nathalie Novi. Un paisaje oriental a doble página con una capacidad evocadora indiscutible. Ya conocemos quién es la voz del inicio. De forma sencilla nos irá contando dónde vive, a qué se dedica y cómo pasa su día a día. Otro gran acierto de la historia vuelve a estar relacionado con la concisión, con una concisión poética: “Así es nuestra vida. Cada día. Tan solo cambia el color de los arrozales y el aroma de las cajas de té”.  Y cuando parece que ya está todo contado y resuelto, que la finalidad era conocer a Ming y su vida, de nuevo, otro golpe de efecto  se cuela cuando no te lo esperabas y Ming se sincera totalmente con nosotros permitiéndonos conocer cómo enfoca él la vida. No solo lo que hace y cómo vive, sino cómo entiende la vida. Y así en la penúltima página muestra cuán afortunado se siente a través  de  la emoción que causa en los personajes del inicio. Para finalizar, comparte con nosotros la verdadera fuente de su felicidad.

Yo, Ming llegó a mí a partir de una confesión de Javier Sobrino, quien nos comentó a los quince asistentes de un encuentro que aquel era el álbum ilustrado que le habría gustado escribir. Teniendo en cuenta quién manifestaba tal deseo, logró que nos muriéramos de ganas por conocerlo. Nos lo leyó en un instante de los que desearías congelar por tiempo indefinido y entendimos a la perfección el motivo de su admiración. Eso sí, nos confesó que logró que Novi le ilustrase un álbum suyo.

Es, sin duda, la otra gran apuesta de la editorial: contar con alguien como Nathalie Novi, quien logra un trabajo muy expresivo y colorista a base de témperas  y acuarelas. A lo largo de toda la historia y cuando arribamos a China, nos sumerge en diversos rojos, rosas y naranjas que lo tiñen de esa estética oriental tan característica, creando unas láminas delicadas y vitalistas.

Yo, Ming es un álbum que invita a imaginar cómo podría haber sido tu vida, a reflexionar  sobre el azar del mundo y, posiblemente, te recuerda que la felicidad no hay que buscarla necesariamente en las coronas, ni en las bicicletas de oro… Al menos eso es lo que tiene muy claro Ming.

Tanto me gustó la historia que quise compartirla con mis alumnos y la llevé a tres niveles, calando principalmente en 2º ESO A. Estas son algunas opiniones sobre Yo, Ming y acerca de si les habría gustado ser otra persona distinta:

“Creo que es absurdo desear haber sido otra persona. Teniendo la posibilidad de ser como tú quieras y el tiempo que pierdes deseando ser otra persona, podrías invertirlo en buscar tu potencial y en mejorarte a ti mismo”. Ana V.

“Ming disfruta de ser él, valora lo que tiene, saca lo mejor de ello con cosas simples como su nieta y es muy feliz.

“No me habría gustado ser alguien distinto, no creo que sea una buena idea pasarme la vida intentando ser algo que no soy cuando nunca voy a poder cambiarlo. En vez de intentar ser otra persona, intento cambiar algunas cosas para ser más feliz”. Salma P.

“No me habría gustado ser alguien diferente porque me gusta como soy y creo que con esfuerzo puedes ser lo que quieras.

Creo que es un buen libro y hace que reflexiones bastante, ya que todos podemos nacer siendo cualquier cosa pero tenemos que ser felices como somos”. Helen R.

“Ming está contento porque él es como es, tiene una familia y trabajo, es lo que todo el mundo quiere tener.

No me habría gustado ser alguien diferente, me gusta quien soy. Tengo familia y puedo estudiar para sacar una carrera y mis padres tienen trabajo, así que no me gustaría ser otra persona”. Llara M.

Olga Orviz

 

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SIETE PLANTAS

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Siete plantas

Dino Buzzati

Ilustraciones de Juan Berrio

Nórdica Libros

Entré en la clase de 2º de Bachillerato un jueves a última hora. Posé el maletín sobre la mesa, cogí una tiza y escribí en la pizarra:

“La literatura en los colegios debería ser un paréntesis dentro de la actividad diaria, una hora de sosiego en la que el alumno escucha, piensa en sus cosas o se duerme mientras el maestro lee en voz alta libros que no tienen por qué seguir el disparatado orden del canon escolar.” (Daniel Pennac)

Lo había pensado bien. El día anterior había devorado el libro Siete plantas, de Dino Buzzati y me había impresionado muchísimo. Supongo que porque soy una gran hipocondríaca… La historia de Giuseppe Corte, un hombre que ingresa en un sanatorio aquejado de una dolencia sin importancia y que poco a poco, y sobre todo por una serie de malentendidos, va descendiendo de planta desde la séptima hasta la primera, en la que se encuentran los enfermos terminales, me había desasosegado terriblemente.

Sabía que quería compartirlo con mis alumnos.

Calculé el tiempo de lectura: casi cincuenta minutos, justo una hora de clase.

Tenía que prepararme bien. Por una parte, la voz ¿Era capaz de leer en voz alta durante casi una hora sin que fallara? Sí, creía que sí. Había otro asunto importante. ¿Sería capaz de leer sin importarme lo que mis alumnos estuvieran haciendo, sin exigir que me prestaran atención? Era una de las condiciones de la actividad, pero no estaba muy segura de poder aguantarlo…

El caso es que me senté en la silla, sobre la tarima, y dije que eso es lo que íbamos a hacer: yo iba a leer y ellos podían hacer lo que quisieran. En completo silencio, eso sí. No se lo podían creer, aunque algún valiente dijo: “pues espera un minuto que saquemos cosas de la mochila, que mañana hay examen de Física y Química”.

Empecé a leer: “Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica…”

Cuando el protagonista había bajado una o dos plantas, no lo recuerdo, eché una mirada al aula: tres o cuatro estaban, efectivamente, estudiando. Ester, claro, dibujaba; la mayoría simulaban escucharme, pero se notaba a la legua que no: Diego se había recostado sobre la mesa, tapando la cabeza con los brazos; sólo Alicia y Claudia, desde la primera fila, me miraban atentamente.

Continué: “El único, aunque pobre, consuelo de Giuseppe Corte, una vez que se encontró en la planta quinta, fue saber que según juicio unánime de médicos, enfermeras y pacientes, era en aquella sección el menos grave de todos…”

Los minutos pasaban. Yo los miraba de reojo y veía de vez en cuando que una cabeza se levantaba o que alguien fruncía el ceño. En la tercera planta, me interrumpió un momento un pequeño ronquido. Todos miramos hacia Diego, que se había quedado dormido, y alguno hizo un gesto de “ya verás ahora la que se va a armar…”  Pero yo seguí.

“A mí me han mandado que lo lleve a la primera, mire aquí…”

Quedaban sólo tres páginas y unos cinco minutos. Alguno empezaba a recoger sus cosas pero me habían hecho caso: ni un sólo ruido.

Leí el último párrafo muy despacio, intentando que sintieran la angustia del protagonista, que vivieran lo que yo había vivido el día anterior: “Volvió la cabeza al otro lado y vio que las persianas mecánicas, obedeciendo a algún misterioso mando, bajaban lentamente, cerrando el paso de la luz”.

Cerré el libro. Los miré durante unos segundos y en ese momento sonó el timbre. Fin de la clase. Ni una palabra. Despertamos a Diego que se asustó un poco al ver que estaba en el aula y todos fueron saliendo.

Alicia y Claudia lo hicieron las últimas, con la cara casi desencajada. Al llegar a la puerta, Claudia se volvió y me dijo: “Pero profe, no hay derecho a esto. ¿Cómo voy a comer yo ahora?¿Cómo estudio yo ahora por la tarde? ¿Cómo sigo yo a partir de ahora con mi vida normal?”

Yo me encogí de hombros y sonreí. No contesté.

Simplemente pensé: “Ha merecido la pena”.

Emma Cabal.

 

 

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NO HAY NADA QUE LEER

Código de Circulación 1

El código de circulación.

Mario Ramos.

Traducción de Rafael Ros

Corimbo. Barcelona, 2010.

Son las 19:55 y sólo me quedan 5 minutos antes de cerrar la librería y dar paso al fin de semana. Puedo decir que hasta el momento ha sido una tarde tranquila, casi aburrida, sin clientes cuyas preguntas hayan supuesto grandes retos literarios. Hasta el momento.

Suena el “clank” de la puerta al abrirse. Mis emociones se debaten. Por un lado, el cómodo tedio no quiere intrusos, así que me invita a pensar que quizá sólo es el viento, que hoy sopla fuerte fuera. Seguro que es quien viene a importunar. Por otro lado, la chispa intelectual se despierta, deseando que sea alguien que traiga esa duda que despierte los sentidos y ponga a prueba los reflejos.

Una chica de unos treinta y tantos se acerca al mostrador, con su pelo víctima del viento y cara de última hora.

– Buenas tardes. ¿Todavía me atiendes si te pido un libro?

(Punto para la chispa intelectual).

-Por supuesto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mira, tengo un niño de 6 años que está empezando a leer. Quería algo para que se fuese arrancando.

(En realidad lleva arrancándose desde que nació).

Aunque no es una petición infrecuente, esta vez decido dar una vuelta de tuerca más a la respuesta. Al fin y al cabo, un reto intelectual no se debería salvar por la vía fácil.

-A ver qué te parece éste.

Sin mediar palabra acerca del libro, le tiendo “El Código de Circulación”, de Mario Ramos, abierto por la primera página como invitación ineludible.

Su primera expresión es de satisfacción. Parece que va a resolver la papeleta más rápido de lo que esperaba. Pero a medida que pasa las páginas se va borrando su sonrisa y su cara de alivio, en favor de un ceño fruncido que traduce su incredulidad.

Sin siquiera terminar de pasar sus cuarenta páginas, denuncia:

-¡Pero si no tiene letra! – como si algún duendecillo fuera el responsable de haber robado el texto sin que yo lo supiera-. ¿Y cómo se supone que va a iniciarse en la lectura si no tiene nada que leer?

-Vale, reconozco que te lo mostré con la intención de llamar tu atención con respecto a esto. Pero en realidad, ¿no es cierto que, igual que leemos las señales en la carretera y con ello desciframos un mensaje, podemos leer las imágenes de este álbum ilustrado descubriendo así su historia?

-Bueno, visto de esa manera…

-No sólo eso. La mecánica de la lectura es algo sobrevalorado. Hoy día hay mucha presión para romper a leer. Nos debería importar la lectura interiorizada. En palabras de Graciela Montes1 “leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos realidad”.

-¿Y no resultará pobre este libro por tener sólo imágenes?

-Al contrario. Las ilustraciones en acuarela, tinta y lápices de Mario Ramos son ricas en matices y dejan ver tantas historias como quieras imaginar. Eso sí, requiere que quienes lo lean intervengan activamente. De lo contrario, se quedaría cojo.

-¿Y qué ves mejor, que se lo cuente yo o que lo lea él sólo?

-Voy a contarte lo que ocurrió cuando se lo leí a mi hijo. Tiene 5 años y, como el tuyo, lleva 5 años iniciándose en la lectura. La primera vez que lo abrimos, no sabía cómo empezar a contárselo. Así que, sin pensárselo dos veces, empezó él. La sensación fue extraña, pues por primera vez caí en la cuenta de que, frente a un álbum ilustrado sin palabras como éste, estábamos en igualdad de condiciones. Es más, su imaginación y su falta de cohibición adulta le daban ventaja. Su lógica visual era suficiente para ir descifrando la historia central, en la que Caperucita va atravesando el bosque camino de la casa de su abuela, cruzándose con personajes de la talla de Los tres osos, Pulgarcito o el mismísimo lobo feroz (no tan feroz aquí, como es habitual en la obra de Mario Ramos, donde los villanos suelen presentarse como bastante ridículos). Todos ellos en un contexto ajeno a sus obras de origen. También muchas otras historias se vislumbran en los márgenes del camino. Además, de forma muy original, cada uno de ellos viene precedido y presentado por una señal de tráfico con su silueta, invitando a adivinar escenas en ocasiones contrarias a las que nos expondrán en la doble página siguiente.

-¿Así que fue él quien te lo contó a ti?

-Así es. O más bien, así empezó. Y disfruté mucho de esa sensación. Pronto él me exigió que fuera yo quien inventase historias disparatadas, divertidas. Sin duda lo que más le gustaba era descubrir una nueva versión con cada relectura. Además, el hecho de conocer a muchos de los personajes que aparecen, provenientes de las fábulas de La Fontaine y de cuentos clásicos, dio una perspectiva más familiar a este álbum. A su vez, la obra se infiltró en esos mismos cuentos clásicos, con comentarios de vuelta al Código de Circulación desde las historias que protagonizan los personajes del libro. Así me sorprendí a mí misma interpretando a los tres cerditos como adolescentes traviesos; dando la vuelta al cazador que escapa de su presa; con Pulgarcito animando a Caperucita al uso del casco (un tanto que se anota la educación vial, pues enseguida mi hijo criticaba la falta de protección en todos los personajes que van sobre ruedas), o la mamá de Caperucita ofreciendo a voces el pañuelo a su hija por ese constipado que tiene…

-¿Y cómo dices que se llama el autor? ¿O debería decir ilustrador?

-Mario Ramos. Belga de nacimiento, de madre belga y padre portugués. Muy conocido y valorado especialmente en Francia y Bélgica (tiene su propio día nacional en estos países, el 7 de noviembre). Me alegra que lo plantees como ilustrador. Aunque el dibujo fue una constante en su vida, tanto a nivel profesional como personal y emocional, él siempre se consideró un narrador. Le gustaba tratar temas serios, de gran peso, de forma que llegaran a los niños. Para ello, utilizó personajes animales que distanciasen al lector infantil de temas opresivos sin perder la esencia de los mismos. Como hilo conductor y filosofía de vida, aportaba el humor que, tamizado sobre toda su obra, le dio ese estilo personal que es tan reconocible en su trabajo. Malvados ridiculizados y vencidos con la imaginación o la igualdad entre poderosos y los que no lo son tanto, son distintivos de Mario Ramos. Quizá este afán por contar provenga de sus dificultades para comunicarse en la infancia. Algunos libros le ayudaron a superarlas y a través de sus álbumes ilustrados quiso brindar la misma herramienta a otros niños.

Para Mario Ramos un libro sólo existe cuando el lector lo lee. Te invito a que leas este libro a tu hijo. Con tu hijo. O que dejes que tu hijo te lo lea a ti.

-Sin duda me has convencido. Y no sólo voy a llevar este álbum ilustrado sin texto, sino que además voy a empezar a valorar mucho más lo que no está literalmente escrito. También cada ilustración. Y aún más: lo que ni siquiera se muestra.

-Me alegro mucho. Lo envuelvo para regalo, ¿verdad?

-Sí, por favor

-¿Qué nombre pongo?

El nombre ahoga mi respuesta. Lo envuelvo con un cariño especial. Es lo menos que puedo hacer en homenaje a este gran autor que nos dejó antes de tiempo tras haberse demostrado como una persona esencialmente tierna, honrada y capaz de recurrir al humor como la cortesía de la desesperación.

De la misma manera que esta reseña verá la luz gracias a Bosque de Lecturas, me gustaría agradecer a las personas que forman parte de este magnífico proyecto su pasión, dedicación personal y cariño . Gracias por invitarme a este magnífico viaje, el viaje de la lectura.

Laura F.

Citas:  Montes, Graciela (1999). La frontera indómita. México: Fondo de Cultura Económica.

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QUERIDA TÍA AGATHA

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Querida tía Agatha

Beatriz Martín Vidal

Editorial Thule, 2017

“Louise, Emma y Alice tienen que pasar la primavera solas en casa. Aprenderán a asumir responsabilidades, resolver problemas y enfrentarse a situaciones inesperadas.”

Esta es la sinopsis que figura en la contraportada del libro. Es breve y sobre todo no desvela absolutamente nada de lo que luego nos vamos a encontrar.

El álbum, aparentemente, se basa en una carta que nos cuenta una historia. Pero, por otra parte, está la información que nos llega a través de las ilustraciones. Y no es la misma.

Beatriz Martín Vidal, probablemente se esté acercado al punto álgido de su carrera. Era conocida por sus deslumbrantes y elaboradas ilustraciones pero ya en Enigmas dio el salto a la escritura. Aquí continúa esta doble faceta de escritora e ilustradora. El resultado es prodigioso. Para aquellos que aún no conozcan a esta artista, solo les puedo sugerir que abran uno de sus libros. Y lo mejor es que ha afianzado un estilo propio. Resulta imposible confundirla con cualquier otro ilustrador.

Al igual que sucede con los grandes, Beatriz consigue que el texto y las imágenes se complementen e, incluso, que  se contradigan. No hay nada más sugerente y divertido que comprobar cómo lo que se nos cuenta no es exactamente lo mismo que estábamos imaginando. Basta con fijarnos en las láminas para entrar en otra dimensión. Aquí, las ilustraciones le dan la vuelta al texto escrito.

Siendo consciente de semejantes posibilidades, decidí llevarlo al aula, concretamente para los cursos de 1º C y 2ºA de la ESO.

Comencé mostrando con calma la portada y la contraportada, sugestionando a través de los dibujos hipnóticos de Beatriz. Y cuando el clima ya era el adecuado, continué leyendo el texto de cada página, sin mostrarles nada más para, a continuación, abrir el libro de golpe y ofrecer en todo su esplendor esa otra historia contada en imágenes. Así cada dos páginas. El álbum acabó entusiasmando y fascinando. Prueba de ello son las siguientes opiniones, cuajadas de  frescura, emitidas justo después de compartir ese momento con todos. Algunas de ellas van dirigidas directamente a la autora:

“De verdad que me gustó mucho cuando Alice estornudó y salieron todas las flores disparadas. El dibujo está muy bien y explica bien lo que tú nos quieres expresar en las hojas”. Carla N.

“El hecho que más me impactó fue el que Alice pudiera flotar. La imagen que más me gustó fue en la que aparecen las tres hermanas y la cola de la ballena en el estanque. La imagen que más “miedo” me dio fue la segunda, en la que aparecen las tres.” Lucía T.

“Me gusta mucho cómo el texto nos dice una cosa y, si te paras a observar las ilustraciones, puedes sustraer información totalmente contradictoria y distinta.” Ana V.

“La lámina que más me impactó fue en la cual se observa una especie de ballena en el estanque. Porque prácticamente no entra”. Rafa B.

“Lo que más me impacta es que Alice flote”. Marco

“Me parece interesante cómo se refleja el texto en las ilustraciones, ya que puedes sacar diferentes conclusiones. ¿Tú te ves reflejada en tus dibujos?” Salma P.

“ La imagen que más me impactó fue el cambio de peinado de Alice”. Yanira F.

“La parte que más me impactó fue el atasco en el estanque”. Naiara C.

“Lo que más me impacta es la calidad de la ilustración y la normalidad de cómo trata los sucesos surrealistas en la carta”. Pedro V.

“Lo que más me impactó fueron las ilustraciones del libro, ya que había un gran cambio de la lectura a la ilustración. Iyán Acebal.

“Me gustan mucho los dibujos y la historia es misteriosa y chocante, da ganas de no dejar de leer. Es un libro bonito y los dibujos son fantásticos. ¿Cómo se te ocurrió la historia?” Helen Karolain R.

“La lámina que más me impresionó fue la de la ballena en el estanque. Porque no me lo esperaba para nada. “ Carla R.

“la lámina que más me gustó fue cuando Emma estaba concentrada en los estudios, y flota en la biblioteca”. Marina N.

“Lo que más me ha gustado del libro es la parte en la que encuentran una ballena en el estanque y cuando Alice empieza a flotar”. Naiara G.

“Me ha impresionado todo. ¡Me ha encantado! Lo único, ¿cómo se te ocurrió todo esto? Es que te da la vuelta a todo. No me lo imaginaba así. ¡Enhorabuena por este libro, bueno, peazo de libro!” Llara M.

 

Olga Orviz

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ESTO NO ES UNA RESEÑA SOBRE ZOOM

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ZOOM

ISTVAN BANYAI

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 2012

Nº de páginas: 62.

No, no pretendo hacer una reseña; primero, porque creo que no sabría, y segundo, porque el libro ya está reseñado por dos compañeras de nuestro anterior Grupo de Trabajo:

http://selecciondelecturas.blogspot.com.es/2009/02/zoom.html?spref=bl

Lo que sí quiero es contar un par de anécdotas y hacer una reflexión sobre la “utilidad” de los libros y sobre mi propio concepto de “lo que hay que hacer” con ellos en el aula. Por fortuna, voy cambiando y aprendiendo (que una nunca es mayor para eso) y ahora, por fin he abierto definitivamente los ojos. Creo.

Me encantan los álbumes ilustrados y me encanta llevarlos a clase; proponer, a partir de ellos, actividades de escritura o incluso de plástica; hacer exposiciones de murales y carteles, organizar concursos… no sé, cosas grandes, que se vean.

Zoom es un libro que me ha gustado siempre mucho, pero con el que siempre tuve la sensación de que no era “aprovechable”. Al menos a mí no se me ocurrían ideas para “trabajarlo”. Por eso siempre lo usé de “comodín”, para esos minutos incómodos cuando terminas de explicar un tema y aún no ha tocado el timbre… para alguna guardia, para algún alumno de los de inmersión lingüística que no conoce nuestro idioma.

Este año lo llevé a mi clase de 1º de ESO. Me senté en la mesa y todos se pusieron a mi alrededor, unos en el suelo, otros en sillas, otros de pie. Fui pasando las páginas y sonriendo con sus comentarios, sus caras de expectación. Siempre cuando uno enseña este libro hay algún avispado que va anunciando “es una revista”, “es un anuncio publicitario en un autobús”, “es un sello de correos”; y siempre los demás le gritan “¡calla!” y continúan mirando y sorprendiéndose a pesar del aviso.

A llegar a final, los miré a todos. Sin dejarles decir nada, propuse: “Ahora vamos a verlo al revés” y empezando por una minúscula partícula en un Universo negro, llegamos hasta la rojísima cresta del gallo.

Timbre. Fin de la clase. Mientras recogía, escuchaba lo que hablaban: “Qué pasada”, “qué chulo”, “a mí me gustaba el indio viendo la tele en el desierto”, “pues yo voy a decirle a mi madre que lo busque, que quiero verlo más veces”.

Se me acercó una niña, María, y me dijo: “Profe, a mí me gustó mucho más la segunda vez” “¿Por qué?” “Porque cuando lo vimos desde la primera página hasta la última, al terminar, me sentí mal, pequeñita, sentí que no era nada en un mundo tan enorme; pero al volver a verlo de la otra forma, me dije: jo, pues yo también puedo ser grande, a lo mejor soy importante”

Me fui un poco emocionada, lo reconozco, y así entré con mis alumnos de 2º de Bachillerato.

Como llevaba Zoom en el bolso, y como siempre empiezo con ellos las clases leyéndoles un cuento, un poema, o recomendando alguna lectura, lo saqué e hice con “los mayores” exactamente lo mismo que con los “pequeñajos”. Las caras de asombro fueron las mismas, los comentarios muy parecidos, un chico me lo pidió para mirarlo en casa con más calma, varios copiaron la referencia del autor y la editorial.

Me llamó la atención otro alumno, el delegado, que después de tomar nota en un papel lo guardó cuidadosamente en un portafolios en el que había ya varias páginas y una portada maravillosamente artística. Le pedí: “¿Me lo enseñas?”. Me dijo: “Claro, Emma, es que voy guardando todas estas cosas de los primeros minutos de clase”. Y allí estaban todas las fotocopias de los cuentos, de los poemas, las referencias de los libros, alguna fotografía de alguno de ellos. Unas veinte páginas.

En la portada ponía: “Para disfrutar”.

(Emma Cabal)

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DISCURSO DEL OSO

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Discurso del oso

Julio Cortázar

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Libros del Zorro Rojo

 

Cortázar adoraba las brújulas, las Magas, vagar por la ciudad. Quizá también tener otra alma, de color rojo (vida, intensidad, movimiento, latido). Ser un espíritu misterioso que de noche pululase por el interior de nuestros edificios limpiandolos de obstáculos.

Quién dijo que los humanos no somos como las construcciones que habitamos, llenas de caños, conductos, ruidos, humedades. Llámense poros, soledades, miedos. Quién dijo que las personas como las casas, de noche, en la vulnerabilidad, no somos eso: simplemente entidades solas, tiernas, ávidas, llenas de canalizos sucios, masas con toxicidades que el cuerpo elimina a través de llámese sueño, llámese pesadillas.

Quizá de noche, como en el cuento, un oso rojo que saca la nariz por una de las grietas de nuestra casa, viéndonos tan despojados, tan atascados, no solo se dedique a limpiar el interior de nuestros pisos, sino también la fontanería de nuestra alma. ¿Otro alter de Cortázar?

La noche y la soledad. El miedo. Es más fácil imaginar que un gran oso rojo, surgido de la vida, lamerá nuestras heridas, las ausencias, la falta del otro, que enfrentarnos a cierto vacío. Paisajes urbanos, rostros cansados, camas anchas.

Dice de nosotros: esos “seres tan torpes y grandes […] tan solos”.

Cuesta tan poco, según abrimos este cuento, sentirnos arropados, cubiertos, embriagados, por la idea de que un alma buena, esa que tras “lamer nuestra nariz se va, vagamente segura de haber hecho bien”, pueda habitar los caminos por donde tansitan nuestro miedos.

Cada niño debería tener un oso rojo, antes lo llamarían un ángel bueno (las referencias cambian pero no la esencia: es tan horrible para un niño el miedo nocturno que dormirse con la esperanza de un bonachón guardián oso rojo que mora el cemento y que acude a calmar ansiedades, caray, bien merece la creencia de su existencia).

Donde digo verdad digo imaginación: los niños, afortunadamente aún no tiener poder para establecer ciertas fronteras, aunque sean semánticas (¿verdad o ficción?).

Los paisajes abundan en colores, la alegría inunda una a una las hojas del álbum, extensa como la fe: con ella moveríamos montañas. Ese ser alegre, insisto, contento, positivo, enriquecedor, cálido, alentador, en noches verdes, con lunas amarillas (viva la rebeldía en el canon del cromatismo real), sobre los tejados, entre los tubos, es un alma satisfecha en la cisterna de agua, en las pequeñas rutinas, en la simplicidad de lo pequeño.

Es un álbum que no admite límite de edad; es un cuento en contra del aislamiento, el miedo, la soledad a la que nos conducen esas ciudades que cercenan, esa vida del gruñido, la falta de tiempo, la agenda que aprieta. Quizá comprar este cuento, leérnoslo como un regalo (público adulto), compartirlo como un tesoro, por ejemplo leyéndolo de noche a los niños que como niños temen la oscuridad (infantil, primaria), nos concederán la calma y la dicha de ese gran oso rojo.

La sonrisa, su modo de moverse resbalándo, como si fuera más pez que oso voluminoso, la lírica que emerge del texo (sencillez y frescura), la accesibilidad del mensaje, el soplo de alegría. Solo desprende valores positivos y una atmósfera sedante. Que las propias guardas del libro sean rojas, como el oso, lo hace más grande: avisa al inicio, recuerda su valor al final.

Tamaño, color, texto, diseño. Soy afortunada, he vuelto a encontrar otro álbum luminoso.

Si te lo cuento, me lo cuento.

Si comparto, no estoy solo.

Creamos en los actos pequeños, en la bondad del oso rojo.

Al niño de diez años le pregunto ¿Por qué te gustó este cuento? Porque me lo dice el corazón.

Al de siete, porque todos los niños querrán tener ese oso rojo. Este oso rojo.

También yo quiero. Bienvenido, bien hallado, “vagamente seguro de haberlo hecho bien”. Ciertamente, Cortázar además de Maga fue oso rojo.

Natalia C. Vallverdú, abril 2013

 

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ARLEQUÍN

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Arlequín
Un poema de Federico García Lorca ilustrado por André da Loba:
Proyecto del equipo TresBrujas. Barbara Fiore Editora.

Conversación inventada  entre dos  familias:
Familia 1:sus hijos van a comenzar su escolarización.
Familia 2 :tienen a sus hijos escolarizados en  Ed Infantil y en los  primeros cursos de primaria.

– ¿Qué hacen en la escuela?
– Aprender jugando, dicen que todos los días aprenden jugando , también les leen y van a exposiciones,  al teatro, pasean alrededor de su escuela …

–  ¿Y así aprenden a leer?
– Sí, sí  no solo  aprenden a leer  , les gusta leer,  les gusta leernos sus libros, escenificarlos, dormirse leyéndolos o mejor escuchando como se los leemos, leerlos acompañados y leerlos  a solas , a gritos , susurrando y en silencio.

–  ¿ Y qué tipos de libros leen?
– Libros que emocionan, solo con imágenes sin texto , con imágenes y textos que nunca podrían ir separados , libros buenos, buenos  libros con buenas historias, con historias que nunca les  dejan , ni nos dejan ,indiferentes. En algunas ocasiones es casi mágico, libros con los que juegan, se divierten , actúan, experimentan, investigan , con los que son cómplices y de los que no se separan , ni para dormir.

– ¿Sí?, dime alguno
– Arlequín es uno de esos libros, es un libro juego, un libro puzzle, un libro poema, un libro teatro, una fiesta de libro.

– ¿Lo tenéis en casa?
– Aún no, pero lo tendremos sin duda

–  ¿Y entonces  cómo lo conoces?
– Porque  nuestras hijas e hijos vienen  emocionados de la escuela  con una pequeña maleta que dice contener “Un libro muy especial” ( en una ocasión era Arlequín), y cuando llega , una pista de circo se instala  rápidamente en el salón , un público emocionado (nosotros) tararea música de circo para que comience la función.  y ante nosotros se despliega  una escenificación poética visual y sonora. Poco a poco aparece Arlequín, cuatro versos ,16 palabras lo acompañan en su presentación:

Teta roja del sol, su brazo derecho nos saluda.  Teta azul de la luna, sus brazos extendidos parecen dispuestos a llegar a ti y abrazarte. Torso mitad coral, un pájaro lunar aparece en el escenario, vuela por Arlequín y nuestra mirada le acompaña. Mitad plata y penumbra y ya está ante nosotros en cuerpo entero Arlequín mostrando todo su color; colores definidos, vivos, alegres, que bailan al ritmo que hagamos bailar a Arlequín.

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Toca volver a tararear para cerrar adecuadamente el libro , sí , si adecuadamente , porque no es un libro al uso en eso tampoco. Cerrar el libro es todo un ejercicio de malabarismo, de equilibrio, teniendo en cuenta que esta escenificación casi siempre se hace encima de una silla , en una pequeña escalera, vamos ¡por todo lo alto!

Ver cómo abren el libro, escuchar cómo recitan el texto  y cómo cuidadosamente y en el orden correcto pliegan cada una de sus partes, es un espectáculo.  Arlequín se despide y aplaudimos encantados y no estamos fingiendo, lo hemos disfrutad. Por si fuera poco luego podemos en familia seguir deleitándonos con los detalles de cada una de sus seis tapas duras cuadradas  llenas de color, de detalles, de múltiples historias. Siempre encontraremos algo nuevo que observar,  nuevas relacionas  visuales con el texto  poético que una y otra vez recitaremos con emoción. Podremos sentar  a Arlequín  a nuestro lado, investigar sobre su vida, saludar con su brazo rojo, saludar con su brazo azul , jugar a convertirlo en un cubo, hacer una cueva, un túnel…

 

¿ Y si preguntas a las niñas y niños que lo leen , qué dicen?
Pues dicen cosas como estas:

 Me gusta Arlequín porque:
– tiene sorpresas y colores
– es muy colorido
– ¡se abre!
– tiene cosas bonitas
– es flexible
– tiene secretos
– se parece a Pinocho y es muy divertido
– tiene muchos dibujos
– se abre y tiene muchos colores
-tiene muchas sorpresas
– mola mucho
-porque sí

Arlequín es un libro poema, un poema hecho libro, es juego de color, de formas, de construcción.  ¡Es un espectáculo!

Arlequín no es un libro. Es mucho más que un libro.

 

Mirta