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ERIK VOGLER Y LOS CRÍMENES DEL REY BLANCO

Erik Vogler

Erik Vogler y los crímenes del  rey blanco

Beatriz  Osés. Iban  Barrenetxea (ilustrador)

Edebé, ,  2014

Si alguien me preguntase “¿de qué trata este libro?” es cierto que necesitaría un par de segundos antes de contestar, porque la respuesta no es tan sencilla como pueda parecer.

Como suele ser habitual, justo al inicio se nos presenta al protagonista, Erik, un adolescente de 15 años poco común: es ordenado, tiene aficiones sofisticadas, le encanta el control y los espacios pulcros, es aficionado a las marcas de ropa y complementos caros (con acertadas e imaginativas resonancias italianas, francesas e inglesas). Y además sabemos que no tiene amigos y que vive con su padre, Frank (no figura apenas). Muy pronto aparecerá su abuela paterna, Berta, antítesis de su nieto.  Aunque coinciden en el gusto por la cultura, su abuela es dejada en cuanto a su imagen personal (su pelo alborotado casi es un personaje más) y tan poco amiga de la limpieza como su nieto de las pelusas bajo la cama.

Lo cotidiano predomina en los primeros capítulos hasta que, de pronto, nos asomamos a lo paranormal al mismo tiempo que lo hace Erik. Todo cambia pese a que los escenarios son realistas. La  trama transcurre en Alemania entre Bremen, en donde viven Erik y su padre, y Grasberg, localidad de la abuela. Allí conocerá al otro vértice de este triángulo, Albert Zimmer, vecino de su abuela del que no se fía ni un pelo y mucho menos después de fijarse en los afilados colmillos que tanto lo desconciertan y que tantas satisfacciones darán a los lectores.

Erik se verá inmerso en un misterio y unos crímenes aún sin resolver. Si de algo está seguro es de que el mundo paranormal le pide ayuda para llegar a la verdad. Y otra cosa que nos quedará muy clara es que Erik nunca llegará a ser un héroe al uso pero sí resulta un chico muy concienzudo al que no le gusta dejar las cosas a medias.

Los principales aciertos del libro, tal como lo percibo, son entre otros: la propia estructura, veintisiete capítulos de dos páginas o tres de media que ofrecen a  jóvenes lectores la sensación de avanzar, de leer mucho; el vocabulario que emplea es lo suficientemente asumible por parte de lectores aún noveles y, por otro lado, ofrece usos más escogidos que, sin darse cuenta, los puede ir familiarizando o preparando para otro tipo de lecturas; otro aspecto destacable es el tempo, la feliz idea de la autora de dosificar las sorpresas mientras nos encaminamos a un desenlace que va de un andante a un molto vivace  y que ocupa los últimos diez capítulos, aproximadamente. Esta es la verdadera arma secreta del libro, ese final a prueba de timbres de aula, de mochilas sin cerrar, de cambios de clase. Ese final que los deja sentados en las sillas y evapora el resto del mundo. Un final tan apoteósico que cuando entró el conserje a dar un recado y se abrió la puerta, más de uno y de dos botaron en el asiento. Y, además, la abuela, que en la parte del desenlace les encanta y los tranquiliza en la misma medida en que, al principio, les rompía los esquemas porque no cocinaba bien ni le gustaba limpiar.

Quizá sea esa la razón del especial cariño que manifiesto hacia el libro, el haber podido disfrutar junto a los alumnos del placer de la lectura sin grandes pretensiones: leer y vivir momentos especiales, compartir el poder del libro pese a todo. Por eso lo recomendaría para lectores que pueden ir desde 6º de Primaria, 1º de la ESO, principalmente y también 2º, según los propios gustos. En nuestro centro lo tenemos de lectura obligatoria en 1º de ESO porque aún no hemos encontrado el caso de alguien a quien no le guste. Es muy cómodo para trabajar en la lectura de aula y luego ofrece muchas más posibilidades, ya que disponemos de otros cinco volúmenes publicados, sirviendo de estímulo para la lectura voluntaria. De entre ellos destacaría los volúmenes 4, 5 y 6. La trama se va entretejiendo y cabos sueltos de otras aventuras cobran pleno sentido en el último libro, además de contemplar los efectos de un Erik enamorado en el volumen 4. Por otra parte, se percibe cómo la autora ha ido creciendo junto a sus personajes y cada vez va a más, hay más guiños, se forja un pasado compartido, incluso por medio del humor, tan presente a lo largo de las historias.

Para finalizar, quería referirme a la experiencia que vivimos en el centro en marzo de 2017, cuando Beatriz Osés nos visitó en compañía de su marido Pedro (colabora durante la charla poniendo música en directo con un teclado y un banjo) y su hija Noelia, puro desparpajo e inteligencia con cinco años. Beatriz, que además es profesora de Lengua en Secundaria, sabe lo que hace, sabe a quién tiene delante y ofrece un encuentro muy planificado aunque permite también lo espontáneo a través de las preguntas de los estudiantes. A simple vista no se muestra especialmente sonriente, lo que no impide que el encuentro transcurra con buen clima y sobre todo, no impide que decenas de estudiantes le soliciten la firma del ejemplar que pacientemente les dedica. El efecto es inmediato. Durante las guardias de los recreos, desfilan los ejemplares de Erik como las tapas en una feria del pulpo. Erik está consolidado y el caso es que cuando les preguntamos si les resulta simpático, ninguno lo admite, ahora bien, que nadie le toque ni un pelo engominado.

Olga Orviz

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OLIVIA Y LAS PRINCESAS

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Olivia y las princesas

Ian Falconer

Fondo de Cultura Económica, 2012

Olivia es una cerdita que protagoniza una serie de álbumes escritos e ilustrados por Ian Falconer. Es imposible no enamorarse de Olivia desde que la conoces, tengas la edad que tengas. Aunque se supone que sus historias van dirigidas al público infantil, son los papás, los abuelos o quien sea que le toque leer el cuento quienes más lo disfrutan …o al menos lo disfrutan a partes iguales. Esto pasa muchas veces y es el ingrediente perfecto para la lectura compartida.

Olivia no es una cerdita como las demás: es una niña con cuerpo de cerdita. Olivia es contestona, intensa, apasionada, divertida. Olivia tiene opiniones variadas y las expresa sin problema; no se cansa, le encanta saltarse las normas, disfruta con el baile, con la música, con el arte; es estrafalaria, extravagante, es… absolutamente adorable.

En esta ocasión Olivia no quiere ser princesa porque ser princesa no es divertido. Ser una princesa rosa es lo más aburrido del mundo y desde luego no va con su carácter rebelde e inconformista. Con este argumento, asistimos a un alegato casi, casi feminista en que Olivia reivindica que las niñas pueden aspirar en la vida a ser muchas cosas, a cada cual más interesante. Olivia es valiente y no deja que ningún obstáculo se le ponga por delante.

El texto, escaso pero conciso, es divertido, lleno de ironía y sarcasmo, magistralmente acompañado de unas ilustraciones sin demasiado colorido, como es habitual en todos los libros de Olivia, pero cargadas de simbolismo y que dan mucha viveza y emoción a las situaciones.

Ana N.