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OJALÁ PUDIERA FORMULAR UN DESEO

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OJALÁ PUDIERA FORMULAR UN DESEO

JIMMY LIAO

Editorial:  BARBARA FIORE EDITORA

Número de páginas:  120

Este libro se nos presenta dentro de un estuche como suele hacerse con los objetos valiosos. A través de esa envoltura, en la que el título aparece semiescondido, el artista nos invita a sumergirnos en algo tan humano como son los deseos. El niño que aparece en la portada será el hilo conductor junto a su “tetelámpara” y su gato. Sin duda un gran homenaje a Aladino en las páginas iniciales, pero sin llegar a ser el verdadero asunto.

En una equilibrada mezcla entre el color y el blanco y negro, las ilustraciones realzan y enriquecen el texto, que nos ofrece los deseos de un desfile variopinto de niños y niñas. Las páginas no te dan tregua: el dibujo te asombra y lo que lees te conmueve. Los que somos seguidores de Jimmy Liao, celebramos esta exquisitez que afianza, más si cabe, a uno de los “grandes”. Uno de los descubrimientos más agradables que se puede tener es comprobar que ni los deseos de los niños son especialmente infantiles, dando lugar a profundas reflexiones, ni los destinatarios tienen por qué ser solo ellos. Cualquier adulto que abra el libro percibirá el gran poder de evocación que despliega y la sorprendente capacidad que tiene de conectar la vida adulta con la niñez perdida pero no del todo olvidada. Hay deseos de todo tipo y condición: poéticos, tristes, ingenuos, simpáticos, creativos, inusuales…

Deslumbrada por las enormes posibilidades que brinda este trabajo, decidí llevarlo al aula con alumnos de 1º de ESO. Al ser grupos pequeños, presenté el libro desde la cercanía del espacio físico y antes de sacar el libro del estuche les llevé la atención sobre ese detalle: el de presentarlo como si fuese una joya. Una vez mostrado el libro, pudieron comprobar que, en esta portada, ya se emplean unas brillantes letras plateadas que no solo se dejan leer con claridad sino que sirven de reclamo.

Y a medida que pasábamos las páginas, sin prisa, con deleite, nos impregnábamos de la delicadeza oriental en cuanto a las imágenes y los textos. Reflexionamos entonces sobre los deseos que podríamos compartir con los niños y niñas del libro sin que las diferentes nacionalidades influyesen y los que considerábamos culturalmente diferentes. A veces , tras un deseo se hacía el silencio (todo un logro de Liao) y se producía una sincera empatía; sobre todo, respecto a los deseos que no se pueden cumplir o que surgen del dolor.

Como pequeño taller de escritura, les propuse formular un deseo que no se pudiese comprar (por eso de evitar los coches, casas, móviles, etc.) y estas son algunas muestras:

Me gustaría tener a alguien a mi lado. Y un perro.

Desearía que mi abuela no hubiese fallecido.

Deseo tener un-a hermano-a y una novia.

Ojalá pudiera parar el tiempo para arreglar los errores hechos.

Yo pediría poder dar un refugio a todos los gatos.

Deseo que mi hermano me quiera más.

Ver a mi abuelo paterno este invierno.

Tener poderes sobrenaturales.

Vivir en paz.

Deseo tener un pensamiento.

A mí me gustaría volver a vivir las grandes aventuras que disfrutaba de pequeño.

Me gustaría ver a una persona que quiero mucho y está muy lejos, quisiera estar con él para siempre.

Que mi familia siempre tenga salud.

Lo mejor de todo es comprobar las inagotables posibilidades que ofrece y que, dependiendo de quien lo muestre y del alumnado, brotará un incesante caudal de actividades.

Olga Orviz

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LA CAJA DE LAS PALABRAS

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La caja de las palabras

Mar Benegas y Eva Vázquez

Lóguez.

Si algo me molestaba un montón cuando era pequeña, era preguntar una palabra y que me contestaran: “Esa palabra no la vas a entender aún. Eres muy pequeña. Cuando seas un poquito mayor la entenderás”. Como tantas otras cosas, me prometí a mí misma no hacer lo mismo cuando ya, por fin, fuera mayor. Y aunque no todas esas cosas las he conseguido superar, creo que ésta ha sido un logro. Vivo rodeada de niños y adolescentes y cuando me preguntan una palabra NUNCA les digo que aún no es el momento. Como puedo, se la explico. O lo que es mejor, intento que ellos lleguen a un posible significado, el que sea. A Ari, la protagonista de nuestro libro, su madre le dice que algunas palabras aún le quedan grandes. Y entonces Ari decide escribir todas esas palabras “grandes” en papel y guardarlas en una caja para cuando llegue el ansiado momento de entenderlas. Su preferida es “metáfora”, pero hay muchas más. Algunas van saliendo de la caja; otras, van entrando…. Nada más echarle un vistazo a este libro de Mar Benegas y Eva Vázquez, se me ocurrieron un montón de ideas para trabajar con él. Las palabras son mi vida, y en concreto este tema de las palabras que quedan grandes, me tocaba muy de cerca. Así que se lo presenté a mis alumnos. Ellos viven entre palabras y, cuando hacemos hora de lectura, me acribillan a la caza del significado. Son entusiastas y les gusta aprender. Les propuse hacer nuestra propia caja de las palabras, física, tangible. Y el siguiente paso consistió en rellenarla. No solo de palabras raras, sino de palabras bonitas (por su significado, por lo que nos evocan, por cómo suenan…) y de palabras feas; de las palabras favoritas de sus profes (algunos nos miraron con cara de extrañeza cuando los asaltamos en busca de SU palabra ) y de las palabras preferidas de sus familias… A algunas les añadimos el significado del diccionario porque nos parecían complicadas; a otras les añadimos posibles definiciones que nos parecían más divertidas o sugerentes; a otras, un dibujo… Y en ello andamos: buscando palabras. Nuestra caja está llenándose poquito a poco. Y así, tenemos ELOCUENCIA (el arte de hablar de modo eficaz), SERENDIPIA ( descubrimiento o hallazgo inesperado producido al buscar otra cosa), INEFABLE (que no se puede explicar con palabras), AURORA (luz sonrosada), ESTULTO (necio, tonto, bobo), ALHELÍ (flor alelada), ARRUMACO (declaración de cariño), RUPESTRE (ropa del oeste), ANONADADO (te quedas cuadrado), NUNCA (palabra prohibida), EXTRAORDINARIO (más a diario), FLATULENTO (que corra el viento), SUPERCALIFRAGILISTICOESPIALIDOSO (palabra divertida),… De momento, seguiremos llenando nuestra caja y jugaremos con las palabras todo lo que ellas nos dejen. Andaremos a la caza de la serendipia, como la que yo he tenido la suerte de hallar al ver el resultado de su caja de las palabras. Y seguiré dando uso de “inefable”, cada vez que no pueda explicar lo que siento cuando me encuentro con estas ganas de aprender y de llenarse de palabras. Flor DSC_0593

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ZORRO

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ZORRO

Margaret Wild

         Y

Ron Brooks

Ediciones Ekaré,2014

 

 

Una buena historia tiene que golpear a la puerta de nuestra conciencia y despertar sentimientos, emociones y opiniones. Este bello y estremecedor álbum lo hace.

 

“-¡Toc, toc!

 

-Quién es?

 

-Soy Zorro

 

-¿Qué querías?

 

-¿ Tú crees que Perro y Urraca me perdonarán y serán mis amigos?

 

– Seguro que sí, para que el cuento acabe bien… pero yo no lo haría.” (Olaya-6 años-1º de Primaria)

 

Zorro es un álbum brillante y oscuro al mismo tiempo, tanto en sus ilustraciones y colores como en los sentimientos que provoca cada uno de los momentos vitales y visuales de la historia.

 

Perro y Urraca son dos, pero a la vez un todo: se complementan, la lealtad les une, porque Urraca sabe que Perro la quiere y desea que casi consiga su sueño interrumpido por la fatalidad: volar.

-“¡VUELA, Perro, VUELA! Yo seré tu ojo perdido y tú serás mis alas.”

Zorro entra en escena, con un espléndido pelaje rojo… y unos ojos brillantes e inquietantes que, encuadrados que en un primerísimo plano, nos observan mientras el texto narra que no dejan de mirar a Urraca.

Urraca recela.

Perro intuye su soledad y le acoge.

Urraca está alerta, pero la seducción que le produce la repetida propuesta de Zorro es más fuerte que su voluntad, firme hasta entonces, de no traicionar a Perro.

Brillan los colores de este álbum desde este momento hasta llegar a un abrasador desierto y un negro, muy negro pensamiento, con un destello final de superación.

La historia no tiene un cierre, no lo puede tener: Zorro tiene que golpear a la puerta de conciencias de cualquier edad y debemos estar muy atentos al final que le queramos dar.

 

Por si fuera poco todo lo que puede remover la lectura de esta historia de amistad y soledad, las guardas nos reciben con un bosque en llamas, imagen desoladora, y terminan con un renovado y verde bosque que podemos interpretar como un mensaje de esperanza.

 

Mirta

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TE QUIERO UN MONTÓN

Te quiero un montón
Juan Carlos Chandro. Mª Luisa Torcida
Ed.Bruño. 2013

Te quiero un montón es un álbum ilustrado tierno, tanto en las ilustraciones como en el texto. A partir de una situación común, un padre ausente y una madre que tiene que trabajar y acuesta a su hijo temprano, se desarrolla una historia de amor absolutamente deliciosa con la que cualquier adulto y niño puede fácilmente sentirse identificado.
En un tono cómico la mamá va diciéndole a su pequeño Garbancito que lo quiere, recordándole que a pesar de sus ocupaciones siempre está ahí. El texto permite además dramatizarlo con los niños siendo perfecto para realizar una lectura compartida y cómplice que resulta muy divertida.
Y si el texto es un acierto, las ilustraciones no lo son menos. Mª Luisa Torcida dibuja a una mamá, enorme, que invita a refugiarse en sus brazos y que asegura tranquilidad y amor. Las expresiones de los personajes, los colores tenues, las formas redondeadas y suaves de los dibujos destilan delicadeza y acompañan al texto armónicamente complementándolo de una forma perfecta.
En un principio, Bruño sacó una edición en tapa blanda y de formato pequeño en la colección Chiquicuentos a un precio muy bajo, que se completaba con un cuadernillo de actividades para posteriormente sacarlo en tapa dura y formato grande lo que resalta sus magníficas ilustraciones.
Juan Carlos Chandro es un escritor infantil que ha publicado más de 20 libros entre los que se encuentran: Los besos mágicos, Runrun Cataplúm, El abuelo está enamorado…(y yo también) y Una niñera de cuidado.
Mª Luisa Torcida es una ilustradora asturiana, profesora titular en la Escuela de Arte de Oviedo. Lleva más de 30 años llenando de color y líneas los cuentos de los más pequeños y ha ilustrado más de 50 libros. Recientemente ha realizado una exposición con un centenar de obras que resumen su vida artística. Como ella dice y comunica en sus ilustraciones: los niños deben poder leer a través de sus imágenes, cuya función es divertir y trasmitir vida.
Ana N.

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CHISPAS Y CASCABELES

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Autora: Ann Rand

Ilustrador: Paul Rand

Barbara Fiore Editora, 2006

 

¿Hay algún niño o niña al que no le gusten los helados? Yo creo que a la mayoría se nos hace la boca agua pensando en un buen helado, un caluroso día de verano.

Ann y Paul Rand dedican este libro “para todos los niños a los que les gustan los helados”.

No habla de helados el libro, pero sí de palabras; palabras frescas y dulces como los helados, palabras largas, cortas, alegres, sonoras… es “un libro sobre las palabras “.

 

Algunas palabras

son claras y alegres

y hasta luminosas,

como chascarrillo y castañuelas

y chispas y cascabeles.

 

¿Qué son las palabras? Así empieza el libro. Uniendo texto e ilustración, está lleno de ritmo, resonancia, musicalidad… de melodioso juego gráfico. El texto corto -rimado la mayoría de las veces- aparece en una de las páginas, derecha o izquierda indistintamente. Colores planos, dibujos sencillos, diferentes tipografías, letras personificadas, divertidos collages, ¡incluso una pera convertida en conejo con unas pocas y acertadas líneas! Todo ello hace que las ilustraciones acompañen al texto envolviéndolo, despertándolo, alegrándolo. Con palabras podemos escribir, hablar, pensar; con este libro podemos disfrutar.

Ann Rand escribió cinco libros infantiles y su marido, Paul Rand, que fue uno de los diseñadores gráficos más influyentes y revolucionarios del s XX , ilustró cuatro de ellos. En este álbum, autora e ilustrador se proponen que la aventura de explorar las palabras se convierta en una experiencia mágica y os puedo asegurar que lo consiguen.

¡Palabra!

Mirta

 

Aside
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Pomelo no es un elefante como la mayoría de los elefantes. Podríamos colocarlo en el grupo de elefantes extraños -que los hay-: elefantes que vuelan, elefantes de colores, elefantas de color rosa… Precisamente ese es su color: es un elefante rosa; además es pequeño, pequeño, muy pequeño. Tan pequeño que vive  bajo su flor de diente de león y tiene una trompa muy, muy larga, que le trae algún que otro problema pero  también le permite hacer cosas divertidas.

Textos cortos unidos a ilustraciones sencillas que describen con todo detalle cada una de las situaciones -algunas de ellas sorprendentes-, facilitan la lectura colectiva y que se sientan atraídos por el personaje y sus amigos. Pomelo es feliz y nos hace felices leyendo sus historias aunque a veces también tiene miedo; vamos que podría ser cualquier compañera o compañero de  clase y eso es lo que decidimos hacer, ¡hacerlo nacer para que viva con nosotros! Pero ¿cómo?

Aquí empieza el debate: “¡Dibujado!”; “No, una foto”; “Mmmm, para eso tenemos el libro”;  “No: queremos jugar con él”.

Con un corcho pintado de rosa, dos chinchetas  y una cinta para la trompa, podemos hacer un Pomelo. La trompa tendría que ser muy larga, así que con ayuda de nuestro “Señor Metro” estuvimos medimos y decidimos que sería suficiente con una trompa de medio metro. Nos pusimos manos a la obra.

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Ahora cada niña y cada niño de la clase tiene su Pomelo. Son Pomelos a la medida: a la medida de nuestra pequeña mano; a la medida para meterlo en una caja de cartón o dentro de la bandeja de las pinturas; a la medida para hacer equilibrio con él; a la medida para medir cosas con su trompa (una mamá nos dijo que casi todos nosotros medíamos lo mismo que la trompa  de Pomelo cuando nacimos); a la medida para leer su nombre porque tiene las letras que mejor conocemos hasta ahora; a la medida para hacer volar su trompa al viento; a la medida de… todo lo que se nos pueda ocurrir. Nuestros Pomelos de corcho no viven debajo de un diente de león, pero sí felices en nuestras cajas de cartón.

Mirta

Pomelo es feliz. Ramona Badescu; il. Benjamin Chaud.  Kókinos, 2005.

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Una historia transgresora (y culinaria)

Siguiendo la estructura habitual de los cuentos, Tomi Ungerer es capaz de trastocar las funciones tradicionales de sus personajes para dotar de originalidad esta historia colorista, humana, vital. Así, una niña llamada Zeralda, que nunca había oído hablar de esos seres glotones, habitualmente hambrientos y malhumorados que llevan toda la vida comiéndose a los niños y niñas de los cuentos, se convierte en la heroína de esta historia gracias a sus habilidades culinarias.

Su padre envía a la niña a vender al mercado y, cuando el ogro intenta secuestrarla, da un traspié que le causa graves heridas, de manera que el malvado se convierte en víctima y la víctima en salvadora. El ogro, ni corto ni perezoso, le propone compartir sus riquezas si cocina para él. La niña acepta y, a partir de ese momento, el castillo del ogro se convierte en lugar de gozo para todos los ogros de la región quienes, tan ricamente alimentados por Zeralda, olvidan fácilmente su tendencia natural recogida en los cuentos tradicionales y se dedican al inmenso placer de comer y beber en compañía.

Sin título

No queremos desvelar el final feliz de esta historia transgresora, pero sí compartir nuestra sonrisa al terminar de leerla. ¡Qué aproveche!

Ana M.

El ogro de Zeralda. Tomi Ungerer.  Ekaré, 2013