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Poetas invisibles

El libro negro de los colores es un libro negro en el que sólo destaca el texto en caracteres blancos. Eso es lo que vemos. Pero al tocarlo nos damos cuenta de que hay mucho más. Porque el texto aparece también en Braille y, en la página siguiente, las ilustraciones en relieve nos muestran un mundo plagado de colores que percibimos a través de nuestros dedos.

Y es que el narrador, Tomás, es un niño ciego que no puede ver los colores. Estos son para él miles de sabores, olores, sonidos y emociones. Y así se lo cuenta a su amigo y a cualquier lector que se acerque al libro.

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La obra, que nos brinda en España Libros del Zorro Rojo, es maravillosa, una auténtica joya que ha ganado numerosos premios como el New Horizons en la Feria del Libro de Bolonia.

Yo conocía el libro desde hacía tiempo, pero nunca lo había enseñado en clase.

Lo hice el otro día, con muy pocas expectativas, francamente.
Decidí llevarlo a mi grupo de 1º de ESO, porque es el menos numeroso (once alumnos) para que así pudieran verlo más a gusto y tocarlo todos, aunque estaba convencida de que no iba a sacar ningún pensamiento interesante de aquellas cabezas, preocupadas siempre de cualquier cosa que no fuera escucharme a mí. Me equivoqué.

Miraron el libro, lo manosearon, gritaron… Les propuse ayudar a Tomás en su descripción de los colores, añadiendo alguno que no apareciera allí.

La mitad de ellos adoptaron una postura muy intelectual, chupando el boli y poniendo cara de estar muy concentrados. La otra mitad, se levantaba y gritaba preguntas y comentarios (“¿Cómo se llama ése que toca lo que vimos en música?”, “Jo, no se me ocurre ningún otro color…”, “¿El verde está?”).
No quise ir leyendo lo que escribían.

Después de un tiempo razonable, dije “Hale, ya, a ver qué habéis escrito”, y me agarré a la silla dispuesta a oír naderías. Y lo que oí fueron cosas como estas:

–          El naranja es ácido como la fruta y el cielo al atardecer.

–          El violeta es divertido como una voltereta.

–          El rosa es dulce como el algodón de azúcar.

–          El granate suena como el chachachachán de Beethoven.

–          El gris es como la niebla, desperdigado por el cielo, perdido, sin saber adónde ir.

Definitivamente, la Poesía es omnipresente y vive en cualquier parte. En un pequeño instituto, en 1º de ESO, se esconden, camuflados y de incógnito, once poetas.

Emma C.

El libro negro de los colores. Menena Cottin y Rosana Faria. Editorial Libros del Zorro Rojo, 2010.Image

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Algunos días son diferentes…

Hace mucho que no escribo una reseña. ¿Cómo podríamos explicarle a alguien que nunca hubiese escuchado esta palabra lo que significa? Podría ser…

Recuento

Emocionado de recuerdos y

Sensaciones que surgen al

Entonar la lectura de un cuento a peque-

Ños escuchantes o

Adultos

No sé si el acróstico la define, pero en mi caso eso es lo que les da contenido a las reseñas . Últimamente estoy desentrenada. Hoy vuelvo a intentarlo, porque leyendo “Los pájaros” la experiencia lectora de este álbum ilustrado forma parte o más bien hizo posible -y no siempre se consigue- que mi día fuese diferente.

Una compañera del grupo había leído el libro y realizó una bellísima reseña , de esas que te invitan a acercarte a la historia. Otra compañera del grupo comentaría que no nos iba a suponer mucho trabajo leerlo, porque como dice uno de sus alumnos “ es casi una historia para mudos”, o por lo menos una historia para tímidos.

La narración va acompañada de poco texto,  apenas unas cortas frases que nos pueden pasar inadvertidas, pero que están escritas para ser descubiertas.

Mi R-E-S-E-Ñ-A -permitidme usar el acróstico sugerido-, nacida al calor de mi pequeño grupo de doce expectantes oyentes de corta edad -de 3 a 5 años-hubiese necesitado el apoyo de una filmación del momento para ver sus caras, sus atentos y brillantes ojos, su comprensión acertada del transcurrir de la narración .

Sin lugar a dudas del texto disfrutaba más yo.  Y puede que ese día , ese día diferente, fuera eso lo que también ayudó a que ellos se emocionaran con el cuento; Pero para ellos lo importante, lo que les llegaba, eran las imágenes, los colores, los espacios, las esperas… Entonces, como un auténtico tesoro para enriquecer aún más el momento lector, ¡¡se adelantaron al final!! Incluso podríamos decir que lo redondearon:

MAESTRA: -“El señor se marcha en su camión por el mismo camino del desierto por donde  había venido… ¿qué pasará ahora?”

NIÑOS: -“¡¡¡el pajarito vuelve!!!” -Gritos de alegría cuando ven que aciertan.

MAESTRA- ¡Vaya,  pensasteis lo mismo que el autor de este cuento!

NIÑOS: (Antes de que me dé tiempo a preguntar) – ¡Seguro que ahora  vienen todos!

Al volver la página os podéis imaginar lo que pasó.

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Pero el pequeño  -y a la vez para mí inmenso- detalle, que fue un auténtico tesoro y que bastó para enriquecer el instante, fue el final que anticiparon:

NIÑOS: -¡¡¡Se van a llevar al camión y al señor volando!!!!

Os lo prometo: No me lo invento. No pasa siempre, pero algunos días son diferentes… y aunque no consigamos cambiar el mundo estos momentos ayudan.

Quisiera terminar con otro fragmento de un libro que recordé al leer éste -y es que últimamente siento que los libros se enlazan, se enredan unos con otros:

“ Hay momentos especiales/ en mi vida,/ si a la Luna sé mirar cuando sonríe,…”

Así comienza  Mi Dinosaurio, de Mark Alan Weatherby publicado por la Editorial Kokinos, que es un álbum-poesía o una poesía hecha álbum…

Mirta

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La riqueza de la lectura compartida

Siempre quise pertenecer a este grupo.  Durante los cinco años que se reunió en el centro de formación del profesorado,  esos martes en que había sesión rabiaba detrás del mostrador de la librería por tener que estar en mi Bosque –este bosque que adoro por todo lo que me da- en lugar de rodeada de personas interesantes compartiendo sus lecturas.

Menos mal que mis otras brujas, Beatriz y Olalla, me lo contaban todo con pelos y señales: el éxito o fracaso de los libros propuestos, las intensas experiencias de lectura compartida en las aulas, las anécdotas, las risas.

Menos mal que ahora las tengo aquí y puedo disfrutar de esa red de lecturas tan enmarañada como las ramas de los árboles, que aporta tanta belleza y conocimiento, haciéndome crecer como profesional y como persona.

Una de las cosas que más me interesan de este grupo es la cantidad de conexiones con otras lecturas que surgen de la reseña de un libro.  Cuando nos reunimos, la dinámica es la siguiente: cada una de nosotras comenta su experiencia de lectura compartida –en el aula, en familia, etc. -de los libros que se ha llevado en préstamo la sesión anterior de la biblioteca de TresBrujas que tenemos en la librería. De la lectura más interesante (álbum ilustrado, novela o ensayo)  escribe una reseña, que se lee en voz alta.  A partir de este momento, las demás aportamos detalles de nuestra propia experiencia con el libro, o proponemos otras lecturas en diferentes soportes que estén relacionadas.

He aquí un ejemplo excelente que refleja muy bien la riqueza del proceso:  A partir de la lectura de Natalia C.V. de su reseña de Los pájaros- con banda sonora incluida-, Mirta nos aportó su propia experiencia de lectura, que más tarde reflejó en esta entrada.   Y Emma nos sugirió este magnífico corto: Birds on the wires.

Un mismo libro: varias lecturas, varios soportes (texto, imagen, audiovisual, musical). Un árbol de ramas enmarañadas que pasa a formar parte de nuestro bosque de lecturas.

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Los Pájaros I

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Dios está en los detalles, rezaban los capolavori. Prueba de ello son Les oiseaux, traducido literalmente del francés, esto es: Los pájaros. Pocas palabras, imágenes sugerentes, colores de una paleta vivaz. En líneas sencillas, rectas, luminosas,  se abren los colores intensos como si la caja de acuarelas estuviese encendida y fuera presa de la incandescencia. De nuevo, una historia donde abundan los esfuerzos por lo íntimo y los gestos dibujados. Dos personajes principales, un hombre y un pájaro, muchos secundarios, el torbellino de aves que saben volar.

El cielo.

Cuando tengamos tiempo para la mirada lenta, necesidad del aire en los pulmones, algo así como “charcos de tristeza, olas de felicidad” (verso que se le metió a Lenon y que brotó en forma de una canción plena y tibia, Across the universe, celebrada por un planeta entero en su aniversario), entonces sentémonos, a poder ser, en zona calentita, mullida y propongámonos la lectura de un instante dichoso. Eso es Los pájaros.

Después, volveremos sobre él: un álbum de regreso. Como el sol, del color del sol, amarillo, como un gran árbol de limones, un día eterno de playa, un arenal donde hundir los desnudos pies. Rojos vivos, pájaros azules, rosas, de todos los tonos fuertes… menos uno. “El” pájaro. Ese que necesita el impulso, la fuerza, el empuje. Y la niña que lee, en ese momento, se vuelve ave.

No sabe volar. Le cuesta volar. Es una cuestión de tiempo y paciencia. No todos tenemos el mismo ritmo, ni la misma inteligencia, ni el mismo color de ojos.  Sin embargo, todos llegamos, si creemos. Si en un momento determinado, en que las alas pesan, alguien cree en nosotros, se detiene, nos espera. Aviva el espacio del encuentro.  De pequeña, me encantaba una secuencia de Barrio Sésamo, esa en la que Paco Pico jugaba con un raudal de pelotas de tenis y era incapaz de lanzarlas bien. Una voz en off le decía, “Inténtalo Paco Pico, inténtalo”. Muchas veces he representado esa frase expresiva y esas imágenes cuando las cosas no salían, rectifico, no salían a la primera. Eran de largo recorrido, de esfuerzo, de cocina lenta. Al final, por supuesto, ocurrieron como cuenta el texto “Aquí… o allá”.

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El álbum sonríe, la furgoneta roja toma vida y sonríe, el portador de pájaros sonríe. Las imágenes de las piruetas del hombre compartiendo (pan, sonrisas, confidencias…) con el pájaro negro y enseñándole a volar son como fotogramas de cine mudo: ternura, imaginación, belleza. Luz sobre papel. Insistentemente el campo semántico de la luminosidad. Sin duda, Los pájaros es un libro luminoso.

Y es que a veces sobran las palabras, especialmente cuando la secreta escritura de los valores discurre entre imágenes. Este es el caso. Todo un acierto que la imagen domine sobre el texto. Para niños de cinco a doce años, escribe este narrador, tercera persona, alguien que mira, del lado del lector y dibuja la luz este ilustrador.  Lectura en valores, calidad gráfica y calidad editorial. Sobre el texto pende una linterna; la que enfoca hacia la maduración, la dificultad asumible, los retos.  Destaca la importancia de la empatía. La solidaridad. La suma de uno más uno que supera al valor del dos.

Lo inmenso de hacer el bien cada día, en las pequeñas cosas, en los seres que nos rodean. Sembrar luz para recibirla, una acción… “y (puede) cambiar el mundo”. Este álbum invita a ello. Pasen y vean. Volverán.

Natalia C.V.

LOS PÁJAROS.  Texto, Germano Zullo. Ilustración, Albertine.  Libros del Zorro Rojo, 2012