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NO HAY NADA QUE LEER

Código de Circulación 1

El código de circulación.

Mario Ramos.

Traducción de Rafael Ros

Corimbo. Barcelona, 2010.

Son las 19:55 y sólo me quedan 5 minutos antes de cerrar la librería y dar paso al fin de semana. Puedo decir que hasta el momento ha sido una tarde tranquila, casi aburrida, sin clientes cuyas preguntas hayan supuesto grandes retos literarios. Hasta el momento.

Suena el “clank” de la puerta al abrirse. Mis emociones se debaten. Por un lado, el cómodo tedio no quiere intrusos, así que me invita a pensar que quizá sólo es el viento, que hoy sopla fuerte fuera. Seguro que es quien viene a importunar. Por otro lado, la chispa intelectual se despierta, deseando que sea alguien que traiga esa duda que despierte los sentidos y ponga a prueba los reflejos.

Una chica de unos treinta y tantos se acerca al mostrador, con su pelo víctima del viento y cara de última hora.

– Buenas tardes. ¿Todavía me atiendes si te pido un libro?

(Punto para la chispa intelectual).

-Por supuesto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mira, tengo un niño de 6 años que está empezando a leer. Quería algo para que se fuese arrancando.

(En realidad lleva arrancándose desde que nació).

Aunque no es una petición infrecuente, esta vez decido dar una vuelta de tuerca más a la respuesta. Al fin y al cabo, un reto intelectual no se debería salvar por la vía fácil.

-A ver qué te parece éste.

Sin mediar palabra acerca del libro, le tiendo “El Código de Circulación”, de Mario Ramos, abierto por la primera página como invitación ineludible.

Su primera expresión es de satisfacción. Parece que va a resolver la papeleta más rápido de lo que esperaba. Pero a medida que pasa las páginas se va borrando su sonrisa y su cara de alivio, en favor de un ceño fruncido que traduce su incredulidad.

Sin siquiera terminar de pasar sus cuarenta páginas, denuncia:

-¡Pero si no tiene letra! – como si algún duendecillo fuera el responsable de haber robado el texto sin que yo lo supiera-. ¿Y cómo se supone que va a iniciarse en la lectura si no tiene nada que leer?

-Vale, reconozco que te lo mostré con la intención de llamar tu atención con respecto a esto. Pero en realidad, ¿no es cierto que, igual que leemos las señales en la carretera y con ello desciframos un mensaje, podemos leer las imágenes de este álbum ilustrado descubriendo así su historia?

-Bueno, visto de esa manera…

-No sólo eso. La mecánica de la lectura es algo sobrevalorado. Hoy día hay mucha presión para romper a leer. Nos debería importar la lectura interiorizada. En palabras de Graciela Montes1 “leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos realidad”.

-¿Y no resultará pobre este libro por tener sólo imágenes?

-Al contrario. Las ilustraciones en acuarela, tinta y lápices de Mario Ramos son ricas en matices y dejan ver tantas historias como quieras imaginar. Eso sí, requiere que quienes lo lean intervengan activamente. De lo contrario, se quedaría cojo.

-¿Y qué ves mejor, que se lo cuente yo o que lo lea él sólo?

-Voy a contarte lo que ocurrió cuando se lo leí a mi hijo. Tiene 5 años y, como el tuyo, lleva 5 años iniciándose en la lectura. La primera vez que lo abrimos, no sabía cómo empezar a contárselo. Así que, sin pensárselo dos veces, empezó él. La sensación fue extraña, pues por primera vez caí en la cuenta de que, frente a un álbum ilustrado sin palabras como éste, estábamos en igualdad de condiciones. Es más, su imaginación y su falta de cohibición adulta le daban ventaja. Su lógica visual era suficiente para ir descifrando la historia central, en la que Caperucita va atravesando el bosque camino de la casa de su abuela, cruzándose con personajes de la talla de Los tres osos, Pulgarcito o el mismísimo lobo feroz (no tan feroz aquí, como es habitual en la obra de Mario Ramos, donde los villanos suelen presentarse como bastante ridículos). Todos ellos en un contexto ajeno a sus obras de origen. También muchas otras historias se vislumbran en los márgenes del camino. Además, de forma muy original, cada uno de ellos viene precedido y presentado por una señal de tráfico con su silueta, invitando a adivinar escenas en ocasiones contrarias a las que nos expondrán en la doble página siguiente.

-¿Así que fue él quien te lo contó a ti?

-Así es. O más bien, así empezó. Y disfruté mucho de esa sensación. Pronto él me exigió que fuera yo quien inventase historias disparatadas, divertidas. Sin duda lo que más le gustaba era descubrir una nueva versión con cada relectura. Además, el hecho de conocer a muchos de los personajes que aparecen, provenientes de las fábulas de La Fontaine y de cuentos clásicos, dio una perspectiva más familiar a este álbum. A su vez, la obra se infiltró en esos mismos cuentos clásicos, con comentarios de vuelta al Código de Circulación desde las historias que protagonizan los personajes del libro. Así me sorprendí a mí misma interpretando a los tres cerditos como adolescentes traviesos; dando la vuelta al cazador que escapa de su presa; con Pulgarcito animando a Caperucita al uso del casco (un tanto que se anota la educación vial, pues enseguida mi hijo criticaba la falta de protección en todos los personajes que van sobre ruedas), o la mamá de Caperucita ofreciendo a voces el pañuelo a su hija por ese constipado que tiene…

-¿Y cómo dices que se llama el autor? ¿O debería decir ilustrador?

-Mario Ramos. Belga de nacimiento, de madre belga y padre portugués. Muy conocido y valorado especialmente en Francia y Bélgica (tiene su propio día nacional en estos países, el 7 de noviembre). Me alegra que lo plantees como ilustrador. Aunque el dibujo fue una constante en su vida, tanto a nivel profesional como personal y emocional, él siempre se consideró un narrador. Le gustaba tratar temas serios, de gran peso, de forma que llegaran a los niños. Para ello, utilizó personajes animales que distanciasen al lector infantil de temas opresivos sin perder la esencia de los mismos. Como hilo conductor y filosofía de vida, aportaba el humor que, tamizado sobre toda su obra, le dio ese estilo personal que es tan reconocible en su trabajo. Malvados ridiculizados y vencidos con la imaginación o la igualdad entre poderosos y los que no lo son tanto, son distintivos de Mario Ramos. Quizá este afán por contar provenga de sus dificultades para comunicarse en la infancia. Algunos libros le ayudaron a superarlas y a través de sus álbumes ilustrados quiso brindar la misma herramienta a otros niños.

Para Mario Ramos un libro sólo existe cuando el lector lo lee. Te invito a que leas este libro a tu hijo. Con tu hijo. O que dejes que tu hijo te lo lea a ti.

-Sin duda me has convencido. Y no sólo voy a llevar este álbum ilustrado sin texto, sino que además voy a empezar a valorar mucho más lo que no está literalmente escrito. También cada ilustración. Y aún más: lo que ni siquiera se muestra.

-Me alegro mucho. Lo envuelvo para regalo, ¿verdad?

-Sí, por favor

-¿Qué nombre pongo?

El nombre ahoga mi respuesta. Lo envuelvo con un cariño especial. Es lo menos que puedo hacer en homenaje a este gran autor que nos dejó antes de tiempo tras haberse demostrado como una persona esencialmente tierna, honrada y capaz de recurrir al humor como la cortesía de la desesperación.

De la misma manera que esta reseña verá la luz gracias a Bosque de Lecturas, me gustaría agradecer a las personas que forman parte de este magnífico proyecto su pasión, dedicación personal y cariño . Gracias por invitarme a este magnífico viaje, el viaje de la lectura.

Laura F.

Citas:  Montes, Graciela (1999). La frontera indómita. México: Fondo de Cultura Económica.

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QUERIDA TÍA AGATHA

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Querida tía Agatha

Beatriz Martín Vidal

Editorial Thule, 2017

“Louise, Emma y Alice tienen que pasar la primavera solas en casa. Aprenderán a asumir responsabilidades, resolver problemas y enfrentarse a situaciones inesperadas.”

Esta es la sinopsis que figura en la contraportada del libro. Es breve y sobre todo no desvela absolutamente nada de lo que luego nos vamos a encontrar.

El álbum, aparentemente, se basa en una carta que nos cuenta una historia. Pero, por otra parte, está la información que nos llega a través de las ilustraciones. Y no es la misma.

Beatriz Martín Vidal, probablemente se esté acercado al punto álgido de su carrera. Era conocida por sus deslumbrantes y elaboradas ilustraciones pero ya en Enigmas dio el salto a la escritura. Aquí continúa esta doble faceta de escritora e ilustradora. El resultado es prodigioso. Para aquellos que aún no conozcan a esta artista, solo les puedo sugerir que abran uno de sus libros. Y lo mejor es que ha afianzado un estilo propio. Resulta imposible confundirla con cualquier otro ilustrador.

Al igual que sucede con los grandes, Beatriz consigue que el texto y las imágenes se complementen e, incluso, que  se contradigan. No hay nada más sugerente y divertido que comprobar cómo lo que se nos cuenta no es exactamente lo mismo que estábamos imaginando. Basta con fijarnos en las láminas para entrar en otra dimensión. Aquí, las ilustraciones le dan la vuelta al texto escrito.

Siendo consciente de semejantes posibilidades, decidí llevarlo al aula, concretamente para los cursos de 1º C y 2ºA de la ESO.

Comencé mostrando con calma la portada y la contraportada, sugestionando a través de los dibujos hipnóticos de Beatriz. Y cuando el clima ya era el adecuado, continué leyendo el texto de cada página, sin mostrarles nada más para, a continuación, abrir el libro de golpe y ofrecer en todo su esplendor esa otra historia contada en imágenes. Así cada dos páginas. El álbum acabó entusiasmando y fascinando. Prueba de ello son las siguientes opiniones, cuajadas de  frescura, emitidas justo después de compartir ese momento con todos. Algunas de ellas van dirigidas directamente a la autora:

“De verdad que me gustó mucho cuando Alice estornudó y salieron todas las flores disparadas. El dibujo está muy bien y explica bien lo que tú nos quieres expresar en las hojas”. Carla N.

“El hecho que más me impactó fue el que Alice pudiera flotar. La imagen que más me gustó fue en la que aparecen las tres hermanas y la cola de la ballena en el estanque. La imagen que más “miedo” me dio fue la segunda, en la que aparecen las tres.” Lucía T.

“Me gusta mucho cómo el texto nos dice una cosa y, si te paras a observar las ilustraciones, puedes sustraer información totalmente contradictoria y distinta.” Ana V.

“La lámina que más me impactó fue en la cual se observa una especie de ballena en el estanque. Porque prácticamente no entra”. Rafa B.

“Lo que más me impacta es que Alice flote”. Marco

“Me parece interesante cómo se refleja el texto en las ilustraciones, ya que puedes sacar diferentes conclusiones. ¿Tú te ves reflejada en tus dibujos?” Salma P.

“ La imagen que más me impactó fue el cambio de peinado de Alice”. Yanira F.

“La parte que más me impactó fue el atasco en el estanque”. Naiara C.

“Lo que más me impacta es la calidad de la ilustración y la normalidad de cómo trata los sucesos surrealistas en la carta”. Pedro V.

“Lo que más me impactó fueron las ilustraciones del libro, ya que había un gran cambio de la lectura a la ilustración. Iyán Acebal.

“Me gustan mucho los dibujos y la historia es misteriosa y chocante, da ganas de no dejar de leer. Es un libro bonito y los dibujos son fantásticos. ¿Cómo se te ocurrió la historia?” Helen Karolain R.

“La lámina que más me impresionó fue la de la ballena en el estanque. Porque no me lo esperaba para nada. “ Carla R.

“la lámina que más me gustó fue cuando Emma estaba concentrada en los estudios, y flota en la biblioteca”. Marina N.

“Lo que más me ha gustado del libro es la parte en la que encuentran una ballena en el estanque y cuando Alice empieza a flotar”. Naiara G.

“Me ha impresionado todo. ¡Me ha encantado! Lo único, ¿cómo se te ocurrió todo esto? Es que te da la vuelta a todo. No me lo imaginaba así. ¡Enhorabuena por este libro, bueno, peazo de libro!” Llara M.

 

Olga Orviz

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ESTO NO ES UNA RESEÑA SOBRE ZOOM

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ZOOM

ISTVAN BANYAI

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 2012

Nº de páginas: 62.

No, no pretendo hacer una reseña; primero, porque creo que no sabría, y segundo, porque el libro ya está reseñado por dos compañeras de nuestro anterior Grupo de Trabajo:

http://selecciondelecturas.blogspot.com.es/2009/02/zoom.html?spref=bl

Lo que sí quiero es contar un par de anécdotas y hacer una reflexión sobre la “utilidad” de los libros y sobre mi propio concepto de “lo que hay que hacer” con ellos en el aula. Por fortuna, voy cambiando y aprendiendo (que una nunca es mayor para eso) y ahora, por fin he abierto definitivamente los ojos. Creo.

Me encantan los álbumes ilustrados y me encanta llevarlos a clase; proponer, a partir de ellos, actividades de escritura o incluso de plástica; hacer exposiciones de murales y carteles, organizar concursos… no sé, cosas grandes, que se vean.

Zoom es un libro que me ha gustado siempre mucho, pero con el que siempre tuve la sensación de que no era “aprovechable”. Al menos a mí no se me ocurrían ideas para “trabajarlo”. Por eso siempre lo usé de “comodín”, para esos minutos incómodos cuando terminas de explicar un tema y aún no ha tocado el timbre… para alguna guardia, para algún alumno de los de inmersión lingüística que no conoce nuestro idioma.

Este año lo llevé a mi clase de 1º de ESO. Me senté en la mesa y todos se pusieron a mi alrededor, unos en el suelo, otros en sillas, otros de pie. Fui pasando las páginas y sonriendo con sus comentarios, sus caras de expectación. Siempre cuando uno enseña este libro hay algún avispado que va anunciando “es una revista”, “es un anuncio publicitario en un autobús”, “es un sello de correos”; y siempre los demás le gritan “¡calla!” y continúan mirando y sorprendiéndose a pesar del aviso.

A llegar a final, los miré a todos. Sin dejarles decir nada, propuse: “Ahora vamos a verlo al revés” y empezando por una minúscula partícula en un Universo negro, llegamos hasta la rojísima cresta del gallo.

Timbre. Fin de la clase. Mientras recogía, escuchaba lo que hablaban: “Qué pasada”, “qué chulo”, “a mí me gustaba el indio viendo la tele en el desierto”, “pues yo voy a decirle a mi madre que lo busque, que quiero verlo más veces”.

Se me acercó una niña, María, y me dijo: “Profe, a mí me gustó mucho más la segunda vez” “¿Por qué?” “Porque cuando lo vimos desde la primera página hasta la última, al terminar, me sentí mal, pequeñita, sentí que no era nada en un mundo tan enorme; pero al volver a verlo de la otra forma, me dije: jo, pues yo también puedo ser grande, a lo mejor soy importante”

Me fui un poco emocionada, lo reconozco, y así entré con mis alumnos de 2º de Bachillerato.

Como llevaba Zoom en el bolso, y como siempre empiezo con ellos las clases leyéndoles un cuento, un poema, o recomendando alguna lectura, lo saqué e hice con “los mayores” exactamente lo mismo que con los “pequeñajos”. Las caras de asombro fueron las mismas, los comentarios muy parecidos, un chico me lo pidió para mirarlo en casa con más calma, varios copiaron la referencia del autor y la editorial.

Me llamó la atención otro alumno, el delegado, que después de tomar nota en un papel lo guardó cuidadosamente en un portafolios en el que había ya varias páginas y una portada maravillosamente artística. Le pedí: “¿Me lo enseñas?”. Me dijo: “Claro, Emma, es que voy guardando todas estas cosas de los primeros minutos de clase”. Y allí estaban todas las fotocopias de los cuentos, de los poemas, las referencias de los libros, alguna fotografía de alguno de ellos. Unas veinte páginas.

En la portada ponía: “Para disfrutar”.

(Emma Cabal)

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DISCURSO DEL OSO

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Discurso del oso

Julio Cortázar

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Libros del Zorro Rojo

 

Cortázar adoraba las brújulas, las Magas, vagar por la ciudad. Quizá también tener otra alma, de color rojo (vida, intensidad, movimiento, latido). Ser un espíritu misterioso que de noche pululase por el interior de nuestros edificios limpiandolos de obstáculos.

Quién dijo que los humanos no somos como las construcciones que habitamos, llenas de caños, conductos, ruidos, humedades. Llámense poros, soledades, miedos. Quién dijo que las personas como las casas, de noche, en la vulnerabilidad, no somos eso: simplemente entidades solas, tiernas, ávidas, llenas de canalizos sucios, masas con toxicidades que el cuerpo elimina a través de llámese sueño, llámese pesadillas.

Quizá de noche, como en el cuento, un oso rojo que saca la nariz por una de las grietas de nuestra casa, viéndonos tan despojados, tan atascados, no solo se dedique a limpiar el interior de nuestros pisos, sino también la fontanería de nuestra alma. ¿Otro alter de Cortázar?

La noche y la soledad. El miedo. Es más fácil imaginar que un gran oso rojo, surgido de la vida, lamerá nuestras heridas, las ausencias, la falta del otro, que enfrentarnos a cierto vacío. Paisajes urbanos, rostros cansados, camas anchas.

Dice de nosotros: esos “seres tan torpes y grandes […] tan solos”.

Cuesta tan poco, según abrimos este cuento, sentirnos arropados, cubiertos, embriagados, por la idea de que un alma buena, esa que tras “lamer nuestra nariz se va, vagamente segura de haber hecho bien”, pueda habitar los caminos por donde tansitan nuestro miedos.

Cada niño debería tener un oso rojo, antes lo llamarían un ángel bueno (las referencias cambian pero no la esencia: es tan horrible para un niño el miedo nocturno que dormirse con la esperanza de un bonachón guardián oso rojo que mora el cemento y que acude a calmar ansiedades, caray, bien merece la creencia de su existencia).

Donde digo verdad digo imaginación: los niños, afortunadamente aún no tiener poder para establecer ciertas fronteras, aunque sean semánticas (¿verdad o ficción?).

Los paisajes abundan en colores, la alegría inunda una a una las hojas del álbum, extensa como la fe: con ella moveríamos montañas. Ese ser alegre, insisto, contento, positivo, enriquecedor, cálido, alentador, en noches verdes, con lunas amarillas (viva la rebeldía en el canon del cromatismo real), sobre los tejados, entre los tubos, es un alma satisfecha en la cisterna de agua, en las pequeñas rutinas, en la simplicidad de lo pequeño.

Es un álbum que no admite límite de edad; es un cuento en contra del aislamiento, el miedo, la soledad a la que nos conducen esas ciudades que cercenan, esa vida del gruñido, la falta de tiempo, la agenda que aprieta. Quizá comprar este cuento, leérnoslo como un regalo (público adulto), compartirlo como un tesoro, por ejemplo leyéndolo de noche a los niños que como niños temen la oscuridad (infantil, primaria), nos concederán la calma y la dicha de ese gran oso rojo.

La sonrisa, su modo de moverse resbalándo, como si fuera más pez que oso voluminoso, la lírica que emerge del texo (sencillez y frescura), la accesibilidad del mensaje, el soplo de alegría. Solo desprende valores positivos y una atmósfera sedante. Que las propias guardas del libro sean rojas, como el oso, lo hace más grande: avisa al inicio, recuerda su valor al final.

Tamaño, color, texto, diseño. Soy afortunada, he vuelto a encontrar otro álbum luminoso.

Si te lo cuento, me lo cuento.

Si comparto, no estoy solo.

Creamos en los actos pequeños, en la bondad del oso rojo.

Al niño de diez años le pregunto ¿Por qué te gustó este cuento? Porque me lo dice el corazón.

Al de siete, porque todos los niños querrán tener ese oso rojo. Este oso rojo.

También yo quiero. Bienvenido, bien hallado, “vagamente seguro de haberlo hecho bien”. Ciertamente, Cortázar además de Maga fue oso rojo.

Natalia C. Vallverdú, abril 2013

 

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ARLEQUÍN

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Arlequín
Un poema de Federico García Lorca ilustrado por André da Loba:
Proyecto del equipo TresBrujas. Barbara Fiore Editora.

Conversación inventada  entre dos  familias:
Familia 1:sus hijos van a comenzar su escolarización.
Familia 2 :tienen a sus hijos escolarizados en  Ed Infantil y en los  primeros cursos de primaria.

– ¿Qué hacen en la escuela?
– Aprender jugando, dicen que todos los días aprenden jugando , también les leen y van a exposiciones,  al teatro, pasean alrededor de su escuela …

–  ¿Y así aprenden a leer?
– Sí, sí  no solo  aprenden a leer  , les gusta leer,  les gusta leernos sus libros, escenificarlos, dormirse leyéndolos o mejor escuchando como se los leemos, leerlos acompañados y leerlos  a solas , a gritos , susurrando y en silencio.

–  ¿ Y qué tipos de libros leen?
– Libros que emocionan, solo con imágenes sin texto , con imágenes y textos que nunca podrían ir separados , libros buenos, buenos  libros con buenas historias, con historias que nunca les  dejan , ni nos dejan ,indiferentes. En algunas ocasiones es casi mágico, libros con los que juegan, se divierten , actúan, experimentan, investigan , con los que son cómplices y de los que no se separan , ni para dormir.

– ¿Sí?, dime alguno
– Arlequín es uno de esos libros, es un libro juego, un libro puzzle, un libro poema, un libro teatro, una fiesta de libro.

– ¿Lo tenéis en casa?
– Aún no, pero lo tendremos sin duda

–  ¿Y entonces  cómo lo conoces?
– Porque  nuestras hijas e hijos vienen  emocionados de la escuela  con una pequeña maleta que dice contener “Un libro muy especial” ( en una ocasión era Arlequín), y cuando llega , una pista de circo se instala  rápidamente en el salón , un público emocionado (nosotros) tararea música de circo para que comience la función.  y ante nosotros se despliega  una escenificación poética visual y sonora. Poco a poco aparece Arlequín, cuatro versos ,16 palabras lo acompañan en su presentación:

Teta roja del sol, su brazo derecho nos saluda.  Teta azul de la luna, sus brazos extendidos parecen dispuestos a llegar a ti y abrazarte. Torso mitad coral, un pájaro lunar aparece en el escenario, vuela por Arlequín y nuestra mirada le acompaña. Mitad plata y penumbra y ya está ante nosotros en cuerpo entero Arlequín mostrando todo su color; colores definidos, vivos, alegres, que bailan al ritmo que hagamos bailar a Arlequín.

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Toca volver a tararear para cerrar adecuadamente el libro , sí , si adecuadamente , porque no es un libro al uso en eso tampoco. Cerrar el libro es todo un ejercicio de malabarismo, de equilibrio, teniendo en cuenta que esta escenificación casi siempre se hace encima de una silla , en una pequeña escalera, vamos ¡por todo lo alto!

Ver cómo abren el libro, escuchar cómo recitan el texto  y cómo cuidadosamente y en el orden correcto pliegan cada una de sus partes, es un espectáculo.  Arlequín se despide y aplaudimos encantados y no estamos fingiendo, lo hemos disfrutad. Por si fuera poco luego podemos en familia seguir deleitándonos con los detalles de cada una de sus seis tapas duras cuadradas  llenas de color, de detalles, de múltiples historias. Siempre encontraremos algo nuevo que observar,  nuevas relacionas  visuales con el texto  poético que una y otra vez recitaremos con emoción. Podremos sentar  a Arlequín  a nuestro lado, investigar sobre su vida, saludar con su brazo rojo, saludar con su brazo azul , jugar a convertirlo en un cubo, hacer una cueva, un túnel…

 

¿ Y si preguntas a las niñas y niños que lo leen , qué dicen?
Pues dicen cosas como estas:

 Me gusta Arlequín porque:
– tiene sorpresas y colores
– es muy colorido
– ¡se abre!
– tiene cosas bonitas
– es flexible
– tiene secretos
– se parece a Pinocho y es muy divertido
– tiene muchos dibujos
– se abre y tiene muchos colores
-tiene muchas sorpresas
– mola mucho
-porque sí

Arlequín es un libro poema, un poema hecho libro, es juego de color, de formas, de construcción.  ¡Es un espectáculo!

Arlequín no es un libro. Es mucho más que un libro.

 

Mirta

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MI QUERIDA BABEL

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Mi querida Babel

Juan Pablo Silvestre

Ilustraciones de Ana Juan.

La mano cornutta, 2014

El libro al que voy a hacer referencia es Mi querida Babel, una de esas obras que llegan a nuestro Bosque de Lecturas con invitación para un trabajo conjunto. Quizá por el formato, por las imágenes o por el mantra que aparecía dentro en una presentación tan cuidada, me llamó la atención.

Tras nuestro hermanamiento con el pueblo Saharaui, vi la posibilidad de usarlo como estructura para un proyecto de trabajo que, de una forma transversal, se desarrolla este año en mi centro de referencia: una escuela pequeña perteneciente a un colegio rural agrupado en Castrillón –illas. Las imágenes son de mi grupo clase, localizado en Pillarno, pero se trata de un proyecto dado a conocer al resto del profesorado, principalmente de Infantil.

Cra círculo

BABEL, que por definición es un lugar de confusión y desorden especialmente provocados por varias personas que hablan a la vez, nos ha ayudado sin embargo a encontrar un marco de trabajo colaborativo con las familias, tanto para desarrollar el material como para hacer la grabación final de un video, titulado Manojos, que resume la importancia de liberar la mirada.

La reseña que a continuación exponemos ha sido elaborada por la madre de una alumna. Al principio, cuando la recibí, traté de elaborar algo en conjunto. Pero ella lo expresa tan bien que no me atrevo a corregir nada, por lo que presento íntegramente su texto. Por mi parte anexo las fotos de los participantes y de los espacios en los que se ha desarrollado la actividad, así como un video realizado por Constantino Menéndez González, que para mi resumen la intención de este proyecto:

MANOJOS: Sueña siguiendo este enlace https://www.youtube.com/watch?v=N6DtHzTVWHc&feature=youtu.be

“Somos mujeres de diferentes culturas, con diferentes nombres, los que nos han dado nuestras familias, amigos y amigas: los nombres que recorren nuestra historia. Tenemos diferentes miradas o maneras de no mirar, todas con un objetivo claro: ser, pertenecer, impregnarnos de nuestra cultura para echar raíces… o no, quien sabe. Podemos elegir ser madres , o elegir no serlo; solteras, casadas, jóvenes o mayores… ¡Seguro, bonitas!

Esta es una historia narrada con una ilustración extraordinaria y una música excepcional, cargada de eso que tanto nos llena: las emociones.

Nos intenta explicar que da igual dónde estés, cómo te vistas, cómo te llames o de dónde vengas. Lo importante eres tú, cada una de nosotras que, diferentes a nuestras compañeras y compañeros, sabemos respetarnos, compartir y participar.

Al hilo de este “ libro” y aprovechando las ilustraciones hemos creado un material para trabajar la socio-diversidad en la mujer. Nos servirá para plantear las mil una opciones y mezclas posibles en torno a los rasgos de la cara. Este Material está compuesto por cuadrados de cartulina que asemejan los diferentes colores de las diferentes razas y por otro lado las ilustraciones originales, calcadas en vinilos y recortadas para poder jugar con ellas y componer otras nuevas…

El juego y la creación es el elemento principal de nuestro proyecto, ya que pensamos que a través de él y de la experimentación que proporciona, se hace mas accesible el concepto: trabajar la diferencia para llegar a la “igualdad” o respeto. Es un material para trabajar la coeducación en el amplio sentido de la palabra, como puede ser el famoso juguete “Potato“, que podemos hacer hombre o mujer o ni siquiera plantearnos “sexsuarlo”.

Estas ilustraciones de rostros de mujer andróginas, nada estereotipadas ni cosificadas, pero sí bonitas, es ideal para trabajar la diversidad sociocultural sin enmarcarla en contenidos culturales que de una u otra manera esclavizan a la mujer, la cosifican.”

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MONKY

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MONKY
Dieter Shubert
Ekaré, 2016

Monky es una emotiva historia, creada e ilustrada por Dieter Schubert. Se trata de un álbum sin palabras, pero con ilustraciones que permiten múltiples interpretaciones para los pequeños.
Empiezo la presentación del cuento en el aula de 5 años, como de costumbre en la zona de la asamblea. Conversamos sobre la ilustración de la cubierta, los colores de las guardas, los significados de la portada,… Al pasar página, muestran sorpresa al no ver letras para leer, pero no quieren silencio, me piden que les “lea” Monky.
Inicio la lectura y les voy contando la historia de un pequeño mono de peluche muy apreciado por su dueño, quien una tarde de lluvia lo pierde sin querer en un bosque…. un peluche que vive mil aventuras y desventuras… los niños siguen cada momento, participan, interpretan lo que ven, cada experiencia que vive el protagonista les preocupa. De repente, la historia da un giro inesperado, se alegran, se van quedando más tranquilos cuando de nuevo el peluche recibe protección y cariño. Pero aún queda una gran sorpresa final que, al ser vista, les llena de emoción y satisfacción, algunos de ellos llegan a exclamar: ¡Lo sabía!
Al día siguiente, a primera hora de la mañana, volví a coger el cuento y les propuse volverlo a leer de nuevo. Resultó un continuo juego de sorpresas, de claves que resolver y de pistas por descubrir, juego en la que ellos eran los principales lectores protagonistas.

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La lectura con sólo imágenes permite que los niños participen activamente en la construcción de la historia mientras observan y describen las ilustraciones, perciben su colorido, incluso preguntan: ¿cómo están hechos los dibujos?
También se dan cuenta de que las ilustraciones siguen un orden, que tienen un ritmo narrativo. De esta forma se consigue que todos y cada uno de los niños se envuelvan en la trama del cuento.
Volvimos a leerlo de nuevo al día siguiente. Les propuse la posibilidad de poner texto al cuento, a lo que me respondieron con un rotundo NO. Me explicaron que a ellos les gustaba así como era. Ante esta negativa les pregunté si tenían mascotas de peluche, a lo que me respondieron afirmativamente. La gran mayoría querían contarme quién era, cómo era, qué hacían con ella… les noté entusiasmados. Así que les propuse que cada uno trajese su muñeco a clase. Nos acompañaron durante todo el día y así pude observar cómo interaccionaban con ellos: les explicaban lo que hacíamos en cada momento, les hablaban durante los trabajitos,les preguntaban dónde querían jugar, les hacían bailar con las demás mascotas, … se sentían felices junto a ellas. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de hacer entre todos un libro de nuestras mascotas. Pareció gustarles, así que les hice fotos durante toda la mañana.


Al otro día pusimos en marcha el proyecto del libro. Pensamos en poner el nombre de la mascota, un dibujo y la foto de cada niño y niña. Una vez terminado, lo paginamos, elaboramos las cubiertas y la portada entre todos. Las dos últimas hojas fue una propuesta de los alumnos en el último momento: quisieron rehacer un dibujo de sus peluches, recortarlas y ponerlas todas juntas en la última página, como una sorpresa. Esto nos hizo enlazar nuestro libro con el de Monky.
Días después encuaderné el libro y se lo fueron llevando a su casa para enseñarlo- Ahora está en la biblioteca de aula y es uno de los libros que más éxito tiene.

Mirian