0

UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

wloge_producto_principal_0095full-EJDsIrWggV2LvTMo

UN DÍA DE LLUVIA EN EL ZOO

Autora: Isabel Pin

Editorial: Lóguez

A casi todos los niños y niñas les gusta jugar al escondite y cuando son más pequeñitos el típico juego de cucú-tras suele dejar escapar sonrisas y hasta carcajadas. A casi todos los niños les gustan los animales y los zoos, donde pueden contemplar animales majestuosos que no suelen ver habitualmente.

Este cuento combina a la perfección estos dos elementos: escondite y animales. Por sus páginas llenas de solapas discurre una historia divertida que convierte la lectura en un juego y que engancha a los peques:

Ana va de visita al zoo con su papá. Empieza a llover y los animales tienen que buscar refugio. Las diferentes casas adoptan sus formas, con lo que se incorpora al libro la adivinanza visual de resolver por la forma -más que evidente- qué animal encierra cada una.

Es un libro de tapas duras que facilita su manejo, ideal para manos menudas. Las ilustraciones son minimalistas pero muy bellas, de colores tenues y cálidos que dominan sobre el texto.

Una divertida propuesta para los cursos de Ed. Infantil, que permite una lectura compartida en la que los pequeños pueden participar de manera activa.

Otros libros de la autora:

El pequeño agujero

Editorial Lóguez

Cuando todos regresaron más pronto a casa

Editorial Lóguez

Advertisements
Aside
2

Pomelo no es un elefante como la mayoría de los elefantes. Podríamos colocarlo en el grupo de elefantes extraños -que los hay-: elefantes que vuelan, elefantes de colores, elefantas de color rosa… Precisamente ese es su color: es un elefante rosa; además es pequeño, pequeño, muy pequeño. Tan pequeño que vive  bajo su flor de diente de león y tiene una trompa muy, muy larga, que le trae algún que otro problema pero  también le permite hacer cosas divertidas.

Textos cortos unidos a ilustraciones sencillas que describen con todo detalle cada una de las situaciones -algunas de ellas sorprendentes-, facilitan la lectura colectiva y que se sientan atraídos por el personaje y sus amigos. Pomelo es feliz y nos hace felices leyendo sus historias aunque a veces también tiene miedo; vamos que podría ser cualquier compañera o compañero de  clase y eso es lo que decidimos hacer, ¡hacerlo nacer para que viva con nosotros! Pero ¿cómo?

Aquí empieza el debate: “¡Dibujado!”; “No, una foto”; “Mmmm, para eso tenemos el libro”;  “No: queremos jugar con él”.

Con un corcho pintado de rosa, dos chinchetas  y una cinta para la trompa, podemos hacer un Pomelo. La trompa tendría que ser muy larga, así que con ayuda de nuestro “Señor Metro” estuvimos medimos y decidimos que sería suficiente con una trompa de medio metro. Nos pusimos manos a la obra.

Image

Ahora cada niña y cada niño de la clase tiene su Pomelo. Son Pomelos a la medida: a la medida de nuestra pequeña mano; a la medida para meterlo en una caja de cartón o dentro de la bandeja de las pinturas; a la medida para hacer equilibrio con él; a la medida para medir cosas con su trompa (una mamá nos dijo que casi todos nosotros medíamos lo mismo que la trompa  de Pomelo cuando nacimos); a la medida para leer su nombre porque tiene las letras que mejor conocemos hasta ahora; a la medida para hacer volar su trompa al viento; a la medida de… todo lo que se nos pueda ocurrir. Nuestros Pomelos de corcho no viven debajo de un diente de león, pero sí felices en nuestras cajas de cartón.

Mirta

Pomelo es feliz. Ramona Badescu; il. Benjamin Chaud.  Kókinos, 2005.

0

Poetas invisibles

El libro negro de los colores es un libro negro en el que sólo destaca el texto en caracteres blancos. Eso es lo que vemos. Pero al tocarlo nos damos cuenta de que hay mucho más. Porque el texto aparece también en Braille y, en la página siguiente, las ilustraciones en relieve nos muestran un mundo plagado de colores que percibimos a través de nuestros dedos.

Y es que el narrador, Tomás, es un niño ciego que no puede ver los colores. Estos son para él miles de sabores, olores, sonidos y emociones. Y así se lo cuenta a su amigo y a cualquier lector que se acerque al libro.

Image

La obra, que nos brinda en España Libros del Zorro Rojo, es maravillosa, una auténtica joya que ha ganado numerosos premios como el New Horizons en la Feria del Libro de Bolonia.

Yo conocía el libro desde hacía tiempo, pero nunca lo había enseñado en clase.

Lo hice el otro día, con muy pocas expectativas, francamente.
Decidí llevarlo a mi grupo de 1º de ESO, porque es el menos numeroso (once alumnos) para que así pudieran verlo más a gusto y tocarlo todos, aunque estaba convencida de que no iba a sacar ningún pensamiento interesante de aquellas cabezas, preocupadas siempre de cualquier cosa que no fuera escucharme a mí. Me equivoqué.

Miraron el libro, lo manosearon, gritaron… Les propuse ayudar a Tomás en su descripción de los colores, añadiendo alguno que no apareciera allí.

La mitad de ellos adoptaron una postura muy intelectual, chupando el boli y poniendo cara de estar muy concentrados. La otra mitad, se levantaba y gritaba preguntas y comentarios (“¿Cómo se llama ése que toca lo que vimos en música?”, “Jo, no se me ocurre ningún otro color…”, “¿El verde está?”).
No quise ir leyendo lo que escribían.

Después de un tiempo razonable, dije “Hale, ya, a ver qué habéis escrito”, y me agarré a la silla dispuesta a oír naderías. Y lo que oí fueron cosas como estas:

–          El naranja es ácido como la fruta y el cielo al atardecer.

–          El violeta es divertido como una voltereta.

–          El rosa es dulce como el algodón de azúcar.

–          El granate suena como el chachachachán de Beethoven.

–          El gris es como la niebla, desperdigado por el cielo, perdido, sin saber adónde ir.

Definitivamente, la Poesía es omnipresente y vive en cualquier parte. En un pequeño instituto, en 1º de ESO, se esconden, camuflados y de incógnito, once poetas.

Emma C.

El libro negro de los colores. Menena Cottin y Rosana Faria. Editorial Libros del Zorro Rojo, 2010.Image

0

Dime con quién lees…

Image

Esta vez me toca escribir mucho en lugar de mis habituales reseñitas rácanas, sépanlo todos por adelantado. Y es que antes de entrar en el lío es necesario conocer cuatro cuestiones:

1. Se me ocurrió llevar Pablo pájaro al aula de secundaria: los chavales no entendían, me lo devolvían y me preguntaban si era un sueño o qué, y no se interesaban más.

2. Yo me limitaba a ver colores muy sólidos, unos ojos enormes azul cielo y rizos, muchos rizos, pero nada más. Cada vez tenía más claro que había que sentarse a escribir una crítica cortante y rotunda, que son las que me molan, y dejarme de historias.

3. Atención: decidida la cuestión del hachazo terrible y homicida, en facebook encuentro imágenes de las tres brujas felicitándose de la llegada de Pablo Pájaro a las librerías, e incluso de su autor, Alé Mercado, leyendo a los niños. No pude evitarlo, pensé: “Pobres, tragan cualquier cosa.” Pero claro, a ver con qué cara me presentaba yo a contarles que cómo se les ocurre potenciar este libro tan sinsustancia.

4. Ayer 15 de abril, día en que mi hijo cumplía dieciséis meses, nos acercamos a la biblioteca para que la bruja Beatriz Sanjuan le leyera cuentos. Aprovecho para ir suavizando el golpe y le comento que, sintiéndolo mucho, no me queda más remedio que ponerle un insuficiente al libro y que vuelva en setiembre. Y entonces Beatriz me pregunta si lo he probado con mi baby. Ni se me había ocurrido: es demasiado largo para él. Obviamente, no sé yo lo que va a entender.

Y dale. Notazas que saqué en historia de la crítica literaria y sigo sin interiorizar el goce sin comprensión que ofrece el arte. Amigos: a las diez de la noche la reseña era otra. Lo que voy a escribir es, más o menos, lo que mi niño me contó de Pablo Pájaro.

Image

“Mamá, qué libro más precioso tienes esta noche. ¿Tú le has visto los colores? Con la edad que tengo, nada más enfocar la primera página, le planto un beso directamente a Pablo, que cree que es un pájaro, y al que distingo perfectamente dormido en el árbol, porque él es blanco entre tanto naranja. Y cuando tú finges despertarte porque Pablo se despierta, me identifico con lo que pasa cada mañana para ir a la escuela. Qué gracia tiene eso de estirar las alas, y moverlas frenéticamente… No sé si me haces más gracia tú o el dibujo. Y hasta aquí mi concentración. Voy a llevarle el libro a papá porque esto no debería perdérselo.

Image

Cuando los colores vuelven a cambiar, al azul que es de interiores, me vuelve a despertar la concentración. Qué curioso el bicho ese grande que persigue a Pablo… Aunque antes de terminar ya me centro en otras cuestiones, vuelvo a escuchar cuando aparece la mamá, porque vuelve a cambiar el color y porque esa señora que pone en su sitio al gato y salva a Pablo in extremis es una mamá fijo. Y entonces Pablo se convierte en un gato. Clarísimo. Vuelvo a llevarle el libro a papá porque esto se lo ha perdido.  Y ahora ponme a la teta, que tengo que dormirme pero no pienso soltar el libro.”

Yo creo de verdad que él sabía que tenía la intención de ponerlo tibio y que no iba a consentirlo. Y es que no tiene que pagar el libro mi desconocimiento de la literatura para niños muy pequeños. Me doy cuenta de que asocio la literatura para ellos con historias muy simples, sin el grado de abstracción de éste, con dibujos muy delimitados y colores chillones, sin la calidez de los que acompañan a Pablo Pájaro. Pensaba que sabía que los niños podían apreciar la belleza desde el principio. Y probablemente lo sabía, pero no me lo creía hasta que mi hijo me ha dejado claro que a él, personalmente, Pablo Pájaro le ha encantado.

Lorena V.

Pablo Pájaro. Alé Mercado.  Colección Isla Flotante.  Editorial Thule.

0

Algunos días son diferentes…

Hace mucho que no escribo una reseña. ¿Cómo podríamos explicarle a alguien que nunca hubiese escuchado esta palabra lo que significa? Podría ser…

Recuento

Emocionado de recuerdos y

Sensaciones que surgen al

Entonar la lectura de un cuento a peque-

Ños escuchantes o

Adultos

No sé si el acróstico la define, pero en mi caso eso es lo que les da contenido a las reseñas . Últimamente estoy desentrenada. Hoy vuelvo a intentarlo, porque leyendo “Los pájaros” la experiencia lectora de este álbum ilustrado forma parte o más bien hizo posible -y no siempre se consigue- que mi día fuese diferente.

Una compañera del grupo había leído el libro y realizó una bellísima reseña , de esas que te invitan a acercarte a la historia. Otra compañera del grupo comentaría que no nos iba a suponer mucho trabajo leerlo, porque como dice uno de sus alumnos “ es casi una historia para mudos”, o por lo menos una historia para tímidos.

La narración va acompañada de poco texto,  apenas unas cortas frases que nos pueden pasar inadvertidas, pero que están escritas para ser descubiertas.

Mi R-E-S-E-Ñ-A -permitidme usar el acróstico sugerido-, nacida al calor de mi pequeño grupo de doce expectantes oyentes de corta edad -de 3 a 5 años-hubiese necesitado el apoyo de una filmación del momento para ver sus caras, sus atentos y brillantes ojos, su comprensión acertada del transcurrir de la narración .

Sin lugar a dudas del texto disfrutaba más yo.  Y puede que ese día , ese día diferente, fuera eso lo que también ayudó a que ellos se emocionaran con el cuento; Pero para ellos lo importante, lo que les llegaba, eran las imágenes, los colores, los espacios, las esperas… Entonces, como un auténtico tesoro para enriquecer aún más el momento lector, ¡¡se adelantaron al final!! Incluso podríamos decir que lo redondearon:

MAESTRA: -“El señor se marcha en su camión por el mismo camino del desierto por donde  había venido… ¿qué pasará ahora?”

NIÑOS: -“¡¡¡el pajarito vuelve!!!” -Gritos de alegría cuando ven que aciertan.

MAESTRA- ¡Vaya,  pensasteis lo mismo que el autor de este cuento!

NIÑOS: (Antes de que me dé tiempo a preguntar) – ¡Seguro que ahora  vienen todos!

Al volver la página os podéis imaginar lo que pasó.

03oiseaux024

Pero el pequeño  -y a la vez para mí inmenso- detalle, que fue un auténtico tesoro y que bastó para enriquecer el instante, fue el final que anticiparon:

NIÑOS: -¡¡¡Se van a llevar al camión y al señor volando!!!!

Os lo prometo: No me lo invento. No pasa siempre, pero algunos días son diferentes… y aunque no consigamos cambiar el mundo estos momentos ayudan.

Quisiera terminar con otro fragmento de un libro que recordé al leer éste -y es que últimamente siento que los libros se enlazan, se enredan unos con otros:

“ Hay momentos especiales/ en mi vida,/ si a la Luna sé mirar cuando sonríe,…”

Así comienza  Mi Dinosaurio, de Mark Alan Weatherby publicado por la Editorial Kokinos, que es un álbum-poesía o una poesía hecha álbum…

Mirta