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MEJILLONES PARA CENAR

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Mejillones para cenar

Birgit Vanderbeke

La Galera, 2009

Novela corta de ágil lectura de la autora alemana Birgit Vanderbeke, considerada una de las mejores escritoras alemanas de la actualidad. Recibió el premio Ingeborg Bachmann, el más prestigioso de su país en su momento por este novela.

Recomendable para leer en una sesión de clase en un aula de bachillerato, especialmente si se ha visto ya la caída del muro de Berlín (1.989) y sus consecuencias o, quizás, al revés, para comenzar con esta lectura breve antes de tratar el tema en la asignatura de Historia. De cualquier forma, una interesante novela corta para leer de manera compartida y reflexionar sobre ella; una oportunidad para que el alumnado madure o, cuando menos, se posicione ante situaciones de este calibre si es que nunca se han visto en semejante tesitura. Nos referimos a la que afecta a su narradora, una joven que, a través de un monólogo interior a la manera de Virginia Wolf, disecciona su vida y la de su familia (y casi la de una época de su país) a través del relato de lo que sucedió la noche en que su padre llegaba tarde a cenar. Esta circunstancia es el detonante de una historia que va creciendo en dureza a medida que avanzamos en su lectura: el maltrato en la familia, el machismo y el fascismo son mucho más universales y cotidianos de lo que nos gustaría.

Ana M.

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YO, MING

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Yo, Ming

 Clotilde Bernos

Nathalie  Novi

Kókinos, 2006

“Podría haber nacido Reina de Inglaterra, tener hermosos sombreros y viajar en carroza tirada por dieciocho caballos. Saludaría a las gentes con un leve gesto de mano y sonreiría al ver los angelitos medio dormidos adornando la tarta de manzana que me servirían con el té”.

 

Esta es la forma en la que comienza  Yo, Ming. Alguien, una voz, nos está contando lo que pudo haber sido y no fue: nacer como Reina de Inglaterra. Este ejercicio de fabulación se repetirá en seis ocasiones más, es decir, desfilarán un total de siete personajes variopintos: un cocodrilo, un emir, una bruja…. Y detrás, una voz que sigue fantaseando sobre quién pudo haber sido pero que no nos permite conocer la auténtica identidad asociada a ella. El planteamiento logra generar una gran expectación en el lector, ya que somos conscientes en todo momento de que la verdadera historia no ha empezado, que estamos en un original aledaño. Tras un resumen recordatorio en el que vuelven a  desfilar los personajes enumerados por el último de ellos, por fin, se produce el momento esperado: “Pero heme aquí, soy Ming. Y nadie más”. Pura concisión y pura fuerza envueltas en una de las láminas más logradas de Nathalie Novi. Un paisaje oriental a doble página con una capacidad evocadora indiscutible. Ya conocemos quién es la voz del inicio. De forma sencilla nos irá contando dónde vive, a qué se dedica y cómo pasa su día a día. Otro gran acierto de la historia vuelve a estar relacionado con la concisión, con una concisión poética: “Así es nuestra vida. Cada día. Tan solo cambia el color de los arrozales y el aroma de las cajas de té”.  Y cuando parece que ya está todo contado y resuelto, que la finalidad era conocer a Ming y su vida, de nuevo, otro golpe de efecto  se cuela cuando no te lo esperabas y Ming se sincera totalmente con nosotros permitiéndonos conocer cómo enfoca él la vida. No solo lo que hace y cómo vive, sino cómo entiende la vida. Y así en la penúltima página muestra cuán afortunado se siente a través  de  la emoción que causa en los personajes del inicio. Para finalizar, comparte con nosotros la verdadera fuente de su felicidad.

Yo, Ming llegó a mí a partir de una confesión de Javier Sobrino, quien nos comentó a los quince asistentes de un encuentro que aquel era el álbum ilustrado que le habría gustado escribir. Teniendo en cuenta quién manifestaba tal deseo, logró que nos muriéramos de ganas por conocerlo. Nos lo leyó en un instante de los que desearías congelar por tiempo indefinido y entendimos a la perfección el motivo de su admiración. Eso sí, nos confesó que logró que Novi le ilustrase un álbum suyo.

Es, sin duda, la otra gran apuesta de la editorial: contar con alguien como Nathalie Novi, quien logra un trabajo muy expresivo y colorista a base de témperas  y acuarelas. A lo largo de toda la historia y cuando arribamos a China, nos sumerge en diversos rojos, rosas y naranjas que lo tiñen de esa estética oriental tan característica, creando unas láminas delicadas y vitalistas.

Yo, Ming es un álbum que invita a imaginar cómo podría haber sido tu vida, a reflexionar  sobre el azar del mundo y, posiblemente, te recuerda que la felicidad no hay que buscarla necesariamente en las coronas, ni en las bicicletas de oro… Al menos eso es lo que tiene muy claro Ming.

Tanto me gustó la historia que quise compartirla con mis alumnos y la llevé a tres niveles, calando principalmente en 2º ESO A. Estas son algunas opiniones sobre Yo, Ming y acerca de si les habría gustado ser otra persona distinta:

“Creo que es absurdo desear haber sido otra persona. Teniendo la posibilidad de ser como tú quieras y el tiempo que pierdes deseando ser otra persona, podrías invertirlo en buscar tu potencial y en mejorarte a ti mismo”. Ana V.

“Ming disfruta de ser él, valora lo que tiene, saca lo mejor de ello con cosas simples como su nieta y es muy feliz.

“No me habría gustado ser alguien distinto, no creo que sea una buena idea pasarme la vida intentando ser algo que no soy cuando nunca voy a poder cambiarlo. En vez de intentar ser otra persona, intento cambiar algunas cosas para ser más feliz”. Salma P.

“No me habría gustado ser alguien diferente porque me gusta como soy y creo que con esfuerzo puedes ser lo que quieras.

Creo que es un buen libro y hace que reflexiones bastante, ya que todos podemos nacer siendo cualquier cosa pero tenemos que ser felices como somos”. Helen R.

“Ming está contento porque él es como es, tiene una familia y trabajo, es lo que todo el mundo quiere tener.

No me habría gustado ser alguien diferente, me gusta quien soy. Tengo familia y puedo estudiar para sacar una carrera y mis padres tienen trabajo, así que no me gustaría ser otra persona”. Llara M.

Olga Orviz

 

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SIETE PLANTAS

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Siete plantas

Dino Buzzati

Ilustraciones de Juan Berrio

Nórdica Libros

Entré en la clase de 2º de Bachillerato un jueves a última hora. Posé el maletín sobre la mesa, cogí una tiza y escribí en la pizarra:

“La literatura en los colegios debería ser un paréntesis dentro de la actividad diaria, una hora de sosiego en la que el alumno escucha, piensa en sus cosas o se duerme mientras el maestro lee en voz alta libros que no tienen por qué seguir el disparatado orden del canon escolar.” (Daniel Pennac)

Lo había pensado bien. El día anterior había devorado el libro Siete plantas, de Dino Buzzati y me había impresionado muchísimo. Supongo que porque soy una gran hipocondríaca… La historia de Giuseppe Corte, un hombre que ingresa en un sanatorio aquejado de una dolencia sin importancia y que poco a poco, y sobre todo por una serie de malentendidos, va descendiendo de planta desde la séptima hasta la primera, en la que se encuentran los enfermos terminales, me había desasosegado terriblemente.

Sabía que quería compartirlo con mis alumnos.

Calculé el tiempo de lectura: casi cincuenta minutos, justo una hora de clase.

Tenía que prepararme bien. Por una parte, la voz ¿Era capaz de leer en voz alta durante casi una hora sin que fallara? Sí, creía que sí. Había otro asunto importante. ¿Sería capaz de leer sin importarme lo que mis alumnos estuvieran haciendo, sin exigir que me prestaran atención? Era una de las condiciones de la actividad, pero no estaba muy segura de poder aguantarlo…

El caso es que me senté en la silla, sobre la tarima, y dije que eso es lo que íbamos a hacer: yo iba a leer y ellos podían hacer lo que quisieran. En completo silencio, eso sí. No se lo podían creer, aunque algún valiente dijo: “pues espera un minuto que saquemos cosas de la mochila, que mañana hay examen de Física y Química”.

Empecé a leer: “Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica…”

Cuando el protagonista había bajado una o dos plantas, no lo recuerdo, eché una mirada al aula: tres o cuatro estaban, efectivamente, estudiando. Ester, claro, dibujaba; la mayoría simulaban escucharme, pero se notaba a la legua que no: Diego se había recostado sobre la mesa, tapando la cabeza con los brazos; sólo Alicia y Claudia, desde la primera fila, me miraban atentamente.

Continué: “El único, aunque pobre, consuelo de Giuseppe Corte, una vez que se encontró en la planta quinta, fue saber que según juicio unánime de médicos, enfermeras y pacientes, era en aquella sección el menos grave de todos…”

Los minutos pasaban. Yo los miraba de reojo y veía de vez en cuando que una cabeza se levantaba o que alguien fruncía el ceño. En la tercera planta, me interrumpió un momento un pequeño ronquido. Todos miramos hacia Diego, que se había quedado dormido, y alguno hizo un gesto de “ya verás ahora la que se va a armar…”  Pero yo seguí.

“A mí me han mandado que lo lleve a la primera, mire aquí…”

Quedaban sólo tres páginas y unos cinco minutos. Alguno empezaba a recoger sus cosas pero me habían hecho caso: ni un sólo ruido.

Leí el último párrafo muy despacio, intentando que sintieran la angustia del protagonista, que vivieran lo que yo había vivido el día anterior: “Volvió la cabeza al otro lado y vio que las persianas mecánicas, obedeciendo a algún misterioso mando, bajaban lentamente, cerrando el paso de la luz”.

Cerré el libro. Los miré durante unos segundos y en ese momento sonó el timbre. Fin de la clase. Ni una palabra. Despertamos a Diego que se asustó un poco al ver que estaba en el aula y todos fueron saliendo.

Alicia y Claudia lo hicieron las últimas, con la cara casi desencajada. Al llegar a la puerta, Claudia se volvió y me dijo: “Pero profe, no hay derecho a esto. ¿Cómo voy a comer yo ahora?¿Cómo estudio yo ahora por la tarde? ¿Cómo sigo yo a partir de ahora con mi vida normal?”

Yo me encogí de hombros y sonreí. No contesté.

Simplemente pensé: “Ha merecido la pena”.

Emma Cabal.

 

 

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EL MONO DEL ASESINO

“Muchos creen que el Jefe es ahora mi dueño. Pero el Jefe no es de esos que quieren poseer a otros. Él y yo somos compañeros. Amigos.”

EL MONO DEL ASESINO

El mono del asesino

Jakob Wegelius

Sushi Books

¿Cuánto hace que no te das el lujo de leer una novela de aventuras? Una novela de aventuras de esas que leías cuando soñabas con viajar al otro lado del mundo, descubrir misterios, conocer culturas, comer cosas exóticas…

Bien, pues esa es la sensación que necesito transmitir tras leer El mono del asesino. Siento la necesidad de recomendarla, de animar a jóvenes y adultos a leerla, a entusiasmarse con Sally Jones y sus amigos. Recorrer  Lisboa, olisquear el aire del Tajo y la mar en las calles de la Alfama,  probar pasteles de nata de la pastelería Graça y escuchar cantar fados a Ana a la luz de la luna… El mono del asesino es una novela de aventuras al puro estilo clásico, de las que echamos de menos cuando cumplimos años y de esas que sabemos que nuestros chicos deben leer. Es una novela sin edad, solamente para aquel que quiere disfrutar de un montón de páginas bien escritas, amenas.

Pero empecemos por el principio. El mono del asesino es una novela para valientes, pues tiene nada menos que 620 páginas. Es un libro en pasta dura, cuidado con esmero por la editorial gallega Sushi Books y acompañado de unas ilustraciones en blanco y negro, que recuerdan antiguos grabados. El propio autor, Jakob Wegelius, las ha realizado con mimo, así como los mapas  en color que reflejan con detalle las rutas que Sally Jones hace de Lisboa a la India y vuelta, a bordo de distintos navíos.

En realidad, no es la primera vez que Sally Jones sale a la escena literaria. Con anterioridad se publicó un álbum ilustrado que contaba sus comienzos en este mundo de hombres. En La leyenda de Sally Jones, editado también por Sushi Books, el lector puede conocer los primeros años de vida de nuestra protagonista hasta que se encuentra con el capitán Henry Koskhela, otro de los personajes emblemáticos de la historia que nos ocupa. Koskhela se convertirá en su Jefe y mejor amigo o, más bien, su familia. No es necesario haber leído La leyenda de Sally Jones para atreverse con El mono del asesino, pero no está de más saber que está ahí y que pueden llegar otras aventuras.

Y ¿qué tiene de peculiar nuestra Sally? Pues que es ,nada más y nada menos, una mona. Sally Jones es un simio grande y bueno, que viste una funda de trabajo y una gorra. Es una gorila que entiende perfectamente a los humanos, que sabe leer y escribir, juega al ajedrez y hace magia con cualquier herramienta, pues es una gran mecánica.  De buena que es nuestra Sally, echo de menos que saque a relucir su fuerza, su agilidad, su agresividad, especialmente cuando algunos de esos que se hacen llamar hombres la maltratan… Pero es que es más humana que los humanos. Lo único que a Sally Jones  le falta es hablar.

Puede que, llegados a este punto, algún posible lector diga: Uy, una mona como protagonista… No sé si… Y yo  digo que sí, un rotundo sí. El mono del asesino es verosímil, se gana tu confianza lectora con un ritmo lento donde priman las peripecias de los personajes, pero también lo que sienten, cómo se relacionan. Es una novela llena de intriga, sin grandes aspavientos ni acciones trepidantes, en la que el misterio y la descripción se llevan la palma. Lisboa, los viajes en barco o la India de los maharajás son el marco para hablar de relaciones de amistad, de maltratos,  de cuestiones políticas y del mundo de la música, la cárcel o el mar..

Sally Jones nos cuenta su vida en primera persona.  Comienza  su historia escribiendo en su Underwood rehabilitada gracias a sus milagrosas manos. Sally viaja con Henry Koskela en su barco a Lisboa y allí reciben un misterioso encargo que les llevará a viajar por el Tajo. A partir de ahí, nada sale como ellos esperaban y Sally ve cómo su Jefe, su mejor amigo, es acusado de un crimen que ella sabe que no ha cometido. Ante esa injusticia humana, que como tantas otras ella no puede entender, Sally Jones decide devolverle a ese hombre bueno, su libertad. Gracias a distintos amigos que va haciendo en su aventura, que le demuestran que puede confiar en la humanidad a pesar de todo, se lanzará a un viaje en el que conocerá otros mundos y culturas.

Ganadora de varios premios como el del Consejo Nórdico de Literatura Infantil y Juvenil de 2015 fuera de España y recientemente el Premi Llibreter de 2018, El mono del asesino merece nuestra atención a la hora de elegir una buena lectura. En mi caso la hemos compartido. La hemos leído a cuatro ojos, con una docena de años por un lado y unos cuantos más por el otro, y el veredicto ha sido unánime: es un libro muy, muy recomendable. Y la edad para atreverse a vivir aventuras, tenemos claro que es lo de menos.

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PROYECTO ABUELITA

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Proyecto abuelita

Anne Fine

Traducción de Xesús Fraga

Nórdica Libros

Cuando hago alguna actividad sobre refranes con mi alumnado me doy cuenta de que apenas recuerdan unos pocos y otros los han ido sustituyendo por frases nuevas más propias de series melodramáticas juveniles que de esa sabiduría popular. Hay uno que siempre mencionan en sustitución de “no es oro todo lo que reluce”, o “las apariencias engañan” y es “no juzgues un libro por su portada”, aplicándolo, no a los libros precisamente, sino a las personas. Es entonces cuando les digo que, en el caso de los libros, la portada vaya si importa. Y tanto. Para bien o para mal.

Cuando vi la ilustración de la portada de Proyecto Abuelita, me fijé en el dulce título y leí el no menos amable resumen de la contraportada, me hice una idea completamente errónea de esta novela.

                Proyecto Abuelita es una apuesta valiente y bien desarrollada que sin remilgos nos enfrenta a una realidad tan actual y dura como la de las personas mayores dependientes, en una sociedad que no tiene ni tiempo ni espacio para ellas.

La editorial Nórdica recupera este libro de la autora Anne Fine, editado por primera vez en 1983, a través de su colección Nórdica infantil, a partir de una traducción del escritor y periodista gallego Xesús Fraga y con una bonita ilustración de portada, obra de Iban Barrenetxea. Ilustración a la que conviene volver entre capítulo y capítulo para apreciar el significado de sus detalles, de esa abuelita oronda y aparentemente feliz que nos mira. Dan juego también las guardas en las que contemplamos una habitación vacía, que parece no significar nada.

El libro se organiza en bloques divididos a su vez en capítulos de una extensión más o menos similar. Unos y otros aparecen precedidos por un breve título que nos pone en antecedentes de lo que vamos a leer. Desde el bloque titulado “Estúpida y glotona” hasta el último, “Despierta, ya”, la acción avanza inteligentemente, tan bien dosificada y distribuida que, al llegar al meridiano de la historia tenemos que recomponer nuestra visión inicial y pararnos a pensar que ni los malos son tan malos ni los buenos lo son tanto.

El título hacer referencia al “arma” que utilizarán Iván, Sophie, Tanya y Nicholas, nietos de la anciana Adelaide o Sra. Harrys, para evitar que sus padres, Natasha y Henry , la internen en una residencia de ancianos. De este modo quedan organizados los dos bandos enfrentados durante todo el hilo argumental: padres e hijos, y en medio la abuelita.

Iván y Sophie, los hermanos mayores, con una madurez incipiente, planean presionar a sus padres aprovechando un proyecto escolar de la signatura de Ciencias Sociales en forma de informe de denuncia sobre el abandono de los ancianos, y nada mejor para ello que tomar a su propia familia como modelo. Para ello necesitan la colaboración activa de sus hermanos pequeños, que esencialmente será teatral: lloros, pesadillas en mitad de la noche, angustia… atormentados por la idea de la marcha de la abuela. Y así se inicia el primer “Proyecto abuelita” que recogerá todas las situaciones conflictivas que sus padres viven por el esfuerzo que les supone atender a la anciana, especialmente a Natasha, su madre de origen ruso, que no puede ver ni en pintura a su suegra.

Pero, ¿por qué la redacción de un simple trabajo escolar puede tener tanta importancia? Pues porque Henry, el cabeza de familia, es el mediocre Jefe de Estudios del colegio de sus hijos. Ese proyecto, pues, pasará de mano en mano entre el claustro de profesores y lo dejará en evidencia.

Hay una fecha clave que servirá de desencadenante del plan: la cena que Natasha y Henry ofrecen en su casa al director del colegio y a otros colegas y amigos. Una cita anual que ilusiona e importa mucha al matrimonio. Pero como los personajes de esta novela son interesantemente complejos, Sophie flaquea, se compadece de sus padres e intenta convencer a su hermano, más revolucionario, de hacer las cosas de otra manera. Ya es tarde y todo se precipita.

En el ecuador del argumento, todo da un giro muy interesante: el contraataque. Los niños han sido descubiertos y pagarán por ello con una dura lección pero muy realista, ya que tendrán que convertirse en los cuidadores de esa abuelita a la que tanto quieren. Y llegados  a este punto hay que regresar nuevamente al refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Los sentimientos empiezan a ser contradictorios. Solamente Iván, como un héroe resignado, mantendrá la idea del proyecto aunque esta vez más nostálgico, ya que procurará recuperar los recuerdos de la vida de su abuelita, ese personaje continuamente latente que hace tambalear la vida de esta familia.

La anciana señora Harrys, en su mundo de luces y sombras seniles, habla poquito, pero a veces con tal fondo de verdad que sentencia las situaciones magistralmente  desarrolladas con ágiles diálogos en cada capítulo. Como cuando ella misma les espeta a todos en la cena del colegio, con infantil franqueza e ingenuidad:

-El día que tuve a Henry en mis brazos por primera vez mi propia madre me dijo: “Adelaide, ahora ya ha nacido. Y pronto comprobarás que mientras son niños harán que te duelan los brazos, pero cuando sean mayores harán que te duela el corazón”.

Anne Fine escribió esta obra con 36 años, ahora tiene más de 70. Me pregunto qué pensará de esta novela con la perspectiva que le ha dado el tiempo. Hay que poner en antecedentes a nuestros jóvenes lectores y lectoras sobre lo que van a encontrar en esta bonita narración que necesita cierta madurez y sensibilidad para abordarla. O quizás la sensibilidad también irá surgiendo a lo largo de su lectura.

El caso es que Proyecto Abuelita nos pone frente a nuestras propias contradicciones, nos acorrala con dilemas difíciles de solucionar, al menos rápidamente. Qué interesante sería poner en práctica los proyectos de Iván sobre su abuela. Un buen trabajo de campo en cualquier familia con personas ancianas dependientes quizás nos abriría los ojos a la problemática real que sufren. O si se quiere algo menos crudo, qué bonito sería recoger literariamente la narración de los recuerdos de  nuestros mayores, de los que aprenderíamos muchas cosas, pero una primordial: el respeto y cariño que les debemos, porque ellos fueron generosos con nosotros.

Alberto Lorenzo Villanueva.

 

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NO HAY NADA QUE LEER

Código de Circulación 1

El código de circulación.

Mario Ramos.

Traducción de Rafael Ros

Corimbo. Barcelona, 2010.

Son las 19:55 y sólo me quedan 5 minutos antes de cerrar la librería y dar paso al fin de semana. Puedo decir que hasta el momento ha sido una tarde tranquila, casi aburrida, sin clientes cuyas preguntas hayan supuesto grandes retos literarios. Hasta el momento.

Suena el “clank” de la puerta al abrirse. Mis emociones se debaten. Por un lado, el cómodo tedio no quiere intrusos, así que me invita a pensar que quizá sólo es el viento, que hoy sopla fuerte fuera. Seguro que es quien viene a importunar. Por otro lado, la chispa intelectual se despierta, deseando que sea alguien que traiga esa duda que despierte los sentidos y ponga a prueba los reflejos.

Una chica de unos treinta y tantos se acerca al mostrador, con su pelo víctima del viento y cara de última hora.

– Buenas tardes. ¿Todavía me atiendes si te pido un libro?

(Punto para la chispa intelectual).

-Por supuesto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mira, tengo un niño de 6 años que está empezando a leer. Quería algo para que se fuese arrancando.

(En realidad lleva arrancándose desde que nació).

Aunque no es una petición infrecuente, esta vez decido dar una vuelta de tuerca más a la respuesta. Al fin y al cabo, un reto intelectual no se debería salvar por la vía fácil.

-A ver qué te parece éste.

Sin mediar palabra acerca del libro, le tiendo “El Código de Circulación”, de Mario Ramos, abierto por la primera página como invitación ineludible.

Su primera expresión es de satisfacción. Parece que va a resolver la papeleta más rápido de lo que esperaba. Pero a medida que pasa las páginas se va borrando su sonrisa y su cara de alivio, en favor de un ceño fruncido que traduce su incredulidad.

Sin siquiera terminar de pasar sus cuarenta páginas, denuncia:

-¡Pero si no tiene letra! – como si algún duendecillo fuera el responsable de haber robado el texto sin que yo lo supiera-. ¿Y cómo se supone que va a iniciarse en la lectura si no tiene nada que leer?

-Vale, reconozco que te lo mostré con la intención de llamar tu atención con respecto a esto. Pero en realidad, ¿no es cierto que, igual que leemos las señales en la carretera y con ello desciframos un mensaje, podemos leer las imágenes de este álbum ilustrado descubriendo así su historia?

-Bueno, visto de esa manera…

-No sólo eso. La mecánica de la lectura es algo sobrevalorado. Hoy día hay mucha presión para romper a leer. Nos debería importar la lectura interiorizada. En palabras de Graciela Montes1 “leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos realidad”.

-¿Y no resultará pobre este libro por tener sólo imágenes?

-Al contrario. Las ilustraciones en acuarela, tinta y lápices de Mario Ramos son ricas en matices y dejan ver tantas historias como quieras imaginar. Eso sí, requiere que quienes lo lean intervengan activamente. De lo contrario, se quedaría cojo.

-¿Y qué ves mejor, que se lo cuente yo o que lo lea él sólo?

-Voy a contarte lo que ocurrió cuando se lo leí a mi hijo. Tiene 5 años y, como el tuyo, lleva 5 años iniciándose en la lectura. La primera vez que lo abrimos, no sabía cómo empezar a contárselo. Así que, sin pensárselo dos veces, empezó él. La sensación fue extraña, pues por primera vez caí en la cuenta de que, frente a un álbum ilustrado sin palabras como éste, estábamos en igualdad de condiciones. Es más, su imaginación y su falta de cohibición adulta le daban ventaja. Su lógica visual era suficiente para ir descifrando la historia central, en la que Caperucita va atravesando el bosque camino de la casa de su abuela, cruzándose con personajes de la talla de Los tres osos, Pulgarcito o el mismísimo lobo feroz (no tan feroz aquí, como es habitual en la obra de Mario Ramos, donde los villanos suelen presentarse como bastante ridículos). Todos ellos en un contexto ajeno a sus obras de origen. También muchas otras historias se vislumbran en los márgenes del camino. Además, de forma muy original, cada uno de ellos viene precedido y presentado por una señal de tráfico con su silueta, invitando a adivinar escenas en ocasiones contrarias a las que nos expondrán en la doble página siguiente.

-¿Así que fue él quien te lo contó a ti?

-Así es. O más bien, así empezó. Y disfruté mucho de esa sensación. Pronto él me exigió que fuera yo quien inventase historias disparatadas, divertidas. Sin duda lo que más le gustaba era descubrir una nueva versión con cada relectura. Además, el hecho de conocer a muchos de los personajes que aparecen, provenientes de las fábulas de La Fontaine y de cuentos clásicos, dio una perspectiva más familiar a este álbum. A su vez, la obra se infiltró en esos mismos cuentos clásicos, con comentarios de vuelta al Código de Circulación desde las historias que protagonizan los personajes del libro. Así me sorprendí a mí misma interpretando a los tres cerditos como adolescentes traviesos; dando la vuelta al cazador que escapa de su presa; con Pulgarcito animando a Caperucita al uso del casco (un tanto que se anota la educación vial, pues enseguida mi hijo criticaba la falta de protección en todos los personajes que van sobre ruedas), o la mamá de Caperucita ofreciendo a voces el pañuelo a su hija por ese constipado que tiene…

-¿Y cómo dices que se llama el autor? ¿O debería decir ilustrador?

-Mario Ramos. Belga de nacimiento, de madre belga y padre portugués. Muy conocido y valorado especialmente en Francia y Bélgica (tiene su propio día nacional en estos países, el 7 de noviembre). Me alegra que lo plantees como ilustrador. Aunque el dibujo fue una constante en su vida, tanto a nivel profesional como personal y emocional, él siempre se consideró un narrador. Le gustaba tratar temas serios, de gran peso, de forma que llegaran a los niños. Para ello, utilizó personajes animales que distanciasen al lector infantil de temas opresivos sin perder la esencia de los mismos. Como hilo conductor y filosofía de vida, aportaba el humor que, tamizado sobre toda su obra, le dio ese estilo personal que es tan reconocible en su trabajo. Malvados ridiculizados y vencidos con la imaginación o la igualdad entre poderosos y los que no lo son tanto, son distintivos de Mario Ramos. Quizá este afán por contar provenga de sus dificultades para comunicarse en la infancia. Algunos libros le ayudaron a superarlas y a través de sus álbumes ilustrados quiso brindar la misma herramienta a otros niños.

Para Mario Ramos un libro sólo existe cuando el lector lo lee. Te invito a que leas este libro a tu hijo. Con tu hijo. O que dejes que tu hijo te lo lea a ti.

-Sin duda me has convencido. Y no sólo voy a llevar este álbum ilustrado sin texto, sino que además voy a empezar a valorar mucho más lo que no está literalmente escrito. También cada ilustración. Y aún más: lo que ni siquiera se muestra.

-Me alegro mucho. Lo envuelvo para regalo, ¿verdad?

-Sí, por favor

-¿Qué nombre pongo?

El nombre ahoga mi respuesta. Lo envuelvo con un cariño especial. Es lo menos que puedo hacer en homenaje a este gran autor que nos dejó antes de tiempo tras haberse demostrado como una persona esencialmente tierna, honrada y capaz de recurrir al humor como la cortesía de la desesperación.

De la misma manera que esta reseña verá la luz gracias a Bosque de Lecturas, me gustaría agradecer a las personas que forman parte de este magnífico proyecto su pasión, dedicación personal y cariño . Gracias por invitarme a este magnífico viaje, el viaje de la lectura.

Laura F.

Citas:  Montes, Graciela (1999). La frontera indómita. México: Fondo de Cultura Económica.

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EL SOL, LA LUNA Y EL AGUA

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EL SOL , LA LUNA y EL AGUA.

Un cuento de Nigeria. Versión de Laura Herrera

Ilustraciones de Ángeles Vargas

Ediciones Ekaré-2015

Si tuviese que decir temas estrella que emocionan, interesan y aparecen constantemente en la clases donde conviven niñas y niños de Infantil, diría: los animales. Sus animales y los animales salvajes, en los que nunca incluyen a la lagartija porque “no hace nada”, pero sí siempre al lobo. El lobo les da miedo y aúlla a la luna.

Los  temas sobre animales se llevarían todas las medallas. Los dinosaurios serían oro. Plata para “los bichos”, ese grupo de animales diversos, todos pequeños, pero que siempre que aparecen en el recreo es un hallazgo digno de titular de periódico. Y la medalla de bronce… bueno, esa, no menos importante, se la llevarían las plantas: “ coger flores para mamá” , cortar hierba y amontonarla, plantar semillas, verlas germinar y crecer, cavar, limpiar malas hierbas y otras que no lo son tanto…

Resumiendo, animales y plantas son temas que motivan. Ahora bien, tenemos que tener en cuenta una cosa: el sol y el agua son necesarios para  la vida. Sin el sol y sin el agua no podríamos vivir ni las personas, ni los animales, ni las plantas. Y si hablamos de jugar, el sol y el agua son… ¿cómo diría yo? ¡imprescindibles!. Jugar con el agua, con la luz, con las sombras; regar, chapotear, experimentar, es siempre divertido. Vaya, que sol, luna y agua también son temas estrellas en nuestras clases.

Siempre pienso y defiendo que todo está en los cuentos: animales, plantas, sol,  lunas y lobos, agua… todos  “temas estrella”. Pienso y defiendo que todo está en los cuentos, pero no quiero decir con ello, de verdad que no,  “este cuento me sirve para trabajar este tema o este otro”… No, lo que quiero decir  es que mirar, leer, vivir en clase los cuentos, los buenos cuentos, es vital. Con este álbum, que aún no he empezado a reseñar, eso se percibe a primera vista, antes incluso de abrirlo y de saber la historia que guardan sus páginas.

También ayuda que en su título aparecen tres temas estrella -¿os acordáis?-: sol, luna, agua. Solo mirar la cubierta te atrapa, sientes el calor por el color y  presientes la atracción que van a generar la historia y sus personajes.

Esta leyenda Nigeriana nos habla de la época en la que el Sol, la Luna y el Agua vivían juntos en la Tierra. En doce ilustraciones a doble página, El Sol , la Luna y el Agua aparecen personificados y caracterizados por el color y la vestimenta, y nos cuentan su historia. El Sol, rojo y naranja; la luna, gris azulada; verde agua, el agua. La vestimenta de los personajes es africana, con colores y dibujos geométricos. Rojo y naranja llenan las páginas de todo el álbum transmitiendo la sensación de calor del clima africano. Y con esos mismos colores le dan un protagonismo especial al Sol y a su poder, pero la Luna vigila todo  su quehacer y lo supervisa.

Sol, Luna Y Agua son amigos, muy amigos, pero no siempre lo tienen fácil para reunirse y charlar, sobre todo el Agua. ¡Ocupa tanto espacio! y ¡viven tantos animales con ella…! El problema crece y crece hasta que no hay más solución  que saltar hacia lo alto.

Una retahíla nos acompaña en esta ascensión. Y como la poesía y las buenas narraciones tienen música en su interior, nos propusimos ponerle voz, melodía y percusión a la leyenda. El sonido africano nos llamaba y la recomendación final del libro nos  animó aún más. Dice así: “El sol, La Luna y el Agua es un cuento muy popular del folclore nigeriano y ha sido traducido y publicado en muchas lenguas. Esta versión incluye unos versos a los que se les puede poner música, porque dicen los cuentacuentos de Nigeria que una historia siempre queda mejor si se le suman los cantos, ritmos y bailes.

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En nuestro Sillón Rojo leímos la historia, varias veces, tanto maestras como  peques. La leyenda ya era nuestra. ¿Qué podríamos usar para hacer la percusión? Unos tubos de cartón duro. ¿Y el sonido del agua? Compramos dos tipos de palos de lluvia. Botellas de plástico rellenas de pequeñas pinturas rojas, naranjas y amarillas para el sol y azules para la luna, nos servirían para la percusión del gran salto. Repartimos tareas, creamos vestuario. En realidad, como artistas de verdad, reutilizamos un vestuario que ya teníamos. Buscamos música  africana para el baile y una melodía para la retahíla. En equipo -de otra forma no hubiese sido posible- construimos una banda sonora para la leyenda nigeriana. Contamos la leyenda, la cantamos, y en el escenario de un teatro así se nos vio, escuchó, aplaudió… y este cuento se acabó.

MIRTA MORÁN

En esta dirección de internet está la grabación completa de la representación de todos los colegios que intervinieron en el curso de formación  CBS (Crea la banda sonora de tu vida) del CPR de Gijón, en el que participamos con El Sol, La Luna y el Agua.

https://www.youtube.com/watch?v=MTX8y5HBhbo ( en el minuto 13:00, nuestra actuación en La Laboral, en el concierto “Crea la banda sonora de tu vida”)