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ANTES, CUANDO VENECIA NO EXISTÍA

Antes, cuando Venecia no existía.

Victoria Pérez Escrivá

Thule. Narrativa ilustrada

“Antes, en los canales de Venecia no había agua sino vino. La gente fingía que se caía a los canales para dar un trago. Salía más barato que en los bares.”

¿Cuándo nos habíamos imaginado una Venecia así? ¿O seca? ¿O con sus aguas limpias y transparentes? Pues ahí comienza todo: en la imaginación. ¿Nos habíamos imaginado alguna vez un cuento que no se puede contar porque, a pesar de ser tan verdadero, nadie lo iba a creer? ¿Y a un hombre tan alto, tan alto…que vivía en las nubes? ¿Y a una nube tan densa que envolvía toda una familia? ¿Y a un cangrejo existencialista? ¿Y a un grito perdido y huérfano? Y cientos de posibilidades más que encierra esta caja de sorpresas, un conjunto de 69 relatos cortos de los que el primero pone título a todo el libro: Antes, cuando Venecia no existía.

No sé si ha sido una casualidad que ese cuento sea el que presida todo los demás, pero lo que leemos en él, con humor, lo encontraremos de alguna manera en el resto: el cambio del punto de vista, el juego con la historia, el planteamiento de otras interpretaciones…Y de este modo en los 68 restantes aparecerán lugares posibles que se convierten en imposibles, donde lo que parece al derecho se convierte en “al revés”, animales casi humanos, pero que no dejan de ser animales, personas menos humanas que los animales, objetos posibles que se transforman en imposibles y que se vuelven a transformar… Un caleidoscopio de historias que nos sorprende por su original propuesta.

Lo relatos se presentan agrupados alrededor de un motivo común: “El principio”, “Nosotros”, “Animales”, “Cosas escondidas”, “Los animales y nosotros”, “¿Embrujos o encantamientos?” y entre todos ellos corretean, como hilo conductor, un elefante y un ratón que se han conocido al principio del libro y que, reflexionando sobre sus diferencias y semejanzas, llegan también juntos al final. (¿Será este el relato número 70?)

Las ilustraciones de la propia autora encabezan el inicio de cada historia y alegran con sus colores página tras página. Pero si algo llama la atención en la mayoría de los cuentos es el añadido que la autora aporta tras el final de los mismos. Textos que aparecen destacados en letra más pequeña y que nos provocan miles de sensaciones: a veces de alivio, porque nos han ayudado a comprender mejor lo que hemos leído, a veces de desasosiego pues nos conducen a plantearnos, en cascada, multitud de posibilidades más. A veces nos saldrá una “semisonrisa”, otras nos dejará sin palabras, o con una interrogación sobre nuestra cabeza… Queda a gusto del lector la decisión de qué hacer con ellos: meditar, indagar, compartir, reescribir, reinventar. Pero en ningún caso nos dejarán indiferentes.

Así me ocurrió con el cuento “Una mentira”. Una mentira que fue creciendo tanto que desalojó a toda una familia de su casa. Victoria Pérez plantea al final de esta brevísima historia hasta 12 posibilidades: la mentira que olía y sabía muy bien…la verdad que hubo que tragarla cruda…la mentira de medidas perfectas que enamoró a un hombre… Y tantas más… tan bonitas, tan reales, tan apetecibles para explorar…que, aprovechando un cuento del Conde Lucanor que estaba leyendo en 3º de ESO, titulado “El árbol de la verdad y de la mentira”, hicimos un animado coloquio comparando ambos textos.

A la hora siguiente fueron los cuentos de “La gente de la luna” y “Una torre humana” los que me dieron juego. En esta ocasión, con 1º de ESO, donde aproveché ambas historias para hacer unos microrrelatos a partir del humor de frases cotidianas que tienen su doble sentido. Sandra de 1º B lo aprovechó muy bien y, con permiso de la autora, le salió este microcuento:

“Aquel chico era una torre humana, tan alto, tan alto, que tenía pájaros en la cabeza y los profesores le decían que siempre estaba en la luna”

Y es que cuando abrimos este librito, abrimos una puerta que esconde sorpresa tras sorpresa.

 

Alberto

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Enigmas y Cuentos populares españoles

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Cuentos populares españoles. Edición de J.M. Guelbenzu. Ediciones Siruela.
Enigmas.  Beatriz Martín Vidal. Editorial Thule.

Quizás convenga comenzar aclarando la razón de tanto título y autor en la presente reseña. Se trata de dos libros que han confluido, sin pretenderlo, por pura y afortunada casualidad y que han logrado compenetrarse y enriquecerse ante los alumnos de 2º de la ESO.  Trabajar la oralidad en clase no resulta precisamente sencillo: es algo que suele incomodar, que escarba inseguridades y pone a prueba autoestimas y latidos cardiacos. De ahí, la difícil elección del asunto que dé pie a las exposiciones. Dándole vueltas y más vueltas, opté por trabajar los cuentos populares españoles, de los que reconozco ser una gran entusiasta.

Un día cualquiera decidí ofrecerles uno de miedo, “La asadura del muerto”, que cumplió con creces su cometido. Por compensar, continué con otro humorístico, “Juan Bobo”, que también desplegó su fascinación entre el auditorio. Cerré el muestrario con “Perico el Mago”, ofrecido como el antecedente autóctono de Harry Potter. La curiosidad fue en aumento y, ya sugestionados, aceptaron que cada uno debería contar un cuento ante el público de su clase. Contado, no leído, eso era lo fundamental. La actividad resultó un éxito, teniendo en cuenta la poca práctica en contar cuentos y lo poco familiarizados que están con lo popular y lo políticamente incorrecto. De esta manera, se escucharon cuentos titulados “La casita de azúcar” (“Hansel y Gretel”), “El hombre del saco”, “La niña de los tres maridos”, “El cuarto prohibido” (“Barba Azul”), “Pulgarcito”, “La gaita que hacía bailar a todos”, “Piedra de dolor y cuchillo de amor”….. y un largo etc. Entre nervios, risas, sorpresas e incluso, concentración, se fueron escuchando estas sabrosas historias no exentas de cierta polémica (al inicio les costaba aceptar el mundo propio de los cuentos). Comprobé, sin embargo, cómo lo “auténtico” sigue funcionado.

La actividad ya se daba por zanjada el 30 de noviembre pero justo unos días más tarde, el 3 de diciembre, se presentaban en la Librería El Bosque de la Maga Colibrí dos libros de Beatriz Martín Vidal:  Enigmas y Caperuza. Y así continuó el hilo conductor. Como público y envuelta por los originales de la autora, fui consciente de que todo cobraba aún más sentido. Les iba a llevar a clase un precioso regalo que coronaba sus esfuerzos y rendía un artístico homenaje a los cuentos que ya conocían.
En Enigmas se plantean una serie de preguntas sobre personajes de cuentos clásicos que, sin duda, rompen los esquemas que hemos ido aceptando. Beatriz, que siente verdadera fascinación por estos relatos y que, según explicó, trabajó desde la más absoluta libertad (antes de pensar en publicarlos ya los había realizado con una entrega y dedicación propia de quien lo hace por placer), plantea una serie de interrogantes en una doble página en blanco y negro, que se resolverán (o medio resolverán) en un estallido de color en la doble página que los sigue. Hay preguntas como estas:
Resultado de imagen de enigmas caperucita roja beatriz martinCaperucita Roja…
¿Qué encontró?
¿Qué aprendió en el tiempo que estuvo allí dentro,
en lo profundo del gran, gran, gran lobo feroz?

Beatriz también se pregunta sobre el motivo por el que regresaron Hansel y Gretel a casa, si Blancanieves estaba muerta o dormida, si las hermanas de la Sirenita perdonaron al príncipe, si la Madrastra aprendió a ser malvada o era así desde pequeña, si Pulgarcito sintió algún remordimiento por haber provocado la muerte de las siete hijas del ogro… Lo curioso de todo esto es que funciona a la perfección el hecho de separar el texto, tan breve, de las impactantes imágenes al óleo en los originales. Somos nosotros, los lectores, quienes unimos los dos mundos en nuestra cabeza y logramos que todo fluya. De todas formas, por mucho que se intente describir, lo mejor que se puede hacer es visitar la exposición en persona.
Para concluir, más allá de reconocer la indiscutible capacidad de esta joven ilustradora, voy a presentar algunas de las reacciones que ha provocado en los alumnos y alumnas que han seguido todo el proceso sin cerrar la boca y con las pupilas totalmente dilatadas. Estas son algunas opiniones:

La Bella Durmiente es la ilustración que más me ha gustado porque yo pienso y me pregunto cosas todo el día. Tener cien años para pensar y soñar. Para mí está muy bien ilustrado según la situación. La expresividad de su rostro da qué pensar. Nunca le contó a nadie lo que soñó o pensó, pero nadie le preguntó.
María P. 13 años

He elegido la imagen de Blancanieves porque me impactó que estuviese en un ataúd. Yo creo que está viva pero tenía catalepsia o entonces murió y la historia está mal contada.
Bárbara G. 14 años

Resultado de imagen de enigmas beatriz martin vidalCaperucita negra es mi favorita porque al pensar en una niña que está abandonada en el bosque, sin nada, y consigue vencer al lobo y sobrevivir en un lugar hostil, me da escalofríos. Pregunta: ¿buscó el lobo a caperucita o caperucita al lobo?
Pelayo del V. 13 años



Me impactó la de los cisnes salvajes porque representa la inseguridad que tenía en su interior de ser un príncipe o un cisne. Según el dibujo, el hermano está atrapado entre dos sentimientos: la responsabilidad y la libertad.
Pregunta: ¿cómo se te ocurrió la forma de representar la inseguridad del príncipe en una imagen?
Brahim J. 13 años

Me impactó la de las hermanas de la Sirenita porque no las imaginaba así de terroríficas.
Manuel P. 13 años

Resultado de imagen de beatriz martin vidal enigmasEscogí la Madrastra porque me impacta la cara de la madrastra, no tiene ninguna preocupación. Yo creo que tuvo una situación traumática que la dejó así.
Pregunta: ¿por qué los clavos de los pájaros no tienen sangre?
Cristina T. 13 años

Una experiencia de Olga Orviz con sus alumnos de 2º ESO

 

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EVERLOST

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Everlost

Neal Shusterman

Ed. Anaya

 

Everlost es el mundo de los niños muertos que no han llegado a donde debieron ir. A pesar de que este inicio recuerda a series de televisión malejas, la verdad es que la historia es muy interesante y original. Descubrimos Everlost a través de unos niños que acaban de morir pero sorprendentemente siguen en el mundo de los vivos, si bien les supone un esfuerzo tremendo. Sus ambientes propicios son aquellos que también están muertos: barcos hundidos reflotados, mataderos, las Torres Gemelas… Y como no son pocos los niños en esta situación tenemos diferentes sociedades y maneras de aceptar el destino, que es lo más interesante de la novela. Porque las almas verdes tienen un destino terrible: olvidarlo todo, olvidar las sensaciones, incluso a ellos mismos, incluso su nombre.

La novela se estructura en cuatro partes bien diferenciadas. La primera, el descubrimiento de qué es estar no muerto, ser una neoluz y todas sus características, es para mi gusto la más aburrida. La segunda parte nos descubre a Mary, reina de los escocidos, un personaje perturbador y dulce, pero hondamente terrorífico. La tercera tiene que ver con un monstruo espantoso y cruel, el McGill, que resulta que da menos miedo que Mary, a pesar de su deformidad y de su profunda crueldad. Y la última parte es la que da sentido a todo lo anterior: los detalles encajarán y la historia tendrá por fin una solución que se atisbaba imposible.

Aunque es original y muy entretenida, presenta algunos fallos en su construcción: hay algún elemento de ese universo fantasmal que aparece de repente de la nada para convertirse en factor determinante de la historia y que le roba mucha verosimilitud, y la solución final, especialmente en lo referente al McGill, es un poco atropellada. Es Mary, de lejos, quien corona el libro y merece aparecer junto con la madre de Psicosis en cualquier lista de personajes malévolos que se nos ocurra perpetrar.

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LA PRIMERA VEZ QUE … CUMPLÍ TRECE AÑOS

La primera vez que nací

LA PRIMERA VEZ QUE NACÍ

Vincent Cuvellier y Charles Dutertre

Editorial SM

La primera vez que me leyeron este libro lo hizo una bruja. La primera vez que me lo contó me enamoró. La primera vez que lo leí para mí, recordé. La primera vez que se lo leí a mi lector más exigente, recordó la primera vez que mami le había leído un cuento. La primera vez que lo llevé al instituto y lo leímos pusieron cara rara primero, luego fueron sonriendo y acabaron entusiasmados.

La primera vez que nací nos cuenta la historia de Carlota, desde que nace hasta que se hace mamá. A través de sus recuerdos pasamos por su niñez, por su adolescencia, hasta que se convierte en una mujer adulta; descubrimos el amor y el dolor; crecemos con Carlota. Los textos son claros, normalmente cortos e ilustrados con imágenes sugerentes, de colores discretos y trazo sencillo (la imagen de la música, con ese cordón umbilical en forma de clave de sol es sencillamente genial)

Este libro para niños y no tan niños es un álbum ilustrado y es preciosísimo. Así lo digo.

Es un libro para saborear, para leer y releer los textos. Para mirar y remirar las imágenes. Es un libro que hace trampa. Empiezas a leerlo sin saber lo que te vas a encontrar y de pronto te ves inmerso en un montón de recuerdos y sensaciones. Te ayuda a rememorar situaciones, sentimientos, personas. Y te hace trampa porque has empezado su lectura sin saber, sin estar preparado para lo que va a remover en tu interior.

Hace trampa porque cuenta cosas muy importantes:

  • El valor de la música. “La primera vez que escuché música, no era la primera vez”.
  • De qué va esto de vivir. “La primera vez que eché a andar, me caí. La primera vez que caí, me levanté. La primera vez que me levanté, eché a andar”.
  • Lo que duele querer: La primera vez que mi abuelo murió, mamá me abrazó para consolarme. Pero, en realidad, fui yo quien la abrazó para consolarla.”
  • La aventura del amor: “La primera vez que le vi, llevaba una camisa celeste y le brillaban los ojos”.
  • Lo que supone ser padre y madre: “La primera vez que naciste, fue la segunda vez que nací yo”.

Les propuse a mis alumnos de 1º ESO que echaran la vista atrás y que bien solos, o ayudados por sus padres, recordaran sus primeras veces. El ejercicio les encantó. Leímos en voz alta esos recuerdos y nos reímos un montón, pero también nos quedamos serios, pensamos, vimos que en muchas cosas somos iguales… He aquí una muestra de un listado enorme de primeras veces (esta vez las tareas les parecieron divertidas e hicieron más de lo que se les pedía).

  • La primera vez que nací yo me quedé mirando a mi padre con los ojos abiertos como platos.
  • La primera vez que me hice un esguince dolió. Y la segunda. Y la tercera.

Mateo

  • La primera vez que me asusté fue a raíz de un anuncio de televisión. Tendría unos cuatro años, salía un elefante que daba un bramido muy fuerte y asustaba a una abuela que salía disparada por la ventana. Yo lloraba tanto que tenia que llamar a mi abuela por teléfono para ver si estaba bien.
  • La primera vez que recuerdo que me disfracé fue de Spiderman. Llevaba un traje con muchos músculos y me creía con superpoderes. Entré con la máscara en la frutería donde siempre voy y hacían como que no me conocían y se asustaban.

Alejandro Aramendi

  • La primera vez que sangré por las narices pensaba que me estaba muriendo.

Alejandro Caveda

  • La primera vez que cogí a mi hermana en brazos como era tan pequeña pensé que era un muñeco.
  • La primera vez que probé la coca cola las burbujas me subieron a la nariz y me produjeron un escalofrío.

Lucía

  • La primera vez que monté en moto atravesé el bardial.
  • La primera vez que nadé me quitaron la burbuja para ir al baño. Al volver, me tiré sin burbuja y casi me ahogo.

Pelayo

  • La primera vez que hablé, dije Mamá.

Indira

  • La primera vez que fui a un parque de atracciones no me subí a ninguna.
  • La primera vez que toqué la arena de una playa, quemaba.

Luis

  • La primera vez que monté en bicicleta, pensaba que iba sola, pero me estaba agarrando mi padre.

Martaprimera vez que en carnaval vi a uno disfrazado de marciano, grité: Es ET

Carlos

  • La primera vez que caminé fue en casa de mi abuela, pero fue casualidad. Tardé mucho en repetirlo.

María Granda

  • La primera vez que escribí, escribí mi nombre.
  • La primera vez que fui a la playa hice un castillo de arena.

Selene

  • La primera vez que toqué un gato casi me araña.
  • La primera vez que vi un payaso me asusté. NO me gustan los payasos.

Estefanía

  • La primera vez que oí música me puse a bailar.
  • La primera vez que fui a la guardería lloré para entrar y para salir.

Sara

  • La primera vez que me sentí mayor llevaba tacones de plástico.
  • La primera vez que me disfracé dormí con el disfraz.

Daniela

  • La primera vez que me abrazó mi padre no me acuerdo.
  • La primera vez que intenté bucear tragué mucha agua.

Alba

  • La primera vez que probé el limón, mi ceño se frunció. NO me gustó nada.
  • La primera vez que fui al colegio la profesora se puso a cantar. La verdad, me asusté.

Iris

  • La primera vez que fui a la piscina no paraba de mirar a mi madre, que estaba en las gradas.
  • La primera vez que fui a la playa comí arena.

María Fernández

 

Lo tengo claro: va a haber muchas primeras veces.

 

Flor.

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SERAPHINA

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Seraphina

Rachel Hartman

Nocturna Ediciones

Seraphina busca lector o lectora bien preparada. Se trata de una novela exigente que necesita de un ojo atento para adentrarse en un universo barroco de descripciones, ambientes, personajes, subtramas y lenguajes. A cambio, se verá recompensado con un argumento que acabará atrapándolo página a página.

Y es que esta novela supone un reto lector, apropiado para aquellos jóvenes que deseen explorar un camino de transición hacia textos más complejos y así madurar literariamente. Detrás de una trama que, a simple vista, nos resulta familiar en la literatura fantástica juvenil, un reino mágico donde conviven a duras penas dragones y humanos, hay una novela que desarrolla con minuciosidad las intricadas relaciones políticas y religiosas, sociales y personales de una sociedad cuya paz se tambalea y por la que desfilan numerosos personajes en los que la autora se ha empleado a fondo para caracterizar, también, con detalle.

Entre ellos destaca, obviamente, su protagonista, Seraphina, una joven de dieciséis años, medio humana, medio dragona, mestizaje que la hace interesante, en la encrucijada de dos razas cada vez más enfrentadas entre sí. Evoluciona a lo largo de la novela al ir descubriendo sus secretos del pasado y desvelando los misterios del futuro a través de la investigación del asesinato del príncipe Rufus, hijo heredero de la reina Lavonda, suceso que la mayoría de los humanos han adoptado como excusa para perseguir a los dragones. Seraphina es además una música de gran talento que acabará convirtiéndose en maestra de la corte, cargo que le deparará ventajas pero también peligros.

Se nota aquí que la autora Rachel Hartman ha aprovechado su carrera musical para explicar y describir con detalles y tecnicismos todo lo relacionado con ese don que atañe a la protagonista. Igualmente se entrevé cómo sus estudios universitarios en Literatura comparada se vierten en el uso del lenguaje y en el manejo de las técnicas narrativas. No es de extrañar: su tesis versó sobre la parodia y la paradoja en el Quijote.

Aquí donde la novela se resiente por una excesiva carga conceptual que interfiere en el ritmo de la narración, sobre todo en los capítulos iniciales, y que ponen un poco a prueba la paciencia de los lectores. Se agradece que se hayan incluido al final del libro dos pequeñas guías para facilitar el seguimiento y el entendimiento de la historia: la guía con el elenco de personajes, muy bien agrupados por clases sociales, familias, lugares…y un pequeño glosario de palabras, algunas que rayan el cultismo (el trabajo de la traductora Marta Torres Llopis debió de ser intenso y riguroso) y otras pertenecientes al dialecto específico del reino o de los dragones, que puede resultar algo cansado de seguir.

La editorial Nocturna ha cuidado bien la presentación del libro, cuya portada es buen reflejo de su alma: un dibujo minucioso, rayita a rayita, donde se contempla un imponente dragón de ecos legendarios sobre los tejados de una ciudad de tintes góticos, en medio del cual aparece en oro el nombre de la protagonista que da título a la obra.

En definitiva: seguro que hay lectores y lectoras valientes que no se dejarán arrugar por esta profusión de técnica y que se adentrarán en un complejo mundo… que les hará pensar también en el nuestro.

Alberto

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CARTAS DE UNA PIONERA

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Cartas de una pionera

Elinore Pruitt Stewart

Hoja de lata

Yo tuve una abuela, como casi todo el mundo, que era digna de un premio nobel por la tortilla de patata y de dos por los frisuelos. Como la abuela de casi todo el mundo, ya digo. Se quedó viuda con cuarenta y cinco años y dos hijas, y las sacó adelante a base de trabajo y esfuerzo. Como casi todas las madres. Fue a la escuela por las tardes un año, pero sabía leer y escribir como un muchacho de primero de secundaria, y mejoró mucho en su vejez, porque era forofa del Hola y del Pronto. Se murió hace ya diecisiete años, cuando yo tenía casi veinte. Se murió de cáncer, en su cama, conmigo al lado. Me consta que fue una mujer de rompe y rasga, que se apagó al final porque la enfermedad la atacó por muchos frentes, pero que no era fácil de abatir porque había soportado todos los vientos, incluidos los de la hambrienta posguerra, mucho más fieros y dolorosos, aunque no tan traicioneros.

Además, mi abuela era de pueblo, “de pueblo, pueblo”, no como yo que estoy algo pulida. Mi güelita se crió en una casa sin baño, salía con seis años a llindar les vaques de madrugada, vivió el cortejo en la antojana de su casa, sabía trenzar maíz y cebolla, correr con madreñes, ayudar a parir a mujeres y bestias, iguar calcaños, poner inyecciones, practicar abortos, facer boroña en medio del monte, cortar patrones y coser cualquier cosa menos pantalones. Y se sabía las historias de todo el pueblo, porque todos la habían necesitado en algún momento. Y a ella no quedaba otra que contarle la verdad.

Pero si me preguntas a mí, era una mujer que se moría de risa recordando su vida porque siempre se saltaba las partes amargas. Pelando patatas para cuarenta con sus hijas o sus amigas podía estar desmoronada riendo a carcajadas, y la recuerdo asándonos castañas en un borrón, preparando el tractor para subir al monte a ganar un concurso de paella, dejándonos salir con ella en plena nevada a dar de comer a los perros, y a continuación metiéndonos a sus tres nietas en el bañal de la cocina para calentarnos los pies con el agua que salía del calentador de gas butano, organizando meriendas con las vecinas más viejas, yendo a visitar a los enfermos con el bote de melocotón en almíbar, la caja de pastas Reglero y un kilo de azúcar, …

He disfrutado Cartas de una pionera no solo porque Elinore Pruitt tenga un estilo desenfadado, auténtico y fresco, unas divertidas anécdotas que contar y un optimismo y energía vital envidiables. A medida que avanzaba en la lectura comprendía mejor un refrán que, al tratar con la gente, me repetía mi abuela como un mantra: “el mejor hermano, el vecino más cercano”, que es el producto de luchar contra una tierra hostil y saber que solo conseguirás algo en armonía con los que te rodean. Empecé a confundir Wyoming con Limanes, y me recordé de pequeña bautizando a las ovejas como los pioneros americanos bautizaban a sus animales, con cariño y picardía. Elinore trufa sus aventuras con las historias personales de muchos de sus vecinos, algunas de las cuales son profundamente tristes o dramáticas. Mi abuela hubiera podido escribir una nueva biblia y a veces, sobre todo si los interesados fallecían, te dejaba cuatro datos para que hilases el cuento, pero la verdad es que era una tumba. Yo creo que sabía demasiadas cosas y lo que mejor sabía era ser discreta.

Pero si algo queda de todo esto es la constancia de que si decides afrontar tu vida como una aventura, ganarás; que nada hay más fuerte que la determinación de ser feliz ocurra lo que ocurra a tu alrededor y que por igual puedes ser reina en la cuadra que mendiga en una corte, todo lo llevas dentro. Planta cara, disfruta del viaje y olvida todo lo que no te convenga. Mi güelita decía que sólo había que llorar la salud, que todo lo demás seguía su camino y que había mucho que segar para pararse en tonterías.

Esta pionera es un modelo vital: independiente, fuerte, feliz, generosa, compasiva, auténtica… No sé de cuál de las dos mujeres de las que trata esta reseña estoy hablando ya.

Gracias, Lara, por la recomendación. Vengo con el estómago lleno de recordar.

Lorena

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HE JUGADO CON LOBOS

He jugado con lobos

Título: He jugado con lobos

Autor: Gabriel Janer Manila

Editorial: La Galera. Pontevedra, 2005

Reedición: 2014

Págs: 128

EAN: 9788424649302

Si consultamos cualquiera de las numerosas sinopsis de la novela, nos contarán que un niño, Marcos Rodríguez Pantoja, fue vendido por su padre cuando tenía alrededor de seis años de edad para cuidar un rebaño de cabras en la zona de Sierra Morena. Tras una breve convivencia con un cabrero ya mayor, que allí vivía y que lo instruyó en lo indispensable, el niño se queda completamente solo en compañía de animales salvajes, siendo finalmente aceptado por una manada de lobos. Vivió en la cueva durante unos trece años, hasta que lo sacaron de forma abrupta a los diecinueve y se reincorporó a la sociedad.

 

Desde que leí esta breve novela, sentí que debía ofrecérsela a los alumnos, principalmente a los de 1º de ESO, por múltiples razones. La principal, la fuerza de la propia historia, ya que es un hecho real que sucedió en nuestro país hacia 1952 (la venta del niño) y se dio a conocer de puntillas en 1965, cuando lo capturaron. Si uno piensa que ese fue el mismo año en que nos visitaron “Los Beatles”, que Santana ganaba torneos internacionales, o que fue cuando se publicó la primera caricatura no clandestina de un ministro (Fraga Iribarne); cuando uno vuelve a pensar que hablamos de 1965 y que en nuestro país, un joven vivía como hace 790000 años, cuando se cree que el hombre dominó el fuego, somos conscientes de que esta historia nos sobrepasa irremediablemente.

 

Otra razón que avala la elección de esta novela desde hace ya cinco cursos, es la sencillez con la que está escrita. Podría profundizar más en el análisis sobre el estilo, el vocabulario empleado, la calidad literaria y sin duda alguna, resultarían cuestionados varios de estos aspectos; pero, para no resultar injusta, le reconozco un plus y es que gusta a TODOS los que la leen, incluyendo a los que nunca leen. Resulta una cualidad muy interesante para cualquiera que enseñe Lengua y Literatura, ya que no siempre se tiene ocasión de presenciar cómo los alumnos no lectores manifiestan sus opiniones, sus sorpresas, en definitiva, sus reacciones más espontáneas ante una lectura. Y sin duda alguna el verdadero secreto es la atracción que ejerce la biografía de Marcos, el saber que los hechos son en buena parte reales, el ser testigos del absoluto desamparo que soportó el niño desde que era muy pequeño, el presenciar atónitos la crueldad sufrida a manos de su implacable madrastra, el comprender que el niño fue víctima, por tanto, de la áspera sociedad de la época. A nuestros estudiantes les cuesta imaginar un mundo así y a sus doce años, frente a los seis del niño, son conscientes de la proeza del protagonista y narrador de la novela, son conscientes de encontrarse ante un verdadero héroe y de ahí su apasionada admiración y respeto. La parte en la que convive con animales como la zorra, el águila, la culebra y, sobre todo, los lobos, se vuelve igualmente fascinante para ellos. Y las posibles conclusiones que se extraen tras la lectura combaten cualquier atisbo de desilusión o desapego. Marcos lo tiene claro: a él nunca lo quisieron, de los hombres no recibió amor, solo en compañía de sus amigos de Sierra Morena se sintió aceptado y allí superó el riesgo de enloquecer engullido por tanta soledad gracias a los que él consideró su familia, sus padres: los lobos. Con una biografía así, el éxito está garantizado.

 

Para concluir, haré referencia a una experiencia insólita que vivimos en nuestro instituto el 20 de enero de 2016, día en que nos visitó Marcos Rodríguez Pantoja, acompañado de Maximino (amigo y “representante”). Mentiré si no admito haber estado tan o más nerviosa que mis propios alumnos, ya que todos éramos conscientes de que íbamos a vivir algo extraordinario. Pensándolo bien, un personaje real, el protagonista de una novela, iba a contarnos su vida en un tiempo y en un espacio compartidos. ¿Alguien se imagina que Robinson Crusoe hubiese existido y tras salir de la isla, visitase algún colegio de la época? Pues así lo veíamos nosotros. La expectación fue máxima y algo flotaba en el salón de actos que favoreció una comunicación especial: Marcos se soltó y se mostró mucho más simpático y locuaz que como aparece en otras entrevistas o vídeos de la red, nos contó sus episodios más dolorosos, sus miedos, sus hallazgos, como cuando inventó el fuego (¡de nuevo!); sus penurias, como cuando comió carne cruda y carroña al apagarse la hoguera de su cueva; nos imitó aves sirviéndose de una membrana de puerro, nos aulló… Se rio de su propio sufrimiento, se rio del infierno que vivió los primeros años tras su captura en la sierra, de la infinidad de cosas que desconocía de la sociedad, de las palabras, de la hipocresía de las personas…. Y seguíamos escuchando y preguntando y disfrutando y emocionándonos. Marcos se entregó totalmente sabiéndose querido y respetado. Nunca se observó tanta atención, nunca hubo tanta quietud, nunca hasta entonces, la Literatura se mezcló con sus vidas como en aquella mañana en la que Marcos nos visitó. Nunca me sentí tan agradecida de dedicarme a lo que me dedico y de haber tendido un puente entre lo que a mí me apasiona y sus inquietudes.

 

Olga Orviz