0

SIETE PLANTAS

siete_plantas-e1520274243920

Siete plantas

Dino Buzzati

Ilustraciones de Juan Berrio

Nórdica Libros

Entré en la clase de 2º de Bachillerato un jueves a última hora. Posé el maletín sobre la mesa, cogí una tiza y escribí en la pizarra:

“La literatura en los colegios debería ser un paréntesis dentro de la actividad diaria, una hora de sosiego en la que el alumno escucha, piensa en sus cosas o se duerme mientras el maestro lee en voz alta libros que no tienen por qué seguir el disparatado orden del canon escolar.” (Daniel Pennac)

Lo había pensado bien. El día anterior había devorado el libro Siete plantas, de Dino Buzzati y me había impresionado muchísimo. Supongo que porque soy una gran hipocondríaca… La historia de Giuseppe Corte, un hombre que ingresa en un sanatorio aquejado de una dolencia sin importancia y que poco a poco, y sobre todo por una serie de malentendidos, va descendiendo de planta desde la séptima hasta la primera, en la que se encuentran los enfermos terminales, me había desasosegado terriblemente.

Sabía que quería compartirlo con mis alumnos.

Calculé el tiempo de lectura: casi cincuenta minutos, justo una hora de clase.

Tenía que prepararme bien. Por una parte, la voz ¿Era capaz de leer en voz alta durante casi una hora sin que fallara? Sí, creía que sí. Había otro asunto importante. ¿Sería capaz de leer sin importarme lo que mis alumnos estuvieran haciendo, sin exigir que me prestaran atención? Era una de las condiciones de la actividad, pero no estaba muy segura de poder aguantarlo…

El caso es que me senté en la silla, sobre la tarima, y dije que eso es lo que íbamos a hacer: yo iba a leer y ellos podían hacer lo que quisieran. En completo silencio, eso sí. No se lo podían creer, aunque algún valiente dijo: “pues espera un minuto que saquemos cosas de la mochila, que mañana hay examen de Física y Química”.

Empecé a leer: “Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica…”

Cuando el protagonista había bajado una o dos plantas, no lo recuerdo, eché una mirada al aula: tres o cuatro estaban, efectivamente, estudiando. Ester, claro, dibujaba; la mayoría simulaban escucharme, pero se notaba a la legua que no: Diego se había recostado sobre la mesa, tapando la cabeza con los brazos; sólo Alicia y Claudia, desde la primera fila, me miraban atentamente.

Continué: “El único, aunque pobre, consuelo de Giuseppe Corte, una vez que se encontró en la planta quinta, fue saber que según juicio unánime de médicos, enfermeras y pacientes, era en aquella sección el menos grave de todos…”

Los minutos pasaban. Yo los miraba de reojo y veía de vez en cuando que una cabeza se levantaba o que alguien fruncía el ceño. En la tercera planta, me interrumpió un momento un pequeño ronquido. Todos miramos hacia Diego, que se había quedado dormido, y alguno hizo un gesto de “ya verás ahora la que se va a armar…”  Pero yo seguí.

“A mí me han mandado que lo lleve a la primera, mire aquí…”

Quedaban sólo tres páginas y unos cinco minutos. Alguno empezaba a recoger sus cosas pero me habían hecho caso: ni un sólo ruido.

Leí el último párrafo muy despacio, intentando que sintieran la angustia del protagonista, que vivieran lo que yo había vivido el día anterior: “Volvió la cabeza al otro lado y vio que las persianas mecánicas, obedeciendo a algún misterioso mando, bajaban lentamente, cerrando el paso de la luz”.

Cerré el libro. Los miré durante unos segundos y en ese momento sonó el timbre. Fin de la clase. Ni una palabra. Despertamos a Diego que se asustó un poco al ver que estaba en el aula y todos fueron saliendo.

Alicia y Claudia lo hicieron las últimas, con la cara casi desencajada. Al llegar a la puerta, Claudia se volvió y me dijo: “Pero profe, no hay derecho a esto. ¿Cómo voy a comer yo ahora?¿Cómo estudio yo ahora por la tarde? ¿Cómo sigo yo a partir de ahora con mi vida normal?”

Yo me encogí de hombros y sonreí. No contesté.

Simplemente pensé: “Ha merecido la pena”.

Emma Cabal.

 

 

0

PROYECTO ABUELITA

proyectoabuelita_p

Proyecto abuelita

Anne Fine

Traducción de Xesús Fraga

Nórdica Libros

Cuando hago alguna actividad sobre refranes con mi alumnado me doy cuenta de que apenas recuerdan unos pocos y otros los han ido sustituyendo por frases nuevas más propias de series melodramáticas juveniles que de esa sabiduría popular. Hay uno que siempre mencionan en sustitución de “no es oro todo lo que reluce”, o “las apariencias engañan” y es “no juzgues un libro por su portada”, aplicándolo, no a los libros precisamente, sino a las personas. Es entonces cuando les digo que, en el caso de los libros, la portada vaya si importa. Y tanto. Para bien o para mal.

Cuando vi la ilustración de la portada de Proyecto Abuelita, me fijé en el dulce título y leí el no menos amable resumen de la contraportada, me hice una idea completamente errónea de esta novela.

                Proyecto Abuelita es una apuesta valiente y bien desarrollada que sin remilgos nos enfrenta a una realidad tan actual y dura como la de las personas mayores dependientes, en una sociedad que no tiene ni tiempo ni espacio para ellas.

La editorial Nórdica recupera este libro de la autora Anne Fine, editado por primera vez en 1983, a través de su colección Nórdica infantil, a partir de una traducción del escritor y periodista gallego Xesús Fraga y con una bonita ilustración de portada, obra de Iban Barrenetxea. Ilustración a la que conviene volver entre capítulo y capítulo para apreciar el significado de sus detalles, de esa abuelita oronda y aparentemente feliz que nos mira. Dan juego también las guardas en las que contemplamos una habitación vacía, que parece no significar nada.

El libro se organiza en bloques divididos a su vez en capítulos de una extensión más o menos similar. Unos y otros aparecen precedidos por un breve título que nos pone en antecedentes de lo que vamos a leer. Desde el bloque titulado “Estúpida y glotona” hasta el último, “Despierta, ya”, la acción avanza inteligentemente, tan bien dosificada y distribuida que, al llegar al meridiano de la historia tenemos que recomponer nuestra visión inicial y pararnos a pensar que ni los malos son tan malos ni los buenos lo son tanto.

El título hacer referencia al “arma” que utilizarán Iván, Sophie, Tanya y Nicholas, nietos de la anciana Adelaide o Sra. Harrys, para evitar que sus padres, Natasha y Henry , la internen en una residencia de ancianos. De este modo quedan organizados los dos bandos enfrentados durante todo el hilo argumental: padres e hijos, y en medio la abuelita.

Iván y Sophie, los hermanos mayores, con una madurez incipiente, planean presionar a sus padres aprovechando un proyecto escolar de la signatura de Ciencias Sociales en forma de informe de denuncia sobre el abandono de los ancianos, y nada mejor para ello que tomar a su propia familia como modelo. Para ello necesitan la colaboración activa de sus hermanos pequeños, que esencialmente será teatral: lloros, pesadillas en mitad de la noche, angustia… atormentados por la idea de la marcha de la abuela. Y así se inicia el primer “Proyecto abuelita” que recogerá todas las situaciones conflictivas que sus padres viven por el esfuerzo que les supone atender a la anciana, especialmente a Natasha, su madre de origen ruso, que no puede ver ni en pintura a su suegra.

Pero, ¿por qué la redacción de un simple trabajo escolar puede tener tanta importancia? Pues porque Henry, el cabeza de familia, es el mediocre Jefe de Estudios del colegio de sus hijos. Ese proyecto, pues, pasará de mano en mano entre el claustro de profesores y lo dejará en evidencia.

Hay una fecha clave que servirá de desencadenante del plan: la cena que Natasha y Henry ofrecen en su casa al director del colegio y a otros colegas y amigos. Una cita anual que ilusiona e importa mucha al matrimonio. Pero como los personajes de esta novela son interesantemente complejos, Sophie flaquea, se compadece de sus padres e intenta convencer a su hermano, más revolucionario, de hacer las cosas de otra manera. Ya es tarde y todo se precipita.

En el ecuador del argumento, todo da un giro muy interesante: el contraataque. Los niños han sido descubiertos y pagarán por ello con una dura lección pero muy realista, ya que tendrán que convertirse en los cuidadores de esa abuelita a la que tanto quieren. Y llegados  a este punto hay que regresar nuevamente al refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Los sentimientos empiezan a ser contradictorios. Solamente Iván, como un héroe resignado, mantendrá la idea del proyecto aunque esta vez más nostálgico, ya que procurará recuperar los recuerdos de la vida de su abuelita, ese personaje continuamente latente que hace tambalear la vida de esta familia.

La anciana señora Harrys, en su mundo de luces y sombras seniles, habla poquito, pero a veces con tal fondo de verdad que sentencia las situaciones magistralmente  desarrolladas con ágiles diálogos en cada capítulo. Como cuando ella misma les espeta a todos en la cena del colegio, con infantil franqueza e ingenuidad:

-El día que tuve a Henry en mis brazos por primera vez mi propia madre me dijo: “Adelaide, ahora ya ha nacido. Y pronto comprobarás que mientras son niños harán que te duelan los brazos, pero cuando sean mayores harán que te duela el corazón”.

Anne Fine escribió esta obra con 36 años, ahora tiene más de 70. Me pregunto qué pensará de esta novela con la perspectiva que le ha dado el tiempo. Hay que poner en antecedentes a nuestros jóvenes lectores y lectoras sobre lo que van a encontrar en esta bonita narración que necesita cierta madurez y sensibilidad para abordarla. O quizás la sensibilidad también irá surgiendo a lo largo de su lectura.

El caso es que Proyecto Abuelita nos pone frente a nuestras propias contradicciones, nos acorrala con dilemas difíciles de solucionar, al menos rápidamente. Qué interesante sería poner en práctica los proyectos de Iván sobre su abuela. Un buen trabajo de campo en cualquier familia con personas ancianas dependientes quizás nos abriría los ojos a la problemática real que sufren. O si se quiere algo menos crudo, qué bonito sería recoger literariamente la narración de los recuerdos de  nuestros mayores, de los que aprenderíamos muchas cosas, pero una primordial: el respeto y cariño que les debemos, porque ellos fueron generosos con nosotros.

Alberto Lorenzo Villanueva.

 

0

QUERIDA TÍA AGATHA

51pR7l1UmVL._SX364_BO1,204,203,200_

Querida tía Agatha

Beatriz Martín Vidal

Editorial Thule, 2017

“Louise, Emma y Alice tienen que pasar la primavera solas en casa. Aprenderán a asumir responsabilidades, resolver problemas y enfrentarse a situaciones inesperadas.”

Esta es la sinopsis que figura en la contraportada del libro. Es breve y sobre todo no desvela absolutamente nada de lo que luego nos vamos a encontrar.

El álbum, aparentemente, se basa en una carta que nos cuenta una historia. Pero, por otra parte, está la información que nos llega a través de las ilustraciones. Y no es la misma.

Beatriz Martín Vidal, probablemente se esté acercado al punto álgido de su carrera. Era conocida por sus deslumbrantes y elaboradas ilustraciones pero ya en Enigmas dio el salto a la escritura. Aquí continúa esta doble faceta de escritora e ilustradora. El resultado es prodigioso. Para aquellos que aún no conozcan a esta artista, solo les puedo sugerir que abran uno de sus libros. Y lo mejor es que ha afianzado un estilo propio. Resulta imposible confundirla con cualquier otro ilustrador.

Al igual que sucede con los grandes, Beatriz consigue que el texto y las imágenes se complementen e, incluso, que  se contradigan. No hay nada más sugerente y divertido que comprobar cómo lo que se nos cuenta no es exactamente lo mismo que estábamos imaginando. Basta con fijarnos en las láminas para entrar en otra dimensión. Aquí, las ilustraciones le dan la vuelta al texto escrito.

Siendo consciente de semejantes posibilidades, decidí llevarlo al aula, concretamente para los cursos de 1º C y 2ºA de la ESO.

Comencé mostrando con calma la portada y la contraportada, sugestionando a través de los dibujos hipnóticos de Beatriz. Y cuando el clima ya era el adecuado, continué leyendo el texto de cada página, sin mostrarles nada más para, a continuación, abrir el libro de golpe y ofrecer en todo su esplendor esa otra historia contada en imágenes. Así cada dos páginas. El álbum acabó entusiasmando y fascinando. Prueba de ello son las siguientes opiniones, cuajadas de  frescura, emitidas justo después de compartir ese momento con todos. Algunas de ellas van dirigidas directamente a la autora:

“De verdad que me gustó mucho cuando Alice estornudó y salieron todas las flores disparadas. El dibujo está muy bien y explica bien lo que tú nos quieres expresar en las hojas”. Carla N.

“El hecho que más me impactó fue el que Alice pudiera flotar. La imagen que más me gustó fue en la que aparecen las tres hermanas y la cola de la ballena en el estanque. La imagen que más “miedo” me dio fue la segunda, en la que aparecen las tres.” Lucía T.

“Me gusta mucho cómo el texto nos dice una cosa y, si te paras a observar las ilustraciones, puedes sustraer información totalmente contradictoria y distinta.” Ana V.

“La lámina que más me impactó fue en la cual se observa una especie de ballena en el estanque. Porque prácticamente no entra”. Rafa B.

“Lo que más me impacta es que Alice flote”. Marco

“Me parece interesante cómo se refleja el texto en las ilustraciones, ya que puedes sacar diferentes conclusiones. ¿Tú te ves reflejada en tus dibujos?” Salma P.

“ La imagen que más me impactó fue el cambio de peinado de Alice”. Yanira F.

“La parte que más me impactó fue el atasco en el estanque”. Naiara C.

“Lo que más me impacta es la calidad de la ilustración y la normalidad de cómo trata los sucesos surrealistas en la carta”. Pedro V.

“Lo que más me impactó fueron las ilustraciones del libro, ya que había un gran cambio de la lectura a la ilustración. Iyán Acebal.

“Me gustan mucho los dibujos y la historia es misteriosa y chocante, da ganas de no dejar de leer. Es un libro bonito y los dibujos son fantásticos. ¿Cómo se te ocurrió la historia?” Helen Karolain R.

“La lámina que más me impresionó fue la de la ballena en el estanque. Porque no me lo esperaba para nada. “ Carla R.

“la lámina que más me gustó fue cuando Emma estaba concentrada en los estudios, y flota en la biblioteca”. Marina N.

“Lo que más me ha gustado del libro es la parte en la que encuentran una ballena en el estanque y cuando Alice empieza a flotar”. Naiara G.

“Me ha impresionado todo. ¡Me ha encantado! Lo único, ¿cómo se te ocurrió todo esto? Es que te da la vuelta a todo. No me lo imaginaba así. ¡Enhorabuena por este libro, bueno, peazo de libro!” Llara M.

 

Olga Orviz

0

LOS PRIMEROS CIEN

errata_naturae

Los primeros cien

Catálogo editorial (edición no venal)

Errata Naturae

AVISO PRELIMINAR: No es mi costumbre utilizar la lectura para más trabajo que el disfrute personal cuando consigo abstraerme del temario y de la prisa que tengo para dar lo que toque. Pero algo me llamó la atención al tener este volumen en las manos: la disposición del texto, en páginas impares, con solo un título y los autores en la par, y pequeñas ilustraciones en blanco y negro, al pie de los textos, sin hilazón aparente. Tras los minutos previos de desconcierto entendí que se trataba de un peculiar catálogo editorial y le adjudiqué unos destinatarios y un uso, que allá van:

Errata Naturae publicó en 2014 un precioso volumen con los colofones (esa referencia hacia el lugar y la fecha en la que libro se terminó de imprimir, que aparece en cualquier volumen bien nacido) de sus primeros cien editados, y todos siguen el mismo esquema: colección a la que pertenecen, tipo de letra empleado, el taller y la fecha en la que se terminó de imprimir. A continuación se realiza otra referencia temporal (tipo “dos años más tarde” o “varios meses antes”) y se añaden datos curiosos, ciertos o no (no lo sé ni lo creo relevante), de alguna forma relacionados con la obra (su autor, su contenido, su traductor…).

La lectura es entretenidísima, no deja de semejarse a una colección de microrrelatos. Pero además su estructura repetitiva y el basarse en libros variados sirve a las mil maravillas para realizar una tarea de creación que a nadie se le puso cuesta arriba de tan guiada y concreta, permitiendo de paso investigar y hablar sobre lecturas en clase. Me planté en 1º de Bachillerato con un título para cada alumno, un título que me hiciese pensar que, una vez obligados a investigar de qué iban les picarían el gusto y a lo mejor, por esas cosas que tiene la vida, igual hasta los leían y disfrutaban. Y hale, a escribir colofones siguiendo el mismo esquema que los del libro modelo.

Pues oye, los colofones salieron unos mejor y otros “no tan mejor”, pero al menos ya saben de qué va Los héroes, La voz dormida o El lector de Julio Verne. Uno de ellos ha prometido leer Te llamaré Viernes porque parecía ser porno. Menos da una piedra.

Os dejo dos ejemplos:

Por favor, sea breve.

Por favor sea breve es el octavo libro de la colección Páginas de Espuma. Compuesto en tipos meiryo, se terminó de imprimir en noviembre de 2008 a las 9:10, después de que todos los autores de dichos microrrelatos quedasen por fin para tomar el café, apuntaran sus relatos en servilletas de papel y encomendaran a la primera persona que encontraron que los recopilase en lo que tienes ahora mismo en las manos.

(Águeda)

 La voz dormida

La voz dormida es un libro fuera de colección. Compuesto en tipos Dante, se terminó de imprimir en los talleres Writen por cuenta de Alfaguara en 2002, 67 años después del grito agonizante del ciudadano francés Pierre Mélenchon, que había partido desde su país con una pobre maleta casi vacía pero lleno de esperanza y que se dirigió a España para apoyar la causa que creía justa, la republicana, en la Guerra Civil.

Metido en aquella trinchera, nadie se acordó de él cuando fue alcanzado por la bala letal proveniente del fusil enemigo que causó su muerte. Su mujer nunca supo dónde fue enterrado.

(Diego)

Lorena

 

0

TOLSTOI “LO PETA”

7b4a95316ed5b7876d0deb8e78ad6d0c

La muerte de Iván Ilich

Lev Tolstoi

Ilustraciones de Agustín Comotto

Nórdica libros

Tolstoi lo peta. Esta es la frase con que mi hijo Pablo, 16 años y estudiante de 1º de Bachillerato, resumió ‘La muerte de Iván Ilich’. Lector ávido, ha tenido que realizar una reseña sobre esta obra para su clase de literatura (después de leerla tengo que decir que es mucho mejor que la mía). Y coincido con él. Tolstoi lo peta.

Perteneciente a la antigua nobleza rusa, Tolstoi pasará durante su vida por diferentes crisis personales, que no sé de que manera concreta pudieron afectarle pero sí estoy segura de que enriquecieron enormemente sus libros. Éste es una clara muestra de ello.

Novela realista, describe de forma genial el estilo de vida de la burguesía de la Rusia decimonónica, sujeta a multitud de convencionalismos.

Iván Ilich es un funcionario de justicia, burgués medio, en la madrecita Rusia del siglo XIX. Casado, con hijos, su existencia gira fundamentalmente en torno a mantener el nivel de vida que considera inherente a su posición y por felicidad entiende conseguir pequeñas victorias sobre sus compañeros de trabajo, ganar en sus partidas de whist, decorar la nueva casa con un lujo que impresione a los invitados y mantener una relación de conveniencia y sin amor con su mujer evitando enfrentamientos en lo posible.

Así transcurre su vida hasta que aparece la enfermedad. Una enfermedad consecuencia de su propia hipocresía y que le hará enfrentarse a la verdad de la muerte, al tiempo perdido y al dolor de haber vivido una vida equivocada.

Tolstoi dibuja de forma magistral a sus personajes (tanto a nivel físico como psicológico y moral) y plantea problemas universales en los que todos podemos reconocernos.

Términos y expresiones como “decoro” o ‘comme il faut’ (como es debido), que abundan en la primera parte del libro, se van transformando paulatinamente en palabras ‘enormes’ como ‘verdad’, ‘miedo’ y ’muerte’ al final de la obra.

El autor ya resume de forma precisa esta transición en el capítulo II: ‘La vida de Iván Ilich no podía haber sido más sencilla, más corriente ni más terrible’ y ya casi al final del libro ‘como si hubiese estado bajando todo el tiempo montañas figurándose que estaba subiendo’.

En unas pocas páginas y con la mano de los genios, Tolstoi nos enfrenta a la esencia de la vida, a la verdad de nuestra existencia y al error de no preguntarnos acerca de lo que buscamos en realidad.

Creo que es una obra muy recomendable para nuestros alumnos de 4º de ESO y Bachillerato. Se lee fácilmente y el contexto, los valores y dilemas morales que plantea son extrapolables a cualquier época y lugar. Asimismo, las ilustraciones de Agustín Comotto en la edición de Nordica libros acompañan y completan el texto de forma genial. Deberían leerla y que Tolstoi lo siga petando.

 

0

SWEET SIXTEEN

9788497437677_04_n_1

Sweet Sixteen

Annelise Heurtier

Editorial Milenio

Aproximadamente 180 páginas y letra grande. Apenas dos docenas de capítulos repartidos entre dos protagonistas. Un hecho real.

Eso es objetivamente Sweet Sixteen. Una novela juvenil, porque está protagonizada por adolescentes, por jóvenes. Una novela que narra en dos voces un suceso: en 1958 un grupo de nueve estudiantes negros intenta estudiar en un instituto de blancos en Little Rock, una población de Arkansas. La segregación aún está vigente y aunque son apoyados por algunos grupos partidarios de la igualdad de razas, sufren en sus carnes el odio y los ataques violentos, físicos y verbales, de toda una sociedad blanca que ve amenazada su primacía y que lleva a gala su ignorancia.

student-walking-towards-the-car.-emaze

Molly (personaje basado en uno bien real, Melba Pattillo) tiene 15 años, es inteligente y sueña con tener las mismas oportunidades que los blancos. Porque ella es negra. Molly sólo quiere estudiar y progresar. Y ser querida y valorada. Y valiente.

Grace es blanca, estupenda, divina. Grace quiere gustar y gusta. Tiene una criada negra a la que no sabe que quiere y de la que desconoce todo y un baile a la vista al que desea ir acompañada por el chico más popular del instituto. Grace es una experta en pensar en sí misma, pero su vida cambiará por culpa o gracias a los nueve de Little Rock. Y hasta aquí puedo leer.

Hace unos días tuve la suerte de que me recomendaran esta novela. No es que no confiara en el recomendador, pero una es así como Santo Tomás y, o prueba en sus carnes la lectura o… No siempre apetece leer literatura juvenil. Y no siempre engancha la literatura juvenil.

Bien, pues me ha apetecido y me ha enganchado. Molly y Grace me han atrapado con sus vidas y sus sueños, con sus miedos y sus realidades. Me he visto en ese instituto y he sentido una pena horrible por Molly y una verguüenza ajena espantosa por mi color de piel. He aborrecido a esas mujeres blancas de rebecas abrochadas a la altura del cuello y collares de perlas de dos vueltas; y he sentido el calor de los abrazos de una abuela de piel arrugada y oscura. Me ha resquemado el eufemismo “moreno” y su carga de prejuicio; me ha asqueado el profesorado de piel pálida y moral borrosa; me han atemorizado el KKK y sus capirotes. Pero también he visto esperanza y me ha gustado ese desplome de prejuicios en torno a Grace, porque a pesar de su imagen de rubia tonta, ella es bastante más.

Y lo que creo que es mejor: me he quedado con las ganas de saber y contar, porque dándole voz a ese pasado se hará presente y no se olvidará. Porque hay que seguir trabajando y recordando.

Sweet Sixteen está moviendo sus caderas al ritmo del mejor Elvis por las aulas y está atrapando con sus acordes a unos adolescentes que puede que no sean de color, pero que mil y una veces se sienten distintos al resto. ¿Y quién no?

 

 

0

LA LUNA NO ESTÁ

La-luna-no-está-689x1024

La luna no está

Nathan Filer

Alianza Editorial

La muerte de un hermano con síndrome de Down es el origen de todo. No estoy desvelando nada, porque la novela se inicia precisamente así: un joven empieza a contar su historia, que cambia para siempre el día en que su hermano muere accidentalmente. Este trauma marca el despegue de sus problemas mentales, que le llevan a pensar una y otra vez las mismas cosas, a comportarse de forma extraña y distinta, a separarse de su familia, amorosa pero profundamente afectada por la muerte del niño. Al final el protagonista encuentra su propio camino: no es la solución, pero nos deja a todos con un hilo de dolor dentro calmado, aunque vivo.

Es meritorio en este libro el reflejo de la enfermedad mental. Se trata de una situación difícil de plasmar desde un narrador protagonista, pero la combinación de diferentes épocas de narración (a veces es el niño, otras el adolescente, otras el joven), la ausencia de orden cronológico en sus recuerdos, la diferente tipografía derivada de los diferentes sistemas de escritura que va a usar, y su extremadísima sensibilidad para captar matices en el comportamiento humano nos meten por completo en un cerebro enfermo. “La enfermedad aprende conmigo”, nos dice. Sabe lo mismo que él sabe y nosotros también. Nos vemos envueltos en su discurso franco, sencillo, emotivo sin ñoñerías, con una tremenda sensibilidad por parte del protagonista. Y al final también nosotros participamos en la simbólica despedida de su hermano, en el cierre del proceso terrible de dejar atrás a quien amas y por quien sabes que quizá podrías haber hecho algo más.

Respecto a los adolescentes y su experiencia con La luna no está, me ha sorprendido que la alteración cronológica, que yo considero una herramienta más para imprimir el sello de locura en el lector, haya dificultado en algunos casos la lectura. La mayoría de ellos, sin embargo, me la han devuelto profundamente conmovidos.

Lorena